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“Rendición”, de Ray Loriga (seudónimo)

Premio Alfaguara de novela 2017
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«¿Quiénes somos cuando nos cambian las circunstancias?»
«La gente que sabe contar historias siempre tiene compañía.»

El jurado, presidido por la escritora mexicana Elena Poniatowska, destacó lo siguiente del premio: “Sin caer en moralismos, a través de una voz humilde y reflexiva con inesperados golpes de humor, el autor construye una fábula luminosa sobre el destierro, la pérdida, la paternidad y los afectos”.

Cubierta de Rendición (Premio Alfaguara de novela 2017)

Cubierta de: ‘Rendición’ (Premio Alfaguara de novela 2017)

Una familia de refugiados se ve obligada a abandonar su casa y sus tierras para recorrer un paisaje devastado por la guerra hasta una ciudad de cristal y la promesa de un futuro protegido. Pero la vida sin derrotas ni dudas no es ningún triunfo, sino la rendición más verdadera. Ray Loriga traza en esta novela un relato sobre la dignidad de la rebeldía. Reivindicar la propia desdicha, desconfiar de la felicidad, admirar desde lejos la victoria: en eso radica la condición humana. Si no duele, no es vida.

El jurado del Premio Alfaguara de novela 2017 ha premiado «una historia kafkiana y orwelliana sobre la autoridad y la manipulación colectiva, una parábola de nuestras sociedades expuestas a la mirada y al juicio de todos. A través de una voz humilde y reflexiva con inesperados golpes de humor, el autor construye una fábula luminosa sobre el destierro, la pérdida, la paternidad y los afectos. La trama de Rendición sorprende a cada página hasta conducirnos a un final impactante que resuena en el lector tiempo después de cerrar el libro.»

Dividida en tres partes (exilio, ciudad transparente y vuelta a los orígenes), todo en esta novela resulta sorprendente y necesario desde el punto de vista narrativo, como si la historia hubiera emergido, esculpida, de una roca que ya la contuviese. Igual que en las fábulas y en algunas narraciones clásicas, el destino de los personajes es una consecuencia de su naturaleza.
Han pasado ya diez largos años desde que estalló la guerra, y el matrimonio sigue sin conocer el paradero de sus hijos, sin saber si su país fue el agresor o el agredido. Fuera cual fuese el origen de la contienda, él, hombre de campo, y ella, su antigua patrona, siguen amándose y sus vidas transcurren sencilla y rutinariamente.
En la comarca, la vida ha continuado entre el temor a la delación y la añoranza de los que fueron al frente. Un día un muchacho que no habla entra en su propiedad. Al principio lo esconden, casi como un prisionero al que no fuera necesario cerrarle la puerta de su prisión, pero acaban por tomarle cierto cariño, le ponen nombre —Julio— y,
cuando llega el momento de evacuar la zona por seguridad y poner rumbo a la ciudad transparente, los tres parten juntos. De alguna manera, el niño Julio ayuda a amortiguar el dolor por la ausencia de los hijos soldados.
Tras un viaje de calamidades y traiciones mezquinas por un campo sembrado de minas, cadáveres y propiedades saqueadas, los refugiados llegan a la ciudad transparente. Las puertas de la metrópoli muestran una clara advertencia: el aire mece los cuerpos sin vida de los traidores. Pero un futuro protegido parece aguardarles en interior, donde todo es de dominio público y extrañamente alegre.
No es de extrañar que, a pesar de los ajusticiados que acaban de ver, abracen la vida diáfana de la ciudad transparente con agradecimiento y conformidad. Más aún cuando ahí toda inquietud es atendida por amables profesionales. Pero el hecho es que, por más que uno sospeche de sí mismo, el ánimo parece haber perdido, en el proceso de cristalización al que se somete a todos los ciudadanos, la capacidad de languidecer o de esquinarse.
En la ciudad impera un orden riguroso, una calma autoritaria y una absoluta transparencia: no están permitidos los secretos ni las paredes opacas. La temperatura es constante y los olores no existen. Los recuerdos desaparecen; no existe intimidad, ni siquiera se puede sentir miedo. Hasta el momento en que la conciencia despierta y se impone asumir las consecuencias.

«La obra fue presentada con el título Victoria y bajo el seudónimo Sebastián Verón

El lector que asocia el nombre de Ray Loriga con narraciones urbanas, se sorprenderá al descubrir aquí un relato arraigado en valores más asociados con la vida rural: la humildad, la paciencia, el silencio, la vuelta a lo esencial. Y una prosa muy especial que acompaña ese espíritu: la musicalidad discreta de quien se piensa mucho lo que dice. Una voz narradora exquisitamente construida que combina la ternura, con el humor, la tenacidad, la reflexión y el recuerdo sumerge al lector desde la primera página en una historia que necesariamente ha de sonarnos cercana, como si se tratara de la nuestra hoy, cuando nos mostramos voluntariamente expuestos a los demás y renunciamos a tener una vida más allá de lo público.

Rendición nos hace pensar en El cuento de la criada de Margaret Atwood, en Ensayo sobre la ceguera de José Saramago, y, también, por supuesto, en 1984 de George Orwell y en El castillo de Kafka. En todos esos libros se describen sociedades alienadas o en las que no existen los secretos, y en las que, bajo la amenaza de una violencia más o menos explícita, se quiebra la dignidad de las personas y se diluyen las almas. Pero si algo ha caracterizado siempre a los personajes de Ray Loriga es la integridad que deriva de la rebeldía. El narrador de Rendición no es diferente, aunque tarde toda su vida en comprender una verdad radical: «la gente como yo, sin fe en el futuro, fuimos siempre el enemigo».

Pese a esto, Rendición no es un libro solemne, está lleno de humor; es tierno y a veces muy salvaje. La sagacidad de cada frase y su precisión poética brindan al lector la sensación de que sus palabras iluminan íntimas verdades. Por la digna humildad de la voz del narrador, por la precisión y belleza de su lenguaje, por su original trama y por la capacidad para conmover y sorprender al lector, Rendición es una obra de plena madurez de Ray Loriga.

Lee y disfruta de un fragmento de la novela.

Ray Loriga

Ray Loriga

El autor:
Jorge Loriga Torrenova, conocido como Ray Loriga (Madrid, 5 de marzo de 1967), novelista, guionista y director de cine, es autor de las novelas Lo peor de todo (1992), Héroes (1993), Caídos del cielo (1995), Tokio ya no nos quiere (1999), Trífero (2000 y 2014), El hombre que inventó Manhattan (2004), Ya sólo habla de amor (2008), Sombrero y Mississippi (2010), El bebedor de lágrimas (2011) y Za Za, emperador de Ibiza (2014), y de los libros de relatos Días extraños (1994), Días aún más extraños (2007) y Los oficiales y El destino de Cordelia (2009). Su obra literaria, traducida a catorce idiomas, es una de las mejor valoradas por la crítica nacional e internacional. Como guionista de cine ha colaborado, entre otros, con Pedro Almodóvar y Carlos Saura. Ha dirigido las películas La pistola de mi hermano, adaptación de su novela Caídos del cielo, y Teresa, el cuerpo de Cristo. Ha colaborado en publicaciones como Ajoblanco, El Europeo y El País.

El libro:
Rendición ha sido publicado por el Sello Alfaguara en su Colección Hispánica. Encuadernado en tapa blanda con solapa, tiene 216 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Como complemento pongo un vídeo grabado por la agencia EFE durante la entrega del premio Alfaguara.

Para saber más:
Rendición
ha sido declarada ganadora del Premio Alfaguara de novela 2017 por mayoría. El premio está dotado con 175.000 dólares (165.000 euros aproximadamente) y una escultura de Martín Chirino. La obra fue presentada con el título Victoria y bajo el seudónimo Sebastián Verón. El jurado estuvo presidido por la escritora Elena Poniatowska, y compuesto por la librera Eva Cosculluela, los escritores Juan Cruz, Marcos Giralt Torrente, Andrés Neuman, Santiago Roncagliolo y Samanta Schweblin, y la editora de Alfaguara Pilar Reyes (con voz pero sin voto).

En esta convocatoria se han recibido 665 manuscritos, de los cuáles 305 han sido remitidos desde España, 107 desde Argentina, 91 desde México, 50 desde Colombia, 48 desde Estados Unidos, 23 desde Chile, 21 desde Perú y 20 desde Uruguay.
En la entrega del premio Ray Loriga resaltó la ilusión que le ha hecho recibir este premio en su XX edición, que coincide con el año en que se ha celebrado su 50 cumpleaños y cuando se cumplen también 25 años de su primera novela (Lo peor de todo).

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“Vicisitudes”, de Luis Mateo Díez

«Una novela compuesta por ochenta y cinco capítulos que podrían haber sido ochenta y cinco novelas»

«Soy un escritor que pide un lector sosegado»
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Cubierta de Vicisitudes

Cubierta de: ‘Vicisitudes’

Vicisitudes en una novela en ochenta y cinco capítulos que comparten el escenario imaginario al que nos tiene acostumbrados Luis Mateo Díez: las Ciudades de Sombra de las que Celama es su máxima expresión (Doza, Armenta, Balma, Celesta, Solba, Mentra, Balboa…). Desde los nombres irrepetibles de los personajes a los azares y las losas que marcan sus vidas, el escritor derrocha inventiva en un torrente inagotable de relatos. La enfermedad, la pandilla, la rutina, la viudedad, la desdicha, el amor, la familia, la muerte, la vida, los recuerdos; temas que se hilvanan desde siempre en la literatura de Luis Mateo Díez encuentran en Vicisitudes su expresión más concisa: capítulos breves que elevan la circunstancia a leyenda, y que por su abundancia generosa recompensan la lectura, de relato en relato, con ecos y reflejos de sí mismos.
Así, en el primer capítulo, Nupcias, asistimos a una boda de la que el novio, Ezequiel, se ausenta repetidamente, dando indicio de la fragilidad del enlace; y en uno de los últimos, Consentimiento, las dos familias que unen sus destinos en esta otra boda están tan mal avenidas que la ceremonia es un estrépito de malos gestos, tan escandaloso que no se sabe si el enlace en efecto ha sido consentido.

«La vida misma es un trastorno que no tiene curación.»   [Pág. 497]

Las ciudades imaginarias de Luis Mateo Díez reflejan la realidad incluso cuando lo que sucede en ellas parece inverosímil o sacado de un sueño, como en Baúl, extraordinario capítulo de ambiente noir, un estilo del que encontramos ecos en capítulos de entorno policial como Coronarias, Cicatrices o Instinto. La viudedad como expresión de la soledad y disparadero para la transformación personal, recorre Viudo; el desamor cruel
está presente en Viaje, donde un matrimonio amoroso se desama sin más razón que la de un trayecto equivocado; en Pedazos un padre busca, entre las ruinas emocionales de la familia, lo que va quedando de sus hijos; en Fortuna el tío Piero aparece en la familia como un cometa de luz y termina dejando solo escombros… Un océano inabarcable de emociones que Luis Mateo explora con vocación siempre fabuladora, sin psicologismos ni lecciones morales.
En esta comedia humana en la que una geografía común va engarzando las historias, varios de los personajes encuentran su destino en la antipatía, como Corrado Espina y Acebo Pestaña, los viajantes de Bitácora, que se odian desde que compartieron orfandad en el colegio de los padres Tolontinos y no son capaces de superarlo cuando coinciden en un bar de Solba. Parecen ser un eco de Genaro Ballarta y Ovidio Fluvio, los viejos, uno sordo y otro cojo, de Conmiseración, que se escapan juntos de la residencia unidos por el mutuo aborrecimiento.

Las pandillas de la adolescencia aparecen como terrenos aptos para la enemistad o la derrota en potentes relatos, muchos de ellos escritos en una primera persona del plural perfectamente acoplada a lo narrado. En Ajustes, por ejemplo, todos los miembros de la pandilla intentan evitar a Beltrán por las calles de Mentra, por ser un cantamañanas y un agonías; en Pandilla, la amistad entre los líderes, Curto y Marcelino, deriva en una rivalidad tan íntima como feroz. Como en Escamas, donde los gurús Toreno y Bersilio, son dueños de un lenguaje coloquial y enigmático a la vez que deja a sus seguidores sin saber a qué carta quedarse.
El humor de Luis Mateo Díez se expresa sobre todo a través de una prosa tan elegante y precisa que cuando cae en el jolgorio popular, en capítulos como Regimiento o Torreón, llega a provocar una carcajada de asombro, de pura alegría por la destreza en el uso del lenguaje de un escritor sobrado de facultades.

En Vicisitudes se exploran las consecuencias del hastío, de la pusilanimidad, de la falta de afecto, de la enfermedad molesta pero menor (la hernia inguinal, la úlcera), o de los males mortales del cuerpo y de la cabeza, como en el conmovedor y durísimo capítulo Jardines. Padres cuyos hijos se han echado a perder, amores que duran lo que una cajetilla de tabaco compartida, huecos donde debería haber una emoción. Imágenes inolvidables. Un ojo de cristal que no llora, permitiendo ver la realidad sin dramatismos. Un dibujo de pájaros muertos en el cuaderno de un niño.

«Un libro que quiere ser el mundo entero de Luis Mateo Díez.»

Lee y disfruta de un fragmento del libro.

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Luis Mateo Díez

El autor:
Luis Mateo Díez Rodríguez (Villablino, León 1942) es autor de una obra narrativa que lo ha situado en un lugar preeminente en el panorama de las letras contemporáneas. En su fecunda producción cabe citar novelas como La fuente de la edad (1986) –con la que obtuvo el premio de la Crítica y el premio Nacional de Narrativa–, El expediente del náufrago (1992), Camino de perdición (1995),  Fantasmas del invierno (2004) y La soledad de los perdidos (2014). Con La ruina del cielo fue distinguido de nuevo en el año 2000 con el premio de la Crítica y el Nacional de Narrativa. En El reino de Celama (2003) reúne sus tres novelas ambientadas en ese territorio imaginario, y en El árbol de los cuentos (2006) recoge lo publicado hasta ese momento de un género narrativo que ha cultivado con asiduidad. El volumen Fábulas del sentimiento (2013) recoge las doce novelas cortas de ese ciclo narrativo. En el año 2000 fue elegido miembro de la Real Academia Española y le fue concedido el Premio Castilla y León de las Letras. En este mismo sello ha publicado La piedra en el corazón (2006), El animal piadoso (2009) y La cabeza en llamas (2012), que fue distinguida con el Premio Francisco Umbral al libro del año. Su obra se ha traducido a muchas otras lenguas y ha sido llevada al cine y al teatro. Es miembro de la Real Academia Española ocupando el sillón “I” mayúscula desde el año 2001.

El libro:
Vicisitudes ha sido publicado por el Sello Alfaguara en su Colección Hispánica. Encuadernado en rústica con solapas, tiene 568 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con casa del Libro.

Como complemento pongo un vídeo en el que Luis Mateo Díez nos cuenta rápidamente de que va su nuevo libro Vicisitudes.

Con Luis Mateo Díez

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