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“Los Diez Escalones”, de Fernando J. Múñez (con entrevista al autor)

«…Fanáticos del dogma y del castigo… No hay peor enfermedad en el ser humano que el fanatismo. Se infecta de unos a otros robando la plenitud de la vida a la vida…»

MaudyReseña escrita por Maudy Ventosa.

Fernando J. Múñez, conocido en todo el mundo por el éxito logrado por su anterior novela La cocinera de Castamar, acaba de publicar su última obra que, sin duda, está destinada a cosechar idénticos resultados: Los diez escalones, publicado por Editorial Planeta.

Cubierta de 'Los Diez Escalones'

Cubierta de ‘Los Diez Escalones’

Con un lenguaje muy culto, preciso, refinado y utilizando vocablos de la época, unido a una excelente redacción, el autor nos sumerge en la sencilla –aparentemente-vida monacal– de la abadía de Urbión, sometido a la regla de la Orden del Cister –escindida de la Orden de Cluny por la acumulación de riquezas y la intervención en política–. Estamos en el S. XIII, en el universo de un cenobio en el que figuras tonsuradas, cual sombras de amplias túnicas con capucha y negros escapularios, caminan con sosiego en largas filas, de dos en dos, cuando son llamadas a la oración, vuelven a sus celdas o se dirigen al comedor. Es un lugar donde la oración y el silencio imperan por los extensos pasillos de arcadas; con un claustro que ahora, a nuestro protagonista, le parece más pequeño, en el que abundan bestias infernales y coros angélicos entre las sombras grabadas de los capiteles que de niño le producían terror; columnas pareadas… donde figuras retorcidas de lenguas sinuosas y rostros pétreos parecen mirar desde todos los ángulos… con portones de tachones de acero… Las descripciones de Fernando son tan detalladas y magníficas que te cuelas en el claustro, o en las dependencias de los monjes y, como no, en los scriptotia donde trabajan rubicatores, scriptores, miniatores o el aglutinator. Realizan uno de los trabajos más importantes de la cristiandad, porque son los encargados de preservar el saber de la humanidad en los pergaminos hechos de pieles de corderos, cabras y terneros.7

El protagonista es el cardenal obispo de la curia papal, Alvar León de Lara, que es llamado por su maestro a la abadía de Urbión, en la que se había criado cuando su padre, siguiendo el decreto ancestral que marcaba la tradición, decidió entregarlo a la Iglesia, sin que este joven rebelde sintiera la llamada del Altísimo. Siente que vuelve a su hogar, que ahora es el lugar más doloroso de la tierra porque la añoranza y los recuerdos se ceban en su ánimo. Ya no es el mismo adolescente curioso, su ingenuidad de entonces se había transformado en una ira escrutadora; sus sentimientos se habían refugiado tras el escudo de la razón y el conocimiento y su alma se había pertrechado para soportar las maldades del camino…Don Rafael, su querido maestro afirma de él que es un hombre que confía más en la razón que en la fe, aunque le cueste admitirlo… Es un hombre brillante, equilibrado y con una inteligencia sobresaliente. Va a encontrarse con un pasado que siempre regresa para pedir cuentas, con unos hermanos fanáticos que han olvidado el amor incondicional de Cristo, que no dudan en asesinar fríamente para salvar sus prejuicios y las ideas que alguien pretende cuestionar. Y con la mujer que amó, que afirma que Dios hizo el mundo para los hombres…()… Se nos prohibió el deseo, pues encarnaba la tentación; se nos prohibieron las ideas, porque eso era aspirar a más de lo que podíamos; se nos prohibió ser fuertes, pues para eso estaba el hombre…

Le envuelve un ambiente fantasmal que no presagia nada bueno, con esos frailes encapuchados que observan silenciosos bajo un cielo plomizo, rodeado de una niebla que lo envuelve todo y frío, mucho frío que se cuela por los recovecos del convento y hiela hasta los huesos.

Intransigencia, dolor, fanatismo, miedo, superstición… y la búsqueda de un libro que puede acabar con el poder de una Iglesia que se ha transformado en una institución demasiado dogmática, jerarquizada y empoderada… Alvar está seguro de que Dios no se reconocía en aquella Iglesia, ni en las insignias ni en los ornatos…

Acabo la reseña con una entrevista al autor, al que doy las gracias por contestar a mis preguntas, que se que no siempre son fáciles. Ahí van:

Maudy.-Tanto ayer como hoy… ¿Acaso puede la defensa de la religión, cualquiera que esta sea, justificar la destrucción de la vida humana?
Fernando.-Por supuesto que no. Cuando uno defiende las creencias religiosas con fanatismo, ya no está defendiendo unas determinadas creencias sino imponiendo su visión sobre las mismas. Esto es una de las cuestiones importantes que se ponen de relieve en Los diez escalones. Uno debe sostener las ideas y no al revés; cuando estos idearios totalitarios parasitan dentro de los seres humanos, estos se sienten atacados en cuando se contraría a estos dogmas. Por eso un padre es capaz de matar a su hija por mantener una idea determinada de la honra y sentir esta mancillada. Lamentablemente, esto sucedía en el medievo y también sucede hoy en día.

M.- ¿El temor a no estar en posesión de la verdad, a no tener razón, aboca a intentar acallar, a destruir cualquier intento de razonamiento de los que apelan al entendimiento y a la sensatez? No solamente en lo referente a la religión… ¿y en cualquier tipo de relación humana? ¿La intolerancia destruye al adversario?
F.– El temor de no tener razón no necesariamente concluye en una necesidad de imponerse, pues se puede reaccionar de muchas formas ante el miedo. Pero sin duda es un mal consejero en este tipo de discusiones, sobre todo si es un terror primordial, porque atenta contra la esencia misma de las creencias. La destrucción de las ideas del otro, no solo tiene su base en el miedo, sino también en la necesidad que tenemos de mantener en orden el constructo de la realidad que nos hemos generado, y con ello el control y, en el caso de la novela, el poder. En Los diez escalones, para algunos hay una constante necesidad de proteger ciertas realidades, ciertos paradigmas que de caer dejarían sin sentido su vida. Ese vacío vital es el abismo, es el caos en el que supuestamente devendría todo su mundo y harán todo lo posible por mantener su posición. Por eso se cae en la intolerancia, y es aquí donde Alvar, mi protagonista, marca la diferencia, pues frente a esta se eleva como un baluarte inamovible, como pensador crítico y empático. Calla ante lo que no conoce, si habla de lo que conoce mantiene la duda razonable de que puede estar equivocado, y sabe que para aprender hay que declararse ignorante. Por eso, aunque es falible como todos los seres humanos, sus errores no provienen de conclusiones irracionales. Aquellos que rechazan a otros llevados por el rechazo al color de piel, al lugar de nacimiento, a la tendencia sexual del otro, al género con el que se identifica otro, a las ideas políticas o religiosas que mantiene otro, etc., tienen el denominador común de no tener una base racional real.

M.- ¿El ardor, extremo, de un buen cristiano provoca la falta de crítica y dificulta el avance del conocimiento?
F.- Tendríamos que definir en qué sentido dices ardor. Alvar es un cristiano fervoroso, cree en la figura de Jesús, en su obra, en sus enseñanzas, pero simplemente extrae unas conclusiones diferentes de la mayoría y esto le hace actuar en otro sentido. Se niega a aceptar las ideas preestablecidas en su tiempo sin un escrutinio de su razón. En Los diez escalones, no se pone en cuestión la fe que alguien profesa a una religión, ni la intensidad con la que lo hace, ni las creencias religiosas; lo que se pone en cuestión es la incapacidad para aceptar otras verdades contrastadas porque contrarían las que uno tiene. Uno puede afirmar tanto como quiera que la Tierra no es redonda, que nuestro planeta no orbita en torno al Sol o que Dios creó el mundo en siete días, pero esto simplemente no es cierto. Y no lo es porque lo sostenga, sino porque hay datos observables, físicos, químicos, lógico-matemáticos que nos dicen que esto no es verdad.

M.- ¿Han aprendido los hombres a amar a las mujeres? ¿Ha aprendido la Iglesia a amar a las mujeres?
F.- No, al menos no todos. Solo tenemos que ver las mujeres muertas a manos de sus parejas al cabo del año. En Los diez escalones, Isabel es una mujer que se siente abandonada por toda la sociedad: por Alvar, por su padre, que la casa con Sancho, su marido maltratador que la considera parte de sus posesiones y riquezas, incluso, por la Iglesia, pues nadie podía intervenir en el binomio marido-mujer una vez que se había celebrado el casamiento. Ella es precisamente el vértice que recibe todos estos sentimientos, el amor de Alvar, el de su padre, el desprecio de Sancho, el abandono de la Iglesia y el amor de Dios, que es su único refugio.

Isabel pone de relieve que los hombres hemos sido un estamento privilegiado en todos los sentidos respecto a la mujer y hemos dado por hecho estos derechos como algo connatural a nuestro sexo. De nuevo lo irracional aflora, lo ilógico se impone. Se ha determinado que por poseer el varón una fuerza física más elevada de forma general, lo es en todo lo demás y esto es una falsedad. En general provenimos de una sociedad machista que toma poco a poco conciencia de que lo es, gracias a que mujeres valientes como mi personaje, Isabel, nos lo han mostrado.

La Iglesia católica es un constructo de los “hombres” y por lo tanto es susceptible de mejora y de crítica. No deja de ser una institución jerarquizada, donde las mujeres no pueden ejercer como sacerdotisas. A mi juicio es un retraso, pero esto no es una crítica original mía. Se lanza desde fuera como desde dentro de la Iglesia (mira el eminente teólogo Hans Khun en «Ser cristiano»).

M.- ¿Sigue la Iglesia alejada de las primeras comunidades cristianas?
F.- Pues solo depende de donde mires. Las primeras comunidades cristianas eran muy pequeñas y compararlas con el artefacto descomunal que es la Iglesia hoy en día, es como comparar, salvando las distancias, al Microsoft que empezó en un garaje con el gigante actual. La novela de Los diez escalones pone sobre el tapete esta cuestión. Para Alvar, el mensaje primitivo de Jesús es tan poderoso que ha cruzado más de mil años hasta él y, a pesar de todas las posibles interpretaciones o malinterpretaciones, su contenido «Amaos los unos a los otros como yo os he amado y a Dios por encima de todas las cosas» es indestructible. Ciertamente no sé cómo sería el mundo si todos lo siguiéramos. Por eso Alvar sigue siendo un hombre de la Iglesia, como lo es Mario, su adjutor, o Isabel. Todos tienen como modelo ese Jesús primitivo. Por eso para ser verdaderamente críticos con la Iglesia de hoy debemos ver si el espíritu que alimentaba aquellas primeras comunidades está en los sacerdotes de hoy, en qué medida está o si brilla por su ausencia. Pensar que todos los sacerdotes en la actualidad no tienen como guía este modelo podría no ser justo. Entiendo que una gran mayoría debe intentarlo.

M.- ¿Se debe confiar más en la razón que en la fe? Afirmas que el camino a la sabiduría solo puede recorrerse partiendo de la duda…
F.– Personalmente, y hablo por mí, creo que la razón y la fe tienen espacios diferentes porque pertenecen a dimensiones diferentes del ser humano. Alvar tiene algo de esto y así se lo trata de enseñar a Mario. Como hombre del medievo tiene que vivir con esas contradicciones que ahora a nosotros nos pueden resultar más evidentes, pero aun así es un hombre que sigue los dictados de la razón y su escrutinio y deja la fe a Dios y los rezos para esa dimensión sagrada y religiosa del hombre.

Las creencias religiosas han estado presentes en la explicación del mundo como un flotador al que se agarraba nuestra ignorancia. Cuando los grandes pensadores o científicos no podían explicar algo, se recurría a Dios para poder completar el modelo. Por eso a medida que la ciencia avanzaba en el conocimiento de nuestra realidad, parecía que Dios estaba más alejado. De ahí que se le llame el «Dios de los huecos». El mundo que nos rodea, en el que hemos nacido y evolucionado como especie, el universo donde nos encontramos tiene unas leyes determinadas que poco a poco hemos ido desentrañando gracias a la duda, a la investigación que esta provoca, a la curiosidad innata de nuestra especie. Aun así, a día de hoy todavía existen intentos por explicar la creación del universo desde el otro lado, desde más allá del Big-Bang. Personalmente creo que la fe no tiene cabida en la ciencia, pues por mucha fe que se tenga en Dios, esto no va a permitir que encontremos la cura contra el cáncer o conocer la materia oscura, y si hay alguna intervención azarosa por Su parte no la conoceremos experimentalmente. Las creencias religiosas no conjugan bien con la ley de la gravedad o el principio de indeterminación de Heinsenberg.

El problema es que, si Dios existe, para que sea Dios tiene que tener poder sobre toda materia, poder para intervenir el mundo por medio de la providencia, debe estar más allá del tiempo y el espacio que gobierna; o, si no, no es Dios. Pero lo cierto es que no hay rastro empírico de Él. Tal vez, y lo digo a modo de juego, deberíamos plantearnos una analogía sencilla: ¿si fuéramos personajes dentro de un videojuego, podríamos encontrar al programador?

Para mí, Dios y la fe forman parte de la dimensión transcendental del hombre. Hablan de lo que no está aquí, sino allí, de una esfera moral, escatológica y en mi opinión completamente alejada del mundo físico. Por eso tiene sentido la fe, la creencia en ese otro plano diferente. Y es aquí donde cada uno debe ser libre de creer en Dios, si lo necesita, si así le dicta su conciencia o su sentir más primordial.

M.- ¿Siempre pierden los inocentes… los buenos?
F.- No siempre, pero ya se sabe que el mundo no es justo. Si tomamos a Mario como ejemplo, posiblemente el más inocente de todos los personajes de Los diez escalones, se ve enseguida que es un personaje que ha estado protegido por el abad, que nunca ha salido de la abadía y que confía en la bondad de las personas. Uno se da cuenta que toda su ingenuidad, toda la bondad de su espíritu, no deja de ser un estado ilusorio de la vida porque, alejado de las durezas del mundo, concibe este como una realidad semejante a la de la abadía donde ha vivido. Lamentablemente esa inocencia, como en los niños, se transforma a medida que uno se abre al mundo y Mario no es una excepción. No es que pierda la bondad natural de su alma, pero se vuelve más cauto, menos ingenuo. Él termina aceptando que el mundo en el que ha vivido, esa abadía pacífica, ese retiro espiritual en comunidad, se ha transformado y le ha transformado. Mario no sabe que sufrirá esta transformación y el riesgo que conlleva ese cambio pues uno puede perder toda su inocencia y mutarla en sentimientos más oscuros. A diferencia de Mario, Alvar sí que conoce este riesgo y por eso en varias ocasiones de la novela hace referencia al precio que tendrán que pagar al embarcarse en esta aventura peligrosa, pues no solo está en juego su vida sino su alma.

M.- ¿Cuáles son los pecados que siguen acechando hoy día a los hombres y que no han cambiado en siete siglos?
F.- Hay muchos. A día de hoy, seguimos empeñados en no ver que las ideas promueven comportamientos peligrosos. En cierta forma el racismo, la xenofobia, el machismo… son ideas que se han expresado desde el principio de los tiempos, no solo desde hace siete siglos. Está en nuestra mano aprender a pensar “bien”, con lógica, de forma más pausada y más segura para no elaborar conclusiones rápidas de todo lo que acontece. Nadie está exento de elaborar prejuicios, de verse arrastrado por estas ideas totalitarias e irracionales. Esta es una de las grandes lecciones que Alvar le ofrece a Mario, el saber dudar, la necesidad de investigar y de utilizar la empatía hacia nuestros congéneres.

M.-La ambientación de la novela es excelente y cuidada. Supongo que detrás hay un arduo trabajo de investigación, ¿en qué fuentes te has basado?
F.- Lo hay, en el sentido de que para escribir sobre una época uno tiene que bucear en ella para poder traducir a los lectores aquel mundo, aquellos códigos. La historia es un océano muy amplio, incluso sobre ciertos hechos del pasado se generan controversias entre los especialistas. En este sentido, para mí la novela debe estar bien documentada, pero no hasta el punto de entorpecer la ficción. Yo estoy más en la literatura que en la historia, por eso siempre hablo de novela de «ficción» histórica, para que los lectores comprendan que mi interés está en contar lo que acontece a unos personajes en una determinada época. Por eso incluso, aunque no es lo deseado, si excepcionalmente tengo que tomar ciertas licencias o hacer pequeñas transgresiones históricas para que la narración se comprenda mejor, lo hago.

Como podéis comprobar, la novela no se queda en la superficie; bucea en lo más profundo del ser humano con respeto, pero posicionándose. Los personajes están muy bien perfilados y muestran perfectamente, cada uno, las ideas que defienden.

PERSONAJES:

  • Alvar, hijo de Ramón Rodrigo León de Lara, es cardenal obispo de la curia papal. No le agradaba viajar, sino conversar sobre teología y filosofía en la biblioteca. Su padre, Ramón Rodrigo León de Lara, ricohombre de la corte del rey Alfonso X, cumplió la tradición de entregar el segundo hijo a la Iglesia, a la tutela del abad Rafael Abelardo cuando tenía doce años. No suele hablar de sus sentimientos porque le hacen vulnerable. Erudito en cuestiones de teología, filosofía y la fe en general. Posee una razón ingobernable.
  • Rafael Abelardo, Abad de Urbión, cerca de Burgos, es su antiguo maestro. Más un padre que un tutor. Huele a madera noble y a pergamino viejo. Tiene el alma llena de bondad y firmeza a partes iguales. Posee inteligencia y mesura inigualables; sabiduría, candidez y ternura.
  • Leandro de Lerma, es el prior, el segundo en importancia tras el abad. De carácter soberbio; enjuto, de ojos hundidos y nariz aguileña. Obsesionado por el orden. Desconfiado. En el pasado, tenía fama de ambicioso y buen cillerero, administrando ágilmente los excedentes de grano, las obras y el tesoro de la abadía.
  • Mario, el oblato, es un joven ingenuo que solo ha conocido la paz, la dedicación y el estudio. Inquieto y curioso. Pulcro. Don Rafael era como un padre, un guía espiritual y un modelo para él. Lo había educado para servir con diligencia y cumplir fielmente el ora et labora. Siempre va acompañado de su pequeña flauta.
  • Sancho Osorio, el conde, casado con doña Isabel, es un ser despreciable, con un rostro ancho y anguloso que maltrata a su esposa. Una mala bestia que solo pudo contener un poco don Rafael Abelardo. Desde niño, su padre, don Gerardo Osorio, le había enseñado el horror que supondría enfrentarse a la ira de Dios.
  • Doña Isabel de Guzmán, ahora Osorio. Antes era aguerrida y valerosa, ahora su voz está sepultada por las palizas y los continuos ultrajes de su marido. Antes tenía pasión por los libros de hierbas y curaciones, devoraba una rara copia de los cinco libros de Avicena, el Canon Medicinae o La naturaleza del hombre, de Hipócrates; pero tuvo la mala suerte de ser mujer en los tiempos del imperio de los hombres y de Dios. Es hija de Ricardo de Guzmán, ricohombre y caballero de la Orden de Calatrava.
  • Lucio Ferrante, es el leal capitán que manda la guardia cardenalicia; Luca Giordano, es el segundo de armas, tiene fama de aguerrido y creyente. Lleva los guantes al cinto soportando el frío.
  • Valentín, es el hermano pequeño de Alvar.

Y los hermanos que viven en el cenobio: Mateo, el orondo cocinero; Amancio de Piedrahita, el maestrescuela; Gonzalo Saldaña, lazarillo de Amancio y confesor de doña Isabel; Fausto, el hermano boticario; Bernabé Mazán, el superior; Liborio Adelfo, el sacristán; Damián, el cillerero; Teobaldo, el maestro bibliotecario; Herbasio, el maestro de los novicios; Gilberto de Bujedo, campanero de los conversos que solo tartamudeaba en latín; Andrés, copista durante años… y muchos más que te contarán su historia…

Sinopsis de Los Diez Escalones:
En una época en la que se confundía a Dios con el Diablo, y donde el amor se enjaulaba bajo las leyes de los hombres, diez escalones podían mostrar la diferencia.
Reino de Castilla, 1283 d. C. Alvar León de Lara, cardenal de la curia, vuelve a petición de su antiguo mentor a la abadía que fue su hogar, que abandonó veinte años atrás con el alma rota por un amor imposible. Su maestro desea revelarle algo que cambiará el curso de la cristiandad.

Sin embargo, la llegada de Alvar desencadenará la tragedia: enigmas tras puertas ocultas, crímenes inexplicables, símbolos que conducen a pistas y pistas que conducen a trampas. Un descenso vertiginoso que le enfrentará a la mujer que desgarró su corazón, a la intransigencia de los cobardes, a la lucha por mantenerse entre los vivos y, finalmente, a Los Diez Escalones.

Fernando J. Múñez, autor del bestseller La cocinera de Castamar, nos transporta en esta ocasión a los mundos ocultos del Medievo, donde los personajes se enfrentarán a demonios antiguos que aún perviven entre nosotros: los prejuicios, las ideas irracionales y los dogmas inamovibles.

Fernando J. Múñez con Maudy Ventosa

Fernando J. Múñez con Maudy Ventosa

El autor:
A Fernando J. Múñez (Madrid, 1972) le comenzó el gusto por la escritura desde muy niño. Con catorce años empezó su primera novela, y sus primeros guiones de cine con dieciocho. Tras licenciarse en Filosofía, dirigió sus primeros cortometrajes y completó su formación académica en Cinematografía en Estados Unidos. En 2012 dirigió el largometraje Las nornas, proyectado en el festival de Alicante y la Seminci de Valladolid.
Empezó su carrera literaria en 2002 en el mundo de la literatura infantil y juvenil, donde tiene una amplia trayectoria. En 2019 publicó su primera novela para adultos, La cocinera de Castamar, a la que la sigue, en 2021, Los diez escalones.

El libro:
Los diez escalones ha sido publicado por la Editorial Planeta en su Colección Autores Españoles e Iberoamericanos. Encuadernado en tapa dura con sobrecubierta, tiene 592 Páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Como complemento pongo un vídeo en el que Fernando J. Múñez nos habla de Los diez escalones

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Para saber más:
https://www.facebook.com/fernando.munez

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Archivado bajo Historia, Literatura, Literatura, Narrativa, Por Maudy Ventosa

“Sira”, de María Dueñas

«…Ansiaba salir del Madrid de los apagones, la propaganda gritona, el pan negro y las revanchas, donde en cada casa había algún muerto al que llorar, la gente aún dormía con el rencor debajo de la almohada y a los niños les rapaban las cabezas para que no se les comieran los piojos…»

MaudyReseña escrita por Maudy Ventosa.

Cubierta de 'Sira'

Cubierta de: ‘Sira’

La joven costurera que nos enamoró en El tiempo entre costuras se ha convertido en una mujer madura y bella que nos atrapa de nuevo. La Editorial Planeta acaba de publicar la última novela de Maria Dueñas, la quinta. Su título, es el nombre de la protagonista, SIRA, secuela de la primera.

La Guerra Civil española ha terminado, la Segunda Guerra Mundial también, pero las heridas que ambas provocaron siguen abiertas y los países desolados por el hambre y la destrucción. Europa inicia la reconstrucción al igual que la sumisa, temerosa y hambrienta España.

La autora ha llevado a cabo una excelente labor de documentación, con montones de libros consultados, periódicos, visitas, entrevistas… Destaco, entre otros y como no podía ser de otra manera, la autobiografía de mi admirado Amos Oz, visión objetiva y cercana sobre una guerra que aún continúa –tras varias décadas de muertes, atentados, éxodo y dolor– entre palestinos e israelíes, cuando el país se llamaba Palestina y estaba bajo el mando colonial británico. Los ecos de los cohetes y los disparos, hoy, nos siguen llegando recrudecidos; imparables.

La terminología que utiliza María Dueñas nos hace pensar en otra labor también exhaustiva. El lenguaje se adapta perfectamente a cada personaje, a cada país y a cada momento histórico… Su conocimiento profundo y culto del vocabulario –introduciendo palabras francesas, inglesas…– referido, entre otros, al vestuario, tanto femenino como masculino, a los momentos apropiados del día para lucir las prendas en función también de los distintos ambientes y los actos sociales a los que acudía la protagonista, nos indican que no estamos ante una modista cualquiera… sino ante una gran escritora con una vasta cultura, que domina perfectamente el lenguaje, y que es capaz de recrear la historia reciente con solvencia.

Escrito en primera persona, será la protagonista, Sira, quien nos guíe por la Palestina de 1945 a la que el final de la Segunda Guerra Mundial no trajo la paz… Se recrudeció la hostilidad entre árabes y judíos, entre judíos y británicos, entre británicos y árabes: todos juntos y malamente revueltos. Sira no viaja sola, va con su marido y espera un hijo que se empeña en nacer cuando salta por los aires el King David. El caos se adueña de la ciudad de Jerusalén y el dolor se instala en el alma de la antigua modista que aprendió a escuchar y con sus silencios provocar que los demás hablaran, y que ahora intenta reinventarse y acercarse al oficio de periodista.

Las autoridades del Mandato en Palestina ordenan la repatriación de familiares y personal no indispensable. Sira no tiene más opción que volver a Inglaterra, un país devastado por la guerra.

En Londres la recibe un crudo invierno; tiene que convivir con una suegra difícil, muy inglesa, que se ve obligada a recurrir a las cartillas de racionamiento para poder comer, como el resto de la población. Necesitan la carne de Argentina, que tiene una economía boyante, para alimentar a la sufrida población… Los británicos eran negociantes curtidos, avezados comerciantes y emprendedores industriosos que llevaban siglos moviéndose por el mundo con buenas dosis de voracidad y prepotencia, imponiendo sus reglas y sacando siempre jugosos rendimientos… Es hora de reconstruir las relaciones entre ambas naciones, ahora que la mujer del presidente va a iniciar un viaje por Europa. Un momento ideal para infiltrar una reportera de la BBC que cubra el viaje por España.

María Dueñas recrea el viaje que Eva Perón realizó a esa España pobre, hambrienta y gris en 1947 bajo la dictadura de Francisco Francole afligieron las miserias de la cruda posguerra; por mucho ringorrango y mucho despliegue de lujos con que la mimaron, las penurias del pueblo asomaban por todas las esquinas y ella tenía el ojo entrenado para detectarlas. Huérfanos con hambre en el rostro, hijos de vencidos, mendigos andrajosos de mano tendida, viudas enlutadas vendiendo picadura y cigarrillos sueltos… Espontánea y luminosa, exótica, lujosa luciendo sus pieles y sus excesos, haciendo esperar horas al generalísimo…

Pero fue una buena inversión el dinero gastado, porque los resultados pudieron, en parte, paliar el hambre de la población. Empezaron a llegar barcos desde Argentina cargados de trigo, carne, huevos…

Pero queda la última etapa del viaje emprendido por la protagonista en la que además de su madre y viejos conocidos, se encuentra con el oficio que la ayudó a salir adelante y le sirvió de tapadera: modista, aunque su cometido era otro bien distinto, en ese Tánger internacional poblado por árabes marroquíes, hebreos marroquíes, cristianos españoles, franceses, italianos e ingleses, portugueses, belgas, holandeses… Es una ciudad dividida por líneas invisibles, líneas no urbanas, sino de nacionalidad, de religión, de clase…

Reencuentros con personas que significaron mucho en su vida. La antigua espía hace incursiones de manera brillante en otras profesiones que implican tareas que desconocía, pero que resuelve con la pericia de una profesional. Hay un homenaje a los escritores expatriados en Londres tras la guerra en España, donde también pasan penurias Madariaga, Luis Cernuda, Alberto Jiménez Fraud, Luis Portillo, Pablo de Azcárate… y tantos…

Muchos personajes, con personalidad y bien definidos. Algunos reales, como María Eva Duarte de Perón, Lillian Lagomarsino o Bárbara Hutton. Imposible dejar la novela… Te envuelve y te atrapa.

PERSONAJES:

  • Sira Quiroga, Sira Bonnard, Asish Agoriuq…, ya no es la joven costurera del taller de Núñez de Balboa que viste a las esposas de los alemanes; casada con Marcus, le acompaña donde le lleve su profesión. Ha tenido varias identidades, modista madrileña, marroquí colaboradora con los británicos, o esposa dispuesta a acompañar a su marido al fin del mundo. Se ha convertido en una mujer madura y bella. Su mirada sigue estando llena de incógnitas. Aún tendrá que pasar por situaciones que van a desgarrarla y destrozar su vida entera.
  • Marcus Bonnard, Logan, del Secret Intelligence Service. Un buen hombre, educado, amable y cariñoso que ama a Sira. El padre de su hijo Víctor.
  • Olivia Bonnard tiene el rostro anguloso y una larga trenza llena de canas. Ojos verdosos. Viuda de Sir Hugh Bonnard, perdió a su hija de meningitis y a su hijo piloto de la RAF en combate. Malvendió cuadros, bronces y joyas… para ayudar a los necesitados. Tiene una personalidad abrumadora, raya el desdén, es altanera e insolente.
  • Mrs. Bertha Spafford, alrededor de setenta años; ojos azules, pecho voluminoso. Forma parte de una colonia de norteamericanos católicos independientes en Jerusalén, activos en causas sociales y filantrópicas. Es viuda y tiene seis hijos desperdigados por el mundo.
  • Nicholas Soutter, Nick, trabaja para la cadena palestina Broadcasting Service, PBS, la emisora oficial del Mandato Británico, con contenidos en inglés, árabe y hebreo. Resultaba atractivo con su cuello fuete y sus hombros anchos, su pelo castaño abundante y las primeras canas. No es guapo, pero tiene magnetismo, algo diferente. Transmite seguridad, lucidez, carisma y tiene criterio.
  • Frances Nash es una reportera canadiense de treinta y cuatro años. Trabaja en el Public Information Office. Viste ropa de corte masculino que le confiere cierta rara elegancia. Tiene facciones angulosas, uñas cortas y rostro sin maquillaje. No lleva adornos ni complementos.
  • George Camacho, colombiano, es del director del Servicio La Voz de Londres, que emiten para América Latina en Onda corta, países hispanohablantes y cuentan también con un programa para Brasil en portugués.
  • Ángel Ara es el segundo de Camacho, un abogado español de alma republicana. Es flaco, de rostro puntiagudo y gestos nerviosos. Amable y cariñoso con Sira. Entrañable.
  • Dominic Hodson amigo de Marcus y su albacea.
  • Cora Soutter es la mujer de Nick, rubia, buena silueta, piernas esbeltas. Ojos claros, hermosa.
  • María Eva Duarte de Perón, antigua actriz de radioteatro convertida en primera dama de Argentina; ha ido adquiriendo un progresivo protagonismo político, implicada en cuestiones de gobierno, una potente ascendencia sobre su marido (bastante mayor que ella) y, cada vez más, aceptación por sectores sociales de las clases populares. Es una mujer extravagante y absolutamente libre.
  • Diego Tovar es un hombre guapo. Director de la Oficina de Información Diplomática española. De rasgos afilados, maneras distinguidas y ojos muy claros, casi juveniles en sus facciones a pesar de peinar unas leves canas. Muy hábil para las relaciones públicas. Tiene buena planta, buenos apellidos, buena carrera. Es atractivo y buen partido.
  • Lilliam Lagomarsino es la acompañante y consejera de Eva Perón. Refinada, adinerada y conservadora por sus orígenes. Disciplinada y discreta. El hada buena. Esposa del presidente de la Cámara de Diputados. Una señora.
  • Alberto Dorero es el magnate naviero que sufraga los gastos del viaje por Europa de Eva Perón. Pasa de los sesenta años y es el armador más poderoso del Río de la Plata. Amante del lujo, está al frente de un grupo de empresas familiares que poseen centenares de embarcaciones, cargueros, transatlánticos… Muy rico. Nació en Uruguay, hijo de inmigrantes italianos. Casado varia veces.
  • Juan Perón, Juancio, es el hermano de Eva. El garbanzo negro de la familia. Le gustan las salidas de tono con el alcohol, las prostitutas y los golfos. Aficionado a los burdeles, los quilombos y las parrandas.
  • Barbara Hutton, dadivosa y depresiva crónica. Inestable, voluble, dada a beber y a tomar sustancias… Multimillonaria que compra un palacio en Tánger. Nacida en Nueva York en 1911, entonces tenía treinta y seis años. Nieta de un acaudalado comerciante, huérfana de madre desde la infancia… Reside en Europa desde los veintiún años. Dos matrimonios fracasados, hasta que se casó con Cary Grant, que también fracasó… Murió pronto. Siempre estuvo sola rodeada de gente.
  • Ira Belline, housekeeper, encargada de la casa, persona de confianza. Nació en Rusia, pero llegó joven a Francia.

Y de nuevo el reencuentro con su padre, Gonzalo Alvarado, cariñoso, más mayor y más delgado; Ramiro Arribas, el que huyó con sus joyas, que aparece en Madrid bajo el nombre de Román Altares; Ignacio Montes, el joven ingenuo y candoroso con el que estuvo a punto de casarse y al que hizo sufrir tanto. Ahora trabaja para la Dirección General de Seguridad del Ministerio de Gobernación. Félix Aranda será otra vez de gran ayuda. Fue su vecino en los viejos tiempos del taller en Sidi Mandri. Dolores, la madre, que es la entereza hecha persona, la voz de su conciencia. Es la dignidad con nombre propio. Estoica. Casada con el sereno y silencioso Sebastián, un granadino que lleva muchos años en el Protectorado; Candelaria, la matutera que fue su vieja patrona. Sigue siendo deslenguada, descarada y entrañable; y el comisario Claudio Vázquez, ya jubilado, que se preocupó tanto de que eligiera siempre el camino correcto…

Y Maruja Peña, una costurera andaluza entrada en carnes; y Sir Alan Cunningham, veterano militar de gran porte; alto dignatario de la Administración británica… y muchos más…

Sinopsis de la editorial.
La Segunda Gran Guerra llega a su fin y el mundo emprende una tortuosa reconstrucción. Concluidas sus funciones como colaboradora de los Servicios Secretos británicos, Sira afronta el futuro con ansias de serenidad. No lo logrará, sin embargo. El destino le tendrá preparada una trágica desventura que la obligará a reinventarse, tomar sola las riendas de su vida y luchar con garra para encauzar el porvenir.
Entre hechos históricos que marcarán una época, Jerusalén, Londres, Madrid y Tánger serán los escenarios por los que transite. En ellos afrontará desgarros y reencuentros, cometidos arriesgados y la experiencia de la maternidad.
Sira Bonnard —antes Arish Agoriuq, antes Sira Quiroga — ya no es la inocente costurera que nos deslumbró entre patrones y mensajes clandestinos, pero su atractivo permanece intacto.

Lee y disfruta de las primeras páginas de la novela.

María Dueñas

María Dueñas

La autora:
María Dueñas (Puertollano, Ciudad Real, 1964) es doctora en Filología Inglesa. Tras dos décadas dedicada a la vida académica, irrumpe en el mundo de la literatura en 2009 con El tiempo entre costuras, la novela que se convirtió en un fenómeno editorial y cuya adaptación televisiva de la mano de Antena 3 logró numerosos galardones y un espectacular éxito de audiencia. Sus obras posteriores, Misión Olvido (2012), La Templanza (2015) y Las hijas del Capitán (2018), continuaron cautivando por igual a lectores y crítica. Traducida a más de treinta y cinco lenguas y con millones de ejemplares vendidos en todo el mundo, María Dueñas se ha convertido en una de las autoras más estimadas tanto en nuestro país como en América Latina. Sira es su quinta novela.

El libro:
Sira ha sido publicado por Editorial Planeta en su Colección Autores Españoles e Iberoamericanos. Encuadernado en tapa dura con sobrecubierta.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Como complemento pongo el vídeo de la presentación virtual de “Sira”, la nueva novela de María Dueñas.

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Para saber más:
https://mariaduenas.es/
https://www.facebook.com/Maria.Duenas.Oficial

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