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“Lo pasado no es un sueño”, de Theodor Kallifatides

«… Mi abuelo me tomó de la mano y nos fuimos. Él no sabía lo que yo llevaba dentro, tampoco yo lo sabía; una gran parte de mi vida transcurriría en el intento de comprenderlo…»

MaudyReseña escrita por Maudy Ventosa.

Theódoros Kallifatidis pasó a ser Theodor Kallifatides en su primer pasaporte, camino de Suecia; le sonó el nombre a derrota, porque significaba todo lo que no pudo ser ni alcanzar en su patria. Asumió que era difícil ser griego; su padre lo sabía muy bien cuando le dijo, vete hijo, no hay nada para ti aquí, dolorido por sus derrotas y sabedor de que el estigma de los padres lo acaban padeciendo los hijos… Así fue también como entendió el autor lo que era echar una piedra negra a tus espaldas. Era tirar tu corazón.

Cubierta de 'Lo pasado no es un sueño'

Cubierta de: ‘Lo pasado no es un sueño’

La Editorial Galaxia Gutenberg nos regala otra pequeña joya de Theodor Kallifatides, Lo pasado no es un sueño, su última publicación en castellano traducida del griego moderno por Selma Ancira y, si en todos sus libros nos abre el corazón y desnuda su alma, en este lo hace de manera especial. En primera persona nos narra su infancia en Molaoi, el pequeño pueblo griego que lo vio nacer; lo dura que fue su vida cuando su familia se separa y sus padres se van a Atenas. Se queda a cargo de los abuelos paternos; más tarde llega el reencuentro en la ciudad, cuando Stelios supo que no podía seguir más tiempo con ellos, indemne, después de que un grupo de chicos mayores casi le desollara la espalda con las espinas de los higos de tuna; y su adolescencia en la ciudad; el servicio militar y su salida de un país en el que no había sitio para él. Siempre rodeado de la pobreza que marca a los desheredados que tienen ideas propias diferentes del pensamiento correcto. La palabra “rojillo” iba siempre por delante, cerrando oportunidades, universidad, ilusiones, opciones de trabajo… Lo curioso es que también eso puede heredarse al revés, es decir, de hijos a padres; y a hermanos.

Es un libro sensorial, porque a aquel niñito que quería convertirse en santo, siempre le acompañaron los olores penetrantes que percibía cuando iba de la mano de su abuelo Stelios: el de la albahaca y los geranios de Monemvasía; el olor a limón del enorme bosque de limoneros donde podía perderse… Molaoi, era su patria, ese lugar donde después de la lluvia la tierra huele más hermosa; los pecados olían a jazmín y lilas; y el sabor de las almendras que tanto gustaban al abuelo; y el de la miel cuando podía ayudar a alguien a pesar de no tener casi nada que dar…

Los alemanes sembraron el terror en el pueblo; asesinaban, torturaban y arrestaban a hombres de cualquier edad, como hicieron con aquel maestro comunista. El hambre siempre presente en la población. Cuando se marchan, se queda la ultraderecha y, por contra, los comunistas. Los pueblos se van vaciando de gente que huye de la guerra civil y buscan sustento y trabajo en las ciudades, que se llenan de menesterosos y desvalidos; de viudas con hijos; de pordioseros que luchan por obtener las mejores caridades junto a las iglesias –la miseria también tiene sus reglas y categorías–; huérfanos sucios y libres; gatos, perros… Esta cohorte de pobres recibe a Theodor en Atenas. Pero están su madre, su padre, su hermano, y sus tíos y primos.

Ese niño tiene ir a la escuela con otros niños y niñas que le llaman “el bobito” por sus pantalones cortos y su dialecto del Peloponeso. Y la pobreza constante. Ni se integra ni lo aceptan, pero acaban acostumbrándose a él; tuvo un buen amigo, con el que compartió infortunio, Kostakis, porque él era bajo de estatura y todos lo miraban, mientras que yo era extranjero y nadie me veía. Su único amigo. Pero como también ocurriría más tarde, el lenguaje fue su salvación y se hizo famoso; incluso escribía cartas de amor de otros para la misma, Meri, su Meri, porque todos la amaban.

No solo aprendió a disfrutar de la belleza de las mujeres, porque nos salió enamoradizo y tuvo varias novias; abandonó y fue abandonado; también se enamoró de la lengua… El instituto fue un momento decisivo en su vida con el griego clásico, la historia y el latín, se me hacía la boca agua, sin que supiera yo por qué. Pero, sobre todo, adoraba la Gramática, que no únicamente organizaba la lengua, organizaba también el tiempo. El tiempo que es, era fue, será, ha sido y habría sido… Aprendió a mentir y a ocultar, dio su primer beso y supo por qué un amor desdichado es indispensable para hacer de un niño un hombre y se volvió ateo porque necesitamos un Dios que nos ame, no un verdugo más.

Con la adolescencia, cada vez es más difícil la adaptación a los tiempos modernos americanizados, cuando todavía las cárceles estaban llenas de presos políticos. Y sobre todo la pobreza que arrastró. Los largos meses que pasó en el servicio militar fueron terribles y estuvieron llenos de humillaciones, Esparta, Tesalónica, Rentina… se preguntaba si habría una vida para él en otro lugar. Sufría porque la emigración era una especie de suicidio.

El 27 de mayo de 1963 asesinan a Grigoris Lambrakis, médico, político y atleta. Dos semanas más tarde, él parte en tren para Suecia. No más humillaciones. Se lleva las obras completas de Kavafis y un poemario se Seferis, con un verso que decía: “Dondequiera que viajo, Grecia me hiere”. Y también tres grandes preguntas: ¿quién y por qué había denunciado a su padre con los alemanes? ¿Qué había pasado con Stelios en el pueblo? ¿Qué le había pasado a Yorgos durante el servicio militar? Encontró la respuesta a dos de ellas, pero no a la primera, aunque ya tal vez no importe porque estarán muertos… Siempre tuvo presente lo que su padre le escribía: No te olvides de quién eres. Y escribió en la lengua del país que lo acogió, porque el griego no casaba en su nueva vida, la realidad sueca tenía su propia lengua… y apareció la bonita Gunilla, con la que lleva cuarenta y dos años y se dio cuenta de que podía escribir sobre lo que conocía bien: sus propias experiencias. Y más tarde recuperó su lengua tras una visita a Grecia, a su pequeño Molaoi… pero esa es otra historia…

¿De verdad que lo pasado es un sueño? No, pero ya es hora de convivir con él sin que duela tanto.

La patria es patria y el extranjero es extranjero, pero hay veces en que el extranjero se vuelve patria y la patria, extranjero.

Es una delicia encontrarte de nuevo Theodor. Tus patrias ya no solo existen en tu corazón, tu patria es el mundo y estoy segura de que tus miles de lectores sienten que tu idioma, sueco o griego, es universal, porque la emigración, el dolor, el desarraigo, la pobreza, los sueños, el amor… es de todos. Nos llegas muy dentro y quiero compartir contigo también mi patria. Te hago un hueco, porque en mi corazón lo tienes desde hace tiempo.

Theodor Kallifatides con Maudy Ventosa

Theodor Kallifatides con Maudy Ventosa

PERSONAJES:

  • Theodorakis, leía mucho y de todo: revistas, periódicos, enciclopedias, los Clásicos ilustrados… Oscar Wilde, la profundidad de Dostoievski, la naturalidad de Knut Hamsun; Stendhal, Sartre, Nietzsche, y sobre todo Simone de Beauvoir… Aprende de Kant que su vida era más grande de lo que él veía. Es delgado y tiene las piernas torcidas. Tras las incursiones en el deporte, vuelve a lo suyo, la lectura. Y el colegio fue decisivo para él, se volvió ateo, socialista y amante de la literatura.
  • El padre, maestro de pueblo, en Molaoi. Lo echaron de la enseñanza pública inculpado de comunista. No se integró. No iba ni al café ni a la taberna. Siempre buscaba trabajo y le dolía la úlcera de estómago. Siempre fue un refugiado. Fugitivo de Turquía se volvió emigrante en Grecia. Encontró su patria en su interior. Los años no le doblaron.
  • Mamá, Antonia, no era una persona instruida; tenía veinticuatro años menos que su marido, y tres hijos varones. Se vinculó pronto al barrio en Atenas e hizo amigas. Era bella y alegre, y los amaba.
  • El abuelo Stelios cada día encendía su pipa; sus ojos están debilitados, pero su mano es fuerte. Estatura media, regordete, lento y sonriente, le gusta entrar en el café y tomarse un ouzo. Había sido emigrante en América, pero acabó como hojalatero en Epidauro Limera.
  • La tía Jrisí, hermana de la primera mujer de mi padre. Les acogió en Atenas cuatro años. Era esbelta, de rasgos bellos y con un corazón más grande que su cuerpo. Dulce, tranquila y elegante. Con buena educación, que había perdido su patria por ser griega, Constantinopla. El tío Thanasis, su marido, era alto, jovial. Era bombero y zapatero. Era de Corfú. Nunca se enojaba, ni se emborrachaba. Su hijo Antonis, nunca hablaba sin reflexionar; fue siempre el segundo, y le gustaba. Meri, su hermana, heredó de su padre el rostro sincero y la risa; de su madre los ojos dulces.
  • Stelios, hermano de Theodor, estudió en la Academia de Pedagogía y siente pasión por la música. Trabajaba de maestro.
  • Yorgos es su medio hermano y vive en Tesalónica. Doce años mayor que Theodor. Había sufrido mucho, pero la vida le compensó con un amor grande, Ioanna, de ojos dulcísimos que curó su alma. Tiene los ojos sonrientes, gris azulado, de su padre. Cabellera rubia en bucles. Un labio mutilado y el corazón herido.
  • Kostakis, su gran amigo, con el que comparte penas y alegrías. Tiene un talento insólito para las matemáticas y la física, tocaba la guitarra y dibujaba espléndidamente. Le encanta Chéjov. Era muy bajo, y eso le causaba amargura; convivía con la tristeza. Se encontraron en Suecia, pero amaba su país y su lengua y volvió. Lo mató la amargura.
  • María, tan pobre como él, pero más alegre. Su risa era serena, la continuación de su charla. Su alegría compensaba los infortunios.
  • Karólos Koun tiene la mirada magnética y abundante cabello gris enmarañado. Es el maestro del teatro y le presentó a Brecht, a Ionesco, a Beckett, a Williams, a Arthur Miller y a escritores griegos más jóvenes y devolvió a los clásicos a la realidad griega. Los alumnos lo adoraban.
  • Manos Elefthríou, nuevo alumno de la escuela de teatro que escribe poesías fuertes y tiernas a la vez, escritas con temor, veneración y respeto. Cada palabra era como una pequeña tesela en un mosaico especialmente bello. Comenzaron una amistad profunda.
  • Li hablaba cuatro idiomas y había publicado dos poemarios. Había leído muchísimo. Bonita, con abundante cabello negro azabache y ojos verdes. Casada y mayor que él… Tiene dinero.
  • Nikos, es el amigo de su hermano que siempre le protegió en el pueblo, cuando se fue su familia. Fue corredor de rally.
  • Gunilla Elizabeth, “la muchacha de la residencia estudiantil”, su mujer desde hace cuarenta y dos años. Ver su rostro cada mañana era como abrir la ventana… Desde entonces, siguen juntos, y tienen una hija, un hijo y varios nietos.

Y muchos más…

SINOPSIS de la editorial.
«Tenía ocho años cuando mi abuelo me tomó de la mano y no la soltó hasta que encontramos a mis padres en Atenas. Quién sabe qué podría haber pasado si me hubiera quedado en el pueblo. Era 1946. Principios de la primavera de 1946.Los almendros florecían uno al lado del otro y el campo estaba en su esplendor.»
Así sí empieza la novela más autobiográfica de Theodor Kallifatides y una de las más apreciadas por sus cientos de miles de lectores. Una semana antes de que Kallifatides huyera del pueblo, un grupo de fascistas con armas en la mano había obligado a toda la gente a reunirse en el cementerio. Allí se quedaron jóvenes y viejos aterrorizados mientras su infame capo los llamaba lentamente a uno tras otro para finalmente seleccionar a algunos hombres que se llevó con él. Sus cuerpos nunca fueron encontrados.
Con su característica sencillez y humanidad, Kallifatides nos narra su vida desde que abandona su pueblo natal hasta que retorna a él para recibir el homenaje de sus vecinos convertido ya en un escritor consagrado. Así descubrimos la infancia y la adolescencia en la Atenas gobernada por regímenes autoritarios, el nacimiento de la conciencia política y de clase, el descubrimiento de la sexualidad y el amor, el exilio a Suecia, la sorprendente capacidad para rehacer allí su vida laboral y formar una familia, y su trayectoria como escritor en la lengua de acogida, el sueco.

Kallifatides nos brinda otro libro magistral, para deleite de los que ya conocen su obra y de los que todavía tienen la suerte de poder descubrirla.

Lee y disfruta de un fragmento de la novela.

Theodor Kallifatides

Theodor Kallifatides

El autor:
Theodor Kallifatides griego: Θοδωρής Καλλιφατίδης (Molaoi, 1938) ha publicado más de cuarenta libros de libros de ficción ensayo y poesía traducidos a varios idiomas. Nació en Grecia en 1938, y emigró a Suecia en 1964, donde consolidó su carrera literaria. Ha traducido del sueco al griego a grandes autores como Ingmar Bergman y August Strindberg, así como del griego al sueco a Giannis Ritsos o Mikis Theodorakis. Ha recibido muchos premios por su trabajo tanto en Grecia como en Suecia, país en el que reside actualmente.
Galaxia Gutenberg publicó en 2019 su obra Otra vida por vivir, que ha merecido el Premio Cálamo “Extraordinario 2019”. En 2020, se ha publicado la obra El asedio de Troya en este mismo sello.

El libro:
Lo pasado no es un sueño (título original: Τα περασμένα δεν είναι όνειρο, 2012) ha sido publicado por la Editorial Galaxia Gutenberg en su Colección Narrativa. Traducción de Selma Ancira, 2021. Encuadernado en rústica con solapas, tiene 192 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Como complemento pongo un vídeo muy interesante con una conversación entre Theodor Kallifatides, la traductora Selma Ancira y Xavier de la librería barcelonesa Nollegiu.

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Para saber más:
Theodor Kallifatides en Wikipedia.

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“Los ojos cerrados”, de Edurne Portela

«… Desde niño, cuando empecé a sufrir esto de cerrar los ojos mucho tiempo, he visto más que los demás. Veo incluso lo que hay detrás de los ojos de los muertos…»

MaudyReseña escrita por Maudy Ventosa.

La Editorial Galaxia Gutenberg acaba de publicar la última novela de la escritora vasca, Doctora en Literaturas Hispánicas, Edurne Portela, escrita en un pueblo pequeño de Ávila —fiel representante de la España vacía—, Los ojos cerrados. Aunque la reseña estaba ya escrita, asistí el pasado viernes 16 de abril a la presentación que hizo José Ovejero de la novela de Edurne Portela en el Real Jardín Botánico de Madrid, un entorno maravilloso que fue testigo de la complicidad y admiración que existe entre ambos escritores. Incluyo, como no podía ser de otra manera, las aportaciones profesionales que extraje de la charla.

Edurne Portela y José Ovejero

Cubierta de 'Los ojos cerrados'

Cubierta de: ‘Los ojos cerrados’

Los ojos cerrados más que leerlo, lo devoré con ansia, y al finalizar era tal la angustia que sentía que no podía parar de llorar. Seguramente las emociones que me despertó tienen que ver con mi origen, también un pueblo pequeño y prácticamente vacío de la provincia de Ávila, en el que apenas quedan ancianos que puedan contar esas historias dolorosas que se transmitían antiguamente a través de los silencios —como en el libro de Edurne— y que muchas intuías por las relaciones que se establecían entre los vecinos. Sé que todas las ciudades guardan historias parecidas, de dolor y delación, de muerte, de horror… pero en los pueblos los habitantes se conocen todos y hay muchos lazos familiares, y, el seguir adelante depende casi siempre de la solidaridad vecinal, de la ayuda que se prestan en situaciones de necesidad. Pero también es cierto que los estigmas sociales son arrastrados por los que acarrean “pecados” que no son suyos, que pasan a convertirse en vive-aparte, como los define la autora.

Es una novela en la que la escritora introduce cambios importantes en su proceso creativo, como muy bien apunta José Ovejero. Se aleja de su experiencia cercana para crear otros mundos que van a necesitas otro tipo de personajes, muy distintos a los de sus otras obras. Crea una voz narrativa con varios tonos que nos acompaña a lo largo de la novela, a la vez que el protagonista narra con su propia voz; se divierte dejándonos cuentos cortos —de miedo— que tienen que ver con la memoria de su padre, pero no abandona la sensación de soledad que impregna siempre a los personajes de sus novelas porque, afirma Edurne, estamos muy solos la mayoría de nuestra vida. Tampoco abandona la violencia, otra constante en sus obras; explícita y horrenda en esta, con un personaje que es víctima y recibe violencia, pero que también la devuelve.

La historia transcurre en un pueblo, que no sabemos dónde está, que ha perdido ya casi todos sus habitantes, Pueblo Chico; solo quedan personas mayores y una pareja que ha venido de la ciudad y quieren cultivar un huerto y vivir aquí. Es un pueblo poblado de silencio, roto a veces por el claxon de los vendedores ambulantes que vienen de Pueblo Grande.

Hay un narrador omnisciente que cuenta esta historia en tres tiempos, de manera más emotiva unas veces, y otras más descriptiva, fría y distante… que acompaña en el conocimiento del pasado y del presente a través de los personajes: cuando Pueblo Chico se quedó sin hombres porque se habían echado al monte y los niños se encargaban de pastorear los rebaños de ovejas, cabras y vacas, y había muchos huertos y árboles colmados de fruta…; cuando acabó la guerra y quedaron las ausencias y se hizo patente el dolor; y ahora, que solo quedan los viejos que se sientan en la plaza y las mujeres que charlan mientras llega el panadero. La nieve de la sierra es el telón de fondo de esta tierra que en primavera se llena de espinos y rosales silvestres.

La voz más importante, sin duda, es la del protagonista, Pedro, que habla en primera persona, que conserva un dolor agudo, profundo, sordo, que ha marcado su vida; su pasado está tan vívido como su presente.

Es una novela con descripciones magníficas, escalofriantes y durísimas; de últimos alientos, cuando no le quedan palabras de consuelo, mentiras de salvación, pero sí las palabras de amor que quedaron dormidas los años del monte, lejos de ella, y que ahora despiertan, inútiles. Percibes sus sentimientos de rabia, dolor, impotencia, soledad porque sabe lo que está por venir… Y lo que provoca en los ojos del que mira… no es vacío lo que ve en ellos, no es confusión, es una especie de desamparo, de angustia, un asomo de pavor, eso es… La gente del pueblo decía que había enfermado de miedo y de frío, y tal vez por eso se convirtió en un vive-aparte, que de niño solo hablaba con los perros y las cabras. Porque las cosas pasan detrás de sus ojos…

Todos saben y todos callan y miran para otro lado. Es el silencio de un pueblo que quiere seguir adelante sabiendo que eran consentidores. La responsabilidad en grupo se diluye, pero en privado pueden sentir vergüenza, miedo, silencio… así sobreviven las familias del pueblo. Los marginados ya sabrán establecer lazos entre sí, porque son los que han perdido. Solo se tienen ellos, aunque no haya lazos familiares que los una; los vínculos se establecerán a través del dolor, de lo que no se dicen, de la soledad.

Edurne Portela con Maudy Ventosa

Edurne Portela con Maudy Ventosa

Muchas sensaciones, muchas voces, muchos personajes que acarrean una historia; sueños bonitos que vienen en primavera, porque las pesadillas las trae el viento cargado de hielo… Leyendas de lobos, de fantasmas, de cabras montesas que se pierden en la noche; la niebla que baja sin avisar, que oculta y que protege; objetos cotidianos a los que aferrarse, como el balde, el libro o la puerta; las lindes del pueblo donde empieza la nada… Y el grito de la madre que trae dolor y sigue uniendo el pasado con el presente.

Y una mujer en busca de sus raíces, de las historias de su padre. Ya le dijo en un momento de lucidez que huir no solucionaba nada, solamente aplazaba los problemas. Lo que dejas atrás te persigue, aunque tarde siete décadas en alcanzarte…

A Edurne Portela se le apareció un anciano un poco alucinado en medio de la plaza de ese pequeño pueblo con sus muletas, con un además extraño, con un lenguaje roto diciendo cosas muy raras… y a partir de ahí quiso conocer su historia, y plasmarla es esta magnífica novela coral y sensorial. Que despierta muchas emociones detrás de los ojos de los que leen. O devoran.

PERSONAJES:

  • Pedro camina con muletas y siempre ha visto lo que los demás no pueden ver. Se sienta en un banco con la mirada perdida, porque él sí tiene una historia. Dicen que es clavado a su padre, por la mata de pelo negro y rizado y los ojos grandes, pero verdes como los de madre; ahora hundidos. Viste pantalones de pana desgastados y planchados con esmero, con raya en medio, cazadora limpia y con remiendos y una gorra que deja fuera sus grandes orejas.
  • Ariadna, ha descubierto que la vida en la sierra le trae pequeños lujos, como ver amanecer, desperezarse y desayunar en la cama. Es lo bueno de trabajar desde casa. Se ha adaptado rápido a las costumbres del pueblo. Está en el escenario de todos los delirios paternos y dicen que es igualita a él… los ojos casi negros, la nariz aguileña… Ella sabe que pertenece a ese pueblo, que es el de su padre. Es miedosa, de los vivos y la noche.
  • Eloy es su marido. Los trabajos en la huerta y los largos paseos han conseguido que eche músculos. Le encanta la sensación de descubrimiento, de reto, en las cosas nuevas de esta vida rural que han adoptado. De vez en cuando va a la ciudad. La añora.
  • Lola, sabía que, si escuchaba pisadas de botas, eso no traía nada bueno… Su hijo se llama Pedro. Su marido se llama Miguel y se fue al monte. Solía preparar sopa de judiones y le encantaba acariciar la cabeza de su hijo. Tenía los ojos verdes, como el musgo pegado a la piedra. Era alegre y bailaba muy bien.
  • Miguel tuvo unas botas porque se las regaló Ernesto, pero él sabía hacerlas y le gustaba lustrarlas. A pesar de eso, era torpe, aunque todo lo hacía con gracia. Era muy guapo.
  • Teresa es la madre de Federico y del pequeño José que cuida las cabras ayudado por Pedro, al que pone un tazón de leche caliente por las mañanas cuando sus padres dejan de estar… le abraza también. Sabe cosas.
  • Federico, el hijo de Teresa que se llevaron al frente cuando vinieron de noche y los sacaron de sus casas. Tiene que intervenir en la búsqueda de los hombres fugados porque conoce mejor que nadie, el terreno… Cuando acaba todo y vuelve al pueblo, le dan la gorra de alguacil. Se hizo señor de su casa.
  • Evaristo, tiene una hermana que dice que es una mala bestia… Se va al monte.
  • Adela, dicen los vecinos que mira con ojos de loca, con esos ojos grandes y negros; su nariz es pequeña y sus labios gruesos… Su corazón y su cuerpo están heridos…, una y otra vez, una y otra vez…
  • Andresito es el hijo de Adela y cuando quedó solo, lo cuidó Pedro; ahora se cuidan mutuamente. Débil de cuerpo y espíritu, se convirtió en un hombre enjuto y chiquitín, pero limpio y muy trabajador. Es Feo, narizón y ojijunto. Su madre le enseñó a preparar buena comida con poca despensa, a ser una buena ama de casa. Se ríe de los nuevos, porque no saben ni darle a la pala cuando hay nieve. Cuenta despacito y con silencios, y sin acabar del todo ninguna frase.
  • Baldomero comparte las historias que Pedro les contaba a los niños; cuentos de lobos, de fantasmas, de desaparecidos… Está casado con Piluca, que vino de un pueblo cercano y es muy maja, y también protege a Andrés.
  • Felipe, el cabrero, hijo y nieto de cabreros. Sueña con salir del pueblo. Conoce bien las lindes, como las conocen las cabras. Memorias de costumbres que comparten animales y hombres. Su novia es Esperanza que tiene la pesadilla de entrar en su propia nada…
  • El cura, cuando ve a Pedrito dice que se ande con cuidado, que el mal se hereda… Mira a Adela con pena y desprecio.

Y Antonio, que es el alguacil, primo de Lolo; y Cecilia, que es una anciana encogida y pequeña, madre de Lolo, un cuarentón extraño… y toda la gente del pueblo que sale a comprar cuando llega el camión con “de todo” a la plaza, o el panadero…

Sinopsis de la editorial.
Los ojos cerrados es una novela de un solo lugar, un pueblo que podría tener cualquier nombre y que por eso se llama Pueblo Chico. Pueblo Chico está anclado en una sierra agreste que a veces se cubre de niebla, otras de nieve, una sierra en la que a veces se pierden los animales, desaparecen las personas. En el pueblo vive Pedro, el anciano protagonista de esta novela, depositario de secretos que rodean a la violencia que ha atravesado el lugar durante décadas. Cuando Ariadna llega a Pueblo Chico por motivos al principio poco claros, Pedro la observa y vigila, mientras Ariadna va desvelando su propia vinculación con la historia silenciada del lugar. El encuentro entre pasado y presente, entre Pedro y Ariadna, da pie a una novela en la que Edurne Portela indaga sobre una violencia que, si bien trastoca para siempre la vida de los personajes, genera la posibilidad de crear un espacio de convivencia y solidaridad.

Lee y disfruta de las primeras páginas de la novela.

Edurne Portela

Edurne Portela

La autora:
Edurne Portela (Santurce, Vizcaya; 1974), Doctora en Literaturas Hispánicas por la Universidad de North Carolina-Chapel Hill (Estados Unidos). Ha sido profesora titular de literatura en Lehigh University (Pensilvania) hasta 2015. Como parte de su investigación académica publicó numerosos artículos y el ensayo Displaced Memories: The Poetics of Trauma in Argentine Women Writers. En 2016 publicó en Galaxia Gutenberg El eco de los disparos: Cultura y memoria de la violencia, un ensayo que reivindica la cultura como herramienta para dirimir el pasado de violencia en Euskadi. En septiembre de 2017 salió a la luz también en Galaxia Gutenberg su primera novela Mejor la ausencia, una indagación en la Euskadi postindustrial de los años ochenta que ha sido galardonada con el Premio 2018 al mejor libro de ficción del año del Gremio de librerías de Madrid. Publica en 2019 su segunda novela, Formas de estar lejos, en este mismo sello. Ha realizado, junto con José Ovejero, el documental Vida y ficción (2017). Publica regularmente en los principales periódicos españoles y colabora en varios programas en Radio Nacional de España y la Cadena SER.

El libro:
Los ojos cerrados ha sido publicado por la Editorial Galaxia Gutenberg en su Colección Narrativa. Encuadernado en rústica con solapas, tiene 208 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Como complemento pongo un vídeo en el que Edurne Portela nos habla de su libro Los ojos cerrados.

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Para saber más:
https://edurneportela.com/los-ojos-cerrados/

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