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“Los ojos cerrados”, de Edurne Portela

«… Desde niño, cuando empecé a sufrir esto de cerrar los ojos mucho tiempo, he visto más que los demás. Veo incluso lo que hay detrás de los ojos de los muertos…»

MaudyReseña escrita por Maudy Ventosa.

La Editorial Galaxia Gutenberg acaba de publicar la última novela de la escritora vasca, Doctora en Literaturas Hispánicas, Edurne Portela, escrita en un pueblo pequeño de Ávila —fiel representante de la España vacía—, Los ojos cerrados. Aunque la reseña estaba ya escrita, asistí el pasado viernes 16 de abril a la presentación que hizo José Ovejero de la novela de Edurne Portela en el Real Jardín Botánico de Madrid, un entorno maravilloso que fue testigo de la complicidad y admiración que existe entre ambos escritores. Incluyo, como no podía ser de otra manera, las aportaciones profesionales que extraje de la charla.

Edurne Portela y José Ovejero

Cubierta de 'Los ojos cerrados'

Cubierta de: ‘Los ojos cerrados’

Los ojos cerrados más que leerlo, lo devoré con ansia, y al finalizar era tal la angustia que sentía que no podía parar de llorar. Seguramente las emociones que me despertó tienen que ver con mi origen, también un pueblo pequeño y prácticamente vacío de la provincia de Ávila, en el que apenas quedan ancianos que puedan contar esas historias dolorosas que se transmitían antiguamente a través de los silencios —como en el libro de Edurne— y que muchas intuías por las relaciones que se establecían entre los vecinos. Sé que todas las ciudades guardan historias parecidas, de dolor y delación, de muerte, de horror… pero en los pueblos los habitantes se conocen todos y hay muchos lazos familiares, y, el seguir adelante depende casi siempre de la solidaridad vecinal, de la ayuda que se prestan en situaciones de necesidad. Pero también es cierto que los estigmas sociales son arrastrados por los que acarrean “pecados” que no son suyos, que pasan a convertirse en vive-aparte, como los define la autora.

Es una novela en la que la escritora introduce cambios importantes en su proceso creativo, como muy bien apunta José Ovejero. Se aleja de su experiencia cercana para crear otros mundos que van a necesitas otro tipo de personajes, muy distintos a los de sus otras obras. Crea una voz narrativa con varios tonos que nos acompaña a lo largo de la novela, a la vez que el protagonista narra con su propia voz; se divierte dejándonos cuentos cortos —de miedo— que tienen que ver con la memoria de su padre, pero no abandona la sensación de soledad que impregna siempre a los personajes de sus novelas porque, afirma Edurne, estamos muy solos la mayoría de nuestra vida. Tampoco abandona la violencia, otra constante en sus obras; explícita y horrenda en esta, con un personaje que es víctima y recibe violencia, pero que también la devuelve.

La historia transcurre en un pueblo, que no sabemos dónde está, que ha perdido ya casi todos sus habitantes, Pueblo Chico; solo quedan personas mayores y una pareja que ha venido de la ciudad y quieren cultivar un huerto y vivir aquí. Es un pueblo poblado de silencio, roto a veces por el claxon de los vendedores ambulantes que vienen de Pueblo Grande.

Hay un narrador omnisciente que cuenta esta historia en tres tiempos, de manera más emotiva unas veces, y otras más descriptiva, fría y distante… que acompaña en el conocimiento del pasado y del presente a través de los personajes: cuando Pueblo Chico se quedó sin hombres porque se habían echado al monte y los niños se encargaban de pastorear los rebaños de ovejas, cabras y vacas, y había muchos huertos y árboles colmados de fruta…; cuando acabó la guerra y quedaron las ausencias y se hizo patente el dolor; y ahora, que solo quedan los viejos que se sientan en la plaza y las mujeres que charlan mientras llega el panadero. La nieve de la sierra es el telón de fondo de esta tierra que en primavera se llena de espinos y rosales silvestres.

La voz más importante, sin duda, es la del protagonista, Pedro, que habla en primera persona, que conserva un dolor agudo, profundo, sordo, que ha marcado su vida; su pasado está tan vívido como su presente.

Es una novela con descripciones magníficas, escalofriantes y durísimas; de últimos alientos, cuando no le quedan palabras de consuelo, mentiras de salvación, pero sí las palabras de amor que quedaron dormidas los años del monte, lejos de ella, y que ahora despiertan, inútiles. Percibes sus sentimientos de rabia, dolor, impotencia, soledad porque sabe lo que está por venir… Y lo que provoca en los ojos del que mira… no es vacío lo que ve en ellos, no es confusión, es una especie de desamparo, de angustia, un asomo de pavor, eso es… La gente del pueblo decía que había enfermado de miedo y de frío, y tal vez por eso se convirtió en un vive-aparte, que de niño solo hablaba con los perros y las cabras. Porque las cosas pasan detrás de sus ojos…

Todos saben y todos callan y miran para otro lado. Es el silencio de un pueblo que quiere seguir adelante sabiendo que eran consentidores. La responsabilidad en grupo se diluye, pero en privado pueden sentir vergüenza, miedo, silencio… así sobreviven las familias del pueblo. Los marginados ya sabrán establecer lazos entre sí, porque son los que han perdido. Solo se tienen ellos, aunque no haya lazos familiares que los una; los vínculos se establecerán a través del dolor, de lo que no se dicen, de la soledad.

Edurne Portela con Maudy Ventosa

Edurne Portela con Maudy Ventosa

Muchas sensaciones, muchas voces, muchos personajes que acarrean una historia; sueños bonitos que vienen en primavera, porque las pesadillas las trae el viento cargado de hielo… Leyendas de lobos, de fantasmas, de cabras montesas que se pierden en la noche; la niebla que baja sin avisar, que oculta y que protege; objetos cotidianos a los que aferrarse, como el balde, el libro o la puerta; las lindes del pueblo donde empieza la nada… Y el grito de la madre que trae dolor y sigue uniendo el pasado con el presente.

Y una mujer en busca de sus raíces, de las historias de su padre. Ya le dijo en un momento de lucidez que huir no solucionaba nada, solamente aplazaba los problemas. Lo que dejas atrás te persigue, aunque tarde siete décadas en alcanzarte…

A Edurne Portela se le apareció un anciano un poco alucinado en medio de la plaza de ese pequeño pueblo con sus muletas, con un además extraño, con un lenguaje roto diciendo cosas muy raras… y a partir de ahí quiso conocer su historia, y plasmarla es esta magnífica novela coral y sensorial. Que despierta muchas emociones detrás de los ojos de los que leen. O devoran.

PERSONAJES:

  • Pedro camina con muletas y siempre ha visto lo que los demás no pueden ver. Se sienta en un banco con la mirada perdida, porque él sí tiene una historia. Dicen que es clavado a su padre, por la mata de pelo negro y rizado y los ojos grandes, pero verdes como los de madre; ahora hundidos. Viste pantalones de pana desgastados y planchados con esmero, con raya en medio, cazadora limpia y con remiendos y una gorra que deja fuera sus grandes orejas.
  • Ariadna, ha descubierto que la vida en la sierra le trae pequeños lujos, como ver amanecer, desperezarse y desayunar en la cama. Es lo bueno de trabajar desde casa. Se ha adaptado rápido a las costumbres del pueblo. Está en el escenario de todos los delirios paternos y dicen que es igualita a él… los ojos casi negros, la nariz aguileña… Ella sabe que pertenece a ese pueblo, que es el de su padre. Es miedosa, de los vivos y la noche.
  • Eloy es su marido. Los trabajos en la huerta y los largos paseos han conseguido que eche músculos. Le encanta la sensación de descubrimiento, de reto, en las cosas nuevas de esta vida rural que han adoptado. De vez en cuando va a la ciudad. La añora.
  • Lola, sabía que, si escuchaba pisadas de botas, eso no traía nada bueno… Su hijo se llama Pedro. Su marido se llama Miguel y se fue al monte. Solía preparar sopa de judiones y le encantaba acariciar la cabeza de su hijo. Tenía los ojos verdes, como el musgo pegado a la piedra. Era alegre y bailaba muy bien.
  • Miguel tuvo unas botas porque se las regaló Ernesto, pero él sabía hacerlas y le gustaba lustrarlas. A pesar de eso, era torpe, aunque todo lo hacía con gracia. Era muy guapo.
  • Teresa es la madre de Federico y del pequeño José que cuida las cabras ayudado por Pedro, al que pone un tazón de leche caliente por las mañanas cuando sus padres dejan de estar… le abraza también. Sabe cosas.
  • Federico, el hijo de Teresa que se llevaron al frente cuando vinieron de noche y los sacaron de sus casas. Tiene que intervenir en la búsqueda de los hombres fugados porque conoce mejor que nadie, el terreno… Cuando acaba todo y vuelve al pueblo, le dan la gorra de alguacil. Se hizo señor de su casa.
  • Evaristo, tiene una hermana que dice que es una mala bestia… Se va al monte.
  • Adela, dicen los vecinos que mira con ojos de loca, con esos ojos grandes y negros; su nariz es pequeña y sus labios gruesos… Su corazón y su cuerpo están heridos…, una y otra vez, una y otra vez…
  • Andresito es el hijo de Adela y cuando quedó solo, lo cuidó Pedro; ahora se cuidan mutuamente. Débil de cuerpo y espíritu, se convirtió en un hombre enjuto y chiquitín, pero limpio y muy trabajador. Es Feo, narizón y ojijunto. Su madre le enseñó a preparar buena comida con poca despensa, a ser una buena ama de casa. Se ríe de los nuevos, porque no saben ni darle a la pala cuando hay nieve. Cuenta despacito y con silencios, y sin acabar del todo ninguna frase.
  • Baldomero comparte las historias que Pedro les contaba a los niños; cuentos de lobos, de fantasmas, de desaparecidos… Está casado con Piluca, que vino de un pueblo cercano y es muy maja, y también protege a Andrés.
  • Felipe, el cabrero, hijo y nieto de cabreros. Sueña con salir del pueblo. Conoce bien las lindes, como las conocen las cabras. Memorias de costumbres que comparten animales y hombres. Su novia es Esperanza que tiene la pesadilla de entrar en su propia nada…
  • El cura, cuando ve a Pedrito dice que se ande con cuidado, que el mal se hereda… Mira a Adela con pena y desprecio.

Y Antonio, que es el alguacil, primo de Lolo; y Cecilia, que es una anciana encogida y pequeña, madre de Lolo, un cuarentón extraño… y toda la gente del pueblo que sale a comprar cuando llega el camión con “de todo” a la plaza, o el panadero…

Sinopsis de la editorial.
Los ojos cerrados es una novela de un solo lugar, un pueblo que podría tener cualquier nombre y que por eso se llama Pueblo Chico. Pueblo Chico está anclado en una sierra agreste que a veces se cubre de niebla, otras de nieve, una sierra en la que a veces se pierden los animales, desaparecen las personas. En el pueblo vive Pedro, el anciano protagonista de esta novela, depositario de secretos que rodean a la violencia que ha atravesado el lugar durante décadas. Cuando Ariadna llega a Pueblo Chico por motivos al principio poco claros, Pedro la observa y vigila, mientras Ariadna va desvelando su propia vinculación con la historia silenciada del lugar. El encuentro entre pasado y presente, entre Pedro y Ariadna, da pie a una novela en la que Edurne Portela indaga sobre una violencia que, si bien trastoca para siempre la vida de los personajes, genera la posibilidad de crear un espacio de convivencia y solidaridad.

Lee y disfruta de las primeras páginas de la novela.

Edurne Portela

Edurne Portela

La autora:
Edurne Portela (Santurce, Vizcaya; 1974), Doctora en Literaturas Hispánicas por la Universidad de North Carolina-Chapel Hill (Estados Unidos). Ha sido profesora titular de literatura en Lehigh University (Pensilvania) hasta 2015. Como parte de su investigación académica publicó numerosos artículos y el ensayo Displaced Memories: The Poetics of Trauma in Argentine Women Writers. En 2016 publicó en Galaxia Gutenberg El eco de los disparos: Cultura y memoria de la violencia, un ensayo que reivindica la cultura como herramienta para dirimir el pasado de violencia en Euskadi. En septiembre de 2017 salió a la luz también en Galaxia Gutenberg su primera novela Mejor la ausencia, una indagación en la Euskadi postindustrial de los años ochenta que ha sido galardonada con el Premio 2018 al mejor libro de ficción del año del Gremio de librerías de Madrid. Publica en 2019 su segunda novela, Formas de estar lejos, en este mismo sello. Ha realizado, junto con José Ovejero, el documental Vida y ficción (2017). Publica regularmente en los principales periódicos españoles y colabora en varios programas en Radio Nacional de España y la Cadena SER.

El libro:
Los ojos cerrados ha sido publicado por la Editorial Galaxia Gutenberg en su Colección Narrativa. Encuadernado en rústica con solapas, tiene 208 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Como complemento pongo un vídeo en el que Edurne Portela nos habla de su libro Los ojos cerrados.

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Para saber más:
https://edurneportela.com/los-ojos-cerrados/

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Archivado bajo Literatura, Literatura, Narrativa, Por Maudy Ventosa

“Biografía de la luz”, de Pablo d’Ors (con entrevista al autor)

“UNA LECTURA MÍSTICA DEL EVANGELIO”

«… un escritor, como es mi caso, cristiano, antes o después tiene que vérselas con su fe y con Cristo… Esto es la Biografía de la luz.»

MaudyReseña escrita por Maudy Ventosa.

Cubierta de 'Biografía de la luz'

Cubierta de: ‘Biografía de la luz’

Me acerco a Pablo d’Ors con el profundo respeto que me infunden su ministerio y preparación. Es sacerdote, escritor y fundador de Amigos del desierto, que entiende la meditación como un proceso de muerte y renacimiento, su presencia me transmite paz y serenidad. Inmediatamente me hace sentir bien. Tiene luz. Vamos a hablar de esperanza, de amor, de búsqueda… de luz.
Después del éxito que supuso su Biografía del silencio, donde se funde la fascinación del proceso del arte de meditar con las acuarelas de Miquel Barceló, se enfrenta a la obra de su vida… tras treinta años de escritura abordo –para mí la cuestión más importante–, que es Jesús, Jesús de Nazaret… yo creo que hasta ahora no me había atrevido… Biografía de la luz es la obra de Pablo d´Ors que acaba de publicar Galaxia Gutenberg.

El libro tiene un Prólogo, delicioso, en el que nos invita a mirarnos por dentro para cambiar por fuera; un Epílogo con mensajes claros sobre el dolor, la luz y la reconciliación con uno mismo, y XII capítulos ordenados por temas, con varios pasajes cada uno, lo que nos permite hacer una lectura continuada o elegir aquellas partes que más nos interesen. Le cuento que tengo el libro destrozado de tanto subrayarlo… Sonríe cuando me dice que para eso están los libros. Para disfrutarlos. Su invitación es leer desde el interior.

MAUDY.- ¿Cómo entiende la esperanza un hombre espiritual y dado a la reflexión, como usted, y cómo debe entenderla una sociedad, muchas veces carente de valores y ética, como la de nuestros días?
PABLO.- Yo creo que la esperanza es importante diferenciarla del mero optimismo; es una cuestión más bien de carácter… Y también diferenciarla de este talante positivo que hoy se difunde… Hay que ser positivos, como una especie de ideología del bien. La esperanza es una virtud, y que sea una virtud significa que es algo que se puede entrenar; uno puede entrenarla. Es cierto que desde esa perspectiva cristiana es un don, pero los grandes dones son los que más nos hacen trabajar. Por ejemplo, el don de un hijo, ¡qué regalo! pero ¡menuda tarea educar a un hijo! La esperanza es exactamente igual, es un don que tenemos ahí, que podemos cultivarlo o no, y en la medida en que la cultivamos, tenemos un talante y una impronta mucho más constructivas en la vida.

Yo creo que hoy, precisamente porque reina la incertidumbre, más que nunca es muy necesario este entrenamiento de la esperanza.

La esperanza se entrena fundamentalmente con actividades, con actitudes de carácter espiritual, por ejemplo, la meditación, la oración, el ejercicio consciente, el paseo, el juego con los niños, la escucha con los ancianos… todos son ejercicios que sirven para ir entrenándonos en la esperanza y que no se quede en un simple deseo de bien.

M.- Tú si crees que podemos tener esperanza
P.- Lo creo firmemente, pero tenemos que ponernos en movimiento para que no sea simplemente una buena voluntad… igual que podemos estar físicamente mucho mejor, pero tenemos que poner de nuestra parte, también podemos estar anímica y espiritualmente mucho mejor, pero también tenemos que poner de nuestra parte…

M.- Eso tiene que ver con el cambio que, ¿si queremos cambiar el mundo tenemos que cambiar nosotros mismos?
P.- Eso desde luego, no hay otro camino. Todos los demás caminos que no sean pasando por uno mismo son violentos o son ideológicos, no recuerdo quién dijo sé tú el camino que quieres si quieres parar el mundo… pues exactamente es así. Es lo único que podemos hacer… trabajándonos a nosotros mismos es como podemos irradiar una esperanza y una posibilidad de que otros también hagan la misma tarea…

M.- Recuerdo siempre una frase que me decían hace tiempo: no existen los cambios profundos…
P.- Yo creo que eso no es cierto. Creo que sí existen cambios profundos… nosotros somos lo que somos siempre… yo soy el que era…

M.- Podemos matizar determinadas cosas, podemos entrenar determinadas habilidades, pero ¿cambios profundos?… la persona que es mala, de verdad, ¿puede llegar a ser buena?
P.- Yo creo que no hay personas malas, de verdad. Quiero decir, nadie nace condenado. Todos tenemos la posibilidad, a partir de lo que somos, aunque ciertamente algunos lo tienen más difícil. Si tú naces en un contexto social de mucha pobreza y de mucha incultura, lo tienes más difícil, tienes que salir más adelante; si naces cojo o mudo o con sida, lo tienes más complicado también… Pero cada uno tiene su punto de partida; a partir de ahí, con lo que nacemos, podemos… tenemos un amplio margen de acción. La misma persona puede vivir una vida horrible o puede vivir una vida maravillosa…

M.- ¿Siempre tenemos que ahogarnos en las tinieblas para encontrar la luz? ¿partir del dolor más profundo para llegar a conocer lo que realmente somos? ¿tenemos que sufrir siempre?
P.- Yo creo que somos noche y día… no somos luz y tinieblas… somos las dos cosas. Solamente hay conocimiento de verdad si realmente transitamos las dos cosas… El tema del amor y del dolor… por ejemplo, en algunos funerales que me ha tocado presidir, veo a la gente llorando porque se ha muerto un ser querido… y yo suelo decirles, es triste llorar porque hemos perdido a un ser querido, pero más triste sería no llorar, porque eso significaría que no le hemos amado… es decir, amor y conocimiento, y dolor van profundamente hermanados, o sea, para no sufrir hay que no vivir, porque la vida comporta esa dimensión que nos gusta menos pero que también está ahí… Con la luz y las tinieblas pasa parecido… yo creo que las personas muy iluminadas son personas que han estado también muy cerca de mucha oscuridad…

M.- Dices que es importante no apegarse, incluso a nuestros propios hijos, porque cuando entregas tu corazón, sabes que te lo van a acabar partiendo… Del capítulo de La traición, que me ha llegado muy dentro… el título es Se desespera quien niega su fragilidad…
P.- Si, si… Hemos de amar, a nuestros hijos y a todo el mundo, pero no hemos de apegarnos, que es distinto… porque apegarnos es querer poseerlos… Los hijos no son nuestros, son de la vida, y en la medida en que nos los apropiamos no les permitimos ser libres, volar, y así pasa con todo, que tendemos a apropiarnos no solamente de las personas, sino de las ideas, de las cosas y cortamos el flujo vital… ese es el problema. Entonces, yo creo que el camino espiritual pasa por el desprendimiento, que se decía antes; el desapego que se dice ahora. Es decir, permitir que la cosa fluya…
Amar es una escuela, estamos toda la vida aprendiendo, y cuando creemos que hemos aprendido, seguramente viene algo que nos recuerda que no lo hemos aprendido del todo. También eso es bonito, que estamos permanentemente mejorando, pudiendo mejorar por lo menos…

Pablo d'Ors con Maudy Ventosa

Pablo d’Ors con Maudy Ventosa

M.- La iluminación ¿está al alcance de cualquiera o solo es para los buscadores espirituales? Porque este libro es para los buscadores espirituales, o cómo te preguntaba antes ¿también para mí que soy una descreída pero con mucho dolor en el alma?
P.- Una persona puede no ser creyente o ser descreída como tú acabas de definir y ser buscadora. Seguramente, si lees este libro con interés es que estás buscando; estás buscando respuestas, estás buscando consuelo, estás buscando fuerza, estás buscando orientación… no es un libro que se dirija exclusivamente, ni mucho menos a los creyentes, aunque también creo que, a ellos, de alguna manera, les podría servir, ayudar en algún momento… a todas las personas que más allá de su fe, o de su agnosticismo se hacen preguntas… quieren investigar sobre la realidad, sobre sí mismos… es para ellos. Yo creo que… nosotros somos luz, otra cosa es que no lo sepamos; por tanto, la luz es para todos, porque eso es lo que somos…

M.- Pero, hay gente que, efectivamente es luz; otros no tiene luz… no transmiten nada… Tú, por ejemplo, tu imagen me da tranquilidad, porque creo que eres una persona de luz, pero la mayoría de las personas no lo son…
P.- No sé, yo no lo veo así… porque incluso, la persona más malvada, más aparentemente oscura, tiene dentro algo muy bueno que no ha podido salir todavía, y seguramente, en condiciones… todos tenemos estas dos caras… podemos ser muy egoístas o muy oscuros, o muy vengativos, pero también podemos ser generosos, nobles… y no solo puntualmente, sino siempre, es decir, cualquier persona, en un día cualquiera puede ser ahora estupendo y medio minuto más tarde o media hora después, pues hacer algo mal, equivocado… forma parte del misterio de esa ambigüedad, esa contradicción, me gusta a mí decir…

M.- Y volvemos a Biografía de la luz… Este libro, fundamentalmente es, la lectura del Evangelio. Hablas de él desde tres puntos de vista distintos -existencial, meditativa y artística-… ¿Tú crees que se puede leer de tres maneras o esas tres maneras pueden corresponder a tres etapas distintas de la vida?
P.- Yo creo que el evangelio, que precisamente por eso es sagrado, admite muchas lecturas distintas. Estas que yo ofrezco son algunas de las posibles, pero seguramente no serán las únicas para nada… Lo que yo he intentado ha sido olvidarme de la lectura histórica, exegética, o crítica; olvidarme también de la lectura más teológica, más religiosa, más para creyentes y enfocarlo desde una perspectiva diferente, que yo la llamo existencial o arquetípica… Cristo como yo profundo, Cristo como el espíritu…

M.- Pero eso se corresponde con esta etapa, también concreta, de tu vida, en la que tú has aprendido muchísimo, seguramente a los treinta años no lo hubieras hecho…
P.- No, desde luego que no. Sí, yo creo que cada etapa… es como en la vida. Tú ahora mismo entiendes la vida de manera muy diferente a como la entendías cuando tenías veinte años, o cuarenta, no sé… vamos evolucionando y también va evolucionando nuestra fe, nuestra relación con el espíritu; y ciertamente, yo este libro no lo habría podido escribir a los veinte años, entonces tenía una fe y una relación con el misterio muy diferente para actuar…

M.- Y por último… ¿Muerte digna o vida digna?
P.- Bueno, yo creo que lo que da dignidad a la vida es el amor… me vas a decir… ¿si una persona tiene amor que dar y que recibir…? seguramente tiene fuerza, porque el amor es la fuerza; no es lo mismo que la fuerza para afrontar el dolor, la muerte… Cuando nos hacemos estas preguntas sobre la muerte digna estamos mirando el sufrimiento aisladamente, sin el contexto de amor o de desamor en el que esa persona está… Yo creo que lo esencial es… lo más crudo no es el dolor sino el aislamiento con que vivimos el dolor… Creo que acompañados, y sosteniéndonos unos a otros, lo más duro puede, no solamente soportarse, sino ser camino de realización… no ser un castigo, sino un camino… ¿no?

M.- Cómo ayudaría la lectura de este libro a jóvenes como mi hijo… no como un mandato, sino como una recomendación que le puede venir bien…
P.- Yo creo que necesitamos espejos de la identidad… estamos permanentemente preguntándonos por el sentido de la vida, por el sentido de nuestra propia existencia, por quiénes somos… hay algunos textos que son sagrados porque nos dan espejos de nuestra identidad, nos dan propuestas de respuesta a esas preguntas, muy profundas, muy sabias, muy fecundas… Entonces yo diría, si tú quieres conocerte, si quieres saber el sentido de la vida, si quieres hacerte preguntas sobre el porqué de las cosas, y no  simplemente consumir estos días que se nos han dado, sean pocos o muchos de la vida, la tierra, te aconsejo leas este libro u otros, no solamente la Biografía de la luz; Fundamentalmente Textos Sagrados, aunque los Textos Sagrados son muy herméticos porque están redactados en otra época y nos resultan de difícil comprensión, entonces hace falta una cierta tarea de traducción o de interpretación que ayude a que nos demos cuenta de que se está hablando de nosotros. Cuando yo hablo de lectura personal, lo que estoy diciendo es que el texto no habla de otras cosas, sino que habla de ti, habla de mí, habla de cada uno… Por eso es interesante…

M.- Seguiré haciéndome preguntas, buscando respuestas, intentando conocerme… y subrayando Biografía de la luz. Gracias Pablo. De corazón.

Sinopsis de la editorial.
Este ensayo recoge, con tanta modestia como ambición, un itinerario espiritual para el hombre y la mujer de hoy. Una relectura imprescindible, tan sencilla como profunda, del legado de Cristo, faro de la humanidad. El evangelio como mapa de la conciencia y como permanente provocación existencial.
Biografía de la luz es un texto pensado para todos los buscadores espirituales y, por ello, escrito desde una perspectiva cultural más que confesional. Un camino, tan radical como posible, para la iluminación, entendiéndola como algo sencillo y cotidiano. Una especie de manual poético de la interioridad, en el que se presentan algunas de las incontables imágenes y metáforas que esbozan los evangelistas y que son auténticos espejos de la identidad humana. Un libro para revisar la propia vida y para descubrir, tras el ruido de las sombras, que no buscaríamos lo luminoso si no fuéramos, al fin y al cabo, seres de luz.
En la línea de sus anteriores entregas literarias -El olvido de sí, Entusiasmo, la aclamada Biografía del silencio…-, Pablo d’Ors nos regala ahora su obra definitiva. Todos necesitamos reflexiones como éstas, tan transparentes: historias que nos ayudan a ver las cosas de nuevo como son. Como seguramente las veíamos cuando éramos niños. Imágenes e ideas que hacen patente que la vida no está lejos o fuera, sino dentro y aquí.

Lee y disfruta de las primeras páginas del libro.

Pablo d'Ors (Foto Maudy Ventosa)

Pablo d’Ors (Foto: Maudy Ventosa)

El autor:
Pablo d´Ors (Madrid, 1963) es sacerdote, escritor y fundador de Amigos del desierto, una red de meditadores con cerca de un millar de seguidores y cuyo carisma es la profundización y difusión de la tradición contemplativa, así como de Tabor, un proyecto de monacato secular. Su obra literaria, emparentada entre otros con la de Hermann Hesse y Stefan Zweig, ha sido traducida a las principales lenguas europeas y está siendo reeditada por Galaxia Gutenberg.

Entre su docena de títulos, destacan El estupor y la maravilla, un homenaje a lo cotidiano, Entusiasmo, una vibrante autoficción, y su aclamada Biografía del silencio, que, con más de 200.000 lectores, se ha convertido en un hito en la historia del ensayo español.
En la actualidad, d´Ors se dedica al estudio y práctica del hesicasmo, e imparte conferencias y retiros de meditación por todo el mundo.

El libro:
Biografía de la luz ha sido publicado por la Editorial Galaxia Gutenberg en su Colección Narrativa. Encuadernado en tapa dura con sobrecubierta, tiene 574 páginas.

Como complemento pongo un vídeo en el que Pablo d’Ors habla de su libro Biografía de la luz.

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Para saber más:
http://pablodors.blogspot.com/
Pablo d’Ors en Wikipedia.
https://www.amigosdeldesierto.org/

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