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“La vuelta al mundo en ochenta días”, de Jules Verne

Para jóvenes a partir de 12 años

«Una de las mejores novelas de Jules Verne, que narra las peripecias de Phileas Fogg y Jean Passepartout en una carrera contrarreloj alrededor del mundo.»

«Con ilustraciones originales de Alphonse de Neuville
y de Hyppolite-Léon Benett»

Cubierta de La vuelta al mundo en ochenta días

Cubierta de: ‘La vuelta al mundo en ochenta días’

El año 1956 fue un año muy importante por muchas razones. Y entre todas destaca el estreno en los cines de todo el mundo de una de las películas más importantes de la historia del séptimo arte. Se estrenaba La vuelta al mundo en ochenta días protagonizada por David Niven y Cantinflas, quienes interpretan a Phileas Fogg y a Jean Passepartout, respectivamente, y una preciosa Shirley MacLaine en el papel de princesa Aouda.  Fue todo un éxito y ganó cinco premios Oscar.
Pero la historia comienza mucho tiempo antes pues La vuelta al mundo en ochenta días que es su título original en francés fue publicada por entregas en Le Temps desde el 7 de noviembre (número 4225) hasta el 22 de diciembre (número 4271) de 1872, el mismo año en que se sitúa la acción. Después, sería publicada de manera íntegra el 30 de enero de 1873.

La historia  comienza cuando el flemático y solitario caballero británico Phileas Fogg, protagonista de la novela, apuesta con sus colegas del Reform Club que daría la vuelta al mundo en ochenta días. El caballero inglés y su criado Passepartout salieron de Londres el 2 de octubre de 1872 a las 8:45 pm, y para ganar la apuesta deberían estar de nuevo en la capital británica antes de las 8:45 del día 21 de diciembre.
Realmente no es del todo un viaje por el globo terrestre, sino que se limita a países donde exista o haya existido el Imperio británico, o los “prefiere”, con la clara excepción de Japón, aunque con fines narrativos, para dar coherencia a la trama del detective Mr. Fix; no deja de llamar la atención, este hecho., mister Fogg creyó haber llegado a Londres a las 8:50 del día 21 de diciembre lo que significaba que había perdido la apuesta por cinco minutos. Sin embargo no fue así, ya que al viajar hacia el este había ganado un día, por tanto, había ganado la apuesta pues completó la vuelta al mundo en 79 días… y cinco minutos.
Aquí puedo añadir que otra novela que representa un viaje para sus protagonistas por todo el orbe es Los hijos del capitán Grant: esta vez, por el paralelo 37 austral.

“Magnífica la traducción de Mauro Armiño”

El argumento de la novela creo que es suficientemente conocido pero por si hay algún despistado cuento un pequeño resumen. El flemático y solitario caballero británico Phileas Fogg abandonará su vida de escrupulosa disciplina para cumplir con una apuesta con sus colegas del Reform Club, en la que arriesgará la mitad de su fortuna comprometiéndose a dar la vuelta al mundo en solo ochenta días usando los medios disponibles en la segunda mitad del siglo XIX y siguiendo el proyecto publicado en el Morning Chronicle, su periódico de lectura cotidiana. Lo acompañará su recién contratado mayordomo francés, Jean Passepartout y tendrá que lidiar no solo con los retrasos en los medios de transporte, sino con la pertinaz persecución del detective Fix, que, ignorando la verdadera identidad del caballero, se enrola en toda la aventura a la espera de una orden de arresto de la Corona británica, en la creencia de que, antes de partir, Fogg robó 55 000 libras del Banco de Inglaterra.

Mapa del viaje de Phileas Fogg, en una ilustración de Alphonse de Neuville y de Léon Benett.

Mapa del viaje de Phileas Fogg, en una ilustración de Alphonse de Neuville y de Léon Benett.

Los medios de transporte más utilizados en el viaje son el ferrocarril y el barco. Además, utilizan otros medios de transporte. La siguiente lista indica cuáles y en qué parte del recorrido los utilizan:

  • De Londres a París, de allí a Turín y de allí a Bríndisi en trenes y barco.
  • De Bríndisi a Suez y Bombay en un barco a vapor (el Mongolia).
  • De Bombay a Kholby en tren.
  • De Kholby a Allahabad en un elefante.
  • De Allahabad a Calcuta (pasando por Benarés) en tren.
  • De Calcuta a Hong Kong en barco.
  • De Hong Kong a Shanghái en una goleta.
  • De Shanghái a Yokohama en buque.
  • De Yokohama a San Francisco en un paquebote.
  • De San Francisco a Kearney en tren.
  • De Kearney a Omaha en trineo.
  • De Omaha a Chicago y a Nueva York en tren.
  • De Nueva York a Cobh (antigua Queenstown) en barco mercantil.
  • De Cobh a Dublín en tren.
  • De Dublín a Liverpool en un pequeño barco.
  • De Liverpool a Londres en tren.

………..Passepartout agarró a su amo por el cuello de la chaqueta y lo arrastró con fuerza irresistible.
……….Fogg, llevado de aquella manera, sin tener tiempo de reflexionar, salió de su casa, saltó a un cab, prometió cien libras al cochero, y después de haber aplastado dos perros y atropellado cinco coches, llegó al Reform Club.
……….El reloj marcaba las ocho y cuarenta y cinco minutos cuando apareció ne el gran salón.
……….¡Phileas Fogg había dado la vuelta al mundo en ochenta días!

Antes de terminar quiero comentar que la cubierta diseñada por Peter Lloyd tiene un pequeño desliz, pues en la novela Phileas Fogg no utiliza el globo aerostático (arriba a la derecha en la cubierta) en ninguna de sus travesías. Pero es una cubierta preciosa.

Jules Verne

Jules Verne

El autor:
Jules Gabriel Verne, conocido en los países hispanohablantes como Julio Verne nació en Nantes, el 8 de febrero de 1828 y falleció en Amiens, 24 de marzo de 1905. Es considerado el fundador de la moderna literatura de ciencia ficción. Se escapó de su casa a la edad de 11 años para ser grumete y más tarde marinero, pero, prontamente atrapado y recuperado por sus padres, fue llevado de nuevo al hogar paterno en el que, en un furioso ataque de vergüenza por lo breve y efímero de su aventura, juró solemnemente (para fortuna de sus millones de lectores) no volver a viajar más que en su imaginación y a través de su fantasía. Predijo con gran precisión en sus relatos fantásticos la aparición de algunos de los productos generados por el avance tecnológico del siglo XX, como la televisión, los helicópteros, los submarinos o las naves espaciales. De 1848 a 1863 escribió libretos de ópera y obras de teatro. En 1863 obtuvo su primer éxito con la publicación de Cinco semanas en globo. Documentaba sus fantásticas aventuras y predijo con asombrosa exactitud muchos de los logros científicos del siglo XX.

 

El libro:
La vuelta al mundo en ochenta días (título original: Le Tour du monde en quatre-vingts jours, 1872) ha sido publicado por Ediciones Austral en su Colección Austral Intrépida. Ilustraciones de Alphonse de Neuville y  de Hyppolite-Léon Benett. Traducción de Mauro Armiño. Encuadernado en tapa dura, tiene 362 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Como complemento pongo el primer capítulo de esta fantástica serie de animación basada en la novela de Julio Verne.

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Para saber más:
Jules Verne en Wikipedia.
Le Tour du monde en quatre-vingts jours en Wikipedia.
http://jverne.net/

La vuelta al mundo en ochenta días.

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“El miedo en Occidente”, de Jean Delumeau

«Una monumental obra sobre nuestro constante diálogo
con el temor y la amenaza.»

Reseña escrita por Ricardo Martínez
http://www.ricardomartinez-conde.es/

Cubierta de El miedo en Occidente

Cubierta de: ‘El miedo en Occidente’

Una reedición podríamos decir que equivale a una invitación implícita hacia ese ejercicio sabio y prudente de la re-lectura. Así, pues, habría que tomar la segunda reimpresión de este título fundamental en la historiografía europea por cuanto equivale, en esencia, a una lectura de la historia desde dentro, esto es, desde la consideración del hombre –y sus tribulaciones- como protagonista principal de una historia cuajada de avatares desiguales, de desventuras, de guerras, de enfermedades…
Una historia vivida o sufrida directamente por el europeo que, de camino hacia el progreso y la modernidad, hubo de ser causante y sufriente de situaciones como la guerra de los 100 años, de la aterradora Peste Negra, de la inacabable amenaza del Infierno por parte de una Iglesia dominante e inmisericorde con sus promesas de castigo si no guardaba los principios que la redención después de la muerte le otorgaría en caso de rebeldía espiritual…

Era esa una Europa, pues, abatida por la ignorancia –no se puede obviar el altísimo porcentaje de analfabetos; por lo tanto, en buena medida, de mentes sin criterio formado en un racionalismo más o menos liberador-, por la indefensión para paliar el efecto de las enfermedades y las tragedias, por el yugo de un futuro perversamente malo después de la muerte. Las renovadas alusiones a los efectos del Apocalipsis, la esperanza de vida mermada por las dificultades, las repetidas guerras de poder sembraban en el ánimo del europeo un ánimo triste, de Miedo (tal es el marchamo genérico que engloba el título, el Miedo, en una especie que por naturaleza, está diseñada por la lucha permanente de sobrevivir) Miedo que debilitaba su voluntad y, como un efecto acaso peor, le privaban de disfrutar del bien de la libertad, de una conciencia que le ayudase a entender los acontecimientos no tanto como plagas sino como hechos susceptibles de cambio en cuanto su inteligencia y su conciencia crítica le permitiesen intervenir en un futuro que les correspondía por derecho propio, por derecho de vida.

En consideración a este planteamiento me parece extraordinariamente oportuno y pertinente la exposición que hace el autor respecto de esta definición social: “Las llamaradas periódicas de miedo suscitadas por las pestes hasta mediados del siglo XVIII, las frecuentes revueltas provocadas, en gran medida, unas veces por el miedo a los soldados o a los bandidos, otras por la amenaza del hambre o del fisco, han marcado una larga historia europea que se extiende desde finales del siglo XIII hasta los inicios de la era industrial” Y, más adelante, aporta, a mi entender,  una consideración clave para entender el proceso: “Franqueando un nuevo escalón, desembocamos en el nivel de la reflexión –teológica sobre todo- que la época ejercita sobre sus propios miedos. Esta misma reflexión estuvo en el origen de nuevos miedos más amplios y más envolventes que los miedos identificados hasta ahora. Pero el milagro de la civilización occidental es que ha vivido todos esos miedos sin dejarse paralizar por ellos. Porque no se ha subrayado con fuerza suficiente que hubo al mismo tiempo angustia y dinamismo: a este se le ha designado, generalmente, con el término de ‘Renacimiento’ El miedo, así, suscitó sus propios antídotos” Es decir, el hombre había de ser liberado, como no podría ser menos, por sus propios medios de hombre: por su inteligencia, por su voluntad, por su asunción del riesgo y la aventura

Al fin, el hombre es –o ha de ser libre- porque necesita serlo, porque ha nacido como tal y tal será su destino. Es así que con la asunción de la predominancia, en un momento dado, de ese principio platónico cual es la curiosidad, hacia el Renacimiento nacieron los viajes fuera de las fronteras, se sentaron los principios impulsores de la ciencia y de la investigación, se derribaron los aherrojadores principios condenatorios de las Iglesia dando lugar a una creencia crítica, al margen del sometimiento por el miedo y la amenaza…

El predicador Geiler lanzó en 1508, en la catedral de Estrasburgo su ‘sálvese quien pueda’: “Lo mejor que se puede hacer, es mantenerse quieto en su rincón y meter la cabeza en un agujero tratando de seguir los mandamientos de Dios y practicando el bien para ganar la salvación eterna”. Más afortunadamente el futuro no había de hacerle caso, y es que por esos años había comenzado ya a ejercer el hombre nuevo, el hombre que, gracias al invento de Gutenberg, empezaba a leer y a pensar y a querer construir un futuro distinto. Iba naciendo el hombre distinto y libre, el hombre crítico y renovador: en las artes, en las ciencias, en la política…
El miedo, el gran atenazador, la gran amenaza habría de ser derribada para que hubiese futuro y esperanza, futuro y libertad. Una premisa de comportamiento en la que todavía estamos y que, acaso, no haya de terminar nunca. Digamos que por esos momentos llegó de una manera evidente el hombre que quiere mirar a un futuro abierto, ilusionante para sí y sus herederos, no un futuro cerrado, siempre amenazante

Escrito con una prosa sencilla, clara, el libro está dividido en una serie de apartados que comprende con precisa didáctica el tema esencial de que se trata. Así, en una primera parte, se abordan temas como ‘Omnipresencia del miedo’, ‘Tipología de los comportamientos del miedo en tiempos de peste’ o ‘Miedo y sediciones’ para abordar, en una segunda parte, otros temas como ‘La espera de Dios’, ‘Los agentes de Satán’ (siempre el peso, teórico y real, de una Iglesia dominante en las conciencias) o ‘Un enigma histórico: la gran repercusión de la brujería’.

Traducido por Mauro Armiño y revisado por Francisco Gutiérrez, resulta un texto necesario y perfectamente actual por su invitación a la conciencia crítica. Por la defensa del valor del libre albedrío como factor de futuro.

Lee y disfruta de un fragmento del libro.

Jean Delumeau

Jean Delumeau

El autor:
Jean Delumeau (Nantes, 18 de junio de 1923) es un historiador francés especialista en cristianismo, especialmente en el periodo del Renacimiento. Catedrático de Historia, miembro de la Escuela francesa de Roma y doctor en letras, ha ejercido la enseñanza de la historia en la Escuela Politécnica, en la Universidad de Rennes, en la École des hautes études en sciences sociales y en la Universidad Paris I – Panthéon-Sorbonne. Ejerció también la docencia en el Collège de France, donde fue elegido en 1975 para una cátedra de historia de las mentalidades religiosas en el Occidente moderno. Es miembro de la Académie des inscriptions et belles-lettres y del comité de patronaje de la Coordinación francesa para el Decenio de la cultura de paz y la no violencia.

El libro:
El miedo en Occidente (Siglos XIV-XVIII). Una ciudad sitiada (título original: La Peur en Occident. XIVe-XVIIIe siècles, 1978) ha sido publicado por la Editorial Taurus (2012) en su Colección Pensamiento. Traducción de Mauro Armiño y revisado por Francisco Gutiérrez. Encuadernado en rústica con solapas, tiene 600 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Para saber más:
Jean Delumeau en Wikipedia.

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