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«Lope de Vega. El desdén y la furia», de Blas Malo

«Entre escritores todo llega a voz pública, que ya lo decía Cicerón: «Si quieres guardar un secreto, guárdalo tú mismo». Y tú no te has cansado de decirlo, por todas partes, a todo el mundo, fuera duque, estibador o porquero: que odias a Miguel de Cervantes, y que Miguel de Cervantes te odia a ti. Entonces, ¿qué esperabas? ¿Aún no te ha vuelto la memoria? ¿Ya no quieres acordarte de Granada?»  [Pág. 14-15]

Cervantes Lope

Cubierta de 'Lope de Vega. El desdén y la furia'

Cubierta de: ‘Lope de Vega. El desdén y la furia’

Nobles y artistas ríen y aplauden en Valladolid cuanta ocurrencia barbota su real majestad y su solícito valido, pero la corte huye de la villa de Madrid. Y, entretanto, una lucha feroz se entabla por las noches en las calles de la antaño capital del reino. El motivo es claro: el desmesurado e inesperado éxito de un viejo cascarrabias metido a prosista frente a la feroz insensatez de un joven dispuesto a desbancarlo del parnaso literario.

Carismático, alegre y seductor. Así es Lope de Vega. Y ni Quevedo ni Góngora quedan a salvo de la contienda entre Cervantes y él, que se extiende como una mancha de aceite por todos los mentideros y las tabernas, bajo las faldas de lujuriosas cortesanas y entre nobles mecenas de muchas deudas y pocos dineros, siempre sometida a la mirada vigilante de inquisición.
Hasta el rey deberá elegir entre el desdén maledicente de un viejo manco de Lepanto que saborea al fin el éxito y la inquina de un insomne devorador de mujeres y creador de rimas, furioso contra aquél por el mayor de los ultrajes.

No es la primera vez que Blas Malo se atreve con la figura de Lope de Vega pues en 2016 publicó Lope, la furia del Fénix y ha reincidido tras la lectura del Epistolario reunido y publicado por Agustín González de Amezúa que le ha servido para acercarse y comprender mejor a Lope, a meterse en su piel y con esa inspiración mezcló realidad, cartas y ficción; el resultado está en tus manos. Disfrútalo.

Lee y disfruta de las primeras páginas del libro.

El autor:Blas Malo
Blas Carlos Malo Poyatos (Alcázar de San Juan, Ciudad Real, 1977), de raíces jienenses y granadino de adopción, es ingeniero de caminos y un apasionado de la historia, sobre todo del Imperio bizantino y la Edad Media, a los que ha dedicado conferencias, presentaciones, artículos, jornadas y rutas literarias. Ha participado en actividades de recreacionismo histórico y fue director de las Jornadas de Novela Histórica de Granada.
Como autor, ha escrito hasta la fecha El esclavo de la Al-hamrá (2010), El Mármara en llamas (2012), El señor de Castilla (2013) y Lope. La furia del fénix (2016). Ya en Edhasa tiene en su haber El Veneciano (2018), Don Juan Manuel. El guardián de las palabras (2020) y en 2021 Lope de Vega. El desdén y la furia (2021).

El libro:
Lope de Vega. El desdén y la furia ha sido publicado por la Editorial Edhasa en su Colección Narrativas históricas. Encuadernado en tapa dura con sobrecubierta, tiene 428 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Como complemento pongo un vídeo en el que Blas Malo nos habla de su novela Lope de Vega. El desdén y la furia.

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Para saber más:
https://www.blasmalopoyatos.com/

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«Irene de Atenas», de Álvaro Lozano

«¿Fue un acto de crueldad que la basílissa Irene quitara los ojos a su hijo Constantino para evitar que le arrebatara el trono de Bizancio?»

Del 12 al 14 de noviembre se celebró, con un gran éxito, en la ciudad jienense de Úbeda el Certamen Internacional de Novela Histórica ‘Ciudad de Úbeda’ y uno de los autores invitados fue Álvaro Lozano al cual pude entrevistar para el blog.

Cubierta de 'Irene de Atenas'

Cubierta de: ‘Irene de Atenas’

Irene nació el 752 y falleció el 9 de agosto de 803, un año después de su destierro a la isla de Lesbos; conocida también como Irene de Atenas, fue emperatriz de Bizancio, fue esposa del emperador León IV y madre de Constantino VI, durante cuya minoría de edad (780-790) asumió la regencia. En 792 fue asociada al trono por su hijo y, más tarde, asumió el poder en solitario entre 797 y 802.
Irene era famosa por su belleza. Contrajo matrimonio con el emperador León IV. Cuando este murió, el 8 de septiembre de 780, Irene asumió la regencia en nombre de su hijo Constantino, que tenía solo 10 años de edad. Durante los 11 años siguientes, la emperatriz fue la única gobernante efectiva del Imperio bizantino. Quiero hacer un poco de historia porque me ha sorprendido muy agradablemente la gran base histórica que tiene el libro de Álvaro Lozano.

Su decisión más importante fue permitir la restauración del culto de las imágenes, que había sido prohibido por León III el Isaurio en 726. Irene siempre había sido partidaria de los iconódulos, aunque se había visto obligada a renunciar públicamente a sus creencias en vida de su marido. Nombró patriarca de Constantinopla a Tarasio, su antiguo secretario, y convocó dos concilios. El primero comenzó el 17 de agosto de 786 en la iglesia de los Santos Apóstoles de Constantinopla, con la asistencia de delegados tanto del papa Adriano I como de los patriarcas de Alejandría, Antioquía y Jerusalén, pero debió interrumpirse debido a la oposición del ejército. El segundo tuvo lugar en Nicea en septiembre de 787, se celebró con éxito y declaró herética la doctrina iconoclasta, aunque se especificó que los iconos solo podían ser objeto de veneración y no de adoración. El éxito del concilio, conocido como el II Concilio de Nicea, supuso la reunificación con la Iglesia de Occidente.

«La vida de Irene sólo es posible comprenderla
si se entiende su época.»

En 790, Irene decretó que ella tendría siempre prioridad en el gobierno frente a su hijo Constantino, que ya era adulto. Esto convirtió a su hijo en el principal foco de oposición contra el gobierno de Irene, y se urdió una conspiración para deponer a la emperatriz. Sin embargo, la conspiración fue desbaratada por Irene, quien castigó a los culpables, encarceló a Constantino y obligó al ejército a jurarle fidelidad. Mientras que en la parte europea del Imperio, donde predominaban los iconódulos, lo consiguió sin problemas, los soldados de Asia Menor se negaron y comenzaron una revuelta que culminó con la proclamación de Constantino VI como único emperador.

Irene de Atenas, representada en un icono bizantino hallado en Venecia.

Irene de Atenas, representada en un icono bizantino hallado en Venecia.

Sin embargo, tras una serie de fracasos militares, Constantino decidió devolver el poder a su madre, quien fue confirmada como emperatriz. Ante esto, la facción iconoclasta tramó colocar en el trono al césar Nicéforo, uno de los cinco hermanos del anterior emperador, León IV. La conspiración fue descubierta: Nicéforo y Constantino —era el 19 de agosto de 797 y Constantino tenía 26 años—, fueron cegados y a los otros cuatro tíos de Constantino, que habían tomado parte en ella, se les cortó la lengua. Constantino falleció poco después. ¿Es crueldad, o aquella época era un mundo feroz en el que los castigos se articulaban según un código de mutilaciones? Evidentemente no podemos juzgar con los ojos de hoy las acciones de hace más de mil doscientos años. 

Tras morir Constantino, Irene se convirtió en la primera emperatriz en la historia del Imperio bizantino en ocupar el trono no como consorte o regente, sino en su propio nombre. En el año 800, ante la ausencia de un emperador varón en el trono de Constantinopla, y por razones de propia conveniencia, el papa León III coronó a Carlomagno como Emperador. Según algunas fuentes, en el verano de 802, el nuevo soberano envió embajadores a Constantinopla proponiendo matrimonio a Irene. Para Irene pudo haber sido la oportunidad de consolidar su inestable posición en el trono de Constantinopla. Según el cronista Teófanes, único que refiere la historia de esta negociación matrimonial, los planes de boda fueron frustrados por uno de los favoritos de la emperatriz.

En octubre de 802, una conspiración depuso a Irene y colocó en el trono a Nicéforo I, que había sido su ministro de finanzas. La emperatriz fue desterrada a la isla de Lesbos, donde murió un año más tarde. 

«Con gran merecimiento Irene de Atenas, fue una de las novelas finalistas en el Premio Edhasa Narrativas Históricas 2021.»

Con gran pulso narrativo y un estilo reflexivo y pausado, pero a la vez potente, merecedor de los mejores ecos de Memorias de Adriano, Irene de Atenas es el relato en primera persona de uno de los emperadores más poderosos del Imperio. Históricamente reconocida por gobernar en tiempos convulsos, su reinado llevó al fin del primer periodo iconoclasta en Bizancio y fue testigo del surgimiento del poder carolingio en Occidente y del apogeo del califato abasí de Bagdad. Pero, además, Álvaro Lozano, en ésta su primera novela, consigue como pocos recrear al personaje por dentro, desde su conciencia, con una relación mujer-poder-maternidad en el entorno hostil de la Constantinopla del siglo VIII que fluye hasta lo más recóndito del corazón del lector.

Lee y disfruta de las primeras páginas de la novela.

El autor:Álvaro Lozano
Álvaro Lozano (Sevilla, 1985) es licenciado en Medicina por la Universidad de Sevilla. En 2010 se trasladó a Madrid para especializarse en cardiología y reside allí desde entonces. A pesar de su formación como médico, nunca abandonó dos de sus grandes aficiones, la literatura y la historia, y ha centrado su interés en esta última en el olvidado y en gran parte desconocido periodo bizantino. Fruto de sus dos grandes pasiones y de un riguroso trabajo de investigación centrado en las fuentes de la época surge su primera novela, Irene de Atenas.

El libro:
Irene de Atenas ha sido publicado por la Editorial Edhasa en su Colección Narrativas históricas. Encuadernado en tapa dura con sobrecubierta, tiene 354 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Como complemento pongo un vídeo en el que Álvaro Lozano nos habla de su novela Irene de Atenas.

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Para saber más:
https://twitter.com/lvaroLozano8

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