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“Miguel Hernández. Pasiones, cárcel y muerte de un poeta”, de José Luis Ferris

«Edición actualizada con motivo del LXXV aniversario de su muerte»
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Cubierta de: ‘Miguel Hernández. Pasiones, cárcel y muerte de un poeta’

Con ocasión del LXXV aniversario de su muerte, la figura y la obra de Miguel Hernández (1910-1942) vuelven a ser conmemoradas para celebrar no solo al poeta, sino también al hombre. Y esta efeméride nos ha servido para recuperar una obra de referencia, la biografía que sobre el escritor publicara en 2002 el investigador y novelista José Luis Ferris.
Miguel Hernández. Pasiones, cárcel y muerte de un poeta se publica ahora, catorce años después, enriquecida con nuevos testimonios, como los aportados por cartas hasta hace poco desconocidas de Vicente Aleixandre o de Josefina Manresa, su mujer.

Esta nueva edición de Miguel Hernández. Pasiones, cárcel y muerte de un poeta aporta en primer lugar una puesta al día, una actualización de sus contenidos y una confirmación, con más y mayores argumentos, de las hipótesis que la sujetaban. Por concretar, la aparición en la última década de epistolarios inéditos —la correspondencia entre el hispanista Dario Puccini y la viuda de Hernández, las misivas de Vicente Aleixandre a Miguel y Josefina Manresa y la edición completa de las cartas del poeta a su esposa—, así como los diarios de guerra del diplomático chileno Carlos Morla Lynch. Todo ha servido para reconstruir con razones más firmes el entorno amoroso de ‘El rayo que no cesa’ y para documentar minuciosamente los últimos días de Miguel Hernández en Madrid al acabar la guerra.
También se profundiza en la polémica relación de Miguel con los compañeros que no lucharon, como él, en el frente durante la contienda civil; vamos a conocer nuevos datos sobre su viaje a la URSS en 1937, sobre su participación en las Misiones Pedagógicas, sobre sus numerosas detenciones y su estancia en prisión. Se dispone de nuevas pruebas y testimonios sobrados para demostrar el abandono que sufrió el poeta por parte de amigos de generación al acabar la Guerra Civil.
En el libro se aclaran muchos aspectos personales de Miguel; algunos son determinantes para aportar una nueva lectura de El rayo que no cesa pues en la vida del poeta oriolano hubo más mujeres además de su futura esposa Josefina Manresa. Su primer amor adolescente fue Carmen Samper Reig, luego se enamoró de María Zambrano, María Cegarra y, sobre todo, Maruja Mallo, con la que compartió experiencias íntimas –las primeras- y artísticas entre mayo y octubre de 1935.

Cuando uno acaba el libro la imagen que queda es la del hombre íntegro y la del poeta necesario. Su dignidad, su integridad ideológica, su firmeza moral, entraba en directa oposición con salvar su vida y con la posibilidad directa de salir de prisión y de estar junto a su mujer y su hijo. Lo que por un lado le pedía su pensamiento y su conciencia, por otro se lo negaba el corazón.
Por otro lado, su poesía tiene una vigencia estremecedora. Su poesía es tan verdadera que, más de un siglo después de que el poeta viniera al mundo, aún atrae a los lectores de cualquier edad, de cualquier color, de cualquier familia y de cualquier país.

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José Luis Ferris

El autor:
José Luis Ferris (Alicante, 1960) es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca y doctor en Literatura Española por la Universidad de Alicante. Ha publicado los poemarios Piélago (1985), Cetro de cal (1985), Niebla firme (1989) y Poemas del agua y de la noche (2010), así como las novelas Bajarás al reino de la tierra (1999, Premio Azorín), El amor y la nada (2000) y El sueño de Whitman (2010, Premio Málaga). Es autor de relatos infantiles y de tres obras de aproximación al mundo de Miguel Hernández para niños y jóvenes como Miguel Hernández, pastor de sueños reseñado en este blog. En calidad de biógrafo, además del trabajo dedicado al poeta de Orihuela, ha publicado Maruja Mallo. La gran transgresora del 27 (2004) y Carmen Conde. Vida, pasión y verso de una escritora olvidada (2007).

El libro:
Miguel Hernández. Pasiones, cárcel y muerte de un poeta ha sido publicado por la Fundación José Manuel Lara. Encuadernado en rústica con solapas, tiene 630 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Como complemento pongo un vídeo en el que el periodista Juan María Rodríguez de Redacción Al Sur entrevista a José Luis Ferris con motivo de su libro Miguel Hernández. Pasiones, cárcel y muerte de un poeta.

Para saber más:
Miguel Hernández Virtual.
Miguel Hernández en Wikipedia.

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José Luis Ferris e Ignacio F. Garmendía Foto: Javier Oliaga)

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“Éramos mujeres jóvenes. Una educación sentimental de la Transición española”, de Marta Sanz

«El ensayo desvela los prejuicios y tabúes que rodeaban los usos amorosos del posfranquismo y la democracia»
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Cubierta de: Éramos mujeres jóvenes

¿Cómo atreverse a plantear una reflexión sobre las relaciones afectivas y sexuales desde la perspectiva de las mujeres? ¿Y si esas mujeres son las nacidas en España entre finales de la década de los cincuenta y comienzos de la de los setenta? ¿Cuánto queda del mito romántico?
Todas estas cuestiones, y muchas consideraciones más, constituyen el argumento de Éramos mujeres jóvenes. Una educación sentimental de la Transición española, escrito por Marta Sanz, reciente ganadora del Premio Herralde de Novela y una de las autoras más brillantes y reconocidas de las últimas décadas Este nuevo título que publica la Fundación José Manuel Lara, a medio camino entre el ensayo, la memoria personal y el reportaje, propone una aproximación subjetiva a los prejuicios y los tabúes que rodeaban los usos amorosos del posfranquismo y la democracia, a fin de desdecir o de matizar muchos de los lugares comunes que siguen asociados a la vida sentimental de las mujeres.

“Conceder la palabra a las mujeres es un acto de justicia que repara el silencio y la invisibilidad”, afirma la autora.

A partir de un discurso reivindicativo, repleto de guiños al lector, el ensayo busca la complicidad de un público no necesariamente femenino. Para ello, la autora se ha valido de la evocación de sus propias vivencias, que ha alternado con las de un grupo de amigas más o menos coetáneas, sus corifeas que comparten con la autora su experiencia, sus referentes culturales, sus deseos, sus descubrimientos o sus decepciones desde la adolescencia a la edad madura.
Investigación, reportaje o diario íntimo… El libro ha pasado por sucesivas fases en su gestación: Al principio –indica Marta Sanzpensé plantearlo como un relato de experiencias personales en el que el componente autobiográfico se relacionase con el contexto, con el cambio de época. Es decir, pensé en escribir Éramos mujeres jóvenes siguiendo un procedimiento muy parecido al que había seguido para escribir mi novela autobiográfica La lección de anatomía. Sin embargo, me di cuenta de que esa perspectiva era demasiado limitada y decidí completarla con reportajes, noticias, estadísticas y, lo más importante de todo, con la mirada de otras mujeres nacidas entre finales de la década de los cincuenta y mediados de la década de los setenta”.
Para ello, la autora preparó un cuestionario que ellas generosamente respondieron, preguntas que de algún modo vertebran Éramos mujeres jóvenes y que tratan sobre el descubrimiento del cuerpo y del placer, la fidelidad, la educación sexual, las amigas y lo que se comparte con ellas, la seducción o las nuevas maneras de relacionarse. “Yo discuto con algunas de estas mujeres, me identifico con otras y ellas, entre sí, establecen afinidades o relaciones imposibles. Me parece que uno de los aspectos más interesantes del libro es ver cómo la mirada de cada una de esas mujeres se convierte en personaje y se empieza a establecer una conversación entre las diferentes voces: en algunos casos mujeres con un perfil generacional y sociológico muy similar tienen percepciones muy diferentes de su sexualidad. Otro aspecto que me sorprendió muchísimo es que todas tenían muchas ganas de contar. De recordar y verbalizar para entender”, indica.

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Con Marta Sanz (Foto de archivo)

Aunque partió de ciertas ideas preconcebidas y de experiencias marcadas por la propia biografía personal, el libro se fue modificando con la realidad de la escritura. “Por eso –explica Marta Sanz-, escribir es una acción que nos sirve para comunicarnos con los demás y a la vez es un proceso de indagación y descubrimiento. En este sentido, Éramos mujeres jóvenes no ha sido una excepción. Además yo misma me he visto obligada a replantearme muchos de mis prejuicios en función de los relatos de las otras mujeres que hablan a lo largo de estas páginas”.
El resultado es un libro que nos depara sorpresas, ya que indagar en temas tan personales y
controvertidos da para algunos sobresaltos: “Yo me he sorprendido mucho, desde luego, porque creo que con este libro se desmitifican algunos tópicos y se dotan de nuevos significados algunos conceptos sobre los que habíamos dejado de pensar. Con qué palabras rellenamos el amor, una sexualidad satisfactoria, qué significa el miedo a la soledad o al envejecimiento… Mientras hablaba con mis amigas, leía sus cuestionarios, pensaba en mí misma y escribía, me daba cuenta de lo difícil que es deslindar ciertos comportamientos eróticos universales de ciertos comportamientos locales e históricamente condicionados. De lo difícil que es tomar la decisión de si ciertas conductas eróticas son el resultado de la edad o del hecho de vivir en un determinado periodo de la historia, o de las dos cosas a la vez. Incluso me di cuenta de lo difícil que es separar lo biológico de lo cultural”. Lúcido, comprometido y bienhumorado, el libro traza un revelador autorretrato generacional en torno a cuestiones que rara vez trascienden las conversaciones íntimas, por lo que la mirada literaria de Éramos mujeres jóvenes puede entenderse como una aproximación nada autoritaria a la construcción del relato histórico. “La íntima mirada y el lenguaje literarios –indica la autora- sirven para reflexionar sobre asuntos que nos afectan colectivamente y para intentar paliar comportamientos que nos dañan y que a menudo nosotras mismas tenemos interiorizados. Forman parte de lo que consideramos ‘normalidad’. Insisto en que en Éramos mujeres jóvenes es muy importante analizar el significado de las palabras que se nos cuelan en la vida cotidiana. Las palabras con las que pensamos nuestra vida y nuestra sexualidad como parte de nuestra vida. Además, en este libro se está activando una metáfora que usé en una novela anterior, ‘Daniela Astor y la caja negra’: a través de la curiosidad, la esperanza y el miedo coaligados, la Transición española se identifica con la pubertad de las mujeres adolescentes y jóvenes de aquella época”.

Y lejos de lo que se puede pensar, no es un libro especialmente pensado para mujeres, sino que “va dirigido a personas curiosas que quieren aproximarse a la realidad, cotejar lo que se dice con su propia experiencia, ser un participante más en esa conversación que articula el texto. Creo que conceder la palabra a las mujeres es un acto de justicia que repara el silencio y la invisibilidad. Pero, además, cuando las mujeres se piensan y buscan palabras para describirse en clave de género están pensando y redefiniendo también a los hombres, los límites y solapamientos entre los géneros, abundando en el hecho de que el género sea una construcción cultural y en la posibilidad de que existan otras opciones, no ya sexuales, sino genéricas. Es un libro que hablando desde la ‘heteronorma’ trata de expresar en qué sentido nos ha hecho daño de modo muy especial a las mujeres. Por otra parte, en Éramos mujeres jóvenes un hombre responde al mismo cuestionario al que han contestado mis colaboradoras y los resultados son sorprendentes, porque nos hacen replantearnos la serie de adjetivos con los que solemos rellenar lo femenino y lo masculino”.
Y esta reflexión literaria, además de sorpresas, ha deparado algunas decepciones, y quizás la mayor sea:

“la de tomar conciencia de que la emancipación respecto a la figura del padre y del marido pasa por la necesidad de ser económicamente autónomas, y de que esa autonomía económica nos exige ser sujetos activos en un campo laboral que nos discrimina, nos explota y nos convierte en víctimas de la precariedad. La mayor decepción tiene que ver con la lucidez sobre la doble explotación en el ámbito privado y público. También ha resultado muy decepcionante pensar que habíamos ganado luchas que verdaderamente no hemos ganado porque nuestra diferencia sigue siendo una desventaja”.

Se desvelan intimidades también en el libro, pero nunca de una manera espectacular ni pornográfica. “Ni tampoco con el tono cotilla de la confidencia. Se habla para entender y el lenguaje siempre actúa como un filtro de pudor. Uno de los temas principales del libro es la pregunta que gira en torno a si la pornografía es la banalización mercantilista del sexo, la rutinización del sexo, que bajo la apariencia de la liberación cada día nos objetualiza más y más. Parece que, después de la represión franquista y nacional-católica, a menudo el sexo se entiende como una exigencia atlética, un tener que estar a la altura, una necesidad que tiene mucho de pulsión instintiva y de necesidad subjetiva creada por la publicidad y la sociedad de mercado. Hemos pasado de sentirnos insatisfechas por un ideal romántico que nunca se hacía realidad, a sentirnos insatisfechas por una expectativa erótica que nos recauchuta y nos violenta quirúrgicamente y nos obliga a consumir a todas horas para estar perfectas y practicar “con eficiencia” el sexo. Agotador”, indica Marta Sanz, que destaca, por último, que “el libro no tiene moralejas, ni recetas, ni consejos, ni triunfalismos. No hay ni la más mínima pretensión de decirle a nadie cómo debe vivir su vida desde un punto de vista erótico. No hay conductas buenas ni conductas malas. El texto se coloca en las antípodas de la autoayuda. Cuestiona qué significa ser liberal o ser reaccionario en materia erótica. Relaciona el consumismo con el sexo y el modelo económico con los modos de vivir la sexualidad. De modo que el libro moralejas no tiene, pero inevitablemente sí parte de un determinado enfoque ideológico. Decir otra cosa me parecería ser deshonesta con quienes elijan leer Éramos mujeres jóvenes. Cada persona que lea el libro tendrá que tomar sus decisiones entre la polifonía y la diversidad de enfoques que se recogen en él”.
Incorpora dieciséis páginas con fotografías alusivas al contenido del libro.

Tengo que reconocer que Marta Sanz, junto a Pilar Adón son mis musas y mis escritoras favoritas.

Lee y disfruta de un fragmento del libro.

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Marta Sanz

La autora:
Marta Sanz Pastor nació en Madrid en 1967. Es doctora en Filología. Ha publicado las novelas El frío, Lenguas muertas, Los mejores tiempos, Premio Ojo crítico 2001, Animales domésticos, Susana y los viejos, finalista del Nadal en 2006, y La lección de anatomía (2008), Black, black, black (2010), Un buen detective no se casa jamás (2012), Daniela Astor y la caja negra (2013) y Farándula (Premio Herralde 2015). Es autora de los relatos reunidos en El canon de normalidad (2006) y de los poemarios Perra mentirosa (2010), Hardcore (2010), Vintage (2013) y Cíngulo y estrella (2015), así como de los ensayos recopilados en No tan incendiario (2014). En 2007, publicó Metalingüísticos y sentimentales, antología de poesía española contemporánea, y recibió el Premio Mario Vargas Llosa NH de Relatos.

El libro:
Éramos mujeres jóvenes. Una educación sentimental de la Transición española ha sido publicado por la Fundación José Manuel Lara fuera de colección. Encuadernado en rústica con solapas, tiene 232 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Como complemento pongo el vídeo de la presentación de Éramos mujeres jóvenes, de Marta Sanz (Primera parte). Grabación de José Belló Aliaga.

Y la segunda parte.

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Ana Gavín, Marta Sanz e Ignacio Garmendía durante la presentación del libro (Foto José Belló Aliaga)

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