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“Etimologías para sobrevivir al caos. Viaje al origen de 99 palabras”, de Andrea Marcolongo (con entrevista a la autora)

«El arte de reconstruir las etimologías es, por tanto,
cualquier cosa menos estéril: es un fin en sí mismo»

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Hace unos días tuve la suerte de poder entrevistar a Andrea Marcolongo en la sede de Penguin Random House en Madrid, y tengo que reconocer una cosa: si hay algo más interesante, si cabe, que leer sus libros es charlar con la autora. Etimologías para sobrevivir al caos es el tercer libro de la autora junto a La lengua de los Dioses (2017) y La medida de los héroes (2019) publicados los tres en español por la Editorial Taurus.

Agradezco a Susana Rodríguez su ayuda para la traducción del italiano.

P. Como nació Etimologías para sobrevivir al caos.
R. Este libro nació mucho antes de la pandemia, y cogió forma en febrero de 2020 en Francia, cuando empezábamos a tener miedo. Nace de mi curiosidad por las palabras y las lenguas, y de siempre me ha interesado la etimología de las palabras, tengo un montón de cuadernos desde que era más joven con las palabras anotadas que me interesaban. Algunos amigos me decían, que rollo, siempre estás con as palabras, que si en latín, que si en griego…, y al final decidí hacer un libro.

P. Que relación tiene el arte de la etimología con la ‘bizarría’.
R. Creo que con la palabra bizarría en la introducción se convierten en cien. Etimológicamente significa picar, como pica un insecto y nos hace saltar de la silla y por eso la etimología para mí no es un pasatiempo, es como una palabra que te pica, que te recuerda que están vivas y que tenemos que usarlas.
(Aquí quiero comentar que el libro pierde en algunos apartados al traducirlo al español, su significado en italiano).

P. ¿La imaginación está contenida en la historia de las palabras?
R. No tanto en la historia de las palabras como en las propias palabras. Las palabras son un perímetro dentro del cual podemos pensar, ya que no podemos pensar algo si no existe la palabra para decirlo. De hecho, la palabra es como la etiqueta que ponemos encima de la realidad para poderla nombrar. Es el dedo que señala algo.

P. En el libro hablas de sentir la palabras, ¿qué significa sentir las palabras?
R. No solo saber, sino sentir; creo que es una maravilla lo que experimento frente a las palabras. Decimos que nuestro idioma está sufriendo una crisis, que el lenguaje es frágil, pero no nos paramos a pensar cual maravillosa es la historia de las lenguas latinas que tienen una fuente común, el Mediterráneo.

P. ¿La palabras son migrantes?
R. La lengua es cambiante y acepta palabras que vienen de fuera, palabras que viajan porque están vivas y están vivas porque los seres humanos que las hablan están vivos. Es imposible levantar muros para rechazar palabras que vienen de fuera. Cuando las lenguas dejan de acoger palabras es porque están muertas también las personas que las hablan.

P. ¿Quieres añadir algo más?
R. Las cosas no son como las ves, sino como las llamas. Shakespeare decía que la rosa seguiría teniendo el mismo perfume aunque se llamara de otra manera. Las cosas son como las llamamos pero es una manera de darlas forma en la cabeza. Las palabras ponen límite a la realidad.
Hay una palabra con una etimología realmente fascinante: Mariposa (español), pero también Farfalla (italiano), Papillon (francés), Falter (alemán), Butterfly (inglés). En páginas 237-239 lo puedes encontrar.

Sinopsis de la editorial:
Las palabras dan forma a nuestra idea del mundo. Cuando elegimos un término con atención ponemos cierto orden en el caos, y esa es también una bonita manera de cuidarnos. Un discurso pobre, impreciso, insípido y sin relieves refleja un pensamiento equivalente. ¿Cómo escapar del desconcierto de la indefinición? ¿Cómo recuperar el sentido de las cosas? Andrea Marcolongo dibuja un atlas etimológico lleno de sorpresas que nos lleva a los orígenes de nuestra historia, revela quiénes hemos sido y nos invita a pensar quiénes queremos ser.
Explorar las raíces de los términos, saborear sus matices, asombrarse ante los desplazamientos que han sufrido a través de los siglos y los lugares equivale a trazar la evolución de nuestra lectura del mundo. El arte de reconstruir las etimologías es, por tanto, cualquier cosa menos estéril: es un fin en sí mismo.
¿Desde qué lugar lejano ha viajado cada palabra antes de llegar a nosotros? ¿Qué otros paisajes ha recorrido, influyendo en otros idiomas y moldeándose a su vez? Quizá no haya mejor lección sobre nuestra esencia que la que ofrecen estas viajeras cuya supervivencia depende de la evolución, la mezcla y el movimiento.

El libro incorpora una amplia bibliografía.

Lee y disfruta de un fragmento del libro.

La autora:Andrea
Andrea Marcolongo (Milán, 1987), escritora y periodista, es licenciada en Letras Clásicas por la Universidad de Milán. Es autora del fenómeno literario La lengua de los dioses (Taurus, 2017), de La medida de los héroes (Taurus, 2019) y de La lezione di Enea (Laterza, 2020, de próxima publicación por Taurus). Sus libros han sido traducidos a 28 lenguas. Actualmente vive en París.

El libro:
Etimologías para sobrevivir al caos (título original: Alla fonte delle parole. 99 etimologie che ci parlano di noi, 2019) ha sido publicado por al Editorial Taurus en su Colección Lenguaje. Traducción de Teófilo de Lozoya y Juan Rabasseda. Encuadernado en rústica con solapas, tiene 334 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Como complemento pongo un vídeo en el que Andrea Marcolongo nos habla de su libro Etimologías para sobrevivir al caos.

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Para saber más:
https://www.facebook.com/andrea.marcolong
https://twitter.com/AndreaMarcolong
https://www.instagram.com/andrea.marcolong/
Andrea Marcolongo en Wikipedia (en inglés)

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“La edad de la penumbra”, de Catherine Nixey

«Cómo el cristianismo destruyó el mundo clásico.»

Reseña escrita por Ricardo Martínez
https://ricardomartinez-conde.es/

Cubierta de La edad de la penumbra

Cubierta de: ‘La edad de la penumbra’

¿Es el sentido del discurso, el transmisor cierto de quien lo emite? ¿Es el que escucha el destinatario de una verdad sincera, válida, eterna incluso? Así habría de entenderse si damos fe a todo aquello que nosotros –también a lo largo de la historia- ha sido un discurso de consolación, de voluntad, de proyecto constructivo, más sería falso –puesto en evidencia por la propia historia- que tal cumplimiento se haya dado en el enunciador o transmisor.

Haz el bien, consuela al dolorido, dona tus bienes cuando el necesitado precisa de ello para sobrevivir… Pero si el propio cielo es algo hipotético, una quimera de deseo más que de realidad, ¿no estaríamos acertados sospechando que todo aquel que se refiere a ese bien, a ese cielo, a ese paraíso, no habrá de elaborar mentiras, patrañas, necedades por cuanto lo único que lleva de contenido cierto su falso discurso es el aprovechamiento a favor, único y exclusivo, de sus propios intereses?

Todo aquel que haya viajado por los escenarios de la cultura occidental habrá podido comprobar que muchos, muchos de sus templos han sido erigidos sobre los restos de otros anteriores: que eran ajenos a su religión de ahora, que habían sido levantados a favor de otras creencias. En Zadar, en Roma, en Santiago, en Ortigia así lo atestiguan los restos de muchos muros religiosos. El engaño, o la destrucción forma parte del verismo del dominador, siempre ha sido así.

Ahora, en este libro, esta minuciosa investigadora de la historia de las culturas ha venido a remover nuevas verdades establecidas, y ello sea para bien de nuestro raciocinio, de nuestra comprensión. Respecto de la hipotética bondad de la religión del amor, el Cristianismo, escribe, poniendo en entredicho con ejemplos palmarios el aparente bien (aparente) derivado de sus actuaciones, de su comportamiento respecto de otras creencias, de otras culturas. Y ello desde su mismo origen. Ese presunto construir apaciguador, ese construir de amor “no es ni mucho menos toda la verdad. De hecho, este constructivo relato ha oscurecido por completo otra historia anterior, menos gloriosa. Porque antes de preservar, la Iglesia destruyó. En un arrebato de destrucción nunca visto hasta entonces –y que dejó estupefactos a muchos no cristianos que lo contemplaron-, durante los siglos IV y V la Iglesia cristiana demolió, destrozó y fundió una cantidad de obras de arte simplemente asombrosa. Se derribaron las estatuas clásicas de sus pedestales y se desfiguraron, profanaron y desmembraron. Los templos se arrasaron por completo y se quemaron hasta que de ellos no quedó nada” Un relato que tiene mucho de contemporáneo si recordamos las recientes destrucciones de los fanáticos musulmanes respecto de la herencia cultural de Siria, de Iraq, de toda aquella tierra entre ríos donde se gestó la cultura en su origen y que nosotros heredamos.

Y he aquí que ejemplos concretos pudieran validar la sospecha de destrucción, según la autora: “Agustín sobrescribió el último ejemplar de Sobre la república de Cicerón para anotar encima sus comentarios a los Salmos. Una obra biográfica de Séneca desapareció bajo otro Antiguo Testamento más. Un códice con las Historias de Salustio se raspó para dar lugar a mas escritos de san Jerónimo. ¿Y todo para mayor gloria de Dios? “San Juan Crisóstomo alentó a los miembros de su congregación a espiarse mutuamente. ‘Entrad en las casas de los demás, decía. Meteos en los asuntos ajenos. Rehuid a quienes no cumplan. Después informadme de todos los pecadores y los castigaré como merecen”

Claro que bien y mal siempre han coexistido como un equilibrio trágico de lo humano. Y los bienes, os obvio, están y siguen estando ahí. Es, tal vez, la fe vengativa la responsable, la fe espúrea que necesita alzarse sobre la derrota del enemigo, al que, por el contrario, habría que amar para convencerle hacia el buen camino. Más, y éste es el testimonio del libro, no ha sido así ni, a sabiendas del ser del hombre, será así.

El libro está escrito con pasión –a veces pareciera exagerada- más con una aportación grande de datos contrastados, con trabajo de investigación riguroso, así que, al fin, debemos sacar acaso la conclusión de que el raciocinio, la comprensión de todo el quehacer desigual humano es quien ha de prevalecer como realidad, y, al tiempo, pensar que cuando se invoca a los dioses como factores, tal vez no sea sino el interés desviado o la ignorancia quien desea ganar unos adeptos esclavos antes que fieles convencidos.

Homo homini lupus est también para lo que concierne a las cuestiones del espíritu, no únicamente para el hombre civil, el hombre malformado en la política.

El libro incluye dieciséis páginas de fotografías, una amplia bibliografía y un gran índice alfabético.

Lee un fragmento del libro.

Catherine Nixey

Catherine Nixey

La autora:
Catherine Nixey estudió Historia Clásica en Cambridge y trabajó durante muchos años como profesora, antes de inclinarse por el periodismo, en la redacción de Cultura de The Times, donde trabaja aún hoy. La edad de la penumbra es su primer libro, y por él ha recibido el Premio RSL Jerwood.

El libro:
La edad de la penumbra. Cómo el cristianismo destruyó el mundo clásico (título original: The Darkening Age: The Christian Destruction of the Classical World, 2017) ha sido publicado por la Editorial Taurus en su Colección Historia. Traducción de Ramón González Férriz. Encuadernado en tapa dura con sobrecubierta, tiene 320 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Como complemento pongo un vídeo en inglés en Dorset humanistas con una charla de la autora Catherine Nixey de su libro The Darkening Age: The Christian Destruction of the Classical World.

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Para saber más:

En este enlace podéis leer la reseña realizada por Guillermo Lorén.

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El Palimpsesto de Arquímedes

El Palimpsesto de Arquímedes, siglo X-XIII. Copia del siglo X de una obra de Arquímedes titulada ‘El método de los teoremas mecánicos’. En ella, Arquímedes había aplicado ingeniosamente las leyes mecánicas, como la ley de la palanca, para encontrar el volumen y el área de formas geométricas. Dos mil años antes de Newton, se había acercado de manera asombrosa al cálculo derivado. A pesar de ello, en el siglo XIII esta obra se raspó para escribir sobre ella un libro de oraciones.

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