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“La invención de la naturaleza”, de Andrea Wulf

«El Nuevo Mundo de Alexander von Humboldt»

La invención de la naturaleza revela la extraordinaria vida del visionario naturalista alemán Alexander von Humboldt y cómo creó una nueva forma de entender la naturaleza.
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Cubierta de: La invención de la naturaleza

Humboldt fue un intrépido explorador y el científico más famoso de su época. Su agitada vida estuvo repleta de aventuras y descubrimientos: escaló los volcanes más altos del mundo, remó por el Orinoco y recorrió Siberia en plena epidemia de ántrax.
Capaz de percibir la naturaleza como una fuerza global interconectada, Humboldt descubrió similitudes entre distintas zonas climáticas de todo el mundo y previó el peligro de un cambio climático provocado por el hombre.
Convirtió la observación científica en narrativa poética, y sus escritos inspiraron no sólo a naturalistas y escritores como Darwin, Wordsworth y Goethe, sino también a políticos como Jefferson o Simón Bolívar. Además, fueron las ideas de Humboldt las que llevaron a John Muir a perseverar en sus teorías y a Thoreau a escribir Walden. Andrea Wulf rastrea la influencia de Humboldt en las grandes mentes de su tiempo, en ámbitos como la revolución, la teoría de la evolución, la ecología, la conservación, el arte o la literatura.

Andrea Wulf, autora de La invención de la naturaleza, explica en el prólogo las razones que le llevaron a profundizar en tan relevante personaje, olvidado hoy fuera del mundo académico a pesar ser una de las figuras que más reconocimientos acumularon en vida y en las décadas que siguieron a su muerte. No sólo el nombre de varios minerales, como la humboldtina, le rinden tributo, sino que hasta la Luna lo recuerda con su Mar de Humboldt. En Estados Unidos, cuatro condados y trece ciudades llevan su nombre, así como diversas montañas, cabos y bahías. En el reino natural, casi 300 plantas y más de 100 animales lo llevan también, y su preeminencia se expande en la sierra Humboldt de México o el pico Humboldt de Venezuela. Sin embargo, sus ideas “son ya tan obvias que nos hemos olvidado en buena parte del hombre que las forjó”, lamenta Wulf.
Es esa actualidad de Humboldt lo que ha motivado a la autora a adentrarse en esta prolija y entretenida investigación, más allá de la indudable relevancia de esta figura.
Humboldt nació en Berlín, entonces reino de Prusia, en 1769 (y falleció en la misma ciudad en 1859), y Wulf destaca en el prólogo que, “aunque sus libros siguen acumulando polvo en las bibliotecas”, los ecologistas y los escritores que abordan temáticas de naturaleza se basan siempre en su visión, aunque la mayoría lo haga sin saberlo.

«Humboldt se convirtió sin saberlo en el padre del movimiento ecologista»

Una de sus ideas más difundidas sería la de la «íntima correlación» entre todos los aspectos de la naturaleza, lo que lo convierte en el primer ecologista, por delante de Henry David Thoreau. En el lago Valencia, Venezuela, sintió la revelación, al ver cómo los cultivadores europeos habían destrozado los bosques americanos, del efecto pernicioso del hombre en la naturaleza. «Con la descripción de cómo la humanidad estaba cambiando el clima, Humboldt se convirtió sin saberlo en el padre del movimiento ecologista», sostiene Wulf.
Su carácter pionero, unido a su dedicación en cuerpo y alma a la ciencia y la naturaleza, así como la infinidad de descubrimientos que hizo, lo convierten en un personaje de permanente interés. Sobre todo, por cuanto de observador profundo y poético tuvo, más allá del lado empírico de sus investigaciones. «Lo que se dirige al alma se escapa a nuestras mediciones», solía decir.
Porque, a pesar de que siempre medía y documentaba, también tenía una mirada poética ante la belleza del mundo y hablaba de los rápidos del Orinoco como si hubiera «un río hecho de bruma suspendido en su lecho». Ningún científico había hablado así antes de la naturaleza, señala la autora.
También fue un pionero en amar y acercarse a la naturaleza más allá de la tradicional perspectiva antropocéntrica que dominaba desde las teorías de Aristóteles. Y de verla no como un conjunto armonioso creado por un Dios, sino como un sistema en permanente lucha, con unas leyes que el ser humano tenía que comprender. De lo contrario, avisó, ese mismo ser humano «tenía el poder de destruir el entorno, y las consecuencias serían catastróficas».

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Alexander von Humboldt, pintado por Joseph Stieler, 1843

En el año 1796 muere su madre. No parecía haber impedimento alguno para su aventura, el viaje expedicionario con el que tanto fantaseaba Humboldt. En busca de naciones que le permitieran acceder a sus territorios de ultramar, Francia e Inglaterra, envueltos cada uno en sus particulares conflictos internos y externos, no lo ponían fácil.
Cansado de negociar, Humboldt se traslada a Madrid a finales de 1798. Así, en mayo de 1799, consigue, tras una serie de gestiones y contactos en la Corte, que Carlos IV le dé un pasaporte para viajar a las colonias de Sudamérica y Filipinas, cosa que sorprendió a los propios españoles. «Nunca antes se había concedido tanta libertad a un extranjero para explorar sus tierras», señala Andrea Wulf. En junio de 1799, Humboldt y su compañero de expedición Aimé Bonpland zarpan desde La Coruña a bordo de la fragata Pizarro. La aventura no había hecho sino empezar.
«Corremos de un lado a otro como locos». Así mostraba Humboldt, por carta, el entusiasmo que sentía en esos primeros días en Cumaná, Venezuela. En compañía del naturalista francés Aimé Bonpland (1773-1858), se sumergió en un universo nuevo y lleno de atractivos para ambos: cangrejos azules y amarillos, palmeras de flores rojas, flamencos, mariposas, monos y mil plantas por catalogar…
Bonpland creyó que iban a «enloquecer si no acababan pronto las maravillas». Sin embargo, el objetivo no era tanto hacer un inventario de las nuevas especies, sino recoger la «impresión global». Humboldt se muestra no ya como un entomólogo obsesionado por recolectar tal o cual hoja salvaje, sino como alguien interesado en «recopilar ideas» y en descubrir la conexión entre los elementos de la naturaleza.

En 1804, Humboldt llega a París desde Estados Unidos tras su periplo de cinco años en Sudamérica y es recibido como un héroe. Volvía con las manos llenas: baúles abarrotados de cuadernos con anotaciones sobre el terreno, cientos de dibujos y de apuntes astronómicos, geológicos y meteorológicos. Más de 60.000 ejemplares de plantas y 6.000 especies, de las que 2.000 eran nuevas para los botánicos europeos. Teniendo en cuenta que hasta entonces no se conocían más de 6.000 especies, la cifra era realmente asombrosa.

La influencia de Humboldt ha sido, es y será extraordinaria a todos los niveles, desde lo político hasta el ecologismo. No quiero contar más, quiero que compren el libro o lo pidan en su biblioteca más cercana pues leerlo es un placer.
Andrea Wulf ha conseguido con un gran rigor científico un libro que se lee como una novela de aventuras.

El libro se complementa con fotografías en blanco y negro y color con sus correspondientes créditos; Nota sobre las publicaciones de Humboldt; Fuentes y bibliografía y un completo índice analítico.

Lee y disfruta de un fragmento del libro.

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Andrea Wulf

La autora:
Andrea Wulf nació en India en 1972, se mudó a Alemania de niña y hoy vive en Londres, donde da clases de Historia del Diseño en el Royal College of Art. Es autora de libros como The Brother Gardeners y Founding Gardeners. The Revolutionary Generation, Nature, and the Shaping of the American Nation, aclamado por la crítica. Ha colaborado con The New York Times, el LA Times, el Wall Street Journal, el Sunday Times y el Guardian, entre otros medios. Ha dado conferencias en lugares como la Royal Geographical Society, la Royal Society de Londres, la American Philosophical Society de Philadelphia y la Biblioteca Pública de Nueva York, entre muchos otros.

El libro:
La invención de la naturaleza. El Nuevo Mundo de Alexander von Humboldt (título original: The Invention of Nature: How Alexander Von Humboldt Revolutionized Our World, 2015) ha sido publicado por la Editorial Taurus en su Colección Memorias y biografías. Traducido del inglés por María Luisa Rodríguez Tapia. Encuadernado en tapa dura con sobrecubierta, tiene 578 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Como complemento pongo un vídeo en inglés, en el que Andrea Wulf habla de su libro.

Para saber más:
http://www.andreawulf.com/   (Web oficial de la autora)
Alexander von Humboldt en Wikipedia.

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Los viajes de Alexander von Humboldt a América (1799-1804)

 

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“El descubrimiento de España”, de Xavier Andreu Miralles

«Mito romántico e identidad nacional»

“Una oportuna y original aportación al debate en torno a la construcción de la identidad nacional.”
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Cubierta de: El descubrimiento de España

En este libro, Xavier Andreu estudia la imagen de España a través del papel de la literatura y de los estereotipos, y en concreto la influencia del mito romántico de España (como mito orientalista) en la construcción de su identidad nacional durante las décadas centrales del siglo XIX.
Andreu muestra cómo la imagen romántica de España durante el reinado isabelino se creó a partir de percepciones extranjeras. Su libro traza el proceso mediante el cual se produjo la orientalización del pasado español, así como las respuestas desde la literatura romántica española a esa orientalización, en el marco de la historia política del periodo.
No se ha analizado suficientemente todavía la interrelación que se produjo entre la «mirada del otro» y la propia definición de lo nacional por parte de los españoles, aunque en las últimas décadas la historiografía internacional ha subrayado la centralidad de tener en cuenta este tipo de procesos. Xavier Andreu muestra cómo el mito romántico no sólo funcionó como espoleta de una marcada reacción nacionalista que se extendió por todos los ámbitos de la vida intelectual española, sino que planteó la necesidad de repensar el pasado y el presente de la nación para afirmar y defender un futuro que pasaba por ser aceptado plenamente en la «modernidad » europea.

“Temida y envidiada entonces, España pasó a ser, en el siglo XVIII, un otro especular de la modernidad europea, convirtiéndose en el epítome del atraso y la decadencia.”

El proceso de construcción nacional fue, desde sus inicios, una gran empresa internacional; porque, como toda identidad, la nacional se construye en relación con la alteridad. Dicho de otra manera, una nación nunca es construida sólo por sus nacionalistas. “De ahí –escribe el autor de este libro -que resulte crucial estudiar la producción, circulación, negociación e interiorización de imágenes y estereotipos nacionales desde una perspectiva transnacional”. Las naciones son fenómenos intrínsecamente comparativos; no hay nada más internacional que la formación de las identidades nacionales. Xavier Andreu estudia ese proceso en el caso de España, que, por ser la potencia hegemónica en los siglos XVI y XVII, ocupó un lugar destacado en la imaginación europea desde la Edad Moderna.

“El carácter de los españoles no se adecuaba a lo que requería la modernidad, y España era imaginada como la antítesis de las Luces.”

En el siglo XIX España se convirtió en el país romántico por excelencia en el imaginario europeo. A ojos de los numerosos viajeros que la recorrieron, sus mujeres de puñal en liga, sus recios bandoleros, sus matadores de toros y sus alegres castañuelas condensaban el carácter español. Un carácter que interpretaban como el propio de un país meridional en el que la huella de su pasado musulmán era todavía visible. Los autores románticos encontraron en las puertas de Europa una nación exótica, primitiva y medio oriental sobre cuyas cualidades morales arrojaron serias dudas. Se preguntaron hasta qué punto los españoles eran aptos para el progreso y la modernidad.
En España, en un momento en el que los contornos de la nación moderna apenas comenzaban a trazarse, los hombres -y mujeres- de letras entraron en diálogo con esta imagen foránea de su país. Lo hicieron principalmente a través de la ficción literaria, desde la que rechazaron, corrigieron, aceptaron o negociaron el llamado mito romántico de España y sus consecuencias. De aquel diálogo surgieron formas originales de valorar el legado andalusí, tan celebrado por el romanticismo europeo, y de entender y construir la identidad nacional española. ¿Por qué muchos de los elementos de aquella representación de España fueron finalmente aceptados como propios por un nutrido grupo de sus intelectuales y por buena parte de sus habitantes? ¿Cómo y por qué personajes que se consideraban característicos de un país primitivo y no moderno, como toreros, gitanas o contrabandistas, acabaron siendo incorporados al imaginario nacional de los españoles?

Lee y disfruta de este fragmento del libro.

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Xavier Andreu

El autor:
Xavier Andreu Miralles es doctor en Historia Contemporánea y especialista en historia cultural de la nación española. Ha estudiado los vínculos entre literatura, política, nación y género en la España de los siglos XVIII y XIX. Entre sus trabajos destacan: De cómo los toros se convirtieron en fiesta nacional: los «intelectuales» y la «cultura popular» (ca. 1790-1850), en Ayer 72 (2008); Retratos de familia (nacional): discursos de género y de nación en las culturas liberales españolas de la primera mitad del siglo XIX, en Ismael Saz y Ferran Archilés (eds.), Estudios sobre nacionalismo y nación en la España contemporánea (2011), y La mujer católica y la regeneración de España: género, nación y modernidad en Fernán Caballero, en Mélanges de la Casa de Velázquez 42-2 (2012).

El libro:
El descubrimiento de España. Mito romántico e identidad nacional ha sido publicado por la Editorial Taurus en su Colección Historia. Encuadernado en rústica, tiene 304 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Para saber más:
https://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=1971049

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