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“La edad de la penumbra”, Catherine Nixey

«Cómo el cristianismo
destruyó el mundo clásico»
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Tremendo el subtítulo ¿verdad? Puede que sí, y puede que no. Catherine Nixey nos da pruebas suficientes de la realidad del subtítulo, pero en el mundo académico se han levantado muchas voces en contra de ciertas afirmaciones que la autora escribe en el libro. Un libro valiente, polémico y con evidentes resonancias con el presente.

Cubierta de La edad de la penumbra

Cubierta de: ‘La edad de la penumbra’

Dicho esto hay que reconocer que La edad de la penumbra es uno de los ensayos más sorprendentes de cuantos se hayan publicado hasta la fecha sobre el nacimiento, la evolución y la implantación del cristianismo en la Europa y el Oriente Medio de los siglos IV y V d.C.. Catherine Nixey destroza la visión idílica que siempre se ha dado sobre el auge de esta religión y muestra a los primeros cristianos como una panda de fanáticos que arrasaron con todas las civilizaciones previas a su existencia, destruyendo a su paso los templos, las bibliotecas y, en general, los cimientos de lo que hoy llamamos cultura clásica.
La edad de la penumbra desmonta la idea de que el cristianismo se extendió gracias a la incontestabilidad de sus verdades. Antes bien, la nueva religión se impuso sobre las demás a través de la fuerza, la opresión y, sobre todo, la destrucción de cualquier atisbo cultural que no coincidiera con su credo, llegando al punto de borrar del mapa milenios de sabiduría griega, latina, egipcia, babilónica, etc. Y es que el cristianismo se alzó sobre las ruinas de un mundo que él mismo destruyó de un modo inusitadamente salvaje.

“El cristianismo, en definitiva, se levantó sobre la sangre de miles de inocentes y sobre las piedras del mundo clásico.”

En los dieciséis capítulos del libro Catherine Nixey nos deja numerosos ejemplos de como fueron los primeros siglos del cristianismo. San Agustín recomendó «extirpar» toda superstición pagana y gentil, San Martín destruyó los templos de la Galia, San Juan Crisóstomo alentó a los miembros de su congregación a espiarse mutuamente… El cristianismo se coló en la intimidad de la gente: se prohibió la homosexualidad, la depilación, el maquillaje, la música…
Constantino ordenó quemar todos los libros heréticos del Imperio. En Alejandría, Antioquía y Roma se alzaron hogueras con volúmenes de la antigüedad clásica de los que hoy casi no tenemos constancia.

Catherine Nixey plantea un viaje a lo largo de los siglos en los que el cristianismo se expandió con más eficacia por el antiguo Imperio romano. De hecho, la historia arranca en la Palmira del 380 d.C., donde los primeros seguidores de Jesucristo derruyeron uno de los templos más impresionantes de cuantos se habían dedicado a la diosa Atenea, y termina en la Atenas del 529 d. C., cuando el último filósofo de la Academia (la escuela más famosa de toda la historia de la Humanidad) abandona la ciudad so pena de ser ejecutado por esos barbudos que quieren imponer su nueva religión.

“«Mi narración empieza en Egipto, con el nacimiento del monasticismo, después se desplaza a Roma cuando la nueva religión empieza a aparecer allí. Más adelante se traslada al norte de Turquía, a Bitinia, donde se escribió el primer testimonio sobre los cristianos obra de un no cristiano. Después se dirige a Alejandría, en Egipto, donde se produjeron algunas de las peores profanaciones, y se adentra en los desiertos de Siria, donde vivieron algunos de los actores más extraños de esta historia, monjes que, por amor a Dios, vivieron toda su vida encaramados en pilares, en árboles o en jaulas. Y llega, al final, a Atenas, la ciudad donde se puede decir que nació la filosofía occidental y en la que, en el 529 d.C., terminó».”

El libro incluye dieciséis páginas de fotografías, una amplia bibliografía y un gran índice alfabético.

Lee un fragmento del libro.

Catherine Nixey

Catherine Nixey

La autora:
Catherine Nixey estudió Historia Clásica en Cambridge y trabajó durante muchos años como profesora, antes de inclinarse por el periodismo, en la redacción de Cultura de The Times, donde trabaja aún hoy. La edad de la penumbra es su primer libro, y por él ha recibido el Premio RSL Jerwood.

El libro:
La edad de la penumbra. Cómo el cristianismo destruyó el mundo clásico (título original: The Darkening Age: The Christian Destruction of the Classical World, 2017) ha sido publicado por la Editorial Taurus en su Colección Historia. Traducción de Ramón González Férriz. Encuadernado en tapa dura con sobrecubierta, tiene 320 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

El Palimpsesto de Arquímedes, c. siglo X-XIII. Copia del siglo X de una obra de Arquímedes titulada El método de los teoremas mecánicos. En ella, Arquímedes había aplicado ingeniosamente las leyes mecánicas, como la ley de la palanca, para encontrar el volumen y el área de formas geométricas. Dos mil años antes de Newton, se había acercado de manera asombrosa al cálculo derivado. A pesar de ello, en el siglo XIII esta obra se respó para escribir sobre ella un libro de oraciones.

El Palimpsesto de Arquímedes, siglo X-XIII. Copia del siglo X de una obra de Arquímedes titulada ‘El método de los teoremas mecánicos’. En ella, Arquímedes había aplicado ingeniosamente las leyes mecánicas, como la ley de la palanca, para encontrar el volumen y el área de formas geométricas. Dos mil años antes de Newton, se había acercado de manera asombrosa al cálculo derivado. A pesar de ello, en el siglo XIII esta obra se raspó para escribir sobre ella un libro de oraciones.

 

 

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“La invención de la naturaleza”, de Andrea Wulf

«El Nuevo Mundo de Alexander von Humboldt»

La invención de la naturaleza revela la extraordinaria vida del visionario naturalista alemán Alexander von Humboldt y cómo creó una nueva forma de entender la naturaleza.
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Cubierta de: La invención de la naturaleza

Humboldt fue un intrépido explorador y el científico más famoso de su época. Su agitada vida estuvo repleta de aventuras y descubrimientos: escaló los volcanes más altos del mundo, remó por el Orinoco y recorrió Siberia en plena epidemia de ántrax.
Capaz de percibir la naturaleza como una fuerza global interconectada, Humboldt descubrió similitudes entre distintas zonas climáticas de todo el mundo y previó el peligro de un cambio climático provocado por el hombre.
Convirtió la observación científica en narrativa poética, y sus escritos inspiraron no sólo a naturalistas y escritores como Darwin, Wordsworth y Goethe, sino también a políticos como Jefferson o Simón Bolívar. Además, fueron las ideas de Humboldt las que llevaron a John Muir a perseverar en sus teorías y a Thoreau a escribir Walden. Andrea Wulf rastrea la influencia de Humboldt en las grandes mentes de su tiempo, en ámbitos como la revolución, la teoría de la evolución, la ecología, la conservación, el arte o la literatura.

Andrea Wulf, autora de La invención de la naturaleza, explica en el prólogo las razones que le llevaron a profundizar en tan relevante personaje, olvidado hoy fuera del mundo académico a pesar ser una de las figuras que más reconocimientos acumularon en vida y en las décadas que siguieron a su muerte. No sólo el nombre de varios minerales, como la humboldtina, le rinden tributo, sino que hasta la Luna lo recuerda con su Mar de Humboldt. En Estados Unidos, cuatro condados y trece ciudades llevan su nombre, así como diversas montañas, cabos y bahías. En el reino natural, casi 300 plantas y más de 100 animales lo llevan también, y su preeminencia se expande en la sierra Humboldt de México o el pico Humboldt de Venezuela. Sin embargo, sus ideas “son ya tan obvias que nos hemos olvidado en buena parte del hombre que las forjó”, lamenta Wulf.
Es esa actualidad de Humboldt lo que ha motivado a la autora a adentrarse en esta prolija y entretenida investigación, más allá de la indudable relevancia de esta figura.
Humboldt nació en Berlín, entonces reino de Prusia, en 1769 (y falleció en la misma ciudad en 1859), y Wulf destaca en el prólogo que, “aunque sus libros siguen acumulando polvo en las bibliotecas”, los ecologistas y los escritores que abordan temáticas de naturaleza se basan siempre en su visión, aunque la mayoría lo haga sin saberlo.

«Humboldt se convirtió sin saberlo en el padre del movimiento ecologista»

Una de sus ideas más difundidas sería la de la «íntima correlación» entre todos los aspectos de la naturaleza, lo que lo convierte en el primer ecologista, por delante de Henry David Thoreau. En el lago Valencia, Venezuela, sintió la revelación, al ver cómo los cultivadores europeos habían destrozado los bosques americanos, del efecto pernicioso del hombre en la naturaleza. «Con la descripción de cómo la humanidad estaba cambiando el clima, Humboldt se convirtió sin saberlo en el padre del movimiento ecologista», sostiene Wulf.
Su carácter pionero, unido a su dedicación en cuerpo y alma a la ciencia y la naturaleza, así como la infinidad de descubrimientos que hizo, lo convierten en un personaje de permanente interés. Sobre todo, por cuanto de observador profundo y poético tuvo, más allá del lado empírico de sus investigaciones. «Lo que se dirige al alma se escapa a nuestras mediciones», solía decir.
Porque, a pesar de que siempre medía y documentaba, también tenía una mirada poética ante la belleza del mundo y hablaba de los rápidos del Orinoco como si hubiera «un río hecho de bruma suspendido en su lecho». Ningún científico había hablado así antes de la naturaleza, señala la autora.
También fue un pionero en amar y acercarse a la naturaleza más allá de la tradicional perspectiva antropocéntrica que dominaba desde las teorías de Aristóteles. Y de verla no como un conjunto armonioso creado por un Dios, sino como un sistema en permanente lucha, con unas leyes que el ser humano tenía que comprender. De lo contrario, avisó, ese mismo ser humano «tenía el poder de destruir el entorno, y las consecuencias serían catastróficas».

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Alexander von Humboldt, pintado por Joseph Stieler, 1843

En el año 1796 muere su madre. No parecía haber impedimento alguno para su aventura, el viaje expedicionario con el que tanto fantaseaba Humboldt. En busca de naciones que le permitieran acceder a sus territorios de ultramar, Francia e Inglaterra, envueltos cada uno en sus particulares conflictos internos y externos, no lo ponían fácil.
Cansado de negociar, Humboldt se traslada a Madrid a finales de 1798. Así, en mayo de 1799, consigue, tras una serie de gestiones y contactos en la Corte, que Carlos IV le dé un pasaporte para viajar a las colonias de Sudamérica y Filipinas, cosa que sorprendió a los propios españoles. «Nunca antes se había concedido tanta libertad a un extranjero para explorar sus tierras», señala Andrea Wulf. En junio de 1799, Humboldt y su compañero de expedición Aimé Bonpland zarpan desde La Coruña a bordo de la fragata Pizarro. La aventura no había hecho sino empezar.
«Corremos de un lado a otro como locos». Así mostraba Humboldt, por carta, el entusiasmo que sentía en esos primeros días en Cumaná, Venezuela. En compañía del naturalista francés Aimé Bonpland (1773-1858), se sumergió en un universo nuevo y lleno de atractivos para ambos: cangrejos azules y amarillos, palmeras de flores rojas, flamencos, mariposas, monos y mil plantas por catalogar…
Bonpland creyó que iban a «enloquecer si no acababan pronto las maravillas». Sin embargo, el objetivo no era tanto hacer un inventario de las nuevas especies, sino recoger la «impresión global». Humboldt se muestra no ya como un entomólogo obsesionado por recolectar tal o cual hoja salvaje, sino como alguien interesado en «recopilar ideas» y en descubrir la conexión entre los elementos de la naturaleza.

En 1804, Humboldt llega a París desde Estados Unidos tras su periplo de cinco años en Sudamérica y es recibido como un héroe. Volvía con las manos llenas: baúles abarrotados de cuadernos con anotaciones sobre el terreno, cientos de dibujos y de apuntes astronómicos, geológicos y meteorológicos. Más de 60.000 ejemplares de plantas y 6.000 especies, de las que 2.000 eran nuevas para los botánicos europeos. Teniendo en cuenta que hasta entonces no se conocían más de 6.000 especies, la cifra era realmente asombrosa.

La influencia de Humboldt ha sido, es y será extraordinaria a todos los niveles, desde lo político hasta el ecologismo. No quiero contar más, quiero que compren el libro o lo pidan en su biblioteca más cercana pues leerlo es un placer.
Andrea Wulf ha conseguido con un gran rigor científico un libro que se lee como una novela de aventuras.

El libro se complementa con fotografías en blanco y negro y color con sus correspondientes créditos; Nota sobre las publicaciones de Humboldt; Fuentes y bibliografía y un completo índice analítico.

Lee y disfruta de un fragmento del libro.

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Andrea Wulf

La autora:
Andrea Wulf nació en India en 1972, se mudó a Alemania de niña y hoy vive en Londres, donde da clases de Historia del Diseño en el Royal College of Art. Es autora de libros como The Brother Gardeners y Founding Gardeners. The Revolutionary Generation, Nature, and the Shaping of the American Nation, aclamado por la crítica. Ha colaborado con The New York Times, el LA Times, el Wall Street Journal, el Sunday Times y el Guardian, entre otros medios. Ha dado conferencias en lugares como la Royal Geographical Society, la Royal Society de Londres, la American Philosophical Society de Philadelphia y la Biblioteca Pública de Nueva York, entre muchos otros.

El libro:
La invención de la naturaleza. El Nuevo Mundo de Alexander von Humboldt (título original: The Invention of Nature: How Alexander Von Humboldt Revolutionized Our World, 2015) ha sido publicado por la Editorial Taurus en su Colección Memorias y biografías. Traducido del inglés por María Luisa Rodríguez Tapia. Encuadernado en tapa dura con sobrecubierta, tiene 578 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Como complemento pongo un vídeo en inglés, en el que Andrea Wulf habla de su libro.

Para saber más:
http://www.andreawulf.com/   (Web oficial de la autora)
Alexander von Humboldt en Wikipedia.

los-viajes-de-alexander-von-humboldt-a-america-1799-1804

Los viajes de Alexander von Humboldt a América (1799-1804)

 

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