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«La última cabaña», de Yolanda Regidor

«… sé que nunca llegaré a vivir en el lugar que me haría completamente feliz, a pesar de haber venido tan lejos con la sola intención de olvidar cosas que no debí aprender…

Siempre he estado en guerra conmigo mismo. La conciencia es lo que me ha matado una y otra vez y nunca definitivamente… () … mi conciencia me juzga y me condena a diario.»

MaudyReseña escrita por Maudy Ventosa.

Cubierta de 'La última cabaña'

Cubierta de: ‘La última cabaña’

La Editorial Lumen acaba de publicar el último libro de la ganadora del Premio Jaén de Novela, Yolanda Regidor, La última cabaña. Una literatura bella y maravillosa que estremece por el dolor que encierra, por la soledad del protagonista, por el abismo al que nos puede abocar la falta de amor y el desprecio que destruye la autoestima y la confianza en uno mismo y en los demás; por el futuro sin esperanza y por un pasado que se arrastra y lastra. Una novela que inquieta por la profundidad de los sentimientos y la carga de desamor que puede soportar una persona.
Tres cuadernos conformados por capítulos cortos y rotundos. Es un diario escrito en primera persona por alguien que sabe que no va a ser leído. Por eso se vuelca, abre su corazón de par en par, permite que se derramen y salgan sentimientos que arrastra y nunca ha confesado, porque duelen mucho. Catarsis en soledad, terapéutica al fin y al cabo si consigue aceptarse, asumirse, comprenderse. Abandonar la culpa. Escribe para restablecer la relación consigo mismo…. Conseguir paz.

Ha llegado solo con sus libros y su memoria. Los vecinos le apodaron El Escolta desde que se instaló en una casa alejada de este pequeño pueblo perdido entre montañas, rocas y pinares, por su aspecto fuerte y las cartas que recibía, y no quiso sacarles de su error, porque siempre había sido El Ilustrado, seguido del rango que tuviera en el ejército. No quiere establecer relaciones porque no se plantea una vida presente y, menos, futura. Pero no sabe si se puede vivir para uno mismo sin la idea de los demás.

Tiene miedo. Sabe que nunca se pierde el miedo a la soledad. Él la arrastra desde que tiene memoria, rechazado por una madre que era incapaz de querer a uno de sus dos hijos; humillado permanentemente por un hermano soberbio y fanfarrón; abandonado por su padre. ¿Hasta dónde podríamos llegar para sentirnos aceptados, por pertenecer a nuestro grupo de referencia? ¿Qué estamos dispuestos a hacer para que nos quieran? Su hermano era fuerte porque se crio en la fortaleza de los brazos de su madre, algo vedado para él.

Siempre le han acompañado sus libros, a pesar de que me jodieron la vida. Desde pequeño. Me hicieron creer que el mundo estaba en otro sitio, que la realidad era diferente; no menos miserable, no menos sórdida, simplemente más rica en matices. Que había personas que no eran tan vulgares, conversaciones que no resultaban ordinarias… incluso enseñaban que el amor era otra cosa. Ahora se están acabando los cartones y hay que encender la chimenea. Ellos tampoco tendrán un mañana, Tolstói, Cioran, Herbert –si es que lo ha traído–, Pasternak. El proceso autodestructivo llega a todo lo que ha significado algo en su pasado.

Su vida va apareciendo a retazos, recuerdos que saben a añoranza, al olor de una madre que puede salvarle de la locura con la caricia que no le dio… por eso tiene que reparar la vieja mecedora que hay en el porche e inventar una historia. Dejaría de ser el pelele para siempre. Dejaría de ser el perdedor, el débil, el tonto, el mil leches. Nunca entendí por qué no me quería. Más tarde llegaría el amor y el miedo a amar a una mujer. Y los celos y la ira. Sobre todo, cuando conoció a la que tenía lunares de punto y seguido, de punto y aparte y de punto final.

La escritura es terapéutica, como lo es la música que suena en la cabaña e inunda los prados. Mahler, Wagner, Beethoven… No es bueno dejarse llevar por la melancolía cuando estás rodeado de tanta belleza como el atardecer que incendia el horizonte, el azul intenso del cielo, el sonido lejano del arroyo o el gorjeo de los pájaros. Es posible que aún pueda sentirla cuando aprenda que necesita compartirla; cuando admita su necesidad de otros, cuando permita que traspasen sus defensas; cuando también él sea capaz de acariciar con dulzura; de “dar: sin esperar; a recibir: sin tener que dar”. En definitiva, cuando sea capaz de apreciar la belleza que da la honestidad, la prudencia, lo decente, lo íntegro. Tal vez entonces, estará salvado.

PERSONAJES:

  • Coche, el viejo que se acerca con respeto a su casa, que fue amigo del dueño anterior; su amigo de las herramientas le llamaba así. Con él conoce lo que deben hacer los amigos de verdad: estar juntos como si estuvieran solos.
  • Böcklin, un pequeño y precioso lobezno que tendrá los ojos color miel, como los de su madre.
  • Marco, el niño subnormal que vive con su abuela. No habla. Siempre vuelve. Se lleva todo lo que le ofreces.
  • Olivia, la dueña de la tienda. Tiene una figura rotunda, muy femenina. Con ella moja el pan en la misma yema de huevo.
  • Yo, irresponsable, demasiado visceral, egoísta. Dice que el hogar es siempre una casa que sonríe.

Y la madre que no sabe querer; y el hermano déspota, y la chica-pantera… Y todos los que llenan una vida.

Lee y disfruta de un fragmento de la novela.

La autora:Yolanda Regidor
Yolanda Regidor (Cáceres, 1970) es escritora. Se licenció en Derecho y obtuvo un máster en Psicosociología. Formadora ocupacional, antes de dedicarse a la literatura trabajaba como asesora jurídica y docente en programas de inserción sociolaboral. Es autora de las novelas La piel del camaleón (2012), Ego y yo (Premio Jaén de Novela, 2014) y La espina del gato (2017), que recibieron una gran acogida por parte de los lectores y la crítica. Sus relatos han sido publicados en varias antologías y ha colaborado con artículos en revistas y varios medios impresos. La última cabaña (Lumen, 2022) es su novela más reciente.

El libro:
La última cabaña ha sido publicado por la Editorial Lumen en su Colección Narrativa. Encuadernado en rústica con solapas, tiene 264 páginas.

Como complemento pongo el vídeo donde el  escritor Manuel Vilas acompaña a Yolanda Regidor durante la presentación de su novela ‘La última cabaña’ en Librería Alberti de Madrid.

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Para saber más:
Yolanda Regidor en Wikipedia.
https://twitter.com/YolandaRegidor

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Entrevista a Agustina Guerrero por «La compañera»

Cubierta de 'La compañera'«La compañera, es un personaje negro que da la mano a nuestra protagonista para adentrarse en los recuerdos, para bucear en la memoria. Es un libro autobiográfico en el que hay humor, ternura, dolor y también desencanto; es asomarse a episodios distintos de la vida que dejaron huella; es resucitar sentimientos tal vez dormidos… culpa, vergüenza, miedo, el síndrome del impostor… Y un solo objetivo: el autoconocimiento.
Agustina lleva muchos años viviendo en España, pero sigue conservando el ritmo y la sonoridad rioplatense cuando habla. Y las emociones a flor de piel.»

Maudy.- Es muy valiente al iniciar este viaje interior, ¿por qué en estos momentos?
Agustina.-No se… Cuando empecé a escribir este libro era un momento en el que yo me planteaba porqué actúo como actúo, soy como soy… Sí, estoy en un camino de autoconocimiento; creo que la base de todo es lo que he vivido, lo que he mamado, lo que he experimentado…

M.-Sabe que los recuerdos a veces son muy engañosos, los edulcoramos, los adaptamos…
A.- Hay muchas versiones en los recuerdos, pero no dejan de ser reales porque es como nosotros, como yo al menos, los he percibido. Es mi propia realidad, aunque tenga dosis de ficciones… pero para mí es real desde la base de que lo he percibido así y lo recuerdo así; entonces, cuando me preguntan si este libro es ficción, si todo es real, digo sí; aunque pueda ser ficción.

M.- En el libro solo se percibe sensación de libertad al final, cuando es capaz de bajar al océano y bucear, entonces empieza a sentirse libre; antes no…
A.- Esa parte del libro es la que más me costó; los recuerdos enterrados… es ahí donde no quería volver, me mueven…

M.- Le duelen mucho…
A.- Duelen, pero es parte de mi vida y es parte de lo que soy. Me pasó también con El Viaje, que empiezo a hablar de lo que me duele, de lo que me incomoda, de lo que me hizo mal en su momento y aun me sigue haciendo daño, y es cuando mejor me siento a la hora de escribirlo, de hablarlo, de dibujarlo… no dejarlo ahí guardado… y ahí está la libertad.

M.- Canalizar las emociones de manera constructiva, dejar salir ese dolor… En la medida en que lo compartimos, descargamos… ¿Está buscando un efecto catártico?
A.- ¡Total! Yo con este libro no tengo un guion, no es premeditado; yo me siento, voy escribiendo, voy recordando… entro como en una especie de trance y lo voy haciendo y va saliendo y todo se va conectando. El objetivo de este libro no era simplemente contar cosas bonitas, sino que haya como una mezcla de vivencias, que la vida siga.

Guillermo.- ¿Qué va primero, el dibujo o el texto?
A.- Va todo junto, no puedo separar la imagen de la palabra, me es imposible. De hecho, cuando empiezo a dibujar y a escribir, tienen que ir juntos. Los bocetos que yo le envío a mi editor -Lola-están tan acabados que piensa que el libro ya está hecho. ¡No, no, lo tengo que pasar a limpio!; pero necesito verlo casi, casi acabado porque van de la mano; no puedo escribir sin ponerle imagen. Lo tengo que hacer a la vez.

M.- En este momento ¿es más ilustradora que diseñadora?
A.- Yo ya no me considero diseñadora… Lo que me empecé a considerar ahora, algo que nunca me pasaba, es que me siento como escritora, porque antes era ilustradora y a partir de El viaje, como que siento que escribo, ¡que se escribir! No sé si lo hago bien si lo hago mal, pero escribo… nunca me consideré escritora, era como, yo dibujo… pero, ¡ahora cuento historias!

M.-Su libro es un viaje introspectivo para exorcizar el dolor.
A.- Para no temerle tanto al dolor. Creo que, en mi caso, nuestra generación ha mamado el rechazo al llorar, al tener miedo… no sufras, no tengas miedo, no llores… como que esas emociones no se podían visibilizar, no se podían mostrar; había que contenerlas, y esa contención hace que luego, salgan por cualquier lado. Estuve mucho tiempo creyendo en esta idea, hasta que dije, ¡no, no, hay que sacarlo fuera! y veo que la gente conecta y que es necesario, y obtener un aprendizaje de ese dolor, que esa es la finalidad.

M.- Recorrer la memoria nos enfrenta a nuestros fantasmas, y hacerlo de la mano de un amigo resulta terapéutico. ¿Ha necesitado una mano amiga para hacer este recorrido?
A.-En El viaje me cogí de la mano de mi amiga Loli, pero aquí me cogí de la mano yo misma. Mi compañera no deja de ser mi otro yo, mi parte oscura, la que me hace ver lo que muchas veces niego o… como una especie de psicóloga que está ahí, acompañándome, y en este viaje, en esta historia estuve conmigo, con mis recuerdos, con mi pasado, con lo que fui que es un desencadenante de lo que soy hoy. Fue muy íntimo, muy solitario este proceso.

M.- Hay un personaje fundamental en su historia, el que más la ha marcado; descubrió muchas cosas a través de ella… ¿sabe de quién hablo? Le dedica el libro… Amalia, su abuela. ¿Quién fue?
A.- Aprendí… me dio la posibilidad de ser quien era, como que no había ningún tipo de máscara, me dejaba ser yo misma, y eso es lo más valioso que una persona puede tener, el hecho de que te dejen ser. Y ella me permitía ser. Sin juicios, con una mirada amable, amorosa… y una abuela es una abuela. Es calidez, es mimo, es protección… no sé qué pensaría al leer este libro…

M.- Cuando habla de su abuela, afloran todos los sentidos, nos llegan los olores, los colores…la historia de cómo descubrió la primera mariposa, la sensación de libertad.
A.-En este libro, me han venido tantos olores… es como ¡mi abuela está aquí! Sobre todo, el olor al zaguán, que era un pasillo y tenía un olor tan característico y era muy recurrente…Cuando escribo soy un poco caótica y luego empiezo a entender y a conectar. Al escribir la historia de la lechuga y la mariposa yo sabía que la iba a retomar luego en el libro y recordé también lo del globo… Se da de una manera tan mágica que no tiene ningún tipo de explicación. Ese primer recuerdo… la mariposa es la transformación.

M.- Es usted también.
A.- Por supuesto, ¡claro! Me pasan cosas muy curiosas, ahora al entrar veo las mariposas…

(Y nos cuenta la historia que acaba de vivir en su viaje a Argentina, cómo siente que su abuela sigue velando por ella, siempre asociada a una mariposa que vuela a su alrededor… La conexión con ella sigue siendo muy fuerte).

A.- Igual es mi mirada, mi manera de ver las cosas quizá le da el sentido… No lo sé, pero a mí me ayuda…

M.- Descubre La confianza a través de su abuela, pero los primeros episodios que narra con los adultos no son positivos, al contrario, le generan desconfianza.
A.- La historia del Topogigio… Recuerdos puntuales, de sucesos puntuales y de cómo pueden desencadenar a lo largo del tiempo, de tu vida, empezar a tener desconfianza, y esa cosa genuina de la infancia en creer, hace que luego se rompa. De estos hechos puede haber un montón a lo largo de la vida. Todo eso te va forjando una personalidad, mantenerte un poco a la defensiva, Este, creo, fue el primer suceso que recuerdo de decir, ¡me han engañado!, el primer engaño fuerte que yo he sentido.

M.- ¿Solo guardamos aquellos recuerdos en los que habita la emoción? Positivas o negativas…
A.- Cuando empecé a hacer el libro investigué por qué recordamos ciertas cosas y otras las borramos; por qué hace esta selección nuestra cabeza y, siempre, para mantenerse un recuerdo, en el momento en que se ha vivido tiene que estar asociado con una emoción. Si no hay emoción no hay recuerdo y por lo general, todas esas emociones más potentes de miedo, de asco, de alegría… son las que perduran. La emoción hace que aprendamos para cuando volvamos a vivir un momento similar o no, intentemos buscar que la emoción sea más bonita, que la sensación sea más agradable. Y también me parece muy interesante conocer dónde se guardan los recuerdos en nuestra cabeza. Cuando empecé a leer que tenemos dos hipocampos, como dos caballitos de mar en nuestra cabeza dije, ¿puede haber algo más bonito para dibujar y más poético que unos caballitos de mar?

M.- ¿No estaba previsto que aparecieran los caballitos de mar cuando empezó a bucear?
A.- En absoluto, empecé a investigar y me pareció interesante el lugar donde estaban los recuerdos físicamente en nuestra cabeza, y eran unos caballitos… ahí se me abrió un mundo y dije, ¡me voy a subir al caballito con mi compañera…!

M.- Hay muchos sentimientos encontrados en el libro… ¿por qué la sensación de impostora? La repite a lo largo de su camino muchas veces…
A.- Y aún la sigo viviendo… por eso me costó mucho decir, ¡me siento escritora! Creo que es la primera vez que lo digo en voz alta. Cuando empiezo a explicar el porqué del síndrome de la impostora hoy; creo que hay un historial en donde uno va obteniendo dosis de inseguridades que te van viniendo ya sea por una profesora, ya sea por unas amigas del cole, ya sea de la colonia… También tuve gente bonita… pero con que haya una persona que, dependiendo en el momento en que yo hice este dibujo del fondo marino en el que di todo y quizá mi abuela me decía que le emocionaba, que era hermoso, pero que haya una persona que te diga todo lo contrario hace que te lo guardes y que quizá te lo creas. Entonces, haces eso más grande y no te lo crees luego…

M.- Destrozó su autoestima… ¿y no pudo defenderse? Le ha marcado a lo largo de su historia.
A.-No, porque le creía, era mi profesora… y yo pensaba, claro, si es que en realidad mi abuela me ayudó a escoger los colores, pero lo hice yo. A esa edad dices, no, igual no soy capaz de hacer eso… y dibujaba peor para que me crea… Más tarde, estudié Diseño Gráfico, pero no Ilustración, no me permitía creerme que era bueno lo que hacía y hasta el día de hoy. Se que hay una evolución, soy consciente de ello, pero hasta hoy me cuesta… Tengo un punto de exigencia en los detalles, en los colores… que ya pasa para el otro lado de querer hacerlo lo mejor posible, para que esté perfecto…

M.- El no asimilar sus logros conlleva un sufrimiento infinito… Provoca mucha inseguridad a la hora de afrontar determinadas tareas
A.- Sí, mucha incomodidad… He evitado tantas entrevistas, tantas presentaciones… hasta el día de hoy, prácticamente en todas mis redes no me muestro, ni hablo.

M.- De hecho, la fotografía que aparece en el libro es de cuando era pequeña.
A.- No pongo fotos mías en mis libros anteriores… ¡Ahora sí! Estoy en otro proceso, me cuesta menos verme y decir, ¡sí, está bien! Y la foto de pequeña…cuando me dijeron qué foto, hablo de recuerdos, hablo de mi infancia, tiene que ir una foto de entonces…

M.- Culpa, vergüenza, sentimientos negativos… pero hay un momento en que se da cuenta de que también hay muchísimo amor a su lado… Eso también es otro descubrimiento.
A.- Si, aprender; es un proceso de aprender que también está lo otro, que está la gente que te sigue y que te aprecia, que mi trabajo ayuda a otras personas, y ahora leo un comentario malo y… ha cambiado tanto cómo lo recibo que…

(Y cuenta la historia de la joven que tenía agorafobia y salió de casa para que le firmara el libro)

M.- Censuramos los recuerdos dolorosos siempre porque son los que más daño hacen. ¿Alguna vez habló del abuso que sufrió?
A.- No, de hecho, ahora cuando estuve en Argentina se lo conté a mis padres porque lo van a leer en el libro.

(Quería hablar de los abusos en su libro, de lo que pasó cuando aun no era capaz de ponerle nombre. Ahora sabe que hay que contarlo. Y hablamos también de la importancia de tener alguien al lado que te dé un empujoncito, que te anime; necesitas alguien que crea en ti. Es una manera de generar confianza)

M.- Descubre también el terror a la muerte desde muy pequeña…
A.-… Sufrí la pérdida de esta amiga, pero en su momento lo recuerdo como miedo a que me pase a mí… ()…luego, ya la muerte de mi abuela la viví desde otro lugar, no el miedo a morirme yo, sino la pérdida de ella…

(Puede, por fin, recordar las últimas palabras que le dijo su abuela y que atesora como algo muy valioso… y empieza a haber luz y color en La compañera cuando aparecen sus mejores recuerdos… les da su espacio y lo plasma en bonitas fotos que recrean instantes de felicidad, momentos… Y nos cuenta la emoción que sintió al tener el libro en sus manos, la emoción de su pareja y su hijo…)

Respecto a sus proyectos, afirma Agustina, que piensa que no tiene ya nada que contar. Por supuesto, no la creo. Démosla unas semanas, y seguro que volveremos a disfrutar con sus creaciones.

¡Enhorabuena diseñadora y escritora!
Su trabajo es excelente y toca el corazón.

Agustina Guerrero y Maudy Ventosa

Agustina Guerrero y Maudy Ventosa

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