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“Poesía reunida”, de Wallace Stevens

Edición de Andreu Jaume

«La edición definitiva de la obra de Wallace Stevens, uno de los mejores poetas del siglo XX cuya sensibilidad aún resuena en nuestros días.»

Por Ricardo Martínez.

Cubierta de Poesía reunida de Wallace Stevens

Cubierta de: ‘Poesía reunida de Wallace Stevens’

Aquí la virtud es la palabra. El bien es cuanto de ella deriva, esto es: inteligencia, luz, significación, armonía, sorpresa, estética…
Lea-escuche el lector, por ejemplo, el poema que nos entrega el libro bajo la advocación del alusivo título ‘Le plus belles pages’:

El lechero llegaba a la luz de la luna, y esta era
menos que luz de luna. Nada existe en sí mismo.
Salvo la luz de luna.

Dos personas, tres caballos y  un buey
y el sol, las olas juntas en el mar.

Salvo la luz de luna y Aquinas. Él habló, siguió hablando,
de Dios. Convertí en hombre la palabra.
El autómata, en suficiente lógica,
existe por sí mismo. ¿O sobrevivió el santo?
¿Asumieron diversos espíritus una sola apariencia?

Después del desayuno, la teología atrapa al ojo.

He aquí la relevancia de un estado de ánimo, un signo de inteligencia observadora, un pensamiento errabundo que nos lleva justo al centro de nosotros mismos (una forma de desconocimiento) Aquí es inevitable sentirse aludido, aparentemente bajo la forma de un discurso prosaico; no obstante, al leer (al ‘mirar’, al pensar) no podemos alejarnos de un sentido de trascendencia que, en apariencia, también nos llega suscitado, ay!, por objetos cotidianos. De algún modo se obra el milagro de la separación: el cuerpo, ese instinto de toda biología, es llevado hacia un mundo distinto, un horizonte evocador al que pudiéramos llamar destino y sentirnos en paz. Tal como deseamos (y el hermoso texto propicia)

     Si continuamos, inevitablemente, pasando páginas, hallaremos más agua cristalina que beber, pues:

El mundo es aún profundo y en su hondura
el hombre se sienta y estudia el silencio y a sí mismo,
manteniendo las reverberaciones en las bóvedas.
(…)
El poeta es
el indignado hijo del día sonando en su concepción:
la satisfacción por debajo del sentido,
la concepción brillando en el aún obstinado pensar

Todo parece estar construido sobre certezas aéreas, sutiles; una compañía conmovedora. Al tiempo, en ello, el poeta nos es fiel en su compañía, nunca nos abandona. Somos nosotros, acaso, quien nos abandonamos a su canto.
Y así, acompañados, es bienvenido de nuevo el recuerdo de la luna, como si fuese nuestro origen estético, el que nos guía casi en sueños, ello sin alejarnos en ningún momento de la sobria realidad:

La única luz de luna, en noche de color sencillo,
como un simple poeta que en la mente da vueltas
a la igualdad de su vario universo,
brilla sobre la mera objetividad de las cosas.

Es como si ser fuera ser observado,
como si, entre los posibles propósitos
de lo que uno ve, el que primero está,
la superficie, fuera el propósito de ser visto,

la propiedad de la luna, lo que ella evoca.

Y, al fin, esa seductora soledad. Estética, pero soledad, pues la respuesta estaría ahí: la propiedad de la luna, lo que ella evoca.

Leer al poeta es recorrer un camino que se inicia con expectación, con ilusión, aún a sabiendas de que de tal recorrido esperemos lo inesperado: algo nuevo, algo sorprendente. Algo que confirme nuestra propia soledad no sólo ontológica, sino cósmica. Nos transformamos, en lo esencial de nuestro silencio, trascendentes.
Casi todo en procura de una convicción. El miedo y la atávica necesidad de ser protegidos, de ser acogidos:

Si el conocimiento y la cosa conocida son lo mismo
de modo que conocer a un hombre es ser
ese hombre, conocer un lugar es ser
ese lugar, y al parecer de eso se trata

Otro poeta (sutil, anónimo, como tantas veces en la literatura) al parecer lo vaticinó en su día: se es de uno mismo, se es de un paisaje.

     “Este fecundo libro nos ha traído hasta aquí, hasta este paisaje, tan propio”

Lee y disfruta de un fragmento del libro.

Wallace Stevens

Wallace Stevens

El autor:
Wallace Stevens (2 de octubre de 1879 – 2 de agosto de 1955) nació en Reading (Pennsylvania), cursó estudios de humanidades en Harvard, donde conoció y trató al filósofo George Santayana, y se graduó en la facultad de derecho de Nueva York. Con su esposa y su única hija, vivió toda su vida en Hartford (Connecticut), donde fue vicepresidente de una compañía de seguros. Nunca salió de Estados Unidos y tan solo hizo puntuales viajes a Florida, dedicando toda su vida al trabajo ejecutivo, a la poesía y a su colección de libros y cuadros. Su Poesía reunida, publicada por Alfred Knopf en 1954, mereció el National Book Award y el Pulitzer en 1955. Además de poesía y aforismos, publicó un libro de ensayos y conferencias titulado El ángel necesario (1951).

El libro:
Poesía reunida ha sido publicado por la Editorial Lumen en su Colección Poesía. La traducción ha corrido a cargo de Andrés Sánchez Robayna, Andreu Jaume Enseñat y Daniel Aguirre Oteiza. Encuadernado en tapa dura con sobrecubierta, tiene 768 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Como complemento pongo un vídeo en inglés muy interesante titulado: Arts: Harold Bloom’s Influence | The New York Times.

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Para saber más:

https://www.poetryfoundation.org/poets/wallace-stevens

 

 

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Archivado bajo Literatura, Literatura. Poesía, Por Ricardo Martínez

“El último apaga la luz. Obra selecta”, de Nicanor Parra

«Edición de Matías Rivas.»
«La edición definitiva de la obra poética de Nicanor Parra.»

Por Ricardo Martínez.

Cubierta de El último apaga la luz

Cubierta de: ‘El último apaga la luz’

Siempre se ha dicho que en lo distinto radica, o pudiera radicar, no solo una forma de revolución constructiva sino también de distinción, de evolución. Pues bien, este poeta disidente en el fondo y la forma de la poesía, podemos convenir que no solo nos ha dejado un legado sugerente, rico, incluso humorístico a la historia de la poesía sudamericana, sino que, por tal razón de su interpretar con criterios propios y distintos la realidad, ha renovado, ciertamente, el discurso poético, lo cual no puede entenderse sino como un bien.

Su disidencia natural, de actitud y comportamiento y escritura, le ha llevado a elaborar una obra que aquí queda fielmente recogida bajo el epígrafe de Obra selecta. Así, a modo de ejemplo podemos leer una especie de Oda a la soledad que resulta conmovedora. Es el caso de su poema Nadie, con algunos ‘pasajes’ en verdad relevantes: “No se puede dormir/ Alguien anda moviendo las cortinas/ Me levanto/ No hay nadie/ Probablemente rayos de luna” Más adelante: “Acomodo las sábanas/ Y doy una última mirada al reloj/ Pero oigo sollozos de mujer/ Abandonada por delitos de amor/ En el momento de cerrar los ojos” Y concluye, tan hermosamente: “Ahora cesan todos los ruidos/ Sólo se oyen las olas del mar/ Como si fueran los pasos de alguien/ que se acerca a nuestra choza desmantelada/ Y no termina  nunca de llegar” Ello expresado en una forma  muy personal, diferente, de lectura abierta, digamos. ¿Y no cabría entender este denso poema,  también, como un hermoso canto al amor? De ahí que lo nuevo sugerido con valentía e inteligencia sean esa esperanza cargada de futuro que, emulando las palabras del poeta, pudiera ser el mismo sentido interior de la Poesía.

Puesto que se trata de una compilación de la obra del longevo autor, la proximidad a uno u otro discurso está garantizado –el lector siempre cierra, a su modo, el poema- pero a la vez se amplía la gama de los posibles destinatarios.
De alguna manera toda su obra también podríamos decir que encierra una didáctica de lo poético,  y acaso el ejemplo siguiente sirva de colofón: “Resumiendo la cosa/ al tomar una hoja por una hoja/ al tomar una rama por una rama/ al confundir un bosque con un bosque/ nos estamos comportando frívolamente/ esta es la quinta esencia de mi doctrina/ felizmente ya comienzan a vislumbrarse/ los contornos exactos de las cosas/ y las nubes se ve que no son nubes/ y los ríos se ve que no son ríos/ y las rocas se ve que no son rocas/ son altares/ ¡son cúpulas!/ ¡son columnas!/ y nosotros debemos decir misa”

En fin: oremos, leamos

Nicanor Parra

Nicanor Parra

El autor:
Nicanor Segundo Parra Sandova nació en 1914 en San Fabián de Alico (Ñuble, Chile) y falleció en 2018 en La Reina (Santiago, Chile). Vivió en Santiago y en Chillán. En 1940 viajó a Estados Unidos, donde realizó estudios de Física y Mecánica Avanzada, y en 1945 regresó a Chile. En 1948 fue nombrado director interino de la Escuela de Ingeniería, y publicó sus primeros antipoemas en una antología. En 1952 realizó con Enrique Lihn y Alejandro Jodorowsky el diario mural El quebrantahuesos. En 1954 publicó su obra más influyente, Poemas y antipoemas. Recibió el premio Nacional de Literatura en 1969. El mismo año publicó sus primeros «artefactos». En 1972 fue postulado por primera vez al Premio Nobel de Literatura. Entre 1977 y 1981 publicó sus «sermones del Cristo de Elqui», nuevo cambio importante en la dirección de su poesía. En 1991 recibió en México el Premio Juan Rulfo y en 2001 el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. En 2000 recibió el Honorary Fellow de la Universidad de Oxford y en 2011 el Premio Cervantes.

El libro:
El último apaga la luz. Obra selecta ha sido publicado por la Editorial Lumen en su Colección Poesía. Encuadernado en tapa dura con sobrecubierta, tiene 464 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Como complemento pongo un vídeo Documental sobre Nicanor Parra realizado por 7mo Vicio Oficial.

Para saber más:
http://www.cervantesvirtual.com/portales/nicanor_parra/

 

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