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«Historia del gran reino de la China. Historia de las cosas más notables, ritos y costumbres del gran reino de la China», de Fray Juan González de Mendoza

♦Edición de Juan Gil (de la RAE)♦

El académico Juan Gil vuelve a realizar un extraordinario trabajo de edición con un ensayo previo a la obra de más de 300 páginas en las que no solo analiza el texto sino que nos toma de la mano para recorrer la mirada de la Antigüedad sobre China, su eclosión como un mundo de ensueño en la Edad Media y el redescubrimiento que implicaron los viajes de portugueses y españoles a partir del siglo XVI.

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Hace muy pocos años que China ha roto su reclusión de siglos para abrirse a la lucha por la hegemonía mundial. Un punto de inflexión que nos hace volver la vista atrás y ponderar lo que supuso el Celeste Imperio para nuestros antepasados a lo largo de la historia.

Cubierta de 'Historia del gran reino de la China'De ahí la oportunidad de adentrarnos en esta nueva edición de la Historia de las cosas más notables del Gran reino de la China que Juan González de Mendoza publicó en 1585. Un viaje de casi mil páginas en el que el académico Juan Gil no solo analiza la obra, sino que nos toma de la mano para recorrer la mirada de la Antigüedad sobre China, su eclosión como un mundo de ensueño en el Medievo por el testimonio de Marco Polo y el redescubrimiento que implicaron los viajes de portugueses y españoles a partir del siglo XVI.

El estudio que precede a la obra de Mendoza se completa con una serie de Apéndices que recogen la correspondencia diplomática cruzada entre Manila y China, así como un Glosario de términos chinos y una serie de mapas que ayudan a seguir las primeras rutas de los religiosos españoles.

Todo comenzó con la llegada de Legazpi a Filipinas en 1565, un asentamiento que avivó la vieja rivalidad hispano-lusa en el sudeste asiático. Los españoles fueron críticos con el monopolio comercial de los portugueses en Macao y trataron de encontrar fórmulas para introducirse en China, a pesar de que el emperador Ming prohibía la entrada de extranjeros en su tierra bajo pena de muerte.

Durante la década de los 70 agustinos y franciscanos iniciaron distintas exploraciones, pero ni el afán evangelizador ni el comercial tuvieron éxito. Habremos de esperar hasta 1578 para ver cómo la idea de entablar relaciones diplomáticas con el Celeste Imperio fue cobrando inusitada fuerza en Manila. Un ambicioso proyecto que tuvo a Juan González de Mendoza como principal promotor, a pesar de que nunca había estado en Filipinas.

Tanto Felipe II como el Consejo de Indias acogieron la propuesta, aunque pronto se dieron cuenta de la envergadura que implicaba la embajada. Las diferencias entre los distintos implicados y la oposición frontal de los jesuitas y Portugal hicieron que el prudente monarca diera marcha atrás.

Sin embargo, la amplia compilación de materiales y fuentes sirvieron a Mendoza para escribir la Historia del Gran reino de la China. Un fulminante éxito editorial publicado en 1585 que se tradujo a multitud de lenguas y nos dejó una visión idealizada de la China cercana a la difundida por Marco Polo. Geografía, creencias o costumbres discurren por estas páginas en las que también se recogen las relaciones de diversos viajeros y se hace patente el abismo ideológico que mediaba entre la mentalidad cristiana y la china, en pleno siglo XVI.

El académico Juan Gil vuelve a realizar un extraordinario trabajo de investigación en este nuevo título sobre la aventura española en ultramar en el que recorreremos el parecer de soldados, mercaderes, frailes e historiadores portugueses sobre esta China que a ninguno dejó indiferente.

Lee y disfruta de la primeras páginas del libro.

Cubierta de la primera edición.

Cubierta de la primera edición.

El autor:
Fray Juan González de Mendoza vino al mundo hacia 1545 en Torrecilla de los Cameros, en La Rioja. De sus primeros años y de su educación nada se sabe. El primer dato seguro es que a los 17 años —alrededor de 1562— pasó a la Nueva España con un tío suyo. El día de San Juan, 24 de junio de 1565, Mendoza abrazó el hábito de San Agustín en el convento de México y en ese virreinato permaneció durante catorce largos años hasta que en 1573 volvió a la Península. Poco después empezaría a cuajar en la Corte la idea de enviar una embajada al emperador de China Wan–li, y ya en 1580 Felipe II ordenó a los oficiales de la Casa de la Contratación que comprasen todos los regalos indicados por fray Juan en un memorial dedicado a tales efectos.
Sin embargo, el proyecto de embajada fue puesto en entredicho en México y las dudas surgidas bien pudieron haber aconsejado cordura al monarca prudente por antonomasia. Sin embargo, el motivo principal de su cambio de actitud se debió a la oposición frontal de Portugal. De regreso en Madrid, fray Juan fue enviado por asuntos de su Orden a Roma, donde entró en 1584 al servicio del cardenal Filippo Spìnola como maestro en Teología.
Hasta siete veces cruzó el Atlántico este hombre religioso y súbdito de la Monarquía Católica que fijó su residencia en lugares tan diversos como México, Italia o Nueva Granada.

El libro:
Historia del gran reino de la China. Historia de las cosas más notables, ritos y costumbres del gran reino de la China ha sido publicado por la Fundación José Antonio de Castro a través de la Biblioteca Castro. Edición de Juan Gil (de la RAE) Encuadernado en tapa dura con sobrecubierta, tiene CCCL + 660 páginas.

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Para saber más:
Juan González de Mendoza en Wikipedia.

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«Obras escogidas», de Santiago Ramón y Cajal

♦En el 170 aniversario del nacimiento de Santiago Ramón y Cajal♦

«Prólogo de Antonio Campos, Académico de la Real Academia de Medicina y Catedrático de Histología por la Universidad de Granada»

La Fundación José Antonio de Castro a través de la Biblioteca Castro publica este volumen que recoge los libros Mi infancia y juventud, Los tónicos de la voluntad y El mundo visto a los ochenta años.

Cubierta de 'Obras escogidas'

Cubierta de: ‘Obras escogidas’

Poco sabios han alcanzado el lugar de referencia que logró nuestro premio Nobel en la historia de la ciencia y la medicina. No solo por su vital aportación para el conocimiento del sistema nervioso sino por esa curiosidad sin límites que le lleva a explorar en terrenos como el dibujo, la fotografía o la escritura.
De ahí su habilidad para trasladarnos al paisaje de su niñez y juventud en sus primeras memorias o su capacidad para reflexionar sobre los retos de los jóvenes científicos en los Tónicos de la voluntad. Una cabeza privilegiada que sigue interpelando al lector actual como nos revela El mundo visto a los ochenta años, donde Cajal aborda las limitaciones y consuelos de la vejez como panorama certero al que la mayoría estamos abocados.

El relato autobiográfico de Cajal en Mi infancia y juventud (1901) nos lleva del humilde pueblo de Navarra donde pasó su niñez a los años de formación en Zaragoza y su acceso a la cátedra universitaria en 1884. Sus padres, maestros y profesores, sus aficiones por la naturaleza, la pintura y la gimnasia, su profundo sentido patriótico y otros avatares forman buena parte de este ameno recorrido vital, con las campañas carlistas en Cataluña o la guerra en Cuba como telón de fondo. Una narración que nos permite ver cómo el joven se va convirtiendo en hombre.

En Los tónicos de la voluntad (1899), apasionante ensayo basado en su discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, Cajal pretende orientar al investigador principiante y, como buen positivista, advertirle sobre la necesidad de apoyar sus trabajos en la observación, la experimentación y el razonamiento inductivo y deductivo. Su formación autodidacta le lleva a comprometerse con las nuevas generaciones, a las que trata de animar en su servicio a la comunidad. Sus reflexiones abordan la necesidad de fortalecer la fe en uno mismo o revalorizan la filosofía como excelente ejercicio para el hombre de laboratorio. Un camino, el del investigador a comienzos del XX, solitario y casi épico, en el que cada logro suponía un reconocimiento social desconocido hasta entonces. Asimismo, delibera sobre el patriotismo propio del espíritu noventayochista, para concluir desarrollando unas estimulantes propuestas que remedien las deficiencias de la ciencia española y señalando las responsabilidades que debe asumir el Estado con la investigación científica.

Autorretrato de Cajal en su laboratorio de Valencia, tomado aproximadamente en 1885Credit...Santiago Ramón y Cajal

Autorretrato de Cajal en su laboratorio de Valencia, tomado aproximadamente en 1885Credit…Santiago Ramón y Cajal

En 1934, cinco meses antes de su muerte, don Santiago publica El mundo visto a los ochenta años. “La vejez ahora, apunta Antonio Campos en su ameno prólogo, es el futuro cierto de una gran mayoría de seres humanos”, de ahí la pertinencia de esta obra en nuestros días. Un ensayo en el que Cajal aborda tanto las tribulaciones físicas del anciano (el insomnio, la arteriosclerosis, las alteraciones de la memoria…) como los consuelos que le proporcionan la escritura, el retorno a la naturaleza o la lectura de los clásicos. «La curiosidad y el ansia de renovación» apunta el sabio en cierto momento, retrasan las «metafóricas arrugas del cerebro». De esta manera, sigue manteniendo su fe insobornable en la ciencia positiva que fundamenta la biología de la vejez, y nos revela su regeneracionismo militante y una honda preocupación por la patria. Además, recomienda que el octogenario mantenga una dieta higiénica (“el cerebro y el estómago son dos competidores egoístas”) y esquive los debates políticos. Una invitación para que el lector contemporáneo descubra el camino de su propia vejez.

Pongo el ENLACE a un artículo firmado por Joanna Klein en 2017 y que publicó el periódico The New York Times titulado ‘Santiago Ramón y Cajal, el hombre que dibujó los secretos del cerebro’.

El autor:Santiago Ramón y Cajal
Pocos sabios han alcanzado el lugar de referencia que logró Santiago Ramón y Cajal (Petilla de Aragón 1852-Madrid 1934) en la historia de la ciencia y la medicina. No solo por su vital aportación para el conocimiento de la estructura, función y patología del sistema nervioso que culminaría con la concesión del Premio Nobel en 1906 sino por esa extraordinaria curiosidad que le llevó a profundizar en disciplinas como el dibujo, la fotografía o la escritura. Sus artículos, memorias y ensayos siguen haciéndonos reflexionar y nos llevan a reconocerlo como una de las grandes figuras del pensamiento español.

El libro:
Obras escogidas. Santiago Ramón y Cajal ha sido publicado por la Fundación José Antonio de Castro a través de la Biblioteca Castro. Encuadernado en tapa dura con sobrecubierta, tiene 660 páginas.

Como complemento pongo un vídeo con una entrevista a Antonio Campos, prologuista de las Obras escogidas de Santiago Ramón y Cajal.

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Para saber más:
Santiago Ramón y Cajal en Wikipedia.
Santiago Ramón y Cajal en el Instituto Cervantes
El legado Cajal en el CSIC.

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