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«Irene de Atenas», de Álvaro Lozano

«¿Fue un acto de crueldad que la basílissa Irene quitara los ojos a su hijo Constantino para evitar que le arrebatara el trono de Bizancio?»

Del 12 al 14 de noviembre se celebró, con un gran éxito, en la ciudad jienense de Úbeda el Certamen Internacional de Novela Histórica ‘Ciudad de Úbeda’ y uno de los autores invitados fue Álvaro Lozano al cual pude entrevistar para el blog.

Cubierta de 'Irene de Atenas'

Cubierta de: ‘Irene de Atenas’

Irene nació el 752 y falleció el 9 de agosto de 803, un año después de su destierro a la isla de Lesbos; conocida también como Irene de Atenas, fue emperatriz de Bizancio, fue esposa del emperador León IV y madre de Constantino VI, durante cuya minoría de edad (780-790) asumió la regencia. En 792 fue asociada al trono por su hijo y, más tarde, asumió el poder en solitario entre 797 y 802.
Irene era famosa por su belleza. Contrajo matrimonio con el emperador León IV. Cuando este murió, el 8 de septiembre de 780, Irene asumió la regencia en nombre de su hijo Constantino, que tenía solo 10 años de edad. Durante los 11 años siguientes, la emperatriz fue la única gobernante efectiva del Imperio bizantino. Quiero hacer un poco de historia porque me ha sorprendido muy agradablemente la gran base histórica que tiene el libro de Álvaro Lozano.

Su decisión más importante fue permitir la restauración del culto de las imágenes, que había sido prohibido por León III el Isaurio en 726. Irene siempre había sido partidaria de los iconódulos, aunque se había visto obligada a renunciar públicamente a sus creencias en vida de su marido. Nombró patriarca de Constantinopla a Tarasio, su antiguo secretario, y convocó dos concilios. El primero comenzó el 17 de agosto de 786 en la iglesia de los Santos Apóstoles de Constantinopla, con la asistencia de delegados tanto del papa Adriano I como de los patriarcas de Alejandría, Antioquía y Jerusalén, pero debió interrumpirse debido a la oposición del ejército. El segundo tuvo lugar en Nicea en septiembre de 787, se celebró con éxito y declaró herética la doctrina iconoclasta, aunque se especificó que los iconos solo podían ser objeto de veneración y no de adoración. El éxito del concilio, conocido como el II Concilio de Nicea, supuso la reunificación con la Iglesia de Occidente.

«La vida de Irene sólo es posible comprenderla
si se entiende su época.»

En 790, Irene decretó que ella tendría siempre prioridad en el gobierno frente a su hijo Constantino, que ya era adulto. Esto convirtió a su hijo en el principal foco de oposición contra el gobierno de Irene, y se urdió una conspiración para deponer a la emperatriz. Sin embargo, la conspiración fue desbaratada por Irene, quien castigó a los culpables, encarceló a Constantino y obligó al ejército a jurarle fidelidad. Mientras que en la parte europea del Imperio, donde predominaban los iconódulos, lo consiguió sin problemas, los soldados de Asia Menor se negaron y comenzaron una revuelta que culminó con la proclamación de Constantino VI como único emperador.

Irene de Atenas, representada en un icono bizantino hallado en Venecia.

Irene de Atenas, representada en un icono bizantino hallado en Venecia.

Sin embargo, tras una serie de fracasos militares, Constantino decidió devolver el poder a su madre, quien fue confirmada como emperatriz. Ante esto, la facción iconoclasta tramó colocar en el trono al césar Nicéforo, uno de los cinco hermanos del anterior emperador, León IV. La conspiración fue descubierta: Nicéforo y Constantino —era el 19 de agosto de 797 y Constantino tenía 26 años—, fueron cegados y a los otros cuatro tíos de Constantino, que habían tomado parte en ella, se les cortó la lengua. Constantino falleció poco después. ¿Es crueldad, o aquella época era un mundo feroz en el que los castigos se articulaban según un código de mutilaciones? Evidentemente no podemos juzgar con los ojos de hoy las acciones de hace más de mil doscientos años. 

Tras morir Constantino, Irene se convirtió en la primera emperatriz en la historia del Imperio bizantino en ocupar el trono no como consorte o regente, sino en su propio nombre. En el año 800, ante la ausencia de un emperador varón en el trono de Constantinopla, y por razones de propia conveniencia, el papa León III coronó a Carlomagno como Emperador. Según algunas fuentes, en el verano de 802, el nuevo soberano envió embajadores a Constantinopla proponiendo matrimonio a Irene. Para Irene pudo haber sido la oportunidad de consolidar su inestable posición en el trono de Constantinopla. Según el cronista Teófanes, único que refiere la historia de esta negociación matrimonial, los planes de boda fueron frustrados por uno de los favoritos de la emperatriz.

En octubre de 802, una conspiración depuso a Irene y colocó en el trono a Nicéforo I, que había sido su ministro de finanzas. La emperatriz fue desterrada a la isla de Lesbos, donde murió un año más tarde. 

«Con gran merecimiento Irene de Atenas, fue una de las novelas finalistas en el Premio Edhasa Narrativas Históricas 2021.»

Con gran pulso narrativo y un estilo reflexivo y pausado, pero a la vez potente, merecedor de los mejores ecos de Memorias de Adriano, Irene de Atenas es el relato en primera persona de uno de los emperadores más poderosos del Imperio. Históricamente reconocida por gobernar en tiempos convulsos, su reinado llevó al fin del primer periodo iconoclasta en Bizancio y fue testigo del surgimiento del poder carolingio en Occidente y del apogeo del califato abasí de Bagdad. Pero, además, Álvaro Lozano, en ésta su primera novela, consigue como pocos recrear al personaje por dentro, desde su conciencia, con una relación mujer-poder-maternidad en el entorno hostil de la Constantinopla del siglo VIII que fluye hasta lo más recóndito del corazón del lector.

Lee y disfruta de las primeras páginas de la novela.

El autor:Álvaro Lozano
Álvaro Lozano (Sevilla, 1985) es licenciado en Medicina por la Universidad de Sevilla. En 2010 se trasladó a Madrid para especializarse en cardiología y reside allí desde entonces. A pesar de su formación como médico, nunca abandonó dos de sus grandes aficiones, la literatura y la historia, y ha centrado su interés en esta última en el olvidado y en gran parte desconocido periodo bizantino. Fruto de sus dos grandes pasiones y de un riguroso trabajo de investigación centrado en las fuentes de la época surge su primera novela, Irene de Atenas.

El libro:
Irene de Atenas ha sido publicado por la Editorial Edhasa en su Colección Narrativas históricas. Encuadernado en tapa dura con sobrecubierta, tiene 354 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Como complemento pongo un vídeo en el que Álvaro Lozano nos habla de su novela Irene de Atenas.

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Para saber más:
https://twitter.com/lvaroLozano8

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«El dios que habita la Espada», de José Soto Chica

♦PREMIO EDHASA NARRATIVAS HISTÓRICAS 2021♦

«Somos hijos de un Dios furioso.
Un Dios que habita en una espada»

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Cubierta de 'El dios que habita la espada'

Cubierta de: ‘El dios que habita la espada’

Si estas frases las dejamos así, el interesado en la lectura del libro no sabría a que se refiere el autor con el título del libro y las frases, pero afortunadamente este nos saca de dudas al final del libro cuando dice: “El dios principal de los antiguos godos antes de que se convirtieran al cristianismo arriano era Guton, «el Furioso», un dios guerrero e implacable que, en mi opinión, al instalarse los godos en las regiones ribereñas del mar Negro, terminó reconfigurándose como Tiwaz, «el Dios que habita en la espada».
José Soto Chica es ante todo historiador, y nos cuenta que entre octubre de 2019 y octubre de 2020 estuvo trabajando intensamente en un ensayo sobre la historia del pueblo visigodo: Los visigodos. Hijos de un dios furioso (editorial Despertaferro, 2020) fruto de un trabajo de investigación de veinte años de una época poco conocida: la edad oscura o la Antigüedad tardía de la que las fuentes literarias y documentales de las que se dispone son escasas, parcas y confusas y, a menudo, contradictorias, que el autor comparte con los lectores al final del libro.
En palabras del autor, esta novela es muy fiel a los hechos. Lo que aquí se cuenta es, en su mayor parte y por increíble que parezca, cierto. La mesa y el anillo de Salomón, las descripciones de batallas, de ciudades, de paisajes, la fauna y las costumbres son totalmente correspondientes a la realidad histórica; y también lo son las conjuras y tramas políticas puestas en marcha por Gosvinta y Leovigildo. También hay personajes surgidos de la imaginación del autor siendo los principales Valtario y Lucila. La novela comienza en el año 568 y termina con la firma de las actas del III Concilio de Toledo de 589 por parte de Recaredo y la reina Baddo.

Pero Valtario no puede olvidar. Ahora Valtario es el nuevo señor. Valtario, hijo de Walia, hijo de Ariarico, hijo de Cniva, hijo de Aorico, hijo de Valtario, hijo de Saros, hijo de Teudón, hijo de Vidar… Y todos, todos y cada uno de ellos, hijos del Dios furioso.

En el año 568, Hispania, prácticamente olvidada por el Imperio romano y habitada por diversos pueblos debilitados y enfrentados entre ellos, es una tierra peligrosa en la que imperan el caos y la batalla.
Pero Leovigildo tiene un sueño: un reino fuerte y unido, con un único rey y una única ley igual para todos. Un reino en paz para sus hijos, Hermenegildo y Recaredo. Aunque sólo Valtario, señor de la guerra implacable y mortal, cree en principio en el sueño del rey. A su alrededor, todo serán conjuras, traiciones y revueltas, que incluso le llegan desde el lecho conyugal, pues su esposa, la reina Gosvinta, tan cruel como inteligente, planea un futuro muy diferente.

Viven una edad oscura, tiempos convulsos, a caballo entre el dios cristiano y el antiguo dios de los godos, el dios furioso, aquel que habita en la espada…

Es ésta una novela de sangre, mucha sangre, guerras y miedos, de espías y conjuras, pero también de fe, amor y esperanza. José Soto Chica, historiador consolidado y conocido, consigue, con El dios que habita la espada, una obra vibrante a la par que meditada, de prosa ágil y tremendo pulso narrativo, donde nos narra una época de la historia de España que aún hoy permanece, en parte, desconocida: el reinado de Leovigildo, primer rey de Hispania. Y lo hace con el corazón en la mano, descubriéndose como un impecable narrador del alma humana, con sus grandezas y sus miserias.

Lee y disfruta de las primeras páginas de la novela.

José Soto Chica

José Soto Chica

El autor:
José Soto Chica (Santa Fe, Granada,1971) fue militar profesional y estuvo destinado a la Misión de Paz de la ONU (UMPROFOR) en Bosnia Herzegovina. Un accidente con explosivos le costó una pierna y lo dejó ciego, lo que le llevó a reencauzar su vida hacia su verdadera pasión: la historia. En la actualidad es doctor en Historia Medieval y profesor contratado doctor, además de investigador del Centro de Estudios Bizantinos, Neogriegos y Chipriotas. Es autor de las monografías Bizancio y los sasánidas (2012), Bizancio y la Persia sasánida: dos imperios frente a frente (2015), Imperios y bárbaros. La guerra en la Edad Oscura (Despertaferro, 2019), y Los visigodos. Hijos de un dios furioso (Despertaferro, 2020), así como coautor de la edición, traducción y estudio de La Didascalia de Jacob.
En 2021 publica en Edhasa El dios que habita la espada.

El libro:
El dios que habita la espada ha sido publicado por la Editorial Edhasa en su Colección Narrativas históricas. Encuadernado en tapa dura con sobrecubierta tiene 526 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Como complemento pongo un vídeo en el que Gonzalo Altozano de #DiálogosAcademiaPlay entrevista a José Soto Chica sobre su libro de los Visigodos.

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Para saber más:
https://www.facebook.com/josesotochica

El reino Visigodo en Wikipedia.

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