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“Ciudad sumergida”, de Marta Barone

♦Premio Letterario nazionale Elio Vittorini♦
♦Nominado al LXXIV Premio  Strega♦
♦Finalista de los Premios
Città di Moncalieri
y Severino Cesari♦

«‘Ciudad sumergida’ es la historia de un hombre, de su entorno y sus afiliaciones, es su vida visitada con amor y pudor por una hija, Marta Barone, para quien el mundo se mide y construye a través de la palabra leída y escrita.»

Cubierta de 'Ciudad sumergida'

Cubierta de: ‘Ciudad sumergida’

“El muchacho corre en la noche. Corre a través de la ciudad, corre en la ciudad sin fin. Mañana cumplirá veintiocho años, va en pijama, descalzo, y está completamente manchado de sangre que no es suya. Es la noche de Navidad. La ciudad duerme bajo la lluvia, inconsciente, sin memoria, las persianas bajadas y los postigos cerrados. Todo es imposible.
[…] Es inocente. Tiene miedo. Todavía no sabe nada, ya lo sabe todo, para siempre. 
El muchacho corre en la ciudad de piedra.”  [Pág. 24]
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Un recuerdo el de Marta –autora y coprotagonista– que tiene sus raíces en la historia de su padre Leonardo antes de su llegada al mundo y se entrelaza con la historia de Italia, concretamente de los años setenta en la Turín de luchas políticas y reivindicaciones obreras. La narración arranca cuando el padre ya no está, con el hallazgo casual de una memoria procesal escrita en defensa del progenitor que a principios de los 80 había sido juzgado, luego absuelto en la Corte Suprema, por participación en una banda armada por haber tratado como médico, un militante de Primera Linea resultó herido. Será este descubrimiento el que hará que Marta se plantee nuevas preguntas sobre la identidad de su padre, desandando con una minuciosa excavación en el tiempo a base de testimonios, recuerdos de amigos, familiares y compañeros de fiesta,

La novela se divide en tres partes. Laguna y Concha, la segunda y la tercera, tratan de la reconstrucción de la vida de L.B. más o menos cronológicamente y por tanto el éxito de la empresa, junto con el fracaso, el desorden, la incapacidad y la entrega ante detalles imposibles de conocer. La primera, La primera Kitezh, presenta sin reservas el alcance de la empresa de Marta: el material al que nos enfrentamos es impalpable, invisible, legendario como la ciudad del mito; ¿Cómo se las arregla para reconstruir una vida entera? ¿Cómo puede uno literalmente volver sobre sus pasos y estar satisfecho con la búsqueda de la verdad sobre el hombre y sus acciones?

«Esta novela trata sobre la distancia que separa a los padres de los hijos: unas memorias familiares, una apasionada mirada a la literatura y el retrato de uno de los episodios más violentos de Italia.»

Sinopsis de la editorial.
El joven corre bajo la lluvia, descalzo, cubierto de una sangre que no es suya. Llamémoslo L.B. y acerquémonos a él a través de los acontecimientos que le condujeron a esa noche. Nos guía la voz de una joven fuerte, solitaria, apasionada por la literatura, y esta novela es el recuerdo y la crónica de cómo se enfrentó a la muerte de su padre, lo que quedó del vínculo con él, y al descubrimiento tardío del caso judicial que le llevó a prisión. ¿Quién era L.B., ese médico de la clase trabajadora que estaba del lado de los perdedores, que siempre intentaba salvar a alguien, que fue condenado por colaboración con banda armada? ¿Por qué nunca quiso hablar del pasado? Testimonios, archivos y carpetas, recuerdos y revelaciones componen el retrato de una persona complicada y contradictoria que vivió una época complicada y contradictoria. Turín es el telón de fondo de la lucha política diaria y de la violencia que destruyó el sueño de un mundo nuevo, dejando un legado de desilusión y ruina. Esta novela, la revelación literaria del año en Italia, es la historia de un hombre, de su entorno y sus afiliaciones, es su vida visitada con amor y pudor por una hija, Marta Barone, para quien el mundo se mide y construye a través de la palabra leída y escrita.

Lee y disfruta de un fragmento de la novela.

© Georgette Pavanati

©Georgette Pavanati

La autora:
Marta Barone nació en 1987 y estudió Literatura Comparada en la Universidad de Turín . Ejerce como traductora y ha escrito tres libros infantiles con Rizzoli y Mondadori –no traducidos al español–. Ciudad sumergida es su debut en el panorama literario para adultos y ha sido uno de los debuts novelísticos más elogiados por parte de la prensa del 2020. Ha sido nominada al Premio Strega y al Premio Strega Giovanni.

El libro:
Ciudad sumergida (título original: Città sommersa, 2020) ha sido publicado por el Sello LITERATURA RANDOM HOUSE en su Colección Literatura Random House. Traducción de Xavier González Rovira. Encuadernado en rústica con solapas, tiene 296 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Como complemento pongo un vídeo en italiano en el que Marta Barone nos habla de su novela Città sommersa.

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Para saber más:
https://martabarone.com/
https://www.facebook.com/marta.barone
https://twitter.com/marta_barone_
https://www.instagram.com/marta_barone_/

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“El aroma de los libros”, de Desy Icardi

«El aroma de los libros rinde homenaje a los libros usados, que han pasado ​​de mano en mano, de casa en casa. Libros que en su interior huelen a aquellos que los han leído y experimentado de verdad. Libros que por lo tanto parecen tener algo para dar a cambio»

Cubierta de 'El aroma de los libros'

Cubierta de: ‘El aroma de los libros’

La autora, Desy Icardi, ha escrito para nosotros un artículo en el que explica el nacimiento de la idea que dio origen a la novela.
En los primeros veinte años de mi vida, consideraba la lectura «un hecho», un hábito cotidiano que llevaba a cabo con placer, pero sin darle demasiada importancia, algo así como dormir y comer, actos de cuya necesidad nos damos cuenta tan solo cuando faltan.
La lectura era un lujo que daba por sentado hasta que, debido a una enfermedad, mi vista empezó a menguar.
A medida que la enfermedad progresaba, mi nariz se acercaba inexorablemente a las páginas, y cuando aplastarme contra el papel ya no fue suficiente, empecé a leer al estilo de Sherlock Holmes, con la ayuda de una lupa.
De ser un mero hábito, la lectura se convirtió en un placer incalculable que tan solo podía permitirme en pequeñas dosis y que, día a día, se me iba haciendo cada vez más agotador y valioso.
Cuando la escasa visión residual estaba a punto de obligarme a rendirme, mi «carrera» como lectora se salvó con la llegada de los libros electrónicos, que ofrecían la posibilidad de agrandar el tipo de letra para que fuera utilizable también para los lectores con discapacidad visual.

“Los números eran sus amigos, se mantenían quietos y en silencio en la página de la libreta, esperando serenamente a que ella los sumara, restara, multiplicara o dividiera. Las letras impresas en los libros, en cambio, desde hacía algunos meses la asustaban. Observadas una a una, las letras eran mansas y tranquilas exactamente igual que los números, pero tan pronto como se unían en palabras, frases y párrafos, ya empezaban a bailar, a esconderse y a escapar de su control”.  [Pág. 21-22]

La compra de mi primer libro electrónico fue fruto de infinitas elucubraciones porque, como muchísimos lectores, veía en ese nuevo instrumento un peligro potencial para los libros de papel y las librerías.
Sin embargo, el deseo de poder leer de nuevo prevaleció sobre todas mis dudas, y la lectura empezó de nuevo a hacerme compañía en el calor de la cama, en la mesa del bar o en el asiento del tranvía.
Fue precisamente en el tranvía —Turín, línea diez— donde maduré la idea sobre la que se asienta la novela El aroma de los libros.
Preguntarse si los pasajeros de tranvía y autobús se convierten en lectores para aligerar el aburrimiento del viaje, o si los lectores eligen estos medios de transporte para tener la oportunidad de leer durante sus desplazamientos es como preguntarse si fue antes el huevo o el gallina; en todo caso, los transportes públicos son salas de lectura semovientes, en las que los lectores se sientan unos al lado de otros. Hace unos diez años, los lectores digitales eran una rareza y, a veces, durante mis viajes en tranvía, podía suceder que un lector «tradicional» me hiciera preguntas sobre mi libro electrónico: «¿Es cómodo? ¿Cansa la vista?».
Inevitablemente, a mis respuestas las seguía un monólogo de mi interlocutor, acerca de los motivos por los que nunca se convertiría a la lectura digital: la fascinación de los libros como objetos, el contacto con el papel y, sobre todo, el perfume de los libros.
Me percaté de que mis compañeros de viaje nunca hablaban de olor, sino de perfume: el aroma que inhalaban de las páginas era para ellos algo mágico y delicioso, un accesorio irrenunciable de la lectura.
Por supuesto, el perfume de los libros no era extraño para mí —¿cómo iba a serlo? ¡Durante años había leído con la nariz a pocos milímetros del papel!— y no podía evitar la evocación, con una pizca de nostalgia, de las numerosas fragancias del papel impreso: desde el aroma químico de los libros de texto hasta el perfume polvoriento y levemente almizclado de los libros antiguos.
Aunque entendía perfectamente el amor que los lectores tradicionales sentían por el perfume de los libros, sus argumentos me molestaban un poco: yo no había renegado del papel por un capricho dictado por la moda, ni tampoco por amor a la tecnología; mi elección vino determinada por una pura y urgente necesidad.
Un día, cuando la enésima lectora de tranvía pronunció su elegía sobre el perfume de los libros, mi mente desarrolló un pensamiento un tanto amargo: «El aroma de los libros es ciertamente poético, estoy de acuerdo, ¡pero por desgracia no puedo leer con la nariz!».
Fue en ese momento cuando tuve la idea de una historia, cuya protagonista poseía la capacidad de leer con el olfato.
Comencé a formularme miles de preguntas: ¿qué podía implicar semejante habilidad? ¿Cómo podría emplearse? ¿Cuál sería la reacción de las personas «normales» ante esta capacidad?
Parada tras parada, mi personaje empezó a adquirir sus rasgos, y antes de llegar al final del trayecto ya tenía un nombre, una edad y una personalidad bastante definida.
Escribir El aroma de los libros para mí no ha sido solo contar una historia, sino también y, sobre todo, recuperar el aroma de los libros. [Desy Icardi]

Pero vayamos a la novela. La historia comienza en Turín. Estamos en el año 1957. Adelina, la protagonista de la novela, es una niña muy formal y educada que procede del campo y se encuentra a sus catorce años, asistiendo a una escuela de renombre para señoritas en Turín, y vive con su tía Amalia, tan rica como prudente en los gastos, arisca y tacaña en otras palabras, que ha pasado toda su vida conservando unas propiedades adquiridas de una manera un tanto rocambolesca. Entre los pupitres del colegio, la muchacha es el hazmerreír de la clase: a su edad no parece capaz de recordar las lecciones. Su severo profesor no le da tregua y decide que la ayude en el estudio Luisella, su brillante compañera. Si Adelina empieza a ir mejor en el colegio no será gracias a la ayuda de su amiga, sino a un don extraordinario del que parece estar dotada: la capacidad de leer con el olfato.
Aunque Adelina intenta ocultar sus facultades, alguien las descubre y pretende servirse de ellas para revelar uno de los últimos secretos aún sin resolver.
En contraposición a las dos protagonistas se encuentran un erudito convertido en profesor de la escuela para señoritas, el estadounidense don Edward Kelley, y el astuto y fascinante notario Vergnano, quien se inmiscuye en las vidas ajenas para su pro¡pio y exclusivo beneficio.

Este talento representa, no obstante, una amenaza: el padre de Luisella, el notario Vergnano implicado en negocios no del todo claros, intentará utilizarla para descifrar el célebre manuscrito Voynich, el códice más misterioso del mundo y que juega un papel primordial en El aroma de los libros.

“El notario extrajo de la falda del abrigo un volumen encuadernado en piel, de pequeñas dimensiones, y se lo tendió al reverendo.
— ¡El manuscrito Voynich! — exclamó Kelley
El reverendo empezó a hojear la copia del célebre códice”.
[Pág. 211]

El manuscrito Voynich es un códice ilustrado hallado en 1912 en la biblioteca del colegio jesuita de Villa Mondragone, cerca de Frascati, por Wilfrid Voynich, un comerciante de libros raros de origen polaco», recuerda la autora, que actualmente forma parte de la biblioteca Beniecke de libros raros y manuscritos de la Universidad de Yale. Está escrito en un idioma, o tal vez un código, que nadie ha logrado descifrar todavía, ni eruditos ni inteligencias artificiales, y se atribuye su autoría a muchos alquimistas, entre ellos a los ingleses Roger Bacon, John Dee y Edward Kelley, este último conocido por hablar con los ángeles gracias a la lengua enochiana. “En mi novela quise rendir homenaje a este fascinante alquimista, bautizando con su nombre a uno de los personajes principales, el reverendo Edward Kelley, estudioso de textos antiguos y severo maestro de la protagonista”, señala Icardi.

En un juego de referencias literarias que apasionará al lector, por esta novela desfilan algunos grandes clásicos de la literatura mundial: desde El Decamerón a Ana Karenina, desde Jane Eyre a Bel Ami, entreverados en la narración con inteligencia y astucia, para terminar en la última página le regalan Moby Dick.

Lee y disfruta de las primeras páginas de la novela.

Desy Icardi

Desy Icardi

La autora:
Desy Icardi, cuyo nombre completo es Silvia Désirée Icardi, nació en Turín, ciudad en la que vive y trabaja como formadora de empresa, actriz y redactora de contenidos. En el 2004 se licenció en DAMS (Disciplinas de Artes, Música y Espectáculo) y desde el 2006 trabaja en el teatro también como autora y directora.  Desde 2013 ha editado el blog “Patataridens”, dedicado específicamente a la comedia femenina y asumió la codirección de Facciamo la Lingua, una escuela de escritura y comunicación.
Con la editorial Fazi Editore, en 2019, publicó L’annusatrice di libri (El aroma de los libros), una novela que ha tenido un gran éxito con los críticos y el público y en febrero de este año ha publicado La ragazza con la macchina da scrivere.

El libro:
El aroma de los libros (título original: L’annusatrice di libri, 2019) ha sido publicado por la Editorial Alianza de Novelas (AdN). Traducido del italiano por Xavier González Rovira. Encuadernado en tapa dura con sobrecubierta, tiene 384 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Como complemento pongo un vídeo en el que la propia autora nos lee un fragmento de su novela L’annusatrice di libri (El aroma de los libros).

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Para saber más:
https://www.desyicardi.it/   (Web oficial de Dedy Icardi)
Enlace con la Biblioteca Beinecke de libros raros y manuscritos de la Universidad de Yale en relación al ‘Manuscrito Voynich’

El Manuscrito Voynich

 

 

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