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“Lo pasado no es un sueño”, de Theodor Kallifatides

«… Mi abuelo me tomó de la mano y nos fuimos. Él no sabía lo que yo llevaba dentro, tampoco yo lo sabía; una gran parte de mi vida transcurriría en el intento de comprenderlo…»

MaudyReseña escrita por Maudy Ventosa.

Theódoros Kallifatidis pasó a ser Theodor Kallifatides en su primer pasaporte, camino de Suecia; le sonó el nombre a derrota, porque significaba todo lo que no pudo ser ni alcanzar en su patria. Asumió que era difícil ser griego; su padre lo sabía muy bien cuando le dijo, vete hijo, no hay nada para ti aquí, dolorido por sus derrotas y sabedor de que el estigma de los padres lo acaban padeciendo los hijos… Así fue también como entendió el autor lo que era echar una piedra negra a tus espaldas. Era tirar tu corazón.

Cubierta de 'Lo pasado no es un sueño'

Cubierta de: ‘Lo pasado no es un sueño’

La Editorial Galaxia Gutenberg nos regala otra pequeña joya de Theodor Kallifatides, Lo pasado no es un sueño, su última publicación en castellano traducida del griego moderno por Selma Ancira y, si en todos sus libros nos abre el corazón y desnuda su alma, en este lo hace de manera especial. En primera persona nos narra su infancia en Molaoi, el pequeño pueblo griego que lo vio nacer; lo dura que fue su vida cuando su familia se separa y sus padres se van a Atenas. Se queda a cargo de los abuelos paternos; más tarde llega el reencuentro en la ciudad, cuando Stelios supo que no podía seguir más tiempo con ellos, indemne, después de que un grupo de chicos mayores casi le desollara la espalda con las espinas de los higos de tuna; y su adolescencia en la ciudad; el servicio militar y su salida de un país en el que no había sitio para él. Siempre rodeado de la pobreza que marca a los desheredados que tienen ideas propias diferentes del pensamiento correcto. La palabra “rojillo” iba siempre por delante, cerrando oportunidades, universidad, ilusiones, opciones de trabajo… Lo curioso es que también eso puede heredarse al revés, es decir, de hijos a padres; y a hermanos.

Es un libro sensorial, porque a aquel niñito que quería convertirse en santo, siempre le acompañaron los olores penetrantes que percibía cuando iba de la mano de su abuelo Stelios: el de la albahaca y los geranios de Monemvasía; el olor a limón del enorme bosque de limoneros donde podía perderse… Molaoi, era su patria, ese lugar donde después de la lluvia la tierra huele más hermosa; los pecados olían a jazmín y lilas; y el sabor de las almendras que tanto gustaban al abuelo; y el de la miel cuando podía ayudar a alguien a pesar de no tener casi nada que dar…

Los alemanes sembraron el terror en el pueblo; asesinaban, torturaban y arrestaban a hombres de cualquier edad, como hicieron con aquel maestro comunista. El hambre siempre presente en la población. Cuando se marchan, se queda la ultraderecha y, por contra, los comunistas. Los pueblos se van vaciando de gente que huye de la guerra civil y buscan sustento y trabajo en las ciudades, que se llenan de menesterosos y desvalidos; de viudas con hijos; de pordioseros que luchan por obtener las mejores caridades junto a las iglesias –la miseria también tiene sus reglas y categorías–; huérfanos sucios y libres; gatos, perros… Esta cohorte de pobres recibe a Theodor en Atenas. Pero están su madre, su padre, su hermano, y sus tíos y primos.

Ese niño tiene ir a la escuela con otros niños y niñas que le llaman “el bobito” por sus pantalones cortos y su dialecto del Peloponeso. Y la pobreza constante. Ni se integra ni lo aceptan, pero acaban acostumbrándose a él; tuvo un buen amigo, con el que compartió infortunio, Kostakis, porque él era bajo de estatura y todos lo miraban, mientras que yo era extranjero y nadie me veía. Su único amigo. Pero como también ocurriría más tarde, el lenguaje fue su salvación y se hizo famoso; incluso escribía cartas de amor de otros para la misma, Meri, su Meri, porque todos la amaban.

No solo aprendió a disfrutar de la belleza de las mujeres, porque nos salió enamoradizo y tuvo varias novias; abandonó y fue abandonado; también se enamoró de la lengua… El instituto fue un momento decisivo en su vida con el griego clásico, la historia y el latín, se me hacía la boca agua, sin que supiera yo por qué. Pero, sobre todo, adoraba la Gramática, que no únicamente organizaba la lengua, organizaba también el tiempo. El tiempo que es, era fue, será, ha sido y habría sido… Aprendió a mentir y a ocultar, dio su primer beso y supo por qué un amor desdichado es indispensable para hacer de un niño un hombre y se volvió ateo porque necesitamos un Dios que nos ame, no un verdugo más.

Con la adolescencia, cada vez es más difícil la adaptación a los tiempos modernos americanizados, cuando todavía las cárceles estaban llenas de presos políticos. Y sobre todo la pobreza que arrastró. Los largos meses que pasó en el servicio militar fueron terribles y estuvieron llenos de humillaciones, Esparta, Tesalónica, Rentina… se preguntaba si habría una vida para él en otro lugar. Sufría porque la emigración era una especie de suicidio.

El 27 de mayo de 1963 asesinan a Grigoris Lambrakis, médico, político y atleta. Dos semanas más tarde, él parte en tren para Suecia. No más humillaciones. Se lleva las obras completas de Kavafis y un poemario se Seferis, con un verso que decía: “Dondequiera que viajo, Grecia me hiere”. Y también tres grandes preguntas: ¿quién y por qué había denunciado a su padre con los alemanes? ¿Qué había pasado con Stelios en el pueblo? ¿Qué le había pasado a Yorgos durante el servicio militar? Encontró la respuesta a dos de ellas, pero no a la primera, aunque ya tal vez no importe porque estarán muertos… Siempre tuvo presente lo que su padre le escribía: No te olvides de quién eres. Y escribió en la lengua del país que lo acogió, porque el griego no casaba en su nueva vida, la realidad sueca tenía su propia lengua… y apareció la bonita Gunilla, con la que lleva cuarenta y dos años y se dio cuenta de que podía escribir sobre lo que conocía bien: sus propias experiencias. Y más tarde recuperó su lengua tras una visita a Grecia, a su pequeño Molaoi… pero esa es otra historia…

¿De verdad que lo pasado es un sueño? No, pero ya es hora de convivir con él sin que duela tanto.

La patria es patria y el extranjero es extranjero, pero hay veces en que el extranjero se vuelve patria y la patria, extranjero.

Es una delicia encontrarte de nuevo Theodor. Tus patrias ya no solo existen en tu corazón, tu patria es el mundo y estoy segura de que tus miles de lectores sienten que tu idioma, sueco o griego, es universal, porque la emigración, el dolor, el desarraigo, la pobreza, los sueños, el amor… es de todos. Nos llegas muy dentro y quiero compartir contigo también mi patria. Te hago un hueco, porque en mi corazón lo tienes desde hace tiempo.

Theodor Kallifatides con Maudy Ventosa

Theodor Kallifatides con Maudy Ventosa

PERSONAJES:

  • Theodorakis, leía mucho y de todo: revistas, periódicos, enciclopedias, los Clásicos ilustrados… Oscar Wilde, la profundidad de Dostoievski, la naturalidad de Knut Hamsun; Stendhal, Sartre, Nietzsche, y sobre todo Simone de Beauvoir… Aprende de Kant que su vida era más grande de lo que él veía. Es delgado y tiene las piernas torcidas. Tras las incursiones en el deporte, vuelve a lo suyo, la lectura. Y el colegio fue decisivo para él, se volvió ateo, socialista y amante de la literatura.
  • El padre, maestro de pueblo, en Molaoi. Lo echaron de la enseñanza pública inculpado de comunista. No se integró. No iba ni al café ni a la taberna. Siempre buscaba trabajo y le dolía la úlcera de estómago. Siempre fue un refugiado. Fugitivo de Turquía se volvió emigrante en Grecia. Encontró su patria en su interior. Los años no le doblaron.
  • Mamá, Antonia, no era una persona instruida; tenía veinticuatro años menos que su marido, y tres hijos varones. Se vinculó pronto al barrio en Atenas e hizo amigas. Era bella y alegre, y los amaba.
  • El abuelo Stelios cada día encendía su pipa; sus ojos están debilitados, pero su mano es fuerte. Estatura media, regordete, lento y sonriente, le gusta entrar en el café y tomarse un ouzo. Había sido emigrante en América, pero acabó como hojalatero en Epidauro Limera.
  • La tía Jrisí, hermana de la primera mujer de mi padre. Les acogió en Atenas cuatro años. Era esbelta, de rasgos bellos y con un corazón más grande que su cuerpo. Dulce, tranquila y elegante. Con buena educación, que había perdido su patria por ser griega, Constantinopla. El tío Thanasis, su marido, era alto, jovial. Era bombero y zapatero. Era de Corfú. Nunca se enojaba, ni se emborrachaba. Su hijo Antonis, nunca hablaba sin reflexionar; fue siempre el segundo, y le gustaba. Meri, su hermana, heredó de su padre el rostro sincero y la risa; de su madre los ojos dulces.
  • Stelios, hermano de Theodor, estudió en la Academia de Pedagogía y siente pasión por la música. Trabajaba de maestro.
  • Yorgos es su medio hermano y vive en Tesalónica. Doce años mayor que Theodor. Había sufrido mucho, pero la vida le compensó con un amor grande, Ioanna, de ojos dulcísimos que curó su alma. Tiene los ojos sonrientes, gris azulado, de su padre. Cabellera rubia en bucles. Un labio mutilado y el corazón herido.
  • Kostakis, su gran amigo, con el que comparte penas y alegrías. Tiene un talento insólito para las matemáticas y la física, tocaba la guitarra y dibujaba espléndidamente. Le encanta Chéjov. Era muy bajo, y eso le causaba amargura; convivía con la tristeza. Se encontraron en Suecia, pero amaba su país y su lengua y volvió. Lo mató la amargura.
  • María, tan pobre como él, pero más alegre. Su risa era serena, la continuación de su charla. Su alegría compensaba los infortunios.
  • Karólos Koun tiene la mirada magnética y abundante cabello gris enmarañado. Es el maestro del teatro y le presentó a Brecht, a Ionesco, a Beckett, a Williams, a Arthur Miller y a escritores griegos más jóvenes y devolvió a los clásicos a la realidad griega. Los alumnos lo adoraban.
  • Manos Elefthríou, nuevo alumno de la escuela de teatro que escribe poesías fuertes y tiernas a la vez, escritas con temor, veneración y respeto. Cada palabra era como una pequeña tesela en un mosaico especialmente bello. Comenzaron una amistad profunda.
  • Li hablaba cuatro idiomas y había publicado dos poemarios. Había leído muchísimo. Bonita, con abundante cabello negro azabache y ojos verdes. Casada y mayor que él… Tiene dinero.
  • Nikos, es el amigo de su hermano que siempre le protegió en el pueblo, cuando se fue su familia. Fue corredor de rally.
  • Gunilla Elizabeth, “la muchacha de la residencia estudiantil”, su mujer desde hace cuarenta y dos años. Ver su rostro cada mañana era como abrir la ventana… Desde entonces, siguen juntos, y tienen una hija, un hijo y varios nietos.

Y muchos más…

SINOPSIS de la editorial.
«Tenía ocho años cuando mi abuelo me tomó de la mano y no la soltó hasta que encontramos a mis padres en Atenas. Quién sabe qué podría haber pasado si me hubiera quedado en el pueblo. Era 1946. Principios de la primavera de 1946.Los almendros florecían uno al lado del otro y el campo estaba en su esplendor.»
Así sí empieza la novela más autobiográfica de Theodor Kallifatides y una de las más apreciadas por sus cientos de miles de lectores. Una semana antes de que Kallifatides huyera del pueblo, un grupo de fascistas con armas en la mano había obligado a toda la gente a reunirse en el cementerio. Allí se quedaron jóvenes y viejos aterrorizados mientras su infame capo los llamaba lentamente a uno tras otro para finalmente seleccionar a algunos hombres que se llevó con él. Sus cuerpos nunca fueron encontrados.
Con su característica sencillez y humanidad, Kallifatides nos narra su vida desde que abandona su pueblo natal hasta que retorna a él para recibir el homenaje de sus vecinos convertido ya en un escritor consagrado. Así descubrimos la infancia y la adolescencia en la Atenas gobernada por regímenes autoritarios, el nacimiento de la conciencia política y de clase, el descubrimiento de la sexualidad y el amor, el exilio a Suecia, la sorprendente capacidad para rehacer allí su vida laboral y formar una familia, y su trayectoria como escritor en la lengua de acogida, el sueco.

Kallifatides nos brinda otro libro magistral, para deleite de los que ya conocen su obra y de los que todavía tienen la suerte de poder descubrirla.

Lee y disfruta de un fragmento de la novela.

Theodor Kallifatides

Theodor Kallifatides

El autor:
Theodor Kallifatides griego: Θοδωρής Καλλιφατίδης (Molaoi, 1938) ha publicado más de cuarenta libros de libros de ficción ensayo y poesía traducidos a varios idiomas. Nació en Grecia en 1938, y emigró a Suecia en 1964, donde consolidó su carrera literaria. Ha traducido del sueco al griego a grandes autores como Ingmar Bergman y August Strindberg, así como del griego al sueco a Giannis Ritsos o Mikis Theodorakis. Ha recibido muchos premios por su trabajo tanto en Grecia como en Suecia, país en el que reside actualmente.
Galaxia Gutenberg publicó en 2019 su obra Otra vida por vivir, que ha merecido el Premio Cálamo “Extraordinario 2019”. En 2020, se ha publicado la obra El asedio de Troya en este mismo sello.

El libro:
Lo pasado no es un sueño (título original: Τα περασμένα δεν είναι όνειρο, 2012) ha sido publicado por la Editorial Galaxia Gutenberg en su Colección Narrativa. Traducción de Selma Ancira, 2021. Encuadernado en rústica con solapas, tiene 192 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Como complemento pongo un vídeo muy interesante con una conversación entre Theodor Kallifatides, la traductora Selma Ancira y Xavier de la librería barcelonesa Nollegiu.

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Para saber más:
Theodor Kallifatides en Wikipedia.

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“Madres e hijos”, de Theodor Kallifatides

«Mi madre es mi patria. Siempre me dijo que cuando la perdiera, perdería a mi país… pero recuerda que el primer beso que dio olía a naranja, por eso es posible que nada de eso se pierda cuando ella se vaya…»

MaudyReseña escrita por Maudy Ventosa.

Cubierta de 'Madres e hijos'

Cubierta de: ‘Madres e hijos’

Acabo de finalizar el último libro de Theodor Kallifatides, publicado por Galaxia Gutenberg, Madres e hijos, y aún tengo un nudo en la garganta y siento los ojos húmedos por la emoción de la despedida de dos personas que no saben si volverán a verse; de nuevo vivirán en países distintos –Suecia y Grecia–, a muchos kilómetros de distancia a pesar de que sus corazones están unidos por el amor y la nostalgia. Tengo sesenta y ocho años, pero soy y sigo siendo el hijo más pequeño de mi madre, escribe el autor.

Añoro la visita de Theodor a España este año para presentar su libro, seguramente uno de los más personales; le llevaré la contraria esta vez, siendo yo quien elija mis recuerdos. Tuve la enorme suerte de asistir a la presentación de los dos anteriores –publicados por Galaxia Gutenberg– también– y descubrí un escritor culto –que ama y conoce bien a los clásicos, a los que alude con frecuencia ayudándose de los mitos para apoyar sus reflexiones–; inteligente y sensible, con un enorme sentido de la ética; una persona entrañable, apacible y dulce que transmite confianza y sosiego; con un cierto aura de tristeza que quedó grabado en mi corazón. Ahora lo entiendo mejor cuando afirma el protagonista para mí el olvido es el precio que hay que pagar para seguir adelante. Él siempre será un emigrante, y sentirá como un emigrante, porque para ellos la vida siempre está al otro lado. Presiente que le ha pasado lo mismo que a su padre, que nació fuera de la muralla y se ha pasado toda la vida intentando entrar en ese recinto amurallado que simboliza una sociedad distinta. Ama Suecia, que lo acogió y donde creó una familia y ama Grecia, donde nació y vive su otra familia. Siempre ha vivido esas dos realidades y ahora, por fin, ya no se culpa por haber abandonado su país, nota que ya se ha perdonado

Theodor es el menor de tres hermanos. El mayor era hijo del primer matrimonio de su padre, querido y cuidado por la joven Antonia, su madre, que tiene noventa y dos años y su abrazo huele a limón, como en sus recuerdos. Sabe que está en casa y que ha recuperado su segundo amor, la lengua griega, y su primer amor, su madre, que es capaz de reír y llorar por la misma razón. Con su memoria intacta y con el “testamento escrito” que le dejó su padre cuando su futuro ya se había acabado, intentará rememorar su figura y llenar el enorme vacío que dejó al marcharse.

Sigue esperando a su padre, y su madre está, pero ¿por cuánto tiempo? Mi padre hizo de mí un ser humano y mi madre un escritor. Eran dos mundos distintos, paralelos, pero no excluyentes. Trabajo, deber, perseverancia por un lado; por otro existía lo inesperado, la vulnerabilidad… en el que las lágrimas no eran lo contrario a las sonrisas.

El lenguaje sencillo y directo de Kallifatides nos traslada a un pasado difícil en el que hubo hambre y penurias; mucho dolor como consecuencia del exilio al que sus ancestros se vieron abocados; las guerras, unas suyas y otras no pero que sufrían igual; la familia –a la que siempre se regresa y es sostén de sus miembros– como núcleo principal de la vida de los griegos; la injusticia y la atrocidad del encarcelamiento de un hombre bueno que ayudaba a los demás y que nunca se rindió; al amor a la docencia con el reconocimiento primero, de la labor que llevó a cabo su padre durante toda su vida, y de sus maestros como artífices, en parte, de su futuro como escritor, y que fueron su salvación tanto en Grecia como en Estocolmo, según cuenta.

El amor y la admiración impregnan cada página. A su padre, que dejó una herencia incalculable a sus tres hijos: al mayor, la ética; al mediano, su mirada; y al pequeño su amor por el conocimiento.  Y a su madre, que siempre piensa en los demás y extraña más al niño que fue que al hombre en el que se ha convertido, que prepara los mejores lukumás y bebe un dedalito de retsina, que por las noches se sienta sola a hablar con su fotografía. Afirma que ¡uno solo puede vivir la vida que su alma aguanta! Mientras el protagonista siente que lo único que nos pertenece es el pasado

Entrañable la portada del libro, que muestra la fotografía de un Theodor casi bebé en brazos de su madre. Imprescindible su lectura por la autenticidad y el consuelo de lo que significa nunca rendirse. Y tengo la impresión que también huele a limón…

Theodor Kallifatides con Maudy Ventosa

Theodor Kallifatides con Maudy Ventosa

PERSONAJES:

  • Theodor nació en Molaoi y se autoexilió de Grecia hace más de cuarenta años. Viaja a Atenas a ver a su anciana madre. Un viaje de siete días durante los cuales charlarán en el balcón, con la vista de la Acrópolis al fondo, del pasado. Sobre todo del padre, que murió hace tiempo.
  • Antonia es la madre. Hija de Stilianós Kyriazakos. Era una novia muy bonita cuando se casó con su padre, mucho mayor que ella. Ahora tiene los cabellos grises pero sus ojos siguen siendo inteligentes. Llena de vida para reír y para llorar. Y huele a limón.
  • Dimitris, ya fallecido, es el padre, nació en Trebisonda, hijo de Yorgos y Eleni. Fue el primero de su pueblo que terminó la escuela. Trabajó toda su vida como maestro. Siempre fue un demócrata. Participó en batallas sangrientas y su tiempo siempre era el futuro, o como mucho, el presente histórico. Nunca se rindió.
  • Yorgos, ya fallecido, era el hermano mayor. Amable y bienintencionado. Bueno. No podía dormir más de una hora seguida por la horrible experiencia que tuvo durante la guerra. Honorable, como su padre.
  • Stelios, el otro hermano, ahora está jubilado tras haber trabajado más de treinta años como maestro. Siempre le gustó mandar. Ahora es tan hogareño como un gato. Está casado y su hijo se llama Markus.

Y sus maestros, Pablo, que fue el primero en darse cuenta del don que se le había concedido; y Yannis Raisin, que le descubrió la gran poesía cuando le obligó a leer los poemas de Catulo; Ilían Georgio, y todos los profesores de su nueva patria; y sus mejores amigos, Yannis, poseído por el anhelo del teatro; Diagoras, director de teatro; y Jrisi, hermana de la primera mujer de su padre que siempre estaba dispuesta a ayudar… Y Atenas, y su lengua, y los lukumás, los kurabiés, los kadaif y el vino blanco griego –retsina– cuya elaboración se remonta a más de dos mil años…

Sinopsis:
A los sesenta y ocho años, Theodor Kallifatides, exiliado en Suecia desde hace más de cuatro décadas, visita a su madre de noventa y dos, que sigue residiendo en Atenas. Ambos saben que puede ser uno de sus últimos encuentros.

Durante la semana que pasan juntos, recuerdan lo que ha sido lo más importante en sus vidas con una presencia decisiva del padre, de quien Theodor está leyendo el recuento escrito que este le ha dejado de lo que ha sido su difícil existencia, desde sus orígenes como exiliado griego en Turquía, pasando por sus meses en una prisión de los nazis y su pasión por el oficio de maestro.
Se desvelan así los orígenes de una familia que atraviesa el siglo XX. Pero el libro es sobre todo un maravilloso homenaje al amor de una madre, a la que Kallifatides sabe encarnar en estas páginas de forma inolvidable, a la vez que logra transmitir una verdad universal sobre la importancia de esa figura en nuestras vidas.

Theodor Kallifatides

Theodor Kallifatides

El autor:
Theodor Kallifatides (griego: Θοδωρής Καλλιφατίδης) (Moloai, Laconia, Grecia, 1938) ha publicado más de cuarenta libros de libros de ficción ensayo y poesía traducidos a varios idiomas. Nació en Grecia en 1938, y emigró a Suecia en 1964, donde consolidó su carrera literaria. Ha traducido del sueco al griego a grandes autores como Ingmar Bergman y August Strindberg, así como del griego al sueco a Giannis Ritsos o Mikis Theodorakis. Ha recibido muchos premios por su  en su Colección trabajo tanto en Grecia como en Suecia, país en el que reside actualmente.
Galaxia Gutenberg publicó en 2019 su obra Otra vida por vivir, que ha merecido el Premio Cálamo “Extraordinario 2019”. En 2020, se ha publicado la obra El asedio de Troya en este mismo sello.

El libro:
Madres e hijos (título original: Μητέρες και γιοι, 2020) ha sido publicado por la Editorial Galaxia Gutenberg en su Colección Narrativa. Encuadernado en rústica con solapas, tiene 176 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Para saber más:
Theodor Kallifatides en Wikipedia.

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