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“Una biblioteca de verano” de Mary Ann Clark Bremer

Cubierta de: Una biblioteca de verano

Cubierta de: Una biblioteca de verano

«Arañadas tapas de un verde ajado, como de un terciopelo muchas veces expuesto a la luz.
   Tapas del color del tabaco. Y del de los corales de las islas Filipinas.
   Tapas del color de la luz del atardecer en Nueva Inglaterra —mis otros veranos—.
   Tapas con olor a cobalto, a moho dulce, a gusanos de seda, a madreselva, a coñac, a tierra mojada.
   Tapas estampadas con dos lineas de oro desvaído, en azul prusia, en blanco sucio de nieve.
   Los libros con tapas de cartón forradas con telas, y los libros de tapas flexibles para los días de tren o playa.
   Libros en miniatura (los poemas de Verlaine) y libros gigantescos (algunas novelas de Balzac).
   Libros que podía sujetar un edificio entero (por lo que dicen y cómo lo dicen).
   Ningún libro malo entre tantos libros.»

Madre mía. Como me gusta leer está página del libro, bueno todas las páginas del libro están escritas con una sensibilidad exquisita. Y sí, lo tengo que reconocer también estoy enamorado de la autora, como lo estoy de Virginia Woolf y de tantas escritoras maravillosas.

Leí con extraordinario placer, Una biblioteca de verano. Un extraordinario ejercicio de la memoria que lleva a una chica norteamericana en el año 1946 a reconstruir la biblioteca de un pueblecito francés donde pasó los veranos de su infancia, mientras reflexiona sobre el valor de la lectura y sobre las influencias que recibió de los libros que había leído y de los que le hablaron, y cómo han condicionado sus decisiones y la han consolado en sus desgracias.
Convaleciente, con heridas en el cuerpo y en el alma, la protagonista conoce el amor mientras trabaja en la reconstrucción de la biblioteca del pueblecito francés, asolado por la reciente guerra. Con tal excusa, Mary Ann nos acerca al mundo de sus escritores favoritos, como MarceProust, Daniel Defoe, Paul Valery, Wordsworth, Baudelaire, cuyas obras ella va recopilando y poniendo en manos de los habitantes del lugar.

La historia comienza literariamente a finales de la II Guerra Mundial cuando un submarino alemán hundió el barco en el que viajaba Mary Ann Clark Bremer, terrible suceso en el que murieron sus padres y en el que ella misma resultó gravemente herida. Repuesta, tras pasar una temporada en casa de su tío en el sur de Francia, vivió en Israel, tierra que dejó para instalarse posteriormente en Alemania, Francia y Suiza. Escribía a menudo, y en los años 70, ya con más de cuarenta años y animada por Friedrich Dürrenmatt, empezó a redactar sus memorias en forma de pequeñas y deliciosas novelas autobiográficas que publicaba con seudónimo, hasta hace bien poco que han empezado a ser recopiladas selladas con su propio nombre.

Estamos ante una de esas deliciosas joyas que en apenas noventa páginas reúnen todo lo que debe tener un buen libro: sabiduría, ternura, amor y muerte, enlazados con una prosa clara, sencilla, cristalina, pero repleta de poesía y vida; la verdadera vida que se cuela en cada página y asistimos así a una hermosísima y cruda búsqueda de la felicidad, del amor y de, por qué no decirlo, la supervivencia.

Mary Ann Clark Bremer

Mary Ann Clark Bremer

Mary Ann Clark Bremer nació en Nueva York en 1928 y murió en Ginebra en 1996. Hija de una familia cosmopolita, pasó parte de su infancia viajando por Norteamérica, Inglaterra y varios países del Mediterráneo. Sus padres murieron al final de la Segunda Guerra Mundial en un ataque al buque donde viajaban, y en el que también fue herida la propia Mary Ann.
Posteriormente vivió en Israel (que abandonó contrariada por su política), Alemania, Francia (donde frecuentaría el círculo de André Malraux) y Suiza. Ya en los años 70 comenzó a escribir sus memorias alentada por el escritor Friedrich Dürrenmatt: lo hizo en forma de breves novelas de un alto lirismo y una sobriedad excepcional. La dispersión de su obra, escrita en varias lenguas y publicada siempre bajo seudónimo, hasta fecha reciente, la ha convertido en una escritora secreta que ahora, finalmente, comienza a alcanzar el reconocimiento que merece.

Una biblioteca de verano ha sido publicada por la Editorial Periférica. Traducido del inglés por Laura Salas Rodríguez. Está encuadernado en rústica y tiene 88 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

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“La librería encantada” de Christopher Morley

«…y déjeme decirle que el negocio de los libros es muy distinto a otros. La gente no sabe que quiere los libros. Usted, por ejemplo. Basta con mirarlo un instante para darse cuenta de que su mente padece una tremenda carencia de libros y, sin embargo, ahí sigue, dichosamente ignorante. La gente no va a ver a un librero hasta que un serio accidente mental o una enfermedad los hace tomar conciencia del peligro. Entonces vienen aquí. »

Cubierta de: La librería encantada

Cubierta de: La librería encantada

Quien leyó La librería ambulante (título original: Parnaso en ruedas) acogerá este libro con cariño y un poco de ansiedad; y quién no lo leyó, correrá a por él en cuanto termine de leer La librería encantada.
La librería encantada es la continuación natural de La librería ambulante y naturalmente seguimos contando con el matrimonio formado por el vendedor Roger y la aventurera Helen ya con unos años más a cuestas que se acaban de asentar en el barrio de Brooklyn. En una casa antigua de la calle Gissing montan su negocio y su hogar  al que acuden, de un lado u otro de Nueva York, todo tipo de personajes singulares, incluidos jóvenes publicistas, farmacéuticos alemanes y guapísimas herederas; por no hablar de sus amigos libreros, que se reúnen allí cada poco para disfrutar la tarta de chocolate de Helen y los discursos incendiarios, y a la vez llenos de sensatez, del pequeño gran Roger.
La vida transcurre tranquila en esta librería encantadora (nunca mejor dicho) y en la placentera vida de estos personajes insólitos… pero no es así: nos encontramos justo al final de la Primera Guerra Mundial, en medio de una época convulsa, llena de avances técnicos, emociones contradictorias y mucho suspense. Porque, aunque hace tiempo que acabaron sus aventuras rurales, nuestros personajes seguirán protagonizando situaciones tan divertidas como rocambolescas en la gran ciudad, una ciudad magistralmente dibujada, con ese toque de humor refinado que ya cautivó a los lectores de La librería ambulante.

Hasta que un buen día un cierto y estimado libro “Cartas y discursos de Cromwell” desaparece… y aparece de nuevo misteriosamente como si tuviera vida propia. Acaban de contratar a Titania, una joven ayudante a la que su padre quiere dar una profesión y, bajo cuerda, hace que la contrate Roger. Pero un joven publicista aparece de improviso y se queda prendado de la chica, frecuentando la librería muy a menudo.

Y entre la sencilla historia acerca de esta obra se cuelan reflexiones, anécdotas e historias sobre libros, la vida, las guerras, el arte de fregar los platos y, ¡como no!, los libreros. Una obra deliciosa, incisiva, divertidísima y que emocionará a todos los amantes del libro y de las librerías, a cuyos propietarios va dedicada la obra en el escueto prólogo.

«Agradezco humilde y sinceramente la devolución de este libro que, tras sobrevivir a los peligros de la biblioteca de mi amigo, regresa ahora a mí, sano y salvo, en condiciones razonablemente aceptables.
Agradezco humilde y sinceramente que mi amigo no le diera este libro a su hijo como si fuera un juguete ni lo usara como cenicero para sus puros, ni para afilar los dientes de su mastín.
Cuando presté este libro lo di por perdido: me resigné a la amargura de verlo partir para siempre; nunca pensé que volvería a ver sus páginas.
¡Pero ahora que mi libro me ha sido devuelto, me siento pletórico de regocijo y gratitud! Traedme aquí al gordo marroquinero para reencuadernar el volumen y ponerlo en su lugar de honor en mis estanterías: pues mi libro prestado me ha sido devuelto.
Ahora, por lo tanto, tendré que devolver algunos de los libros que yo mismo he tomado prestados.
»

Christopher Morley

Christopher Morley

Christopher Morley nació en Haverford, Pensilvania, el 5 de mayo de 1890 y murió el 28 de marzo de 1957.  Estudió en Harverford College, donde su padre trabajaba como profesor de matemáticas. Posteriormente, se matricularía en la universidad inglesa de Oxford para estudiar historia moderna durante tres años (época que contaría en su novela autobiográfica de 1931 John Mistletoe). En 1913, de vuelta en Estados Unidos, se instaló en Nueva York y comenzó a trabajar en la editorial Doubleday. Pocos años después se convertiría, recorriendo Estados Unidos como columnista y reportero, en uno de los periodistas más prestigiosos de su época.
Su primera novela, La librería ambulante (Periférica 2012), fue publicada en 1917; en 1919 apareció su continuación, La librería encantada. Una de sus obras más conocidas, Kitty Foyle, publicada en 1939 y trasladada al cine con el mismo título (en España como Espejismo de amor); su protagonista, Ginger Rogers, obtuvo un Oscar por su papel como Kitty.
Inteligente, lúcido y sofisticado, fue un escritor de éxito y al mismo tiempo un escritor de culto. Se ha dicho de él, comparándolo con Noel Coward, que su refinamiento era indudablemente británico. Sutil humorista, dijo de sí mismo que amaba tanto a Shakespeare como al Conan Doyle de las aventuras de Sherlock Holmes. Sin embargo, sus dos grandes maestros fueron compatriotas suyos: Walt Whitman y Mark Twain. El eco de su obra se encuentra en escritores de distintos países y generaciones: de Kingsley Amis a Tom Wolfe.

La librería encantada (título original: The Haunted Bookshop, 1919) ha sido publicado por la Editorial Periférica. Traducido del inglés por Juan Sebastián Cárdenas. Está encuadernado en rústica y tiene 320 páginas.

Cómpralo a través de este enlace en Casa del Libro.

Para saber más:

http://www.christophermorley.org/

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