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«La cigarra del octavo día», de Mitsuyo Kakuta

«Etsuko me llamó hueca, dijo que estaba hueca, que era el castigo por haber matado a mi bebé. Cuando mi padre se dormía, yo lloraba…»

MaudyReseña Escrita por Maudy Ventosa.

La Editorial Galaxia Gutenberg, una vez más, ha publicado una nueva joya. Se trata de la novela de la prolífica escritora japonesa Mitsuyo Kakuta que vio la luz en 2014, La cigarra del octavo día, con una traducción excelente llevada a cabo por Yoko Ogihara y Fernando Cordobés.

Cubierta de 'La cigarra del octavo día'

Cubierta de: ‘La cigarra del octavo día’

Como la mayoría de las obras publicadas en el país del sol naciente, estamos ante una novela en la que predominan los sentimientos, sobre todo los adversos. La tristeza, la culpa, la añoranza, la soledad, la renuncia, la resignación, la venganza, la envidia… Como contrapunto, también están el amor y la entrega; y sustentando toda la trama, la maternidad y la familia como temas principales.
Otra de las notas que caracteriza la novela japonesa, perfectamente reflejadas en La cigarra del octavo día, son las costumbres, actitudes y valores de la sociedad nipona. Mitsuyo Kakuta denuncia unas relaciones familiares hipócritas, donde los hombres mienten y engañan a sus mujeres con otras más jóvenes a las que también mienten y hacen promesas falsas para seguir calentando su cama. Muestra unos modelos de hombres débiles, incapaces de tomar decisiones importantes, que se dejan llevar por las circunstancias y que son egoístas porque no renuncian a nada. Tampoco la sociedad femenina es modélica y la infidelidad marital no es exclusiva de los varones; las jovencitas mantienen relaciones con hombres casados, llegando incluso a interrumpir un embarazo por la promesa de un mañana juntos. Las madres defienden las apariencias y costumbres antes que la felicidad de sus hijas, en una sociedad donde los hombres pueden quedarse fácilmente con la custodia de los hijos varones… Todo esto, duro y cruel, la autora lo narra sin aportar dramatismo a las escenas, pero sí dejando un poso de la angustia que envuelve a la protagonista, con una cadencia lenta, sin estridencias… La madre es la que te ha tocado en suerte, te guste o no, y tendrá una gran influencia en tu vida, aunque cortes la relación con ella. El papel del padre es más secundario, pero, curiosamente, la pareja que elijes tiene mucho que ver con él; sobre todo en lo negativo.

No solo los sentimientos invaden la novela; también las emociones y sensaciones que llegan a través de los sentidos: los colores que perciben a través de la vista y que se identifican con una época de la vida amable y feliz, contemplando ese mar calmado que rodea las islas del interior que parecen flotar; la luz que lo inunda todo; o esos tonos verdes y ocres de los innumerables árboles que circundan la pequeña ciudad; la belleza de esas flores rojas de fuego que la primera vez daban tanto miedo; los olores a soja, a curry, a fideos fritos… espléndidos cuando llegan al paladar. Se pierde el pasado cuando no eres capaz de recordar y, sobre todo percibir, esos colores, esos aromas, esos sabores.

“En cuanto bajé del coche noté que no olía a nada. En ese mismo instante, desaparecieron para siempre los olores a los que tan acostumbrada estaba. Y con ellos, la luz que iluminaba la ciudad cambió inesperadamente, como si se apagara. Creo que no lloré. Tenía tanto miedo que no fui capaz de llorar. No solo habían desaparecido el paisaje y las personas que conocía: también el olor, el color, todas las cosas que me resultaban familiares…”

La cigarra del octavo día es el diario de una huida; narra la soledad de la joven fugitiva que acaba de robar un bebé que, más o menos, tendría la edad del suyo que no nació. No puede compartir sus preocupaciones con nadie ni pedir información. Solo huye. Es la maternidad que no pudo ser y que arrebata a la que la insultaba y le llamó hueca. Vive, de manera simultánea dos realidades. La de la culpa por saber que lo que ha hecho no está bien y que condena a la pequeña a vivir sin familia y, por otro lado, los momentos de plena felicidad, cuando se bañan juntas, cuando la niña la mira con sus ojitos redondos de adulta, cuando siente su respiración cálida… Son mejores que todos los que pasó con él.

La huida acaba con una renuncia a su vida y a sus bienes para mantener el anonimato cuando encuentra a mujeres que ayudan a otras que han tenido problemas con sus hijos. Crítica a esas asociaciones sospechosas de hacen proselitismo aduciendo que la verdadera felicidad solo tiene que ver con el espíritu mientras moldean la mente de los bebés y son apartadas del mundo. Vivencia de la maternidad compartida por la comunidad.

Dos protagonistas, dos narradoras en primera persona y dos tiempos, porque son dos vidas irremediablemente unidas. Incluso cuando se separan. Los psicólogos dicen que los comportamientos se contagian; no solo los positivos… por eso, afirma la joven, entiendo que una mujer pueda enamorarse de un hombre, aunque sea un mentiroso, un negligente, un indeciso. Aunque me repugna que sea sí, admito que lo comprendo desde el fondo de mi corazón…Dos mujeres que se enamoran de hombres que mienten.

Una mujer herida que busca su hijo perdido y comete un grave error, y una niña que afirma que el secuestro no fue lo que sucedió antes de aquel día, sino después…()… tenía cuatro años y estaba muerta de miedo…Fue obligada a vivir con unas personas que no sabían cómo tratar a esa chica que apareció de repente. Ella buscaba el amor y el calor de lo que perdió, pero no pudo encontrarlo. Y las cigarras, que pasan años bajo tierra y mueren a los pocos días o pocas semanas de nacer. Una vida muy corta después de esperar tanto tiempo. La que sobrevive, ¿qué ve el octavo día…?

Amor, desamor, mentiras, traiciones, acoso. Infelicidad. ¿Quiénes son los malos, la mujer obligada a abortar o el mentiroso que la engaña y promete una vida con ella; o la mujer que la acosa e insulta? Agresores o víctimas…

Las aclaraciones a pie de página ayudan a situar al lector en un país muy lejano, con unas tradiciones y costumbres distintas a las que conocemos pero que, sin embargo, plantea unos problemas de relación similares a los nuestros.

Prosa sencilla y poética que te envuelve y atrapa por la belleza que transmite; y por una tristeza que te contagia poco a poco, lentamente. Nunca había pensado que la nostalgia no solo revive recuerdos dulces, sino también amargos y dolorosos.

PERSONAJES:

  • Kiwako Nonomiya nació en Odawara. Llegó a Tokio con dieciocho años, se graduó en la universidad femenina, encontró un trabajo y se enamoró de su jefe, Takehiro Akiyama, casado con Etsuko Tsuda, que la insulta y le acosaba. Sus compañeros de universidad califican a Kiwako como honesta, amable, tranquila y alumna brillante. Es una chica muy guapa.
  • Kaoru. Kaoru-cham -diminutivo femenino- es el nombre que eligió Kiwako para ella… Tiene los ojos grandes y redondos y cuando sonríe todo se ilumina.
  • Takehiro Akiyama era el amante de Kiwako, y padre de la niña robada. Su mujer es Etsuko Tsuda, prefiere no despertar a la bebé, Erina, por las mañanas cuando lleva a su marido al trabajo. Solo son unos minutos.
  • Yasue tiene una voz chillona. Su marido, Shigeharu, fuma y es un apasionado de los videojuegos; su hija Miki pinta las paredes. Tiene las ideas muy claras y habla sin rodeos. Es una buena amiga; estudiaron juntas. Es una mujer cariñosa y amable porque siempre ha vivido en armonía con su ambiente.
  • Tomiko Nakamuya le recuerda a su madre; muestra su hospitalidad a Kiwako. Vive en una casa muy desordenada, en una zona donde casi todas han sido desalojadas. Es una mujer inexpresiva que solo habla lo imprescindible. Tiene una hija, Rieko Nakamuya.
  • KumiSawada, una joven que también va a Ángel Home; tiene el pelo hirsuto y desteñido y sus suegros le han quitado a su hijo… tal vez si hubiera sido una niña, seguiría con ella… Nació en una isla del mar interior de Seto. Se marchó a Tokio a los dieciocho años. Le gustaba dibujar y compatibilizaba su trabajo con sus clases en una escuela de dibujo. Masae es su madre.
  • Fumiyo Komura, fue acogida en Ángel Home.
  • Hajime Okidose interesa por Kiwako. Trabaja en el ayuntamiento y tiene un corazón generoso.
  • Erina Akiyama, joven estudiante que no encuentra su lugar en la familia ni en la sociedad; Estudia en la Universidad y por la tarde trabaja en un bar. Conoció a Kishida, que tiene treinta años, está casado y tiene un hijo. Siempre piensa en romper con él, porque le hace el amor rápido y luego se marcha. Y siempre miente.
  • Satomi Manabe, su primera amiga en quinto de primaria, pero acaba alejándose de ella también.

Y muchos personajes más que te están esperando…

Sinopsis de la editorial.
Agarra el pomo de la puerta. Está congelado como un trozo de hielo, una frialdad que parece advertirla de que ya no hay marcha atrás.
Kiwako sabe que los días laborables, a partir de las ocho y diez de la mañana, el apartamento no está cerrado con llave durante unos veinte minutos. No hay nadie. En este intervalo dejan solo al bebé. Sin vacilar gira el pomo.

‘No voy a hacer nada malo. Sólo quiero verlo un momento. Sólo me gustaría ver a su bebé; eso es todo. Después pondré punto y final. Lo olvidaré todo y empezaré una nueva vida.’

Kiwako pasa por encima de los futones para acercarse a la cuna. El bebé llora, mueve los brazos y las piernas. Tiene la cara roja. Kiwako alarga una mano temerosa, como si fuera a tocar un explosivo, y la mete por debajo de su espalda. Lo toma entre sus brazos. El bebé tuerce la boca; a pesar de sus ojos llorosos sonríe. Sí, claramente ha sonreído. Kiwako es incapaz de moverse, está paralizada. El bebé se ríe aún más, empieza a babear, a estirar sus extremidades con golpes secos. Kiwako lo abraza contra su pecho. Acerca la cara a su pelo suave, respira hondo para impregnarse de su olor.
Kiwako murmura como si estuviera hechizada: ‘Te protegeré. Voy a protegerte para siempre’. En sus brazos el bebé juguetea como si la reconociera, como si la consolara y al mismo tiempo la perdonara. Kiwako se ha desabrochado el abrigo para meter dentro el bebé, como si lo envolviera. Después ha empezado a correr a ciegas.
Desde ese día, Kiwako y el bebé robado vivirán una huida sin fin. La lucha desesperada de Kiwako por vivir su maternidad atrapa al lector sin que pueda abandonar la lectura hasta un final que se lee con un nudo en la garganta.

Lee y disfruta de un fragmento de la novela.

La autora:Mitsuyo Kakuta
Mitsuyo Kakuta (角 田 光 代) nacida en Yokohama, Japón, en 1967, es autora de más de cincuenta novelas, libros de cuentos y ensayos. Ha ganado trece premios literarios en su país, junto con el Naoki Prize por el libro Taigan no Kanojo (Ella en la otra orilla, Galaxia Gutenberg) y el premio Chuo Koron por La cigarra del octavo día, en 2007, que se convirtió en una serie dramática de televisión, así como en una película. El libro vendió más de un millón de ejemplares, superando de este modo a los autores más vendidos en Japón. Actualmente vive en Tokio.

El libro:
La cigarra del octavo día (titulo original: Yokame No Semi (八日 目 の 蝉 ),2007) ha sido publicado por la Editorial Galaxia Gutenberg en su Colección Narrativa. Traducción del japonés de Yoko Ogihara y Fernando Cordobés. Encuadernado en rústica con solapas, tiene 240 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro

Como complemento pongo el vídeo de la entrevista a Mitsuyo Kakuta por su novela «La cigarra del octavo día» realizada por Isabelle Piquer (La cueva del erizo).

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Para saber más:
Mitsuyo Kakuta en Wikipedia.

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