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«El anillo perdido. Cinco investigaciones de Rocco Schiavone», de Antonio Manzini

«Había algo que no cuadraba. Encima del ataúd de Verónica Guerlen Bresson se hallaba tumbado el cuerpo de un hombre. Vestido con chaqueta y corbata, zapatos de cordones y un anillo en el dedo anular.»

MaudyReseña escrita por Maudy Ventosa.

Cubierta de 'El anillo perdido'

Cubierta de: ‘El anillo perdido’

Publicado en 2018 en Palermo y ahora en España de la mano de Ediciones Salamandra, nos llegan cinco investigaciones cortas que conforman la obra El Anillo perdido, escrito por uno de los autores más importantes de la novela negra italiana, ANTONIO MANZINI. El sarcástico e irreverente subjefe Rocco Schiavone que, para muchos, es el digno sucesor del Comisario Moltalbano, se muestra ante los lectores como uno de los policías más intuitivos e incorrectos del panorama europeo, pero que es capaz de indagar en el corazón humano para mostrar todas sus miserias y debilidades.

Para el autor, los libros escritos sobre Rocco son como capítulos que forman parte de una única obra, la de la vida de este subjefe, y marcan la evolución, o involución, psicológica, existencial y temporal del personaje. Para escribir El anillo perdido, ha tenido que pensar en una interrupción temporal en la que establecerlos, a la vez que se divertía como niño con un tren de juguete.

El primer relato, El anillo perdido, da nombre al libro, y comienza cuando dos operarios se disponen a exhumar el cadáver de la bella -y putón verbenero según su hijo-, Veronica Guerlen Bresson. Don Gustavo Brionati, su amante ingeniero, dejó escrito en su testamento que quería que sus restos reposaran eternamente junto a los suyos cuando falleciera. En el suelo, ante la entrada, una rosa blanca que alguien renueva cada mes, y al abrir el panteón -imitación de El Templo de la Concordia-, los dos trabajadores observan estupefactos el cadáver que reposa sobre el ataúd de la difunta Verónica Guerlen Bresson. A partir de ahí, el esperpento está servido, con situaciones cómicas y hasta grotescas; diálogos irónicos, ácidos e incisivos, marca Rocco descreído, por supuesto.

Cástor y Pólux es el nombre de la segunda investigación. Los arquitectos Carlo Polenghi, Sandro Biamonte y Ludovico Venier llevan dos meses planeando subir al Pólux, a 4.092 metros sobre el nivel del mar. La Pascua está cerca. Alcanzan la cima y, en el descenso, Ludovico comete el error de soltarse de la cordada… ¿o no?

La tercera investigación tiene por título Y Balón al centro. Se trata de un partido de futbol que se celebra todos los años. La jefatura debe enfrentarse al equipo de los magistrados… con fines benéfico. Partido amañado, por supuesto, con unos jugadores que no dan el perfil. Casi estrafalarios los de la policía. Arranca el partido. La emoción está servida.

Sin paradas intermediases el título de la cuarta investigación. Se va a celebrar el centésimo sexagésimo primer aniversario de la fundación de la Policía Nacional. Rocco tiene que participar, según el jefe Costa, aunque tiene que acudir a una reunión de la comunidad de propietarios de via Poerio en Roma, donde está su casa. Le toca pagar un pico por la restauración de la fachada histórica del edificio. No podrá estar en dos sitios a la vez, y sonríe por tener una excusa irrefutable. En el tren viaja, Flavio Sommaruga viaja con su madre, que muere de manera fulminante. ¿Es posible que se trate de un infarto o tiene que ver con los robos que se vienen produciendo en ese trayecto de un tiempo a esta parte?

El último capítulo corresponde a El Ermitaño. En una antigua iglesia pequeña, en Valpelline, una mujer acaba de hallar un cadáver. Parece que se ha golpeado el cráneo con un escalón. Está en pijama. En las fotos que hay colgadas en la pared, el hombre muerto va vestido de cura. Rocco tiene fiebre y la nieve cubre la ciudad. Odia la Navidad.

¿Creen en algo o en alguien nuestro subjefe? Es un hombre solitario, decepcionado con la humanidad; no tolera la mediocridad y está rodeado de ella. Nadie se libra de su sarcasmo -incluso de sus insultos-, y menos sus colaboradores cercanos, en los que vuelca su malestar existencial. Los críticos coinciden en la denuncia social que subyace en sus diálogos incisivos e hirientes.

Estos cinco relatos dan buena muestra de ello y nos proporcionan un nítido retrato del protagonista: el subjefe Rocco Schiavone. Un hombre desilusionado con la vida.

PERSONAJES:

  • Rocco Schiavone, el subjefe de policía de Aosta. Siempre con su loden y sus Clarks. Un hombre solitario, intuitivo y sarcástico. No le importa caer mal.
  • Las tres únicas cabezas pensantes de la jefatura: ItaloPierron, la subispectora Caterina Rispoli y Antonio.
  • El resto del equipo los forman el agente Deruta, con más de cien kilos sobre unas piernas flacas, D´Intino, agente abruzo, Casella, la administrativa y algún otro.

El jefe es Costa.

Lee y disfruta de un fragmento de la novela.

Antonio Manzini

Antonio Manzini

El autor:
Antonio Manzini (Roma, 1964), actor, director de cine y teatro y escritor, fue alumno de Andrea Camilleri en la Accademia Nazionale d’Arte Drammatica. Ha publicado las novelas Sangue marcioLa giostra dei criceti y Sull’orlo del precipizio, así como varios libros de relatos, dos de ellos a cuatro manos con Niccolò Ammaniti. Su serie dedicada al subjefe Rocco Schiavone, recibida con entusiasmo tanto por la crítica como por los lectores, lleva más de un millón de ejemplares vendidos en Italia y se ha traducido a siete idiomas y la adaptación televisiva ha cosechado un rotundo éxito. Salamandra ha editado en español y en catalán las seis primeras novelas: Pista negraLa costilla de AdánUna primavera de perrosSol de mayo7-7-2007 Polvo y sombra.

El libro:
El anillo perdido (título original: L’ anello mancante. Cinque indagini di Rocco Schiavone, 2018) ha sido publicado por Ediciones Salamandra en su Colección Salamandra Black. Traducción de Irene Oliva Luque. Encuadernado en rústica con solapas tiene 240 páginas.

Para saber más:
Antonio Manzini en Wikipedia.

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«Las palabras que confiamos al viento», de Laura Imai Messina

«Una novela sobre el duelo y la alegría de vivir
que se ha convertido en un fenómeno internacional»

En las primeras páginas de la novela y después de una ‘Advertencia’ para la transcripción de los términos japoneses, Laura Imai Messina nos cuenta que “Esta historia está inspirada en un lugar que existe realmente en el nordeste de japón”, por lo que creo que para que comprendáis perfectamente la novela voy a hacer un poco de historia.
Corría el año 2010 cuando Itaru Sasaki no podía superar la muerte de su primo por lo que para poder sentir que seguía en comunicación con él restauró una vieja cabina telefónica y la colocó en el jardín de su casa en Ōtsuchi. Era como si a través de ese teléfono antiguo pudiera comunicarse con su primo fallecido. al año siguiente en marzo de 2011 un terrible terremoto seguido de un gigantesco tsunami arraso la costa oriental de Japón lo que causó miles de muertos, centenares solo en Ōtsuchi. Sasaki decidió entonces poner su «teléfono del viento« a disposición de todo el mundo, de modo que cualquier persona pudiera acercarse a esta particular cabina pintada de blanco y resguardada bajo las ramas de un cerezo para hablar, a través de un viejo teléfono negro sin conexión, que transporta las voces en el viento hacia sus seres queridos que ya no estaban allí. 

Y que nos cuenta la autora: “Descubrí el Teléfono del Viento en un artículo de un periódico japonés. En 2011, inmediatamente después del desastre de Tōhoku, comencé a frecuentar la red para informarme activamente. Primero vi la fotografía de la cabina en una revista, luego leí la historia de su guardián y después la del viaje que emprendían los sobrevivientes que querían hablar con sus seres queridos. Era una historia fascinante.”

Cubierta de 'Las palabras que confiamos al viento'

Cubierta de: ‘Las palabras que confiamos al viento’

La protagonista de esta novela, Yui, una joven locutora de radio, tiene un «abismo en su interior» desde la desaparición de su madre y su hija durante el tsunami. Cuando se entera de que, en una de las zonas más afectadas por la catástrofe, alguien ha instalado una cabina blanca con la puerta plegable y un teléfono negro a través del cual se puede hablar con los muertos, emprende un viaje que le permitirá no sólo hacer las paces con el pasado, sino también levantar la mirada para vislumbrar un nuevo futuro. Se trata del Teléfono del Viento y lo instaló un hombre, Suzuki-san, en un inmenso jardín de Bell Gardia colindante con un acantilado cercano a su propiedad.

Pronto Yui trabará amistad con Takeshi, un cirujano de treinta y cinco años cuya hija de apenas tres enmudeció tras la muerte de su madre. Yui y Takeshi residen en la capital japonesa y viajan regularmente hasta el jardín de Bell Gardia para visitar el Teléfono del Viento, y, mientras él llama a su mujer, ella lo observa en silencio. Y pronto también iniciarán una relación sentimental que, a la postre, acabará constituyendo un nuevo núcleo familiar para la pequeña Hana, quien recuperará la voz en el momento en que alcance la edad de comprender que la civilización ha creado rituales como el Teléfono del Viento para superar el duelo. El día que Hana levante el auricular de ese teléfono de disco no sólo recobrará la voz, sino también las ganas de vivir.

Pero Yui y Takeshi son los protagonistas de Las palabras que confiamos al viento, pero no sus únicos personajes, porque Laura Imai Messina no escatima detalles conmovedores a la hora de describir a algunos de los peregrinos que cada año viajan hasta el Teléfono del Viento para hablar con sus seres queridos. Así, por ejemplo, es muy destacable el personaje de Shio, cuyo padre, un pescador arrastrado por la ola gigantesca que «en aquel viaje desorbitado del mar a la tierra, había acabado cortado por la mitad» y con quien el chico inicia una conversación a través de la cabina. Porque lo cierto es que la autora no se ha limitado a contar tan sólo la historia de dos personas que se consuelan mutuamente, sino que despliega ante nosotros un auténtico fresco en el que se describen todas las actitudes humanas ante el mayor de los dolores: el de la pérdida de aquellos a quienes amamos con todo nuestro corazón.

Alternando capítulos narrativos con textos breves donde proporciona detalles íntimos y llenos de colorido acerca de los protagonistas, Laura Imai Messina nos ofrece un relato conmovedor sobre la necesidad del ser humano de comunicarse con quienes se han ido para sobrellevar la pérdida y el dolor que ha cautivado a miles de lectores en todo el mundo.

Lee y disfruta de un fragmento de la novela.

Laura Imai Messina

Laura Imai Messina

La autora:
Laura Imai Messina nació en Roma y desde los veintitrés años reside en Japón, donde cursó estudios de doctorado en la Tokyo University of Foreign Studies y donde ejerce la docencia universitaria. Se dio a conocer con la novela Tokyo Orizzontale y recibió una gran acogida internacional con Las palabras que confiamos al viento (Salamandra, 2022), cuyos derechos de traducción se han vendido a veinticinco idiomas y que la productora Cattleya (ITV Studios) llevará a la gran pantalla. Su prosa delicada y su visión privilegiada del país del sol naciente han convertido a la autora en una voz inconfundible del panorama literario actual.

El libro:
Las palabras que confiamos al viento (título original: Quel che affidiamo al vento, 2020) ha sido publicado por Ediciones Salamandra en su Colección Salamandra Narrativa. Traducción de Irene Oliva Luque. Encuadernado en rústica con solapas, tiene 269 páginas.

Como complemento pongo un vídeo con subtítulos en italiano de Presentazione del libro «Quel che affidiamo al vento» nel corso dell’edizione 2020 della Fiera Slovena del Libro, in collaborazione con l’Istituto Italiano di Cultura di Lubiana.

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Para saber más:
https://www.lauraimaimessina.com/
https://www.facebook.com/lauraimaimessina.writer

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