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«Diario (1887-1910 y 1911-1925», de André Gide

«DeBolsillo publica por primera vez en España la versión íntegra del monumental Diario de André Gide, considerada su obra cumbre»

Edición establecida y anotada por Éric Marty
Prólogo y adaptación de las notas Ignacio Echevarría
Traducción de Ignacio Vidal-Folch

Cubiertas de 'Diario' (1887-1910 y 1911-1925)

La editorial DeBolsillo publica, por primera vez en España, el texto completo de la obra más importante de André Gide: los cuatro volúmenes de su monumental Diario, considerado su obra cumbre. Esta edición supone la publicación integral de un monumento literario e histórico de la literatura francesa.
Configuran este proyecto editorial la publicación de cuatro volúmenes que corresponden a los distintos ciclos vitales del autor: Volumen I: 1887-1910; Volumen II: 1911-1925; Volumen III: 1926-1939; y Volumen IV: 1940-1950. Los dos primeros volúmenes, que llegan a las librerías este mes de marzo de 2021, comprenden su etapa de adolescencia y juventud (1887-1910), y su etapa en la primera vida adulta (1911-1925).

André Gide, figura central de la cultura francesa del siglo XX, además de Premio Nobel de Literatura en 1947, inició su Diario a los 18 años (4 de octubre de 1887) y lo concluyó seis días antes de fallecer (21 de noviembre de 1950) con la siguiente anotación: «No. No puedo afirmar que, al terminar este cuaderno, todo habrá de concluir… Tal vez tendré el deseo de agregar algo todavía… En el último instante, agregar algo todavía». Antes hay miles de entradas que en las que, además de narrar su día a día, Gide reflexiona sobre la importancia que tenían para él las obras inconclusas (como
inevitablemente lo son siempre los diarios).
Con la publicación de su Diario —que tuvo diversas versiones hasta que La Pleiade fijó la definitiva en 1996—, Gide transformó para siempre el género de los diarios íntimos del mismo modo que lo habían hecho personajes centrales de la cultura francesa como Stendhal, Vigny o Delacroix. De hecho, se dice que fue él quien convirtió el género en una expresión literaria con entidad propia y, en consecuencia, quien inspiró a autores como Virginia Woolf, Witold Gombrowicz y Julien Gracq. Afirma Ignacio Echevarría en la introducción:

«De Gide se llegó a decir en su momento que era el más grande de los escritores menores, y puede que sea verdad. Pero, si alguna vez lo tuvo, el veneno de la frase ha perdido con el tiempo todo su efecto. Un juicio así, en la actualidad más bien contribuye a atraer la atención sobre el autor que lo suscita. Lo que sin duda es cierto es que la obra de Gide consiste en una sucesión de obras «menores». Y que, paradójicamente, el Diario ha terminado por cobrar, en relación con todas ellas, la posición de obra mayor.»

André Gide fue uno de los exponentes más destacados de la literatura francesa de la primera mitad del siglo XX y, aunque su figura ha perdido hoy la importancia que tuvo para las generaciones inmediatamente posteriores a su muerte (incluso en España, cuya obra circulaba de un modo clandestino), su obra sigue teniendo una enorme transcendencia. Sin embargo, el tiempo ha hecho que sus libros hayan caído en el olvido —apenas siguen catalogados en el mercado español una docena del medio centenar que escribió— y que hoy se considere que su Diario es su trabajo más importante.

VOLUMEN I: 1887-1910
Este primer volumen que publica DeBolsillo incluye el diario de adolescencia que Gide descartó en la edición que publicó en 1939 en La Pléiade, además de contener el de juventud y el de la primera etapa de madurez. Así pues, arranca el 4 de octubre de 1887 y concluye el 5 de diciembre de 1910, momento en el que el autor tiene 41 años, está casado y ya ha adquirido una posición relevante dentro de la cultura francesa.
Nacido en el seno de un acaudalado matrimonio protestante, André Gide fue educado en una atmósfera rigurosamente puritana que le inculcó un sentido de la culpa y una necesidad de autojustificación que arrastró a lo largo de toda su vida. Fue un niño remilgado, huraño y hostil, y acabó siendo expulsado de la École Alsacienne por unas «malas prácticas» que podrían tener naturaleza sexual. Su padre falleció cuando él contaba once años, lo cual le dejó al cuidado de su madre, una mujer intransigente que censuraba su conducta. La aparición de su prima Madeleine, con quien establece un fuerte vínculo en la adolescencia y con quien posteriormente se casará, salvó a Gide de una juventud donde sólo imperaba el desconcierto.
En octubre de 1895, y pese a su homosexualidad desatada, Gide contrae matrimonio con esa especie de «convidada de piedra» en su vida que es Madeleine. En realidad, uno de los motivos por los que el Diario tuvo ediciones mutiladas fue por el deseo de su prima de no aparecer en las versiones públicas del mismo. A ella le horrorizaba que su vida privada estuviera al alcance de todo el mundo y Gide respetó este deseo en todas las ediciones que permitió.

Encuadernado en tapa dura tiene 928 páginas.
Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

VOLUMEN II: 1911-1925
Cuando arranca esta parte del Diario, André Gide ya ha cumplido 41 años y se encuentra a las puertas de la madurez, a la que ha tardado en llegar porque en su interior sigue habiendo una lucha entre el puritanismo y la libertad sexual. La gente le ve como un ciudadano respetable y acomodado, pero por dentro está en permanente estado de construcción. Aunque al principio su productividad literaria es pausada, a partir de 1914 empieza a publicar con asiduidad: Los sótanos del Vaticano, Lasinfonía pastoral, Corydon, Si la semilla no muere, Los falsificadores de moneda… Pero la recepción de su obra es discreta y la crítica no percibe, o al menos eso cree él, la profundidad que tiene en su conjunto. Por otra parte, en esta etapa empiezan las controversias respecto a su concepción del arte y a su alrededor surgen burlas respecto a sus pretensiones de posteridad. Es interesante, a este respecto, la tirante relación que siempre mantuvo con Jean Cocteau.
Evidentemente, este segundo volumen de su Diario deja constancia de la repercusión (escasa) que la I Guerra Mundial tuvo en su vida. Y, aunque la guerra no le afectó de un modo directo, sí que hizo que empezara a tomar conciencia política y que adoptara un rol cada vez más crítico hacia el papel desempeñado por Francia. Además, durante la guerra, Gide entra en una crisis espiritual que le lleva de vuelta a la fe católica.

Encuadernado en tapa dura, tiene 960 páginas.
Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

André Gide

André Gide

El autor:
André Gide (París, 1869-1951) fue autor de una amplia obra que abarca casi todos los géneros, incluidos el relato, la poesía, la novela, la crítica, el teatro, la literatura de viajes y la autobiografía. De austera formación protestante, en 1891 se dio a conocer con Los cuadernos de André Walter, una confesión afín al simbolismo de la época. En 1893, se sintió liberado al viajar por el Magreb y comenzó a asumir su homosexualidad. Aun así, se casó poco después con su prima Madeleine Rondeaux, un amor idealizado que supuso nuevos retos para su incesante práctica del autoanálisis.
Tras defender un vitalismo individual en Los alimentos terrenales (1897), volcó dudas y exámenes de conciencia en obras como El inmoralista (1902) y La puerta estrecha (1909). Estilista exquisito, ideó uno de los experimentos más sonados de la narrativa del siglo XX en su única novela, Los falsificadores de moneda (1925); pero no por ello dio la espalda a debates sociales y políticos. En Corydon (1924) reivindicó la homosexualidad, en Viaje al Congo (1927) atacó
el colonialismo y en Regreso de la URSS (1936) expresó su desilusión ante el comunismo que había apoyado en la estela de la Revolución rusa. Dejó constancia de su vida íntima en las minuciosas páginas de su Diario, a juicio de muchos su obra cumbre. En 1947, la Universidad de Oxford lo distinguió con un doctorado honoris causa, y ese mismo año la Academia Sueca le otorgó el Premio Nobel de Literatura.

Para saber más:
André Gide en Wikipedia.

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«Autobiografía, diarios y otros escritos», de Franz Grillparzer

«Presentación de Jordi Llovet»
«Traducción, prólogo y notas de Adan Kovacsics»
«Edición al cuidado de Ignacio Echevarría»

Por Ricardo Martínez.

Cubierta de Autobiografía, diarios y otros escritos

Cubierta de: ‘Autobiografía, diarios y otros escritos’

He aquí el mejor argumento -que siempre ha sido- para la literatura: la vida de un hombre que ha sufrido, que ha sufrido en sí todos los avatares posibles, que ha conocido las dos cimas: la que propicia la compañía de los hombres más importantes de la época (Goethe, Beethoven, Humboldt o Rossini) y la de la soledad en su sentido más puro, acaso alcanzada ésta por la incomprensión de sus propios coetáneos.
La vida de un hombre por dentro. Un hombre inteligente y brillante que, tal como no podría ser menos, también ha tenido acceso a las primicias de la vecindad de las mujeres, los secretos del amor.
Le apreciaron autores como Kafka (otro perfeccionista de la soledad) y Heine, que resaltaron en él, en su obra (esta materia de antihéroes suelen identificarse más por su resultado intelectual que por sus hazañas físicas y materiales) la sobriedad en la descripción del alma humana, la precisión de los sentimientos, la frialdad exacta de los ambientes que propician el telón apropiado donde ha de desarrollarse una forma de tragedia, tan atractiva como lectura para cualquiera de los mortales.

Austríaco, vivió entre 1791 y 1872, y su dedicación intelectual fue la dramaturgia (‘Blanca de Castilla’, ‘Safo’ o ‘Las olas del mar y del amor’), habiendo escrito incluso el libreto de una obra por expresa solicitud de su amigo Beethoven. Fue un viajero atento y pertinente en cuanto a su perspicacia para reparar en los detalles más significativos, y, en todo ello, a decir del propio Kafka, ‘fue un ejemplo desdichado al que los hombres futuros deben estar agradecidos porque él sufrió por ellos’ No pequeño ejemplo, vive Dios, recordando en ello aquella famosa frase con que se ha definido la vida del músico melancólico inglés: ‘semper dolans, Semper Dowland’

Reparemos, sin embargo, que, como hombre inteligente, hizo gala de un refinado sentido del humor en ocasiones –un recurso muy oportuno y valiente para los grandes solitarios- y es así que algunos retazos de su Autobiografía sirven para poner bien a las claras, aunque sea en pocas líneas, su genio. En 1811 escribió: “Mi cabeza parece Hungría. Materia prima en abundancia, pero faltan el esfuerzo y la industria; la materia no se elabora. Hay entre los escritores gente que semeja a los fabricantes de anzuelos de pesca en Inglaterra: a partir de una idea que otro desecharía por considerarla una masa informe, ellos fabrican treinta mil; son pequeñas, muy pequeñas, pero afiladas y finas. Por desgracia no sé hacerlo.
Una mujer que cuenta que su perro enflaqueció por una pasión desdichada
El sol de los favores regios tiene en común con el del cielo que los hombres a los que más ilumina son precisamente los más oscuros” Sólo por estos fragmentos merecería gozar de buena memoria eterna entre los escritores.
La lectura de este libro se hace en todo momento una compañía deseable: es ágil, graciosa y triste, extrovertida e íntima, amplia y sutil… Su capacidad de comunicación está en razón directa a su capacidad de sentir-observar desde un interior cultivado, siempre adecuado a cualquiera de las percepciones, éticas o estéticas, que la inteligencia pueda percibir. Uno, el lector, es fácil que se sienta enriquecido por dentro a su vez en la medida en que va siguiendo este discurso sereno, hondo, trascendente, perfectamente humano.

Es, pues, de agradecer al profesor Llovet en su serie de los Clásicos Alemanes de esta editorial, su sensibilidad por darnos a conocer los escritos, un tanto esporádicos y dispersos, inacabados, de este autor brillante y sagaz, y es una suerte reforzada el hecho de que sea un traductor tan fiable y culto como Adam Kovacsics quien nos traslade, en la traducción, un texto tan fecundo

El presente volumen brinda por vez primera en castellano la oportunidad de acercarse a una personalidad singularísima, un autor por el que Kafka sentía una intensa atracción, diciendo de él que era un «ejemplo desdichado al que los hombres futuros deben estar agradecidos porque él sufrió por ellos». Además de su célebre Autobiografía, se recoge aquí una amplia selección de sus diarios, las notas de su viaje por Grecia y Constantinopla, y sus «Recuerdos de Beethoven». A modo de anexo se da «El pobre músico», relato que ha gozado desde su publicación de una enorme y justificada popularidad, y cuyo protagonista presenta sutiles paralelismos con el propio Grillparzer.

Lee y disfruta de un fragmento del libro.

Franz Grillparzer

Franz Grillparzer. Fotografía de Victor Angerer, hacia 1870

El autor:
Franz Grillparzer (Viena, 15 de enero de 1791), nació en el seno de una familia burguesa. Hizo estudios de Filosofía, Derecho y Ciencias Políticas, y muy joven aún ingresó en la administración de Estado, desarrollando en lo  sucesivo una larga y tortuosa carrera como funcionario de la corte imperial. Su juventud fue ensombrecida por la muerte temprana de su padre y los suicidios de su hermano menor y de su madre.
Pronto destacó como dramaturgo, estrenando con éxito sus obras en el Burgtheater, pero la incomprensión del público frente a su comedia ¡Ay de quien mienta!, en 1838, lo decidió a apartarse de las tablas, replegándose en un creciente aislamiento en la vivienda de las hermanas Fröhlich, grandes aficionadas a la música, con una de las cuales –Katharina– mantuvo Grillparzer una larga relación, aunque nunca llegaron a casarse. Falleció en Viena el 21 de enero de 1872, rodeado de honores.

El libro:
Autobiografía, diarios y otros escritos ha sido publicado por la Editorial Galaxia Gutenberg en su Colección Narrativa. Presentación de Jordi Llovet. Traducción, prólogo y notas de Adan Kovacsics (2018). Edición al cuidado de Ignacio Echevarría. Encuadernado en tapa dura con sobrecubierta tiene 520 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Para saber más:
Franz Grillparzer en Wikipedia.

Vivió aquí Ludwig Van Bewthoven y Franz Crillaprzer en 1808

Aquí vivió Ludwig Van Bewthoven y Franz Crillaprzer en 1808

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