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“Exploradores. Cuadernos de viaje y aventura”, de Huw Lewis-Jones y Kari Herbert

«Una selección de historias de 70 exploradores con más de 400 ilustraciones»

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Cubierta de: ‘Exploradores. Cuadernos de viaje y aventura’

Exploradores y cartógrafos, botánicos y artistas, ecólogos y antropólogos, excéntricos y visionarios… muchos grandes viajeros han plasmados sus experiencias en las páginas de pequeños cuadernos de notas, diarios de campo y blog de dibujo. Desde las orillas del Amazonas hasta el corazón de África, desde las ruinas mayas hasta las grandes cordilleras, desde las llanuras de Mongolia hasta los sublimes paisajes helados del Polo Norte, los cuadernos de campo de estos viajeros son una forma de viajar a través del espacio y del tiempo y de participar de sus extraordinarias aventuras.

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Exploradores 2

Exploradores. Cuadernos de viaje y aventura es un compendio visual de estos viajes, con una selección de historias de 70 exploradores, algunos famosos y otros que se merecerían serlo, que muestra su trabajo más íntimo a través de sus cuadernos de viaje.
Un libro con más de 400 ilustraciones, algunas de ellas inéditas hasta ahora, que pertenecen a cuadernos de viaje que son joyas de gran valor histórico, cultural y social. En definitiva, una fuente de inspiración para los amantes de la aventura, de la historia de los viajes y los descubrimientos.

«Llevaos con vos papel y tinta −reza un consejo de la década de 1580− y escribid todos los días un diario o un recordatorio de todo lo que contribuya al conocimiento, sin olvidar ni omitir nada, para que pueda ser mostrado y leído a vuestro regreso.»

Remontémonos a unos dos siglos atrás, por ejemplo, mucho antes de la invención de la fotografía y el cine, a una época en que las observaciones del trabajo de campo volvían a casa en forma de diarios, cartas náuticas y pinturas; luego, consignados en pequeños cuadernos, todo el éxito de una empresa podría radicar en unos datos escritos con lápiz y tinta.

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Exploradores 1

En forma de relatos sobre descubrimientos científicos, descripciones de tierras lejanas y nuevas especies o experiencias que podían ampliar el conocimiento, las líneas contenidas en esos pequeños cuadernos tenían el poder de cambiar el mundo. Y, a pesar de los espectaculares avances tecnológicos alcanzados a lo largo de los siglos, hay un elemento del equipo en los bolsillos de la mayoría de los exploradores que no ha cambiado demasiado: el diario. Es la forma de registrar algo de forma permanente; un diario puede contar una historia en el caso de que un explorador no consiga regresar con vida.

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Exploradores 3

En 1585, cuando John White fue contratado como artista de la expedición de Walter Raleigh al Nuevo Mundo, también navegó con una serie de instrucciones. Sus dibujos de lo que actualmente es Carolina del Norte son las representaciones más antiguas que se conocen de la flora y la vida de los nativos americanos, razón por la cual su valor es incalculable. Otros intrépidos artistas de aquellos tiempos fueron instados a dibujar «todos los pájaros, bestias, peces, plantas, hierbas, árboles y frutos extraños». El mundo se ensanchaba ante sus ojos.

Luego hubo muchos más, que poco a poco fueron reduciendo los límites de lo que se consideraba temible y desconocido, aunque el peligro siempre estaba ahí. James Cook fue asesinado en una playa. David Livingstone enfermó de disentería y malaria y Knud Rasmussen murió por comer carne de alce en mal estado. Alexandrine Tinne recibió un hachazo y murió desangrada en el desierto; su cuerpo nunca se encontró. Sin embargo, sus diarios les sobrevivieron.

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Exploradores 4

En este libro se descubren documentos famosos y nombres legendarios (Speke, Shackleton, Humboldt, Scott, Stark, Audubon), pero lo hacen junto a una serie de personajes menos conocidos. Por ejemplo, John Auldjo, uno de los primeros hombres que subió al Mont Blanc y que dibujó unos mapas de las explosiones de lava del Vesubio exquisitos: una especie de estudio secuencial de las sucesivas erupciones.

El proceso de creación de este libro también ha sido una exploración, la búsqueda de un tesoro, mientras los autores de localizar todos esos objetos excepcionales. En oscuras bibliotecas, en colecciones privadas, en polvorientos desvanes; a veces habían pasado de padres a hijos, pudieron quedar abandonados sobre el terreno o supuestamente se habían perdido. Los diarios son nómadas.

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Huw Lewis-Jones

Los autores:
Huw Lewis-Jones es historiador especializado en el campo de la exploración y realizó su doctorado en la Universidad de Cambridge. Ha sido conservador del Instituto Scott de Investigaciones Polares y del Museo Marítimo Nacional de Londres. En la actualidad, es un premiado autor que escribe y da conferencias sobre viajes de aventura y artes visuales. Todos los años viaja al Ártico y a la Antártida como guía polar y siente fascinación por las islas remotas y los entornos salvajes. Entre sus libros figuran Ocean Portraits, The Crossing of Antarctica, The Conquest of Everest, con el que ganó el premio History del Festival de Banff Mountain, y, más recientemente, Across the Arctic Ocean.

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Kari Herbert

Kari Herbert es escritora y editora. Su trabajo se ha publicado en muchos periódicos y revistas, entre ellos el The Sunday Times, The Guardian, Geographical y Traveller. Su difunto padre fue el explorador polar sir Wally Herbert, y su primer libro, The Explorer’s Daughter, narra su infancia en una lejana comunidad del norte de Groenlandia. Su último libro, Heart of the Hero, está dedicado a los logros de las esposas de exploradores celebres. Huw y Kari están casados y viven en Cornualles.

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Robert MacFarlane

Robert MacFarlane (Prólogo) es autor de varios y premiados libros dedicados a exploraciones, viajes y paisajes, entre ellos Las montañas de la mente, Naturaleza virgen y The Old Ways and Landmarks. Su obra ha sido traducida a muchos idiomas y adaptada al cine, la televisión y la radio. En la actualidad, está trabajando en Underland, un libro sobre los mundos perdidos que hay bajo la superficie terrestre. Es miembro del Emmanuelle College de Cambridge.

El libro:
Exploradores. Cuadernos de viaje y aventura (título original: Explorers’ Sketchbooks: The Art of Discovery & Adventure, 2016) ha sido publicado por el Sello Geoplaneta  en su Colección Ilustrados. Traducción de Josep Escarré Reig, 2016. Encuadernado en tapa dura sin sobrecubierta, tiene 320 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Como complemento pongo el book trailer realizado por la editorial.

Para saber más:
Era de los descubrimientos en Wikipedia.

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“Atlas de los lugares soñados”, de Dominique Lanni (Ilustraciones de Karin Doering-Froger)

«Una exploración poética del mundo de la mano de los grandes exploradores de la Antigüedad y del siglo XVI y de los poetas, polígrafos y eruditos de todos los tiempos.»

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Cubierta de: ‘Atlas de los lugares soñados’

Si hacer algunas fechas escribía sobre el  Atlas de las ciudades perdidas, de Aude de Tocqueville publicado por Geoplaneta, en el cual descubrimos  el destino inesperado pero real de 40 ciudades actualmente desaparecidas o abandonadas, hoy escribo sobre otro libro también de lo más interesante, el Atlas de los lugares soñados de Dominique Lanni.

País de las Amazonas, reino del Preste Juan, tierra de Berbería… desde la noche de los tiempos, los lugares soñados han poblado los sueños y los relatos de los grandes descubridores. A lo largo de los siglos, ha habido marineros, exploradores y aventureros que han explicado el mundo y sus tierras lejanas poblándolas de seres míticos y legendarios.
Islas maravillosas como Citerea, la patria de Afrodita, países de Jauja como Cölquide, donde reposa el vellocino de oro, reinos salvajes habitados por monstruos como el país de los magbetus, imperios tenebrosos como el de los cimerios donde se exilian los muertos…
Este Atlas de los lugares soñados invita a una exploración poética del mundo de la mano de los grandes exploradores de la Antigüedad y del siglo XVI y de los poetas, polígrafos y eruditos de todos los tiempos.

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Taprobana

La historia de los mapas traduce con notable precisión la evolución del saber geográfico. En su misma concepción material, con sus oportunos desgarrones y sus leyendas, también dejan leer las lagunas, las dudas, los interrogantes y las certezas de los hombres. Al delimitar los territorios, indicar los mares, los ríos y, a veces, los habitantes de cada lugar, los mapas ganan en precisión gracias a los informes, las memorias y las relaciones de los exploradores. «De luengas tierras, luengas mentiras», enseña el refrán. En el mismo seno o junto a los países reales, surgidos del océano o fruto de la imaginación, aparecieron en diferentes puntos del globo o en épocas más o menos remotas, regiones, tierras, islas, continentes o reinos nimbados con un aura misteriosa, rodeados de leyendas o totalmente soñados.

«Las Hespérides eran jóvenes vírgenes que custodiaban las manzanas de oro, que iban a despertar tanta codicia y provocar la guerra de Troya.»

¿Es finito el mundo? ¿Dónde se sitúan sus márgenes? Estas preguntas animaron a los pensadores de la Antigüedad, cuyo ecúmene –el mundo conocido– tenía como límites Berbería, Libia y Etiopía al sur, la Cólquide, el Ponto Euxino, el jardín de las Hespérides en Oriente, y la isla de Tule al norte.

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Tule

En Occidente, lugares como las islas de Citerea, Ogigia y Candía o la ciudad de Troya accedieron muy pronto y de forma duradera a la condición de lugares soñados. Teatro de una guerra que tal vez no sucedió, Troya fascinó a los poetas de la Antigüedad antes de estimular con fuerza el imaginario de los mitólogos, los dramaturgos y los arqueólogos. Citerea, isla bendecida por los dioses, fue considerada durante mucho tiempo como la isla del amor; Candía, como la de los héroes y el enfrentamiento entre Teseo y el Minotauro. En cuanto a Ogigia, la isla de la ninfa Calipso, su búsqueda y localización ha promovido hermosos viajes a muchos helenistas que han surcado el Mediterráneo con la Odisea en la mano.

«Para convencer a los incrédulos, retiraron el dobladillo de sus ropajes joyas, perlas y diamantes que habían traído como preciosas reliquias de aquellas tierras del fin del mundo.»


En Oriente se ubicó la Cólquide, el país del vellocino de oro, el tenebroso territorio de los cimerios, habitantes de las galerías subterráneas. Siguiendo el testimonio de Marco Polo, consignado en El libro de las maravillas, que menciona cuantiosos portentos, riquezas infinitas y palacios de oro macizo, Catay, Cipango y las Indias hicieron soñar a más de un viajero; el sueño de uno de ellos, aliado a una enorme intuición, motivó uno de los errores más formidables y fecundos de la historia de la navegación y de los grandes descubrimientos. Sin Marco Polo, Cristóbal Colón nunca habría soñado con las Indias y nunca hubiera abierto la ruta a aquellas tierras que, para que no se desvaneciera el sueño colombino, fueron bautizadas como las «Indias Occidentales». Por último, hasta el s. XVII, Taprobana pasó por ser el lugar donde Adán y Eva vivieron y cayeron en la tentación; actualmente, la huella del pie de Adán es visible todavía en uno de los montes de la isla y aporta la irrefutable prueba al actual peregrino escéptico…

«Entre el Nilo Azul y el Atbara, el reino de Meroe fue durante siete siglos, una de las civilizaciones más brillantes de la Antigüedad.»

“Semper aliquid novi est in Africa…” dice el aforismo. Si Berbería es un espacio fantasmagórico del imaginario antiguo y medieval es porque reflejaba un África tal como ya no se volverá a imaginar a partir del siglo XVIII: un África rica, radiante y feliz. Más allá, el continente siguió siendo desconocido hasta que fue doblado el cabo Bojador, el «cabo del miedo», a iniciativa de Enrique el Navegante. Entonces reveló una tierra cristiana –el reino del Preste Juan–, un deslumbrante imperio –Meroe–, gigantescos territorios poblados por salvajes y monstruos –el Congo, el Monomotapa, el país de los mangbetus– y un reino con el suelo trufado de minas de oro –el reino de Saba–. Las tierras del continente negro no son las únicas que fascinaron a los viajeros, los cosmógrafos y los utopistas. Si las fuentes del Nilo fueron objeto de erráticas localizaciones durante siglos es porque durante mucho tiempo se consideró uno de sus afluentes, el Gihón, como un río que llevaba al paraíso…

Sin duda, el Nuevo Mundo, más que África, ha sido fértil en lugares legendarios, ya sea el país de las amazonas, El Dorado o las siete ciudades de oro de Cíbola. La irrefrenable fiebre del oro… ¡cuántas locuras y desmanes se han cometido en su nombre! Pizarro, Orellana, Olid… Nombres de solo algunos de los conquistadores que, para apoderarse de ciudades de oro que no existieron más que en la imaginación de quienes las inventaron, arrasaron a sangre y fuego aquel cuarto mundo del que Occidente tantas cosas hubiera podido aprender en materia de astronomía, de matemáticas o de botánica.
Por su lejanía extrema o relativa, los límites han sido adornados también con una función mítica y poética: en el «Extremo Occidente», en el monte Atlas, fue ubicado el jardín de las Hespérides, en los confines del mundo habitado, las islas Afortunadas; al norte, Tule, y en los márgenes de los mares del Sur, el continente Austral, que supuestamente hacía contrapeso a la masa de los continentes situados al norte del ecuador, y la Nueva Citerea, la isla hechicera en la que Bouganville y sus hombres quisieron reconocer el paraíso terrenal.

Este Atlas de los lugares soñados es una invitación a explorar estos lugares y otros, en compañía de historiadores como Heródoto, Estrabón, Diodoro de Sicilia; de viajeros como Marco Polo o Cristóbal Colón; de conquistadores como Pizarro y Orellana; pero también de novelistas, polígrafos y eruditos, como Heinrich Schliemann, Victor Bérard o Jules Hermann, lo que lo convierte en la llamada de un viajero a un periplo por lugares soñados, a veces imaginados e imaginarios, pero todos, como decía el poeta-viajero Henri Michaux en Ici, Poddema, Voyage en Grande Garabagne (Viaje a la Gran Carabaña, Au pays de la magie o Ailleurs (En otros lugares), tan «perfectamente reales».

 Lee y disfruta de un fragmento del libro.

Los autores:
Dominique Lanni es etnólogo, antropólogo y doctor en lengua y literatura francesas por la Universidad de París-IV Sorbonne. Catedrático en la Universidad de Mata, es especialista en modos de representación de la alteridad en la era clásica.

Karin Doering-Froger, ilustradora del Atlas de las ciudades perdidas (geoPlaneta, 2015), plasma su pasión por el arte participando en la eclosión de jóvenes talentos.

El libro:
Atlas de los lugares soñados (título original: Atlas des contrées rêvées, 2015) ha sido publicado por el Sello Geoplaneta en su Colección Atlas. Traducido del francés por Albert Ollé. Encuadernado en tapa dura, tiene 144 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Como complemento pongo un vídeo con el booktrailer de Atlas de los lugares soñados realizado por el editor.

catay

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