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“Mares sin dueño”, de Esther Ginés

«¿Durante cuánto tiempo se puede huir del pasado?
¿Qué precio pagamos por dejar atrás
ciertos capítulos de nuestra vida?»

Cubierta de 'Mares sin dueño'

Cubierta de: ‘Mares sin dueño’

Estos son algunos de los temas de un libro donde la naturaleza tiene mucho peso –es casi como un protagonista más– y donde Esther Ginés vuelve a hablar sobre sus obsesiones narrativas: la incomunicación, las relaciones familiares, las máscaras con las que nos ocultamos en muchos momentos de la vida… lo hace a través de una historia de dos personajes que se conocen cuando ya han recorrido mucho camino por separado y al unirse deciden mirar al horizonte dejando el pasado atrás. Sin embargo, en muchas ocasiones el pasado es parte inseparable del presente…

Creo que antes de seguir escribiendo sobre el libro deberíamos ver y escuchar el booktrailer que la editorial ha preparado sobre Mares sin dueño.

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Mares sin dueño
está ambientado en las salvajes y fascinantes islas Orcadas (Escocia), en algún momento de finales de los años 80 y cuenta el viaje de Elisa Vielba hacia estas islas, donde planea emprender una nueva vida junto a su pareja, Kylian. Él es un ornitólogo cuya vocación le ha llevado durante años a recorrer diferentes lugares del mundo, pero una interesante oferta de trabajo le hace replantearse la vuelta a casa. 

Elisa viaja a unas islas indómitas, casi despobladas, poseedoras de una belleza sólo comparable a la dureza de su clima. Al poco de llegar, casi sin tiempo para adaptarse, un hecho del pasado de Kylian sale a la luz. La sombra de algo que fue enterrado, largo tiempo evitado, cae sobre ellos.

El cómo y el porqué de esta novela nos lo cuenta la propia autora. “ Siempre he creído que cada libro que escribimos nos marca no sólo por lo que representa, sino por las circunstancias que teníamos cuando fue concebida y creada esa historia. Pocos libros se escriben con el mismo estado de ánimo: algunos se escriben desde la desesperación, otros desde la distancia, creo que todos desde la herida. Al menos, los libros que yo recuerdo, los que me han marcado. También, por supuesto, se puede escribir desde la comodidad de ser un autor reconocido, desde esa aparente tranquilidad que percibimos en los autores ya consolidados; imagino, en esa situación, la otra cara de la moneda: el miedo a no hacer algo distinto, a no estar a la altura de lo que se espera. El miedo a ser la copia del genio de antaño.
Todos esos condicionantes están en la obra, son pequeños elementos que la definen, que la hacen diferente a otros trabajos que nacen de las mismas manos. Porque nunca somos el mismo autor, estamos siempre en permanente cambio y evolución.”

Y añade, “Siempre había querido escribir sobre una isla y hablar del mar como un elemento que conecta profundamente con el alma. El mar es hermoso y oscuro a la vez, tiene periodos de calma y en ocasiones ruge como un animal herido. El mar es luz y es tinieblas, es descanso y también tumba de muchos. El mar, como el alma, esconde numerosos secretos que a veces salen a la luz, son arrastrados hasta la orilla, expulsados.
Arranqué la escritura de esta novela con una frase del escritor peruano Julio Ramón Ribeyro que me fascina:

 “También mueren los lugares donde fuimos felices”. 

La escogí, también, porque Mares sin dueño es una historia de regreso al hogar, un regreso turbulento, postergado pero al final inevitable. Es la historia de la vuelta a casa de alguien que pensó que no lo haría jamás. Hablamos, por lo tanto, de un viaje al interior (siempre recurro a esa maravillosa frase de Rilke“todo viaje es al interior”), algo que en el fondo resume la historia de la literatura. ¿Qué ficción no parte de un viaje o se asocia a él de un modo vital? 

Cuando llevaba escrita la primera parte de la novela, hecha a trompicones, asentada sobre un cuaderno con mil notas que después iba encajando frente al ordenador en mis escasos ratos libres, mis circunstancias cambiaron de repente. Terminé un proyecto laboral que tenía algunas opciones de ser continuado, pero finalmente no sucedió. En cuanto lo supe, me vino a la cabeza la idea de tomarme un tiempo para dedicárselo a la novela por completo. No era una idea, era la idea: el sueño, la obsesión, la utopía también.

 La novela era ya a esas alturas Mares sin dueñopocas veces el título me llega nada más arrancar a escribir– y me exigía una dedicación plena que un trabajo nuevo me iba a impedir dedicarle. Así que me di permiso; por primera vez en mi vida –algo que me dice que quién sabe si por última también– me escuché y presté atención a lo que yo quería en ese momento vital: dedicarle el 100% de mi tiempo a la escritura de la novela. 

El que haya podido vivir la experiencia de sentirse autor a tiempo completo entenderá lo que describo. El que no, que lo pruebe al menos una vez. Es adictivo y frustra cuando no puedes volver a hacerlo, pero merece la pena. 

Cada noche me sentaba frente al ordenador con la tranquilidad de saber que no había horarios ni más limitaciones que las de la creatividad y las famosas musas. A veces, tan sólo esas limitaciones sirven para boicotear el proceso. En mi caso, en esa ocasión, el libro fluía con tanta naturalidad que a veces me acechaba la sensación de irrealidad, como si estuviera protagonizando una película llena de estereotipos. Escribir, la mayoría de las veces, no es así.   

Sin embargo, sé que la continuidad, la constancia, es fundamental tanto en la escritura como en la lectura. No conozco ningún buen escritor que escriba o lea de forma ocasional salvo en periodos determinados y justificados. Si algo (poco) sé sobre qué define a un escritor diría que es alguien que devora libros.

El resultado de ese proceso fue una novela que ha dejado en mí un recuerdo muy preciado e inolvidable y también me ha generado el miedo a no poder repetir esa ‘vida de escritor’ en un futuro cercano (pero esa ya es otra historia…).

Esta es la tercera novela de Esther Ginés y según va publicando me afianzo más en la certeza de que es una gran contadora de historias, que te hace sentir y vibrar con cada párrafo. Desde 2013 en que publicó El sol de Argel una notable ópera prima elogiada por la prensa especializada, la sigo con interés y dedicación, y en 2017 llegó En la noche de los cuerpos, un relato desgarrador sobre los límites de la obsesión, el papel de la mujer en el mundo del arte y la expiación de la culpa. Mares sin dueño, su tercera novela en la qué, como dije al principio, la incomunicación, las relaciones familiares, las máscaras con las que nos ocultamos en muchos momentos de la vida son sus obsesiones narrativas.

Con Esther Ginés

Con Esther Ginés

La autora:
Esther Ginés (Ciudad Real, 1982) es periodista especializada en literatura y escritora. Ha trabajado tanto en prensa digital como en temas de gestión de contenidos y redes sociales, y también colabora de manera asidua con varios medios de comunicación. En el ámbito editorial, ha sido lectora de manuscritos y ha desarrollado su trabajo en departamentos de prensa. Es autora del blog literario Un día en Macondo.
En 2013 publicó su primera novela, El sol de Argel (Ediciones Carena), y ha participado en varias antologías, entre ellas Cine y Moda (Pigmalión, 2015). en 2017 publicó En la noche de los cuerpos.

El libro:
Mares sin dueño ha sido publicado por la Editorial Tres Hermanas en su Colección Tierras de la Nieve Roja. Encuadernado en rústica con solapas, tiene 247 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Como complemento pongo un vídeo en el que Esther Ginés nos habla de su novela Mares sin dueño.

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Para saber más:
https://twitter.com/esthergines

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“En la noche de los cuerpos”, de Esther Ginés

«La ilustración de la cubierta es un cuadro de Soledad Velasco

para reconocer en la sed mi emblema
para significar el único sueño
para no sustentarme nunca de nuevo en el amor
he sido toda ofrenda
un puro errar
de loba en el bosque
en la noche de los cuerpos
para decir la palabra inocente

Cubierta de En la noche de los cuerpos

Cubierta de: ‘En la noche de los cuerpos’

Han tenido que pasar cuatro años para que Esther Ginés nos presente su nueva novela. Si en El sol de Argel (2013) se podía ver la influencia de Camus, en En la noche de los cuerpos la obsesión marca la totalidad de la novela.
A partir de aquí voy a dejar hablar a Esther para que nos cuente lo que está detrás del título.
“El título, En la noche de los cuerpos viene de un verso de Alejandra Pizarnik que a mi me gusta mucho. Siento una fascinación por ese verso y aunque no tiene una relación muy directa con la historia de la novela en sí, si que me parece que hay momentos decisivos en ella que están muy vinculados a la noche, y toda la historia si que tiene ese aura de tragedia que envuelve un poco la poesía de Pizarnik.”

“La idea de En la noche de los cuerpos surge de un tema que a mi me gusta mucho que son las obsesiones, porque me parece que en el mundo artístico está dominado por obsesiones aunque algunos artistas no lo reconozcan; y quería ambientarla en el mundo del arte porque en él casi siempre entra en juego una persona más cuando hablamos del retrato, hablamos de la participación de “las musas”, véase Pablo Picasso y su relación atormentada y muy obsesiva con sus musas, o en el caso de Dante Gabriel Rossetti Elizabeth Siddal, a la que conoció como musa de John Everett Millais al ver el cuadro Ophelia, cuadro que me ha gustado siempre y que en cuanto pensé en el mundo de la obsesión me vino a la cabeza relacionar ambas historias y hacer un paralelismo entre los protagonistas de la novela y lo que vivió ese pintor con su musa.”

“Atardeceres en los que acariciamos el adorado sueño parisino de la buhardilla en Montmatre, donde por primera vez él dejó caer que necesitábamos una tercera persona en muestras obras.”      [Pág. 105-106]

“En la novela, la protagonista, Cecilia Quirós realiza una especie de desnudo suyo, una especie de confesión, una expiación de esa culpa. Decidí contar la historia de este triángulo desde el punto de vista del personaje que a mí me parecía fundamental que era Cecilia, y también porque me parecía el más gris de todos, ni blanco ni negro, ni víctima ni verdugo, sino las dos cosas. Al principio puede parecer verdugo pues ayuda a urdir todo lo relativo al secuestro de la inocente Laia Garcés, pero también es una víctima, y hay algunos momentos del libro que la vemos más cerca de Laia que de Olivier Soares. Cecilia tiene una carga narrativa muy interesante, y una característica muy especial: una lealtad muy grande a Olivier, con el que mantiene una relación muy tóxica y por el que lo ha dejado todo; por seguir el sueño-obsesión de otra persona, un sueño que acaba siendo una verdadera tragedia, pues Olivier es un “psicópata desequilibrado (página 110)”. Olivier anula a Cecilia, mantienen una relación profundamente destructiva y se puede ver un cierto paralelismo con la historia de Millais y Elizabeth Siddal.”
Al final todo acaba en un despropósito.

En La noche de los cuerpos encuentro dos partes claramente diferenciadas. La primera es la parte en la que la acción prima. Búsqueda-Encuentro-Secuestro. La segunda es más introspectiva ya que es donde se analiza el acontecimiento que cambiará la vida a los tres protagonistas. Esta segunda parte, más literaria si cabe, es donde está el meollo de la novela fruto de la reflexión de la autora sobre el arte y, en especial, la pintura.

“Una cosa me queda por resaltar: Esther Ginés es una de las mayores promesas-realidades que tiene la literatura actual en español.”

Y esto es lo que nos cuenta la editorial sobre la novela:
En esta novela Olivier es un pintor obsesionado con la idea de crear una obra que trascienda. En un momento de crisis creativa, decide buscar una musa que inspire su trabajo. Se fija en una joven desconocida, Laia, en la que ve todo lo que lleva tiempo persiguiendo. Toma la decisión de secuestrarla y convertirla así en el centro de sus obras. Es Cecilia, la que hasta ahora ha sido su musa, la que le ayuda a llevar a cabo este acto que cambiará las vidas de los tres y los unirá de un modo peligroso y adictivo. 
Contado a través de la voz de CeciliaEn la noche de los cuerpos es un relato desgarrador sobre los límites de la obsesión, el papel de la mujer en el mundo del arte y la expiación de la culpa.
El cuadro que ilustra la cubierta de este libro es obra de Soledad Velasco, pintora figurativa expresionista, y forma parte de una serie de cinco piezas inspiradas en el argumento de esta novela.

bty

Esther Ginés

La autora:
Esther Ginés (Ciudad Real, 1982) es periodista especializada en literatura y escritora. Ha trabajado tanto en prensa digital como en temas de gestión de contenidos y redes sociales, y también colabora de manera asidua con varios medios de comunicación. En el ámbito editorial, ha sido lectora de manuscritos y ha desarrollado su trabajo en departamentos de prensa. Es autora del blog literario Un día en Macondo.
En 2013 publicó su primera novela, El sol de Argel (Ediciones Carena), y ha participado en varias antologías, entre ellas Cine y Moda (Pigmalión, 2015). En la noche de los cuerpos es su segunda novela.

El libro:
En la noche de los cuerpos ha sido publicado por la Editorial Adeshoras en su Colección Novela. Encuadernado en rústica con solapas, tiene 181 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con casa del Libro.

Como complemento pongo un vídeo grabado por Esther Ginés en el que nos habla de su novela En la noche de los cuerpos.

Para saber más:
http://undiaenmacondo.blogspot.com.es/
https://twitter.com/esthergines?lang=es

John Everet Millais, Ofelia. 1851. Óleo sobre lienzo, 76,2×111,8 cm. Tate Britain. Londres

John Everet Millais, Ofelia. 1851. Óleo sobre lienzo, 76,2×111,8 cm. Tate Britain. Londres

 

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