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Entrevista a José Miguel Guallar por su novela «Once perros y medio»

«El lunes publicamos en este blog, la reseña del último libro de José Miguel Guallar, Once perros y medio publicado por Independently published. El autor no ha tenido inconveniente en contestar a las cuestiones que le planteaba esta entrevistadora que, según él, hace preguntas bordes. Juzguen ustedes…»

MaudyEntrevista realizada por Maudy Ventosa.

Maudy.- José Miguel Guallar nunca ha tenido pelos en la lengua a la hora de denunciar las contradicciones e imposturas de los seres humanos a través de su literatura. Ahora lo hace a través de Milton. ¿Es más fácil que las señale un perro?
J. M. Guallar.- Milton está a un paso de ganar algún torneo importante de póker amañado, hacer media docena de copias falsas de Tapies para gozo de nacionalistas o, en periodo de vacaciones, aprovechando ausencias, suplantar a una vecina nuestra que es terapeuta y pasar de la escucha activa a dar consejos irreverentes, de los que todos estamos esperando. No sé si es más fácil para un perro, para Milton, está en su naturaleza, como el respirar.

M.- ¿Con qué dificultades se ha encontrado a la hora de utilizar un perro como narrador de su historia?¿cómo nace esta idea?
J. M. G.- Nace de un legítimo deseo de venganza contra algunos editores. Otros, terminan siendo amigos. Escribir novela, que empieza a ser un milagro transgénero, solo hay que ver escritores con seudónimo de mujer para acceder a premios como Planeta, puede ser una tortura si decides de inicio no seguir las modas narrativas. ¿Tu narrador va a ser ¾ aquiescente?¿Vas a seguir con el decimonónico narrador omnisciente? ¿Un atrevido narrador en segunda persona “intradiegético”? ¿O, lo último de lo último…?
Que narre mi perro Milton y lo haga como perro, es un placentero ejercicio. Hasta sus insultos, me caen bien.

M.- Tiene mucha experiencia con colectivos en situaciones de transformación. En ese tránsito, ¿los humanos pasamos por situaciones similares a las que sufre Milton cuando comienza a convertirse en medioperro? ¿Mediohumano o medioperro? ¿Con qué transformación se queda?
J. M. G.- Milton sufre porque comprende, y el conocimiento es una expansión que nos acerca a nuestra esencia como creadores, pero, el conocer, también es un peso tremendo que nos estruja la inocencia.

M.- ¿Es más fácil canalizar nuestras emociones a través de un perro amigo al que nos gusta cuidar, o ejercer ese cuidado ya en sí terapéutico?
J. M. G.- Con todo respeto a la entrevistadora que solo hace que desplegar su inteligencia, esta pregunta es borde. No tiene salida o, si la tiene, vas al diván directamente.
Desde que nací he vivido con perros. Nunca con mascotas, siempre con buenos compañeros de aventuras. Creí un tiempo que los cuidaba y eso me daba un toque baratillo de “persona de buen corazón”. Ahora sé la verdad que se esconde en mi relación con ellos: cierto que hay un mutualismo, pero en lo profundo son mis terapeutas de excelencia y mis mejores instigadores. Ahora mismo, escribiendo esto, tengo a mis perros Milton & Báztan a mis pies, fresquitos, que han venido de nadar del lago y me instigan: <<Dilo, chico, dilo. ¿Para qué te vas a guardar nada, si hasta lo que les desagrade a otros, les puede servir algún día?>>

M.- ¿Los humanos tendemos a apropiarnos de virtudes que no nos corresponden? Cuando se las atribuimos a los perros ¿es porque queremos hablar de nosotros mismos?
J. M. G.- Hablar de nosotros mismos es el fentanilo de nuestra sociedad narcisista. Es una droga muy barata, que nos engancha en días y que termina haciéndonos zombis. (Los zombis son la gran tenebrosa metáfora de nuestra sociedad del bienestar, a costa de otros, claro). Creemos tener virtudes boomerang, esas que no ayudan a nadie, pero vuelven a nuestra mano. Si se las endosamos a nuestros perros es porque así nos podemos dar unos cuantos chutes al día hablando de nosotros.
Los perros tienen cualidades vigorosamente naturales que ahora se empeñan algunos en castrar. Si fuésemos capaces de entenderlas y por qué llevan cuarenta mil años con nosotros, quizá empezáramos a respetarlos.

M.- Un buen perro ha de ser como la sangre: capaz de llegar a nuestra herida sin esperar a que lo llamen… ¿Qué pretende trasmitir con esa afirmación?
J. M. G.- Los buenos perros poseen un espectro amplio para percibir nuestro dolor como humanos. En muchas ocasiones antes de que tomemos conciencia de que estamos muy, muy jodidos, nuestro compañero canino se acerca y nos lo dice y señala nuestra herida. Un milagro estremecedor y un prodigio de compasión.

M.- Además de la percepción olfativa de los perros, llama la atención su sensibilidad. ¿nos aprovechamos de ella o la tememos?
J. M. G.- Los necesitados, yo entre ellos, nos aprovechamos muchísimo de la sensibilidad de nuestros compañeros caninos. Los sobraos, la temen. Una anécdota de Sigmund Freud al que casi nadie consideraría “necesitado”, pero era humano. Tuvo dos perritas sucesivas ChowChow. En Viena y luego en Londres en su exilio, las enviaba a recibir las visitas nuevas de pacientes y después observaba su reacción. Sus hijas y colegas las odiaban –por lo certero de sus diagnósticos, supongo- y las llamaban las Co-Terapeutas.

M.- No hay nada humillante en que nos dejen. Solo significa que, en esta vuelta, la vida nos ha adelantado. ¿Solo sirve esa aseveración para los humanos?
J. M. G.- ¿Alguien puede creer que un perro usaría la expresión “me ha dejado” por la muerte de otro compañero perro? La expresión “me dejó” refiriéndonos a alguien querido que muere, es el colmo del narcisismo. Viene a decir algo así: ¿Cómo se atrevió esa mala mujer o mal hombre a dejarme? ¡¡¡ A MÍ !!!
No tengo idea de lo que diría un perro cuando eso pasa. Sobre todo, quiero pensar lo que sentiría: un vínculo fuerte roto y una seguridad con el otro que ha estallado en mil fragmentos que ahora flotan.

M.- El autor conoce en profundidad el mundo canino, razas, comportamientos, cuidados… ¿cualquiera puede ser dueño de un perro?
J. M. G.- En muchos países se necesita una acreditación de haber pasado unas pruebas. Estoy de acuerdo porque conlleva diligencia y responsabilidad hacia el perro y el resto de los ciudadanos. Pero hay desalmados que los tratan como recipientes para cargar su frustración y violencia. Hablo de un delincuente con perros a los que hacen de pelea y terminan muriendo de sobreesfuerzo, o de personas que dicen ser megaempáticas y que engordan quince o veinte kilos a su perro a base de “cuidados” hasta que palma pronto después de tropecientas intervenciones.

M.- Milton es un gran contador de historias, le gusta salir al campo al amanecer, es intuitivo, inteligente… ¿Se parecen los perros a sus amos? Porque me suena que AD se parece a un escritor que pasea al amanecer, ama a los perros, tiene amigos con los que compartir viandas y experiencia y mucho que contar de las relaciones humanas… ¿Cuánto hay del autor en este personaje?
J. M. G.- Es mutua la influencia. Yo me voy pareciendo a Milton, pero hay cualidades que las trajo de serie como bordercollie y a las que no puedo aspirar. Pero me gustaría.

M.- ¿Los perros también pueden ser impostores?
J. M. G.- Los mejores. Mienten con estilo. En plan serie británica de los cincuenta sosteniendo el té o el whisky. Cojeras graves a las que siguen curaciones milagro si ven la correa, para salir, en la mano; atracos bien planeados a la nevera; manifestar culpa y angustia por haberla liado parda y al salir del recinto los espías y bostezan de aburrimiento diciendo: <<Pobrecillo, se lo ha tragao otra vez>>

M.- ¿Cuáles son sus próximos proyectos?
J. M. G.- Una novela de amor. Me doy cuenta que es algo tentador escribir una novela así. Hay momentos en que decides, como en los dramas y tragedias clásicas, cargarte a los protas y su séquito de personajes. El amor, aun como fuente de creación, puede ser una emoción siempre excesiva que coloniza todo a su alrededor.
Pero voy avanzando con la novela que arranca en Irlanda. Esta semana solo he matado a los protagonistas tres veces. Progreso.

M.- ¡Incorregible Guallar! Deseando saber qué pasa por Irlanda…
De momento, les regalo -con permiso de los protagonistas y cedida por el autor- una foto de Milton & Báztan. Y otra del autor, por supuesto.

perros

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Como complemento pongo un vídeo en el que José Miguel Guallar nos habla de su libro Once perros y medio.

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Archivado bajo Literatura, Literatura, Narrativa, Por Maudy Ventosa

«Markus Leonthier: El Achachila», de José Miguel Guallar (con entrevista al autor)

«Para que haya sombra, el sol tiene que golpear oblicuamente”, se decía a manera de justificación. “Cuando el sol alcanza la vertical ya no hay sombra, ya no proyectas nada fuera de ti. No se puede estar más desnudo que bajo un sol en su cénit: en esa posición no hay manera de ocultarse de uno mismo”.»

MaudyReseña escrita por Maudy Ventosa.

Cubierta de 'El achachila Markus Leonthier II'

Cubierta de: ‘El achachila Markus Leonthier II’

Independently Published, acaba de publicar el último libro de José Miguel Guallar, Markus Leonthier: EL ACHACHILA. El investigador estrella de la Agencia Eyes Moon Services, ubicada en Ginebra, apoyado por sus dos gerentes, Sten y Oklahoma y su extraordinario equipo de colaboradores, se enfrenta a un nuevo reto, complicado y delicado a la vez. Una aventura que acaba demostrando que el cuento del alicanto no ha perdido vigencia: la codicia pierde a los buscadores de oro y plata.

El Achachila no es solo una novela; El Achachila es una búsqueda. Una búsqueda permanente, que es la seña de identidad de Guallar. Su literatura está impregnada de experiencia personal, reflexión, sentimientos, anhelos, deseos… y, ¡cómo no!, de su trayectoria profesional, porque no abandona nunca la tarea docente. No es capaz de resistirse a plasmar en el papel las enseñanzas que, como Consultor Experto en Estrategia y Desarrollo de Organizaciones, transmitía cada día a los grupos de ejecutivos que formaba.

El Achachila es también un viaje interior con final feliz. Porque nuestro protagonista llega. A Ninguna Parte. No es un lugar, es una parte de mí que había evitado. He necesitado un plus de valor para llegar ahí. Y al final era eso; Ninguna Parte. Consigue eliminar su bolo oscuro, esa parte profunda a la que teme y a la que no quiere acercarse. Le dicen que ha sido la vergüenza la responsable de que haya evitado que otros descubran una parte de él que considera desdichada y sin valores; era la culpable de que no llegara a ese bolo oscuro.

La novela nos traslada a la mágica y árida tierra de los descendientes de la cultura lickanantai (atacameños), en el norte de Chile; con Markus recorremos en Atacama “La Chuqui”, la mina de cobre y oro a “rajo abierto” más grande del mundo; el Rincón Perdido, que en lengua kunza -casi desaparecida- llaman Toconao; el volcán más hermoso de los Andes: el Licancabur, que ellos denominan Tatalikanko; el desierto que te exprime y saca hasta la tristeza… Disfrutamos con la comida que prepara la yerbatera: los tomates silvestres remojados con hierbas el día anterior; chulengo, cuya carne han dejado madurar un tiempo envuelta en hojas y cortezas y luego han puesto en un hueco entre las brasas durante horas, para después untarla en salsa de tola, tolilla amarga, palo rojo y tenkalitos. Sin sal. Y como Markus no es nada sibarita -ni las personas con las que se relaciona tampoco-, lo acompañan de una botella de vino Viñedo de Chadwick.

Nelson, el conductor cuentista, nos relata leyendas de novias fantasmas y niños que asustan a las gentes que no distinguen realidad y ficción… Y por fin El Achachila que te habla desde sus labios sellados y que guarda la enseñanza de los Abuelos. Y te olvidas de todo porque el Ckuri, el Viento del Gran Espíritu, ya te ha soplado…

Compartir vino y viandas con Miguel es todo un lujo porque es un excelente y divertido conversador. Habla con pasión de su trabajo y me contó muchas cosas, pero no pienso referiros todas. Tendríais muchas pistas y la magia está en descubrirlas.

Maudy.- Sitúas tu obra entre 1939 y 1945 cuando en Chile sucedieron cosas muy importantes, como el terremoto de Chillán en el 39, donde hubo 24. 000 muertos; la Guerra del Pacífico, aunque la participación de Chile solo fue diplomática…¿Por qué has elegido este momento?
Guallar.- Es cierto lo que dices, pero la novela empieza un poco antes del 39, por lo tanto, antes de la Segunda Guerra Mundial, en Suiza, impulsada la aventura por la Fundación Daimon que dirige un personaje ucraniano que se llama Daryna Malenko. Monta una expedición un poco curiosa, de profesores, de doctores -ocho en total- que tienen que salir en el SS Bremen, desde Hamburgo, con destino a la parte más septentrional de Chile, en Atacama con la frontera con Bolivia.
Realmente, la misión de esta Fundación tan exquisita, tan refinada, sobrevolando la cultura, nunca queda del todo claro. Cuando llegan, les sorprende la Segunda Guerra Mundial. Tienen una misión curiosa con los nativos lickanantai -los que llaman ahora atacameños-.

Muchos años más tarde, en la época actual, el director de operaciones de la Agencia Eyes Moon Services, Markus Leonthier, se encarga de investigar un suceso que arrastra mucho tiempo; pero contado por Markus Leonthier no tanto; él sigue la pista del dinero y de una manera cínica habla de la codicia de los occidentales cuando se acercan a las culturas nativas. Markus llega a la Mina Chuquicamata, que es el corazón de la memoria chilena, porque fue y es, la mina más importante de tajo abierto de Chile, que guarda memorias infames como la operación Cóndor de Pinochet o memorias excelentes como todos los movimientos culturales que hubo, o la red de protección secreta de judíos; todo el mundo habla de Europa pero todo el mundo olvida a Chile y él hace como los adolescentes traviesos: tira con su equipo una piedra en el estanque, y esa piedra genera ondulaciones, genera reverberaciones que le alcanzan más a él de lo que pensaba.

Dicen muchos que el secreto se protege a sí mismo, pero le falta una fase final a esta frase, pero no por mucho tiempo, todo secreto está destinado a ser desvelado, y él desvela el de esa expedición que, durante muchos años estuvo trabajando en la parte septentrional de Chile con los lickanantai. Conforme avanza, y con la ayuda de personajes de la zona, encuentra al Achachila.

M.- He leído que un Achachila es una especie de espíritu tutelar que viven en las montañas o en los cerros y en función de dónde vivan protegen a una población, protegen al país entero… Una persona tan racional como Markus, ¿qué tiene que ver con un Achachila?
G.– A los Achachilas coloquialmente les llaman los abuelos y viven, sobre todo, en las faldas del Licancabur (estrato volcán) que llaman Tatalikanko; pero también el Achachila es un título para personas físicas, y en este caso es Don Pedro, un personaje de mucha altura, que es al que conoce; Don Pedro, es un gran personaje, que tiene una buena relación, y una relación muy seca, sin agradecimiento, sin toma y daca; cada uno se instala en lo que tiene que hacer. Markus tampoco se apea mucho de sus posiciones, pero no sospecha el oleaje que va incorporando. Se da cuenta de que hay elementos de su cultura que él puede ayudar a preservar. El resultado de todo aquello, es que, en el corazón de Markus -frío, suizo y poco sentimental-, nace la generosidad inteligente y prepara una gran jugada con el Achachila para proteger aquello.

M.- La estrategia que seguía Markus siempre era actuar como si los casos estuvieran resueltos -todavía me acuerdo de Markus I-. En este caso, ¿utiliza la misma estrategia?
G.- De principio a fin, pero no le sale una a derechas, porque lo no resuelto es él mismo.

M.- Eso es un titular.
G.- Claro, y entonces va a conectar con una parte violenta, una parte salvaje, una parte desconocida de sí mismo que lo lleva casi a cometer un homicidio brutal, y eso le enlaza de una manera distinta con dónde está, con quién está, cómo está y qué es lo que hace. El caso adquiere una vuelta diferente, pero la única estrategia que realmente le funciona de alguna forma es sugerida por los Achachilas. La única fuerza poderosa del guerrero es el amor, pero el amor no necesita de sombras. Sal al mediodía en el desierto de Atacama y cuando el sol está en la vertical y no haya sombras, en aquel momento piensas en los que quieres y tú te proyectas hacia los que quieres. En un acto de amor lo hace. Y va entendiendo...

M.- Eso significa que Markus ha evolucionado de una manera poco previsible, para mí, conociendo al Markus original…
G.- Claro, le van preparando trampas de un sitio y de otro y al final el Achachila y el vicepresidente de Chuquicamata le llevan a conocer a un personaje exquisito, refinado, lleno de sutileza que es la hierbatera -yerbatera-, en las faldas del Tatalikanko, que, en vez de utilizar una enseñanza dura, implacable, llena de pruebas, de contrastes o de desgarros, le entra por lo sutil, que es la comida, el chulengo. Le va preparando una comida mágica que lo transforma; y allí es donde deja de por vida a su padre, las estrategias, lo que cree conocer y no conoce y tantas cosas…

M.- Entonces, ¿qué esperamos de Markus en el futuro? 
G.- En el futuro, yo creo que no lo sabe tampoco él, pero lo cierto es que, con sus dos personajes del equipo principal, sus dos gerentes que son Oklahoma y Sten, se ha creado un vínculo de hermandad, de secreto y de conocimiento especial que los llevan a representar su trabajo de otra manera, así que él se la juega a los suizos, a su cliente…

M.- ¿Sigue conservando su Vacheron Constantin?
G.- Se lo había dejado en Ginebra, esa es la clave… ja ja… todo el mundo le dice, ¡si estás desprotegido! Se deja su talismán en la mesilla de noche de su chica, en Ginebra; él está en otro tiempo, y esa es la metáfora del olvido, está en un tiempo distinto donde no puede mirar el Vacheron para decir cuándo se va a defender, cuándo va a atacar o cuándo va a pensar de otra manera. No tiene el Vacheron Constantin de su abuelo…

M.- ¿Cómo te has sentido escribiendo este libro?
G.- La verdad, muy a gusto, porque fue una experiencia en parte mía; completa, de mucho tiempo. Yo pasé mucho tiempo en las faldas de Tatalikanko. Lo pasé muy mal y lo pasé muy bien y me enseñaron una cosa preciosa cuando estábamos bajando del Paso del Jama, de las alturas…()… Alguien muy poderoso me dijo, ¿y por qué estás triste? Le dije, porque cuando vuelva a Madrid…()…  Navacerrada… pensaré que es un lugar pequeñajo y triste comparado con estas escenografías tan inmensas de 7000 metros… y me dio una lección preciosa: pero no es así mi hermano, si tú miras el Tatalikanko -el gran volcán cerrado-, verás que hunde las raíces, pasa por el mar… y sale por la cordillera…Cada vez que veas la cordillera -Guadarrama- veas el Tatalikanko…

M.- Eso significa que hay mucho de ti en este libro, de tus experiencias
G.- La parte intensa de Atacama, los lickanantai, el Achachila, Don Cecilio… y bueno, hay otra parte que es de ficción… pero hay mucha parte mía, del 2001, incluidas anécdotas pequeñas como la de la llama que le hablaba a la oreja…

M.- Significa que vuelve a ser una lectura reflexiva y profunda…como nos tienes acostumbrados…
G.- No tanto, aquí es mucho más ligero, y sobre todo expreso sin tantos ambages mi propia encrucijada y atolladero… no puedes ir más allá para saber más y conocer más… la cosa es que tienes que coger un desvío a la derecha o a la izquierda, arriba o abajo… y hay una parte nativa nuestra que tiene una conexión con la naturaleza mucho más directa, mucho más sencilla, donde tienes que poner algo que nos estremece a los occidentales listorros, la inocencia, y la inocencia no es solo poner una cara de cándido, es empezar a limpiar el espejo como para vernos por primera vez.

M.- ¿Qué proyectos tienes ahora?
G.- Pues me apetecía entrar en la maldad, que es una cosa que me sobrecogía y he creado un personaje malo que me ha salido mujer, pero el sexo y el género se odian entre ellas (risas).

M.- ¿Es por algo?
G.- No quiero explorar si es alguna venganza interior… Se llama El tatuaje de Praga y está puliéndose.cEste personaje me permite explorar lo que está más allá de las malas acciones, del mal comportamiento, lo que es una maldad que roza, entre comillas, una pureza espantosa y que además no se detiene ante nada; son máquinas de triturar… la novela está esperando ser pulida para que esté lista.

M.- Como de costumbre, enhorabuena por tu trabajo y esperamos que el próximo salga pronto, y de momento a disfrutar con El Achachila.
G.- Gracias. Un abrazo 

PERSONAJES:

  • Markus, responsable de contrainteligencia y ciberseguridad de la Agencia, siente que está expuesto. Sabe que tiene cierta habilidad para escarbar en las ruinas emocionales y mentales de las personas. Es hijo de un pastor, teólogo y contador de historias… al que añora y con el que habla.
  • Don Pedro, su figura es imponente y silencioso. Es considerado un Achachila, un ser protector, un “abuelo” de las montañas; a pesar de que ese título solo se da a los espíritus. Representa a la Fundación de los Ancestros.
  • William Montes, vicepresidente de Recursos Humanos que acaba convirtiéndose en un buen amigo de Markus.
  • Gilma Alonso Tutor, directora de Comunicación y Prensa, es una mujer joven que viste de manera estrictamente formal. Su padre es de Santiago, y su madre es lickanantai. Ella nunca traicionará a su pueblo. Una parte de ella.
  • Nelson, conductor del 4X4 que traslada a Markus. Su mujer se llama Rosa y tienen dos niños. Su hermano es Francisco. Es un buen contador de historias.
  • Jean Tourneur, alias Godzila, el CEO y mayoritario accionista de la agencia Eyes Moon Services. El jefe. Sus padres eran diplomáticos y él completó en Japón su carrera y sus estudios en artes marciales.
  • Oklahoma, gerente de Análisis y Sistemas en Ginebra.
  • Sten, el otro gerente de Markus en Ginebra; de análisis económicos. Nunca se separa de su corbata AC/DC. Es su objeto mágico, no su fetiche. Meticuloso, no deja cabos sueltos.
  • Didier Dufort, director editorial de la fundación Daimon
  • Juliette, la compañera de Markus, arquitecta. La única persona que sabe calmarle. Alta, ovalo de la cara bien definido, boca grande bien dibujada. Suelta y con estilo.
  • Zacarías, el hombre viejo de de San Francisco de ChiuChiu, el tío de Nelson, bebe pisco atacameño y aguardiente de algarrobo. Desconfiado y largo de intenciones. Dice dirigir un patrimonio que pertenece a la a la Fundación Ancestros Lickanantai. Es solo un leedor de hojas de coca, un yatiri menor.
  • Y Martin Babenberg, el presidente de la Fundación; y Patricia Villamonte, la mejor yerbatera del norte de Chile, elegante y única; y Vincent Olalla, el “hombre justo” que ayuda a los judíos; y los achachilas, los abuelos sabios que guardan la tradición y se la comunican a unos pocos -a los elegidos-; y los lickanantai, que son comunidades que preservan tradiciones orales; y el alicanto, un colorido y extraño pájaro, más grande que un cóndor, que se alimenta de oro y plata. Si come oro, sus alas brillan doradas al sol y si come plata brillan como la luna; y el Volcán Tatalikanko…

Sinopsis.
Al norte de Chile, en un remoto lugar, un grupo de investigadores de la Agencia Eyes Moon Services tiene una misión; Recuperar la documentación completa de la expedición que los miembros de la Fundación Daimon realizaron entre 1.939 y 1.945.

La plataforma puntera de contenidos audiovisuales en streaming, WWI, también está interesada en esa documentación como base para llevar a cabo una ambiciosa serie que narre lo que allí, en Atacama, Chile, ocurrió en aquellos convulsos años entre 1.939 y 1945. Markus Leonthier y su jefe en la agencia Jean Tourneur, alias Codzilla, van descubriendo oscuros intereses que relacionan a la Fundación Daimon con WWT.
Markus se mueve en el desierto de Atacama reuniendo fragmentos de información de lo sucedido hace más de setenta años con la expedición científica de la Fundación Daimon. La atmósfera de aquel implacable y rojizo desierto, la extraña infinitud del volcán Licancabur -conocido como Tatalikanko por los viejos del lugar-, la ancestral cultura lickanantai y la inaccesible sabiduría de los achachilas, hacen que el propio Markus se sienta encerrado en sí mismo, violentamente confrontado con sus obsesiones hasta que un conocimiento tumultuoso y revelador se libera en su interior.

Este conocimiento lo llevará a lo más profundo del desierto, a un lugar llamado Ninguna Parte, que será el escenario para decisiones sorprendentes que permitirán completar y equilibrar el maravilloso hallazgo de una expedición de unos científicos mientras la guerra y el nazismo arrasaba Europa.

“Chuquicamata es la herida abierta a una tierra feroz.
Una tierra donde las piedras hablan a las piedras.”

José Miguel Guallar con Maudy Ventosa

José Miguel Guallar con Maudy Ventosa

El autor:
José Miguel Guallar fundador de TESARIA® Transiciones, ha dirigido junto a su equipo, durante más de 25 años, proyectos de estrategia y desarrollo para grandes organizaciones en Europa y América, y Universidades. También, empresas con alta proyección expansiva. Basado en el concepto «fortaleza psicológica» (hardiness) ha diseñado en Boston y Madrid modelos de intervención en liderazgo que han sido apreciados por su utilidad y precisión en el uso de tiempos.
Su experiencia con colectivos en situaciones de transformación y su curiosidad hacia distintas disciplinas de las ciencias sociales lo han conducido de manera natural a la escritura: Magister Navis, Transiciones, atreverse a vivir dos veces, Markus Leonthier I, La cisterna de Nur. Markus Leonthier: EL ACHACHILA es su última novela.

El libro:
Markus Leonthier: El Achachila ha sido publicado por la Editorial Independently Published. Encuadernado en rústica, tiene 295 páginas.

Como complemento pongo un vídeo en el que José Miguel Guayar nos habla de su nueva novela ‘Markus Leonthier El Achachila’.

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Para saber más:
https://www.facebook.com/jmiguel.guallar

 

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