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«La historia de Aria», de Nazanine Hozar

«Una novela épica y extraordinariamente bella
sobre el devenir
de una niña abandonada
en tiempos de la Revolución iraní de 1979.»

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Cubierta de 'La historia de Aria'

Cubierta de: ‘La historia de Aria’

Conocido hasta 1935 como Persia, Irán —crisol de civilizaciones, culturas y tradiciones milenarias— ha ejercido una profunda fascinación en Occidente, redoblada en el siglo XX por sus importantes yacimientos y recursos petrolíferos. Su historia reciente, con constantes injerencias de los gobiernos occidentales, se ha visto marcada por dos sucesos de enorme trascendencia política, económica, social y cultural: primero, la instauración de la dictadura monárquica del sah Mohamed Reza Pahlevi en 1953, tras un golpe de estado instigado por la CIA; segundo, la Revolución de 1979, dirigida por el ayatolá Jomeini tras su regreso del exilio en París, y el establecimiento de la república islámica.

La historia de Aria reconstruye la transición vivida en Irán en apenas un cuarto de siglo, de 1953 a 1979, es decir, durante el momento en que las supersticiones que dominaban a la población dejaron paso a la modernidad. Fueron años de agitación en los que el sah fue perdiendo el respeto de su pueblo y en los que Jomeini fue preparando su regreso a un país brutalmente dividido entre ricos y pobres, cultos y analfabetos, musulmanes chiitas y feligreses de otras religiones (cristianos, judíos, zoroastrianos y bahaíes, sobre todo).

En 1953, en un acaudalado barrio del norte de Teherán, una mujer sumida en la pobreza abandona a su hija apenas tres días después de su nacimiento. La deja en un callejón, junto a una morera y una jauría de perros famélicos, pero, antes de que la inanición o la voracidad canina acaben con la vida de la recién nacida, Behruz Bakhtiar, un militar que trabaja como conductor para el ejército iraní, la rescata. Cuando coge al bebé en brazos, este hombre de una gran bondad descubre que es una niña y, tras llevársela a casa, decide ponerle el nombre de ese tipo de música que tanto le gusta: Aria.
Aria tiene los ojos azules con ligeros toques verduzcos, lo que hace que algunas personas crean que es un dyinn, esto es, un diablo llegado al mundo para engañar y perjudicar a la gente. De hecho, la primera en creer esto será Zahra, la esposa de Behruz. Se trata de una mujer profundamente amargada que, viéndose obligada a criar a la huérfana, la someterá a todo tipo de vejaciones y castigos físicos.

Consciente de que la situación no puede seguir así, Behruz buscará una segunda tutora para su hija, que en esta ocasión será una acaudalada mujer (Fereshté) que le dará la educación que merece y que estará a su lado mientras se va convirtiendo en toda una adolescente. En el liceo francés donde la matricula, Aria hará amistad con dos chicos (Mitra y Hamlet) cuyos padres representan la polarización de la sociedad iraní a principios de los años setenta. Así, mientras el padre de uno de esos compañeros será perseguido por sus ideales comunistas, el del otro sufrirá la furia popular por sus vínculos con el imperialismo occidental representado por el sah.
Fereshté no sólo procurará una educación académica a Aria, sino también otra de carácter moral. Y por esta razón la empujará a hacer una obra de beneficencia consistente en enseñar a leer a las hijas de un matrimonio muy pobre: los Shirazí. Paradójicamente, la madre de esas chiquillas, Mehri, dará a Aria una lección de vida de un valor fabuloso, además de desvelarle algunos secretos sobre sus propios orígenes.

Pero La historia de Aria no narra únicamente el desarrollo personal e intelectual de su protagonista, sino también los cambios de la sociedad iraní durante tres décadas, desde 1953 hasta 1979, dividida entre los defensores de un sah que parecía más empeñado en regalar el país a los ingleses que en convertirlo en una gran nación y los partidarios de un tal Jomeini, un sacerdote exiliado en París que, según ellos, podría traer la paz social a un territorio marcado por grandes diferencias de clase.
Aria crecerá en un Teherán dividido en dos grandes estratos sociales: al sur de la ciudad sobreviven los pobres, mientras que al norte disfrutan los ricos. Además, la capital también está fragmentada por la religión. De hecho, La historia de Aria despliega una enorme cantidad de personajes de credos muy distintos. Hay musulmanes, kalimis (judíos), cristianos, bahaíes y zoroastrianos, entre otros, y todos están abocados a convivir en un país que, lenta pero inexorablemente, se va acercando hacia la radicalización chiita.

Sin embargo, si la novela arranca con la llegada al poder del sah, termina con las asonadas en favor de Jomeini. Así pues, Aria habrá sido testigo de dos realidades en gran medida contrapuestas que, sin embargo, se suceden a una velocidad de vértigo. Nazanine Hozar relata de un modo extraordinario el proceso de gestación de ese cambio y borda escenas memorables, como las que describen la venta clandestina de cintas de casetes con los discursos de Jomeini y las últimas canciones de Julio Iglesias, Abba o los Beatles.

A través de los ojos de una recién nacida, conoceremos a tres mujeres muy distintas obligadas por el azar a hacer de madre de esta niña huérfana: la irresponsable y ensimismada Zahra, casada con Behruz; la acaudalada y compasiva Fereshté, que tras acogerla en su hogar la adopta y nombra heredera; y finalmente la enigmática y menesterosa Mehri, que resulta ser a la vez una bendición y una carga.

Lee y disfruta de un fragmento de la novela.

Nazanine Hozar

Nazanine Hozar

La autora:
Nazanine Hozar nació en Teherán a comienzos de la Revolución iraní de 1979. Durante la guerra entre Irán e Irak se trasladó a Canadá, donde obtuvo un máster en Escritura Creativa por la Universidad de
British Columbia y donde colabora regularmente en medios como The Vancouver Observer y Prairie Fire. Tras el éxito de La historia de Aria —uno de los diez libros más vendidos de 2020 según The Globe and
Mail, finalista del Ethel Wilson Fiction Prize y del Amazon Canada First Novel Award, seleccionada en Francia para el Prix Médicis étranger y el Prix Femina étranger, y en curso de traducción a más de una decena de idiomas—, Hozar trabaja en su segunda novela.

El libro:
La historia de Aria (título original: Aria, 2020) ha sido publicado por Ediciones Salamandra en su Colección Salamandra Narrativa. Traducción de Victoria Alonso Blanco. Encuadernado en rústica con solapas, tiene 448 páginas.

Como complemento pongo un vídeo en inglés con subtítulos en español en el que Nazanine Hozar habla de su novela La historia de Aria.

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«El matarife», de Sándor Márai 

«… El momento en el que vio centellear el hacha y, un instante después, caer al buey en silencio y sin retorcerse, se le quedó grabado como el recuerdo de un triunfo jubiloso.»

MaudyReseña escrita por Maudy Ventosa.

Cubierta de 'El matarife'

Cubierta de: ‘El matarife’

Narrativa Salamandra –Penguin Random House Grupo Editorial– nos regala esta pequeña joya, El Matarife, del novelista y dramaturgo húngaro Sándor Márai, una obra inédita, su ópera prima, en la que ya se reconocen las señas de identidad de uno de los autores más importantes del siglo XX, que comenzó escribiendo en alemán para después decantarse por su propia lengua. Burgués, rebelde con causa, se estableció en Leipzig para estudiar periodismo –carrera que abandonó– y más tarde visitó París. Cuando los soviéticos ocuparon Hungría y se instauró el régimen comunista, abandonó definitivamente su país para instalarse, al final y definitivamente, en Nueva York. No llegó a enterarse de cómo en 1989 caía el Muro de Berlín. Se había suicidado pocos meses antes del 9 de noviembre.

Volver a encontrarme con Márai después de tantos años me produce placer y desasosiego; me retrotrae a una época en la que, prácticamente, devoraba sus libros en pocos días atraída por su realismo descarnado y porque leer a Sándor –según Bruno Fuenteses leer los miedos de uno mismo y empezar a abrazarlos. El autor de El último encuentro, La mujer justa, Divorcio en Buda o La herencia de Eszter, entre otros, nos presenta en esta novela corta, la historia de un niño de cuerpo enorme que vino al mundo a los diez meses de gestación y ya con dientes, Otto Schwarz, hijo de una familia humilde de guarnicioneros de Brandeburgo que no servía para trabajar en el taller de su padre porque carecía de viveza y don de gentes. Descubre su vocación a los nueve años, cuando, junto a su abuelo, presencia el sacrificio y evisceración de un buey. Lo embargó una turbia satisfacción por el exitoso sacrificio de animal, algo sobre lo que no cabía duda, pero también por la matanza en sí, por el hecho de matar, que se reveló como un acto incondicionalmente positivo: la solución definitiva de un problema.

La prosa de Márai es excelente por lo precisa, rica, culta y profunda; modifica explicando o subrayando características a través de los adjetivos siempre bien colocados antes o después del sustantivo; en su texto no faltan emociones porque encadena el alma, aunque no busque conmover. Hace participar a los sentidos con sus descripciones tan realistas del matadero municipal, que apesta a olor agrio animal, a miedo, a sangre fresca que ensucia mandiles y caras de los matarifes mugrientos. El lector escucha los mugidos de las reses, las sierras que destrozan el espinazo de los animales sacrificados… crujir de huesos, excrementos, vísceras. Horroroso por lo real y descarnado. Y muestra el alma a través de la miseria de las personas que no tienen nada y solo esperan que les regalen algo de lo que se va a perder: ordeñar la vaca que va a ser sacrificada. Es el retrato inmisericorde de una sociedad que se prepara para una guerra que los hará iguales.

Los psicólogos utilizan la palabra alexitimia para describir la incapacidad de una persona para sentir emociones. Un trastorno que se da con más frecuencia de lo que nos imaginamos. Por eso, tal vez, nuestro protagonista no sintió nada cuando dieron la orden de quitar de en medio a los serbios y miró su bayoneta con ternura. Era como los cuchillos de matanza, con los que se raja la panza a las reses… () … soy matarife… () …matarife -cuchillo-tripa… la secuencia era primitiva y simple. Obediente e imbatible, célebre por la crueldad de la que hacía gala, Otto ascendió primero a cabo y más tarde a sargento. Había que premiar su eficacia en el tratamiento radical de las aldeas condenadas a muerte. ¿Cuántos jóvenes había como Otto después de la Primera Guerra Mundial?

Sándor Márai nos presenta un Berlín con ambiente prerrevolucionario, caótico, miserable, sucio, en el que las normas se habían relajado. Es difícil, pues, que la calle no sedujera a nuestro personaje, y que, después de haber clavado la bayoneta en tantos despreciables serbios, fuera capaz de sentir placer sacrificando solamente reses. Ya no. Porque ahora nota la diferencia.

Lee y disfruta de un fragmento de la novela.

Sándor Márai

Sándor Márai

El autor:
Sándor Márai nació en 1900 en Kassa, una pequeña ciudad húngara que hoy pertenece a Eslovaquia. Pasó un periodo de exilio voluntario en Europa durante el régimen de Horthy en los años veinte, hasta que abandonó definitivamente su país en 1948 con la llegada del régimen comunista y emigró a Estados Unidos. La subsiguiente prohibición de su obra en Hungría hizo caer en el olvido a quien en ese momento estaba considerado uno de los escritores más importantes de la literatura centroeuropea. Así, habría que esperar varios decenios, hasta el ocaso del comunismo, para que este extraordinario escritor fuese redescubierto en su país y en el mundo entero.

Sándor Márai se quitó la vida en 1989 en San Diego, California, pocos meses antes de la caída del muro de Berlín.

El libro:
El matarife (título original: A mészáros, 1924) ha sido publicado por Ediciones Salamandra en su Colección Salamandra Narrativa. Traducción de Mária Szijj y José Miguel González Trevejo. Encuadernado en rústica con solapas, tiene 112 páginas.

Como complemento pongo un vídeo en el que se narra vida y obra de Sándor Márai.

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Para saber más:
Sándor Márai en Wikipedia.

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