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“Política”, de Aristóteles

Estudio preliminar de Salvador Rus Rufino
Traducción y notas de Salvador Rus y Joaquín E. Meabe
Revisión a cargo de Francisco Arenas Dolz

Por Ricardo Martínez.

¿Por qué no recordar, una vez más (tan a propósito como siempre viene el tema), que la política es esa piedra donde el hombre tropieza innumerables veces? Y se reitera en el tropiezo, y hasta (para escándalo del esteta) se goza en ello?

Cubierta de Política

Cubierta de: ‘Política’

¿O, acaso, tal vez lo necesario no sea el recordar este axioma (o casi) sino advertir de cuantos males para el hombre social derivan de la mala práctica de la política diaria, cotidiana, común, la única real?. Para nuestro bien, una vez más nos viene a asistir la vieja (y nueva) filosofía griega, en este caso a través del padre Aristóteles: “Parece imposible que se gobierne bien una ciudad (‘digamos que hablo de Madrid’, como se titulaba la canción) donde no rigen los más aptos para el gobierno de ella, sino los ineptos para ello” O los corruptos, los depredadores del erario público, el cual, habiendo de estar para sufragar necesidades colectiva, lo destinan los malos gobernantes para tantos vergonzosos bienes privados o particulares.

Y entiéndase que al hablar de bienes sería oportuno entender bienes no solo materiales, sino de toda disciplina: académicos, morales… La queja es inevitable cuando el mal se extiende, se generaliza, se encastra como actitud. Y si a ello se une esa perversión de desustanciar el lenguaje para justificarlo todo (incluso lo uno y lo contrario) el mal se vuelve aciago y maligno y contagioso. Y la desconfianza, el antídoto para el ciudadano feliz, se asienta hasta el punto de haber de recordar aquella famosa frase mordaz que bien podría tener naturaleza quevediana: “Y el vulgo ya da en sospechar, no le pongan gabela por el respirar” Esto es, todo en contra del necesitado, todo a favor de los caprichos de los ‘desgobernantes’.

La aristocracia –entiéndase  aquí el valor democracia también en sentido ético- asigna los honores distribuidos de acuerdo con la virtud, porque la virtud es el rasgo característico de la aristocracia; en tanto que la riqueza lo es de la oligarquía y la libertad el de la democracia” La máxima para el comportamiento justo y correcto es clara. La advertencia oportuna… hasta que llega la sentencia del refrán: “predicar en desierto (desierto de entendedores) sermón perdido”

Es cierto que no ha de hacerse de la queja un molde para todo comportamiento, pero a la hora de analizar la política de verdad, la política como administración de los bienes públicos a favor de la satisfacción de las necesidades del ciudadano, la quiebra y desazón y burla es tal que ello hace inevitable asirse a un discurso, cuando menos de redención, de justicia.

Si queremos entender como una forma de  tiranía un calculado gobierno asentado en la corrupción, podemos volver  a la enseñanza del filósofo: “Dos son las causas por las que principalmente se  ataca a las tiranías, a saber, por el odio y el desprecio a los tiranos. Pues de ellas, el odio, siempre está presente en los tiranos, y del desprecio provienen muchos derrocamientos (…) Además, hay que considerar a la ira como una parte del odio, pues en cierto modo es motivo de las mismas acciones. Con frecuencia es incluso más eficaz que el odio, pues ataca con más vehemencia debido a que la pasión no se guía por el cálculo, especialmente suele generarse en el ánimo debido a la insolencia”

¡Ay, por qué, por qué gobiernos malvados se obstinan en desoír tan esenciales verdades!

El autor:
Aristóteles ( Estagira, Macedonia, 384 a. C. – Calcis, Macedonia, 322 a. C.) representa una figura indiscutible en la historia del pensamiento científico y filosófico. Su sistema, sus ideas, sus obra, han estado presentes en las diversas tendencias filosóficas de la cultura occidental.

El libro:
Política ha sido publicado por la Editorial Tecnos en su Colección Clásicos del Pensamiento. Estudio preliminar de Salvador Rus Rufino.  Traducción y notas de Joaquín E. Meabe y Salvador Rus.  Revisión a cargo de Francisco Arenas Dolz. Encuadernado en rústica con solapas, tiene 696 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Como complemento pongo un interesante vídeo titulado Aristóteles “El hombre es, por naturaleza un animal político”.

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Para saber más:

Aristóteles en Wikipedia.

 

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“Poesía reunida”, de Wallace Stevens

Edición de Andreu Jaume

«La edición definitiva de la obra de Wallace Stevens, uno de los mejores poetas del siglo XX cuya sensibilidad aún resuena en nuestros días.»

Por Ricardo Martínez.

Cubierta de Poesía reunida de Wallace Stevens

Cubierta de: ‘Poesía reunida de Wallace Stevens’

Aquí la virtud es la palabra. El bien es cuanto de ella deriva, esto es: inteligencia, luz, significación, armonía, sorpresa, estética…
Lea-escuche el lector, por ejemplo, el poema que nos entrega el libro bajo la advocación del alusivo título ‘Le plus belles pages’:

El lechero llegaba a la luz de la luna, y esta era
menos que luz de luna. Nada existe en sí mismo.
Salvo la luz de luna.

Dos personas, tres caballos y  un buey
y el sol, las olas juntas en el mar.

Salvo la luz de luna y Aquinas. Él habló, siguió hablando,
de Dios. Convertí en hombre la palabra.
El autómata, en suficiente lógica,
existe por sí mismo. ¿O sobrevivió el santo?
¿Asumieron diversos espíritus una sola apariencia?

Después del desayuno, la teología atrapa al ojo.

He aquí la relevancia de un estado de ánimo, un signo de inteligencia observadora, un pensamiento errabundo que nos lleva justo al centro de nosotros mismos (una forma de desconocimiento) Aquí es inevitable sentirse aludido, aparentemente bajo la forma de un discurso prosaico; no obstante, al leer (al ‘mirar’, al pensar) no podemos alejarnos de un sentido de trascendencia que, en apariencia, también nos llega suscitado, ay!, por objetos cotidianos. De algún modo se obra el milagro de la separación: el cuerpo, ese instinto de toda biología, es llevado hacia un mundo distinto, un horizonte evocador al que pudiéramos llamar destino y sentirnos en paz. Tal como deseamos (y el hermoso texto propicia)

     Si continuamos, inevitablemente, pasando páginas, hallaremos más agua cristalina que beber, pues:

El mundo es aún profundo y en su hondura
el hombre se sienta y estudia el silencio y a sí mismo,
manteniendo las reverberaciones en las bóvedas.
(…)
El poeta es
el indignado hijo del día sonando en su concepción:
la satisfacción por debajo del sentido,
la concepción brillando en el aún obstinado pensar

Todo parece estar construido sobre certezas aéreas, sutiles; una compañía conmovedora. Al tiempo, en ello, el poeta nos es fiel en su compañía, nunca nos abandona. Somos nosotros, acaso, quien nos abandonamos a su canto.
Y así, acompañados, es bienvenido de nuevo el recuerdo de la luna, como si fuese nuestro origen estético, el que nos guía casi en sueños, ello sin alejarnos en ningún momento de la sobria realidad:

La única luz de luna, en noche de color sencillo,
como un simple poeta que en la mente da vueltas
a la igualdad de su vario universo,
brilla sobre la mera objetividad de las cosas.

Es como si ser fuera ser observado,
como si, entre los posibles propósitos
de lo que uno ve, el que primero está,
la superficie, fuera el propósito de ser visto,

la propiedad de la luna, lo que ella evoca.

Y, al fin, esa seductora soledad. Estética, pero soledad, pues la respuesta estaría ahí: la propiedad de la luna, lo que ella evoca.

Leer al poeta es recorrer un camino que se inicia con expectación, con ilusión, aún a sabiendas de que de tal recorrido esperemos lo inesperado: algo nuevo, algo sorprendente. Algo que confirme nuestra propia soledad no sólo ontológica, sino cósmica. Nos transformamos, en lo esencial de nuestro silencio, trascendentes.
Casi todo en procura de una convicción. El miedo y la atávica necesidad de ser protegidos, de ser acogidos:

Si el conocimiento y la cosa conocida son lo mismo
de modo que conocer a un hombre es ser
ese hombre, conocer un lugar es ser
ese lugar, y al parecer de eso se trata

Otro poeta (sutil, anónimo, como tantas veces en la literatura) al parecer lo vaticinó en su día: se es de uno mismo, se es de un paisaje.

     “Este fecundo libro nos ha traído hasta aquí, hasta este paisaje, tan propio”

Lee y disfruta de un fragmento del libro.

Wallace Stevens

Wallace Stevens

El autor:
Wallace Stevens (2 de octubre de 1879 – 2 de agosto de 1955) nació en Reading (Pennsylvania), cursó estudios de humanidades en Harvard, donde conoció y trató al filósofo George Santayana, y se graduó en la facultad de derecho de Nueva York. Con su esposa y su única hija, vivió toda su vida en Hartford (Connecticut), donde fue vicepresidente de una compañía de seguros. Nunca salió de Estados Unidos y tan solo hizo puntuales viajes a Florida, dedicando toda su vida al trabajo ejecutivo, a la poesía y a su colección de libros y cuadros. Su Poesía reunida, publicada por Alfred Knopf en 1954, mereció el National Book Award y el Pulitzer en 1955. Además de poesía y aforismos, publicó un libro de ensayos y conferencias titulado El ángel necesario (1951).

El libro:
Poesía reunida ha sido publicado por la Editorial Lumen en su Colección Poesía. La traducción ha corrido a cargo de Andrés Sánchez Robayna, Andreu Jaume Enseñat y Daniel Aguirre Oteiza. Encuadernado en tapa dura con sobrecubierta, tiene 768 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Como complemento pongo un vídeo en inglés muy interesante titulado: Arts: Harold Bloom’s Influence | The New York Times.

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Para saber más:

https://www.poetryfoundation.org/poets/wallace-stevens

 

 

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