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“El miedo en Occidente”, de Jean Delumeau

«Una monumental obra sobre nuestro constante diálogo
con el temor y la amenaza.»

Reseña escrita por Ricardo Martínez
http://www.ricardomartinez-conde.es/

Cubierta de El miedo en Occidente

Cubierta de: ‘El miedo en Occidente’

Una reedición podríamos decir que equivale a una invitación implícita hacia ese ejercicio sabio y prudente de la re-lectura. Así, pues, habría que tomar la segunda reimpresión de este título fundamental en la historiografía europea por cuanto equivale, en esencia, a una lectura de la historia desde dentro, esto es, desde la consideración del hombre –y sus tribulaciones- como protagonista principal de una historia cuajada de avatares desiguales, de desventuras, de guerras, de enfermedades…
Una historia vivida o sufrida directamente por el europeo que, de camino hacia el progreso y la modernidad, hubo de ser causante y sufriente de situaciones como la guerra de los 100 años, de la aterradora Peste Negra, de la inacabable amenaza del Infierno por parte de una Iglesia dominante e inmisericorde con sus promesas de castigo si no guardaba los principios que la redención después de la muerte le otorgaría en caso de rebeldía espiritual…

Era esa una Europa, pues, abatida por la ignorancia –no se puede obviar el altísimo porcentaje de analfabetos; por lo tanto, en buena medida, de mentes sin criterio formado en un racionalismo más o menos liberador-, por la indefensión para paliar el efecto de las enfermedades y las tragedias, por el yugo de un futuro perversamente malo después de la muerte. Las renovadas alusiones a los efectos del Apocalipsis, la esperanza de vida mermada por las dificultades, las repetidas guerras de poder sembraban en el ánimo del europeo un ánimo triste, de Miedo (tal es el marchamo genérico que engloba el título, el Miedo, en una especie que por naturaleza, está diseñada por la lucha permanente de sobrevivir) Miedo que debilitaba su voluntad y, como un efecto acaso peor, le privaban de disfrutar del bien de la libertad, de una conciencia que le ayudase a entender los acontecimientos no tanto como plagas sino como hechos susceptibles de cambio en cuanto su inteligencia y su conciencia crítica le permitiesen intervenir en un futuro que les correspondía por derecho propio, por derecho de vida.

En consideración a este planteamiento me parece extraordinariamente oportuno y pertinente la exposición que hace el autor respecto de esta definición social: “Las llamaradas periódicas de miedo suscitadas por las pestes hasta mediados del siglo XVIII, las frecuentes revueltas provocadas, en gran medida, unas veces por el miedo a los soldados o a los bandidos, otras por la amenaza del hambre o del fisco, han marcado una larga historia europea que se extiende desde finales del siglo XIII hasta los inicios de la era industrial” Y, más adelante, aporta, a mi entender,  una consideración clave para entender el proceso: “Franqueando un nuevo escalón, desembocamos en el nivel de la reflexión –teológica sobre todo- que la época ejercita sobre sus propios miedos. Esta misma reflexión estuvo en el origen de nuevos miedos más amplios y más envolventes que los miedos identificados hasta ahora. Pero el milagro de la civilización occidental es que ha vivido todos esos miedos sin dejarse paralizar por ellos. Porque no se ha subrayado con fuerza suficiente que hubo al mismo tiempo angustia y dinamismo: a este se le ha designado, generalmente, con el término de ‘Renacimiento’ El miedo, así, suscitó sus propios antídotos” Es decir, el hombre había de ser liberado, como no podría ser menos, por sus propios medios de hombre: por su inteligencia, por su voluntad, por su asunción del riesgo y la aventura

Al fin, el hombre es –o ha de ser libre- porque necesita serlo, porque ha nacido como tal y tal será su destino. Es así que con la asunción de la predominancia, en un momento dado, de ese principio platónico cual es la curiosidad, hacia el Renacimiento nacieron los viajes fuera de las fronteras, se sentaron los principios impulsores de la ciencia y de la investigación, se derribaron los aherrojadores principios condenatorios de las Iglesia dando lugar a una creencia crítica, al margen del sometimiento por el miedo y la amenaza…

El predicador Geiler lanzó en 1508, en la catedral de Estrasburgo su ‘sálvese quien pueda’: “Lo mejor que se puede hacer, es mantenerse quieto en su rincón y meter la cabeza en un agujero tratando de seguir los mandamientos de Dios y practicando el bien para ganar la salvación eterna”. Más afortunadamente el futuro no había de hacerle caso, y es que por esos años había comenzado ya a ejercer el hombre nuevo, el hombre que, gracias al invento de Gutenberg, empezaba a leer y a pensar y a querer construir un futuro distinto. Iba naciendo el hombre distinto y libre, el hombre crítico y renovador: en las artes, en las ciencias, en la política…
El miedo, el gran atenazador, la gran amenaza habría de ser derribada para que hubiese futuro y esperanza, futuro y libertad. Una premisa de comportamiento en la que todavía estamos y que, acaso, no haya de terminar nunca. Digamos que por esos momentos llegó de una manera evidente el hombre que quiere mirar a un futuro abierto, ilusionante para sí y sus herederos, no un futuro cerrado, siempre amenazante

Escrito con una prosa sencilla, clara, el libro está dividido en una serie de apartados que comprende con precisa didáctica el tema esencial de que se trata. Así, en una primera parte, se abordan temas como ‘Omnipresencia del miedo’, ‘Tipología de los comportamientos del miedo en tiempos de peste’ o ‘Miedo y sediciones’ para abordar, en una segunda parte, otros temas como ‘La espera de Dios’, ‘Los agentes de Satán’ (siempre el peso, teórico y real, de una Iglesia dominante en las conciencias) o ‘Un enigma histórico: la gran repercusión de la brujería’.

Traducido por Mauro Armiño y revisado por Francisco Gutiérrez, resulta un texto necesario y perfectamente actual por su invitación a la conciencia crítica. Por la defensa del valor del libre albedrío como factor de futuro.

Lee y disfruta de un fragmento del libro.

Jean Delumeau

Jean Delumeau

El autor:
Jean Delumeau (Nantes, 18 de junio de 1923) es un historiador francés especialista en cristianismo, especialmente en el periodo del Renacimiento. Catedrático de Historia, miembro de la Escuela francesa de Roma y doctor en letras, ha ejercido la enseñanza de la historia en la Escuela Politécnica, en la Universidad de Rennes, en la École des hautes études en sciences sociales y en la Universidad Paris I – Panthéon-Sorbonne. Ejerció también la docencia en el Collège de France, donde fue elegido en 1975 para una cátedra de historia de las mentalidades religiosas en el Occidente moderno. Es miembro de la Académie des inscriptions et belles-lettres y del comité de patronaje de la Coordinación francesa para el Decenio de la cultura de paz y la no violencia.

El libro:
El miedo en Occidente (Siglos XIV-XVIII). Una ciudad sitiada (título original: La Peur en Occident. XIVe-XVIIIe siècles, 1978) ha sido publicado por la Editorial Taurus (2012) en su Colección Pensamiento. Traducción de Mauro Armiño y revisado por Francisco Gutiérrez. Encuadernado en rústica con solapas, tiene 600 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Para saber más:
Jean Delumeau en Wikipedia.

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“Guía para identificar los santos de la iconografía cristiana”, por Lorenzo de la Plaza Escudero, Cristina Granda Gallego, José María Martínez Murillo y Antonio Olmedo Molino

«¿Reconocerías a los personajes de la iconografía cristiana que aparecen representados en las obras de arte?»

Reseña escrita por Ricardo Martínez
http://www.ricardomartinez-conde.es/

Cubierta de Guía para identificar los santos de la iconografía cristiana

Cubierta de: ‘Guía para identificar los santos de la iconografía cristiana’

Qué interesante el conocer no solo la posible vida atribulada del santo, sino poder identificarle con una iconografía propia, lo que nos retrotrae a la didáctica de las iglesias en la edad media, edad seductora donde las haya.

Convengámoslo: el título semeja haber sido perfectamente concebido para seducir. En efecto, ahora conocemos en este apasionante  libro (luego de la larga letanía de la repetición de sus nombres por parte no solo de nuestros padres, sino de las amigas aficionadas a las celebraciones religiosas o de  las tías pulcras y beatas o parientes que comulgan-de una u otra manera- con frecuencia con las cosas de la iglesia) muchos de los nombres de alguno de los santos -y también santas- que adornan la hagiografía de nuestra alta institución trascendental, un verdadero lujo espiritual.

Y aún cabe especular sobre dos cosas: la una,  que únicamente conocemos una parte exigua de los nombres de quienes han entregado su vida con heroísmo y dolor en pro de la defensa de la fe o como convicción de sus ideas de trascendencia; y dos, la suerte de poder tener acceso a la parte iconográfica del evento, esto es, conocer la parrilla o las flechas o las cuñas asesinas que éstos sufrieron en sus carnes para defender su ideario.  Tal información, claro está, añade un plus de interés y curiosidad, un morbo a mayores porque, así, no solamente podemos recordar de  nuevo sus excelsos nombres, sino que podemos acceder a la viñeta que nos relata, de un modo directo, gráfico y actualizado, al trasfondo de su realista sacrificio.

Y ahí se pierde la estela, es decir, no sabemos después qué ha pasado; ignoramos si ha habido algún problemilla oculto que les impidió llegar directamente al cielo o están en cuarentena para expiar todavía alguno de sus pecadillos terrenales. A la vez, y eso es lo cierto, podemos ilustrar nuestras ignorancias conociendo de primera mano buena parte de la historia de Europa, cuajada la pobre de sacrificios sin fin para que cualquiera delos que fuese el santificado se pudiera poner de manifiesto lo que es, ay! el difícil camino que supone aceptar algo tan obvio, y real, y casi prosaico cual es el hecho –natural, perfectamente natural- de dejar de vivir. Y punto, como diría el pragmático.

¿Ejemplo de vida? ¿Ejemplo de muerte?

Ejemplos, al fin, a seguir como didáctica instructiva en este itinerario ilustrado que nos presenta este ameno y curiosísimo libro. Por ejemplo, san Quintín, cuyo cuerpo fue traspasado no solo de una lanzada de abajo arriba de su cuerpo sino que, el  pobre, hubo de sufrir la visita inesperada de unos clavos incrustados en sus dedos, bajo las uñas (A pesar de ello, ¿han reparado en el gesto de “me la refanfinfla”, esto es, todo por la fe, que muestra la delicada figura casi renacentista del joven acuñando su devoción por un hipotético más  allá? Soberbio. Por no hablar de santa Rita de Casia,  donde además de la molesta espina clavada en la frente,  se la ve acometida por abejas asesinas y un cilicio que, a buen seguro, no le  deparó placer alguno en su uso, salvo,  claro está, el placer no-físico de saber que sacrificaba su joven cuerpo en favor de una causa mayor cual fue la defensa, con su vida, de sus creencias.

En fin, precioso muestrario éste de la ‘santoralidad’ que honra  la historia de la iglesia de fieles de verdad, sacrificados,  y que a nosotros nos trae una enseñanza que, si bien  ahora no está de moda (corren tiempos hedonistas) bien pudiera despertar,  con el tiempo, la afirmación de alguna creencia trascendente  que, en adelante, bien pudiera ser ejemplo de algo bueno, y elevado; de un viaje celestial por lo menos.

Amén.

(Lo de la virgen de las tres manos lo dejamos para otra ocasión, pues ahí la iconografía ha de ser más repensada en su simbología trascendente)

SINOPSIS:
¿Reconocerías a los personajes de la iconografía cristiana que aparecen representados en las obras de arte? Esta guía, organizada alfabéticamente, te ayudará a reconocer a los personajes y conocer las peripecias de su vida. Cada entrada incluye datos básicos, una ilustración y un texto que nos informa de su historia, los posibles atributos y las variantes iconográficas más representativas. Para ayudar en la búsqueda se incluye un índice de atributos donde se puede consultar a qué seres corresponden los diferentes elementos. También un índice de patronazgos y otro de posibles elementos de protección y cura frente a enfermedades y problemas. Finalmente, un vocabulario de términos relacionados con la iconografía cristiana completa este diccionario.

El libro:
Guía para identificar los santos de la iconografía cristiana ha sido publicado por Ediciones Cátedra en su Colección Cuadernos Arte Cátedra. Encuadernado en tapa dura, tiene 400 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Para saber más:
Iconografía cristiana en Wikipedia.

 

 

 

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