Archivo diario: 1 septiembre, 2022

«La tumba de Dios (y otras tumbas vacías)», de José María Herrera

«Un recorrido por la historia de Occidente
a través de sus mitos más destacados.»

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Cubierta de 'La tumba de Dios'

Cubierta de: ‘La tumba de Dios’

Nos cuenta José María Herrera en su estupenda introducción que tas tumbas de las que se va a ocupar en este libro no contiene restos de ninguna clase: son tumbas vacías, cenotafios o, como las llama Virgilio en la Eneida, simulacros de sepulcro, tumulum inane. Además, carecen de realidad material, son tumbas literarias, que existen solo en el papel, es decir, su propósito es erigir literariamente el monumento funerario de ciertos personajes con los que hemos vivido estrechamente en el curso del tiempo. En cualquier caso el autor no pretende turbar el silencio de, que es la de la muerte. A la hora de la verdad, que es la de la muerte, la inexistencia, contrariamente a lo que pensaban los escolásticos, tal vez no sea una imperfección.

Adán, las sirenas, Teseo, la sibila, la vestal, el rey Arturo, la papisa Juana, Drácula, el gólem, don Juan, madame Bovary, Gregor Samsa, Dios.

La tumba de Adán nadie sabe donde puede estar, pero en tradiciones que no son la judía, se venera desde hace siglos el conocido como monte de Adán en Sri Lanka, supuesta tumba del padre de la humanidad, monte que es considerado sagrado por hinduistas, budistas y musulmanes que acceden a la cumbre para contemplar la gigantesca huella con forma de pie humano. Estos últimos suponen que se trata exactamente del primer paso dado por el padre de la humanidad tras ser expulsado del jardín del Edén. La razón por la que se creyó que fuera concretamente la de Sri Lanka en que, en el mes de abril, a cierta hora del día proyecta una sombra piramidal asombrosamente perfecta. La pirámide no existe, es la forma del monte bien perfilada por la luz del sol. Los suena eso de pirámide=tumba. Curioso.

El sarcófago del rey Arturo de mármol negro, reposaba sobre cuatro leones y estaba situado en la parte oriental de la abadía de Glastonbury, edificio de tres naves, magníficamente ornamentado e iluminado gracias a sus hermosas vidrieras. Este es el único testimonio fiable sobre como eran la abadía de Glastombury y la tumba de Arturo, y se lo debemos a John Leland, autor a mediados del siglo XVI de una monumental obra compuesta por ocho volúmenes donde se describen los principales edificios británicos de la época.
Pero para llegar hasta este momento el autor no va a hablar del colapso del Imperio Romano en el que Britania sufrió un larguísimo periodo de caos. La figura de Arturo, último defensor de una civilización agonizante, se alza en aquel desorden igual que un relámpago que ilumina la noche y luego se apaga dejando el recuerdo de un brillo cegador y su obra se desplomó sin dejar huella. ¿Dónde está Camelot? ¿Qué queda del poderoso reino de Arturo? La historia no puede asegurar que fuese un personaje real. Ni los documentos ni la arqueología acreditan su existencia. De no ser por los trovadores que, a partir del siglo XII cantaron sus gestas, el nombre de Arturo hace mucho que el nombre de Arturo no diría nada a nadie.
En este capítulo Hernando nos va a acercar al santo Grial, a José de Arimatea, a la Virgen María…, al mismo tiempo que nos acercará a Merlín, a Lancelot, a la reina Ginebra y a la isla de Ávalon donde falleció Arturo para ser trasladado a  Glastonbury. Realmente capítulo interesante y muy bien contado.

La tumba de Dios tengo que reconocer que es un libro verdaderamente interesante y muy instructivo, pero no voy a hablar de todas las tumbas así que para terminar hablaré de la tumba de Dios. ¿Cómo? ¿Qué ha muerto?, ¿entonces era cierto lo que anunciaron los filósofos? Pero ¿hay pruebas de ello?, ¿y el cadáver?, ¿alguien lo ha visto? Porque, no nos engañemos, cuesta creer que algo sí haya podido suceder: ¿cómo va a morir un ser que no existe, que nunca ha existido? Para existir hay que estar en el mundo, saltar al espacio y el tiempo, exponerse de algún modo, y Dios, que sepamos jamás lo hizo, siempre estuvo fuera, en un más allá inalcanzable.
A partir de aquí el autor nos va a hablar del diablo, del juicio final, de la torre de Babel, de los campos de concentración nazis y vamos a leer a Kavafis y al poeta húngaro Miklós Radnóti.

En fin, un libro muy recomendable que se lee rápidamente —son 160 páginas— y que deja un estupendo sabor de boca.

Lee y disfruta de las primeras páginas del libro.

El autor:José María Herrera
José María Herrera (Ronda, 1961) es doctor en Filosofía, crítico de arte y escritor. Colabora con Claves de la razón práctica y con Frontera digital. Entre sus títulos sobresalen El libro del Génesis (2007), Venecia galante (2007), El telar de Penélope (2020) yLos archivos de Alvise Contarini (2021).

El libro:
La tumba de Dios (y otras tumbas vacías) ha sido publicado por Editorial Turner en su Colección Turner Noema. Encuadernado en rústica con solapas, tiene 160 páginas.

9788418895623

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