Archivo diario: 3 agosto, 2022

Entrevista a José Miguel Guallar por su novela «Once perros y medio»

«El lunes publicamos en este blog, la reseña del último libro de José Miguel Guallar, Once perros y medio publicado por Independently published. El autor no ha tenido inconveniente en contestar a las cuestiones que le planteaba esta entrevistadora que, según él, hace preguntas bordes. Juzguen ustedes…»

MaudyEntrevista realizada por Maudy Ventosa.

Maudy.- José Miguel Guallar nunca ha tenido pelos en la lengua a la hora de denunciar las contradicciones e imposturas de los seres humanos a través de su literatura. Ahora lo hace a través de Milton. ¿Es más fácil que las señale un perro?
J. M. Guallar.- Milton está a un paso de ganar algún torneo importante de póker amañado, hacer media docena de copias falsas de Tapies para gozo de nacionalistas o, en periodo de vacaciones, aprovechando ausencias, suplantar a una vecina nuestra que es terapeuta y pasar de la escucha activa a dar consejos irreverentes, de los que todos estamos esperando. No sé si es más fácil para un perro, para Milton, está en su naturaleza, como el respirar.

M.- ¿Con qué dificultades se ha encontrado a la hora de utilizar un perro como narrador de su historia?¿cómo nace esta idea?
J. M. G.- Nace de un legítimo deseo de venganza contra algunos editores. Otros, terminan siendo amigos. Escribir novela, que empieza a ser un milagro transgénero, solo hay que ver escritores con seudónimo de mujer para acceder a premios como Planeta, puede ser una tortura si decides de inicio no seguir las modas narrativas. ¿Tu narrador va a ser ¾ aquiescente?¿Vas a seguir con el decimonónico narrador omnisciente? ¿Un atrevido narrador en segunda persona “intradiegético”? ¿O, lo último de lo último…?
Que narre mi perro Milton y lo haga como perro, es un placentero ejercicio. Hasta sus insultos, me caen bien.

M.- Tiene mucha experiencia con colectivos en situaciones de transformación. En ese tránsito, ¿los humanos pasamos por situaciones similares a las que sufre Milton cuando comienza a convertirse en medioperro? ¿Mediohumano o medioperro? ¿Con qué transformación se queda?
J. M. G.- Milton sufre porque comprende, y el conocimiento es una expansión que nos acerca a nuestra esencia como creadores, pero, el conocer, también es un peso tremendo que nos estruja la inocencia.

M.- ¿Es más fácil canalizar nuestras emociones a través de un perro amigo al que nos gusta cuidar, o ejercer ese cuidado ya en sí terapéutico?
J. M. G.- Con todo respeto a la entrevistadora que solo hace que desplegar su inteligencia, esta pregunta es borde. No tiene salida o, si la tiene, vas al diván directamente.
Desde que nací he vivido con perros. Nunca con mascotas, siempre con buenos compañeros de aventuras. Creí un tiempo que los cuidaba y eso me daba un toque baratillo de “persona de buen corazón”. Ahora sé la verdad que se esconde en mi relación con ellos: cierto que hay un mutualismo, pero en lo profundo son mis terapeutas de excelencia y mis mejores instigadores. Ahora mismo, escribiendo esto, tengo a mis perros Milton & Báztan a mis pies, fresquitos, que han venido de nadar del lago y me instigan: <<Dilo, chico, dilo. ¿Para qué te vas a guardar nada, si hasta lo que les desagrade a otros, les puede servir algún día?>>

M.- ¿Los humanos tendemos a apropiarnos de virtudes que no nos corresponden? Cuando se las atribuimos a los perros ¿es porque queremos hablar de nosotros mismos?
J. M. G.- Hablar de nosotros mismos es el fentanilo de nuestra sociedad narcisista. Es una droga muy barata, que nos engancha en días y que termina haciéndonos zombis. (Los zombis son la gran tenebrosa metáfora de nuestra sociedad del bienestar, a costa de otros, claro). Creemos tener virtudes boomerang, esas que no ayudan a nadie, pero vuelven a nuestra mano. Si se las endosamos a nuestros perros es porque así nos podemos dar unos cuantos chutes al día hablando de nosotros.
Los perros tienen cualidades vigorosamente naturales que ahora se empeñan algunos en castrar. Si fuésemos capaces de entenderlas y por qué llevan cuarenta mil años con nosotros, quizá empezáramos a respetarlos.

M.- Un buen perro ha de ser como la sangre: capaz de llegar a nuestra herida sin esperar a que lo llamen… ¿Qué pretende trasmitir con esa afirmación?
J. M. G.- Los buenos perros poseen un espectro amplio para percibir nuestro dolor como humanos. En muchas ocasiones antes de que tomemos conciencia de que estamos muy, muy jodidos, nuestro compañero canino se acerca y nos lo dice y señala nuestra herida. Un milagro estremecedor y un prodigio de compasión.

M.- Además de la percepción olfativa de los perros, llama la atención su sensibilidad. ¿nos aprovechamos de ella o la tememos?
J. M. G.- Los necesitados, yo entre ellos, nos aprovechamos muchísimo de la sensibilidad de nuestros compañeros caninos. Los sobraos, la temen. Una anécdota de Sigmund Freud al que casi nadie consideraría “necesitado”, pero era humano. Tuvo dos perritas sucesivas ChowChow. En Viena y luego en Londres en su exilio, las enviaba a recibir las visitas nuevas de pacientes y después observaba su reacción. Sus hijas y colegas las odiaban –por lo certero de sus diagnósticos, supongo- y las llamaban las Co-Terapeutas.

M.- No hay nada humillante en que nos dejen. Solo significa que, en esta vuelta, la vida nos ha adelantado. ¿Solo sirve esa aseveración para los humanos?
J. M. G.- ¿Alguien puede creer que un perro usaría la expresión “me ha dejado” por la muerte de otro compañero perro? La expresión “me dejó” refiriéndonos a alguien querido que muere, es el colmo del narcisismo. Viene a decir algo así: ¿Cómo se atrevió esa mala mujer o mal hombre a dejarme? ¡¡¡ A MÍ !!!
No tengo idea de lo que diría un perro cuando eso pasa. Sobre todo, quiero pensar lo que sentiría: un vínculo fuerte roto y una seguridad con el otro que ha estallado en mil fragmentos que ahora flotan.

M.- El autor conoce en profundidad el mundo canino, razas, comportamientos, cuidados… ¿cualquiera puede ser dueño de un perro?
J. M. G.- En muchos países se necesita una acreditación de haber pasado unas pruebas. Estoy de acuerdo porque conlleva diligencia y responsabilidad hacia el perro y el resto de los ciudadanos. Pero hay desalmados que los tratan como recipientes para cargar su frustración y violencia. Hablo de un delincuente con perros a los que hacen de pelea y terminan muriendo de sobreesfuerzo, o de personas que dicen ser megaempáticas y que engordan quince o veinte kilos a su perro a base de “cuidados” hasta que palma pronto después de tropecientas intervenciones.

M.- Milton es un gran contador de historias, le gusta salir al campo al amanecer, es intuitivo, inteligente… ¿Se parecen los perros a sus amos? Porque me suena que AD se parece a un escritor que pasea al amanecer, ama a los perros, tiene amigos con los que compartir viandas y experiencia y mucho que contar de las relaciones humanas… ¿Cuánto hay del autor en este personaje?
J. M. G.- Es mutua la influencia. Yo me voy pareciendo a Milton, pero hay cualidades que las trajo de serie como bordercollie y a las que no puedo aspirar. Pero me gustaría.

M.- ¿Los perros también pueden ser impostores?
J. M. G.- Los mejores. Mienten con estilo. En plan serie británica de los cincuenta sosteniendo el té o el whisky. Cojeras graves a las que siguen curaciones milagro si ven la correa, para salir, en la mano; atracos bien planeados a la nevera; manifestar culpa y angustia por haberla liado parda y al salir del recinto los espías y bostezan de aburrimiento diciendo: <<Pobrecillo, se lo ha tragao otra vez>>

M.- ¿Cuáles son sus próximos proyectos?
J. M. G.- Una novela de amor. Me doy cuenta que es algo tentador escribir una novela así. Hay momentos en que decides, como en los dramas y tragedias clásicas, cargarte a los protas y su séquito de personajes. El amor, aun como fuente de creación, puede ser una emoción siempre excesiva que coloniza todo a su alrededor.
Pero voy avanzando con la novela que arranca en Irlanda. Esta semana solo he matado a los protagonistas tres veces. Progreso.

M.- ¡Incorregible Guallar! Deseando saber qué pasa por Irlanda…
De momento, les regalo -con permiso de los protagonistas y cedida por el autor- una foto de Milton & Báztan. Y otra del autor, por supuesto.

perros

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Como complemento pongo un vídeo en el que José Miguel Guallar nos habla de su libro Once perros y medio.

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