«El matarife», de Sándor Márai 

«… El momento en el que vio centellear el hacha y, un instante después, caer al buey en silencio y sin retorcerse, se le quedó grabado como el recuerdo de un triunfo jubiloso.»

MaudyReseña escrita por Maudy Ventosa.

Cubierta de 'El matarife'

Cubierta de: ‘El matarife’

Narrativa Salamandra –Penguin Random House Grupo Editorial– nos regala esta pequeña joya, El Matarife, del novelista y dramaturgo húngaro Sándor Márai, una obra inédita, su ópera prima, en la que ya se reconocen las señas de identidad de uno de los autores más importantes del siglo XX, que comenzó escribiendo en alemán para después decantarse por su propia lengua. Burgués, rebelde con causa, se estableció en Leipzig para estudiar periodismo –carrera que abandonó– y más tarde visitó París. Cuando los soviéticos ocuparon Hungría y se instauró el régimen comunista, abandonó definitivamente su país para instalarse, al final y definitivamente, en Nueva York. No llegó a enterarse de cómo en 1989 caía el Muro de Berlín. Se había suicidado pocos meses antes del 9 de noviembre.

Volver a encontrarme con Márai después de tantos años me produce placer y desasosiego; me retrotrae a una época en la que, prácticamente, devoraba sus libros en pocos días atraída por su realismo descarnado y porque leer a Sándor –según Bruno Fuenteses leer los miedos de uno mismo y empezar a abrazarlos. El autor de El último encuentro, La mujer justa, Divorcio en Buda o La herencia de Eszter, entre otros, nos presenta en esta novela corta, la historia de un niño de cuerpo enorme que vino al mundo a los diez meses de gestación y ya con dientes, Otto Schwarz, hijo de una familia humilde de guarnicioneros de Brandeburgo que no servía para trabajar en el taller de su padre porque carecía de viveza y don de gentes. Descubre su vocación a los nueve años, cuando, junto a su abuelo, presencia el sacrificio y evisceración de un buey. Lo embargó una turbia satisfacción por el exitoso sacrificio de animal, algo sobre lo que no cabía duda, pero también por la matanza en sí, por el hecho de matar, que se reveló como un acto incondicionalmente positivo: la solución definitiva de un problema.

La prosa de Márai es excelente por lo precisa, rica, culta y profunda; modifica explicando o subrayando características a través de los adjetivos siempre bien colocados antes o después del sustantivo; en su texto no faltan emociones porque encadena el alma, aunque no busque conmover. Hace participar a los sentidos con sus descripciones tan realistas del matadero municipal, que apesta a olor agrio animal, a miedo, a sangre fresca que ensucia mandiles y caras de los matarifes mugrientos. El lector escucha los mugidos de las reses, las sierras que destrozan el espinazo de los animales sacrificados… crujir de huesos, excrementos, vísceras. Horroroso por lo real y descarnado. Y muestra el alma a través de la miseria de las personas que no tienen nada y solo esperan que les regalen algo de lo que se va a perder: ordeñar la vaca que va a ser sacrificada. Es el retrato inmisericorde de una sociedad que se prepara para una guerra que los hará iguales.

Los psicólogos utilizan la palabra alexitimia para describir la incapacidad de una persona para sentir emociones. Un trastorno que se da con más frecuencia de lo que nos imaginamos. Por eso, tal vez, nuestro protagonista no sintió nada cuando dieron la orden de quitar de en medio a los serbios y miró su bayoneta con ternura. Era como los cuchillos de matanza, con los que se raja la panza a las reses… () … soy matarife… () …matarife -cuchillo-tripa… la secuencia era primitiva y simple. Obediente e imbatible, célebre por la crueldad de la que hacía gala, Otto ascendió primero a cabo y más tarde a sargento. Había que premiar su eficacia en el tratamiento radical de las aldeas condenadas a muerte. ¿Cuántos jóvenes había como Otto después de la Primera Guerra Mundial?

Sándor Márai nos presenta un Berlín con ambiente prerrevolucionario, caótico, miserable, sucio, en el que las normas se habían relajado. Es difícil, pues, que la calle no sedujera a nuestro personaje, y que, después de haber clavado la bayoneta en tantos despreciables serbios, fuera capaz de sentir placer sacrificando solamente reses. Ya no. Porque ahora nota la diferencia.

Lee y disfruta de un fragmento de la novela.

Sándor Márai

Sándor Márai

El autor:
Sándor Márai nació en 1900 en Kassa, una pequeña ciudad húngara que hoy pertenece a Eslovaquia. Pasó un periodo de exilio voluntario en Europa durante el régimen de Horthy en los años veinte, hasta que abandonó definitivamente su país en 1948 con la llegada del régimen comunista y emigró a Estados Unidos. La subsiguiente prohibición de su obra en Hungría hizo caer en el olvido a quien en ese momento estaba considerado uno de los escritores más importantes de la literatura centroeuropea. Así, habría que esperar varios decenios, hasta el ocaso del comunismo, para que este extraordinario escritor fuese redescubierto en su país y en el mundo entero.

Sándor Márai se quitó la vida en 1989 en San Diego, California, pocos meses antes de la caída del muro de Berlín.

El libro:
El matarife (título original: A mészáros, 1924) ha sido publicado por Ediciones Salamandra en su Colección Salamandra Narrativa. Traducción de Mária Szijj y José Miguel González Trevejo. Encuadernado en rústica con solapas, tiene 112 páginas.

Como complemento pongo un vídeo en el que se narra vida y obra de Sándor Márai.

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Para saber más:
Sándor Márai en Wikipedia.

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Una respuesta a “«El matarife», de Sándor Márai 

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