«Existiríamos el mar», de Belén Gopegui

«Antes pensaba que la soledad era una ausencia, algo que no estaba, algo que no iba con la mujer o el hombre que caminan solos, sino que dependía de que no hubiera nadie a su lado… Luego supo que no era así…()… La soledad iba con una y, al menos la suya, le encantaba alimentarse con palabas que otras personas en sus ratos solitarios habían usado para vivir…»

MaudyReseña escrita por Maudy Ventosa.

Convencida de que se puede seguir luchando para lograr un mundo mejor y más justo, la escritora Belén Gopegui acaba de publicar su última novela, que rezuma compromiso, Existiríamos el mar, en Penguin Random House Grupo Editorial.

Cubierta de 'Existiríamos el mar'

Cubierta de: ‘Existiríamos el mar’

La pandemia aún no ha pasado, aunque sí los momentos más duros y crueles de la misma; todo el mundo ha quedado dañado y las consecuencias no solo afectan al mundo físico y emocional de las personas, también se dejan sentir con más crudeza en la precariedad y la pérdida de empleo que se ha producido. Siempre ha sido muy complicado y sacrificado adquirir y mantener una vivienda cuando dependes solo de tu trabajo y no cuentas con patrimonio familiar. Es algo que han vivido millones de familias a lo largo de la historia reciente. La diferencia ahora es la incertidumbre que marca el mundo laboral unida a los bajos salarios. Es lo que lleva, en un principio, a que un grupo de cinco jóvenes se unan para compartir piso en el número 26 de la Calle Martín Vargas de Madrid; aunque ya no están juntos solo porque los sueldos no llegan, sino porque han creado unos vínculos especiales que no tienen nada que ver con los lazos familiares. Eso no significa que dejen de hacerse preguntas en torno a la relación que han construido: si sus condiciones económicas cambiaran ¿dejarían de vivir juntos? ¿Son unos putos náufragos? ¿Es un grupo que no ha llegado a ningún sitio?

Porque sería posible vivir de otra manera.
Una novela luminosa sobre la lealtad y la convivencia.

La vida en común de estos jóvenes, que ya superan los cuarenta años, es el pretexto que utiliza la autora para exponer sus reflexiones, y hacer que el lector reflexione también; pasan a ocupar un primer plano, a través de la voz narrativa de la novela, temas como la labor sindical que realizan a diario Camila y Ramiro y el compromiso para lograr que el mundo sea más equitativo –afirma Gopegui que, para preservar la propia alegría, es necesario que el entorno sea justo–; afloran las dudas existenciales del objetivo de sus vida y de su lucha, delas condiciones de trabajo: hay que cambiar muchas cosas para que cada trabajo tenga sentido… Y no todos tienen que ser profundos… No es lo que hace, son las condiciones en las que lo hace… Si no fuera por las exigencias desmedidas, el sueldo escaso y la continua presión de los mandos, estaría bastante contento con su oficio… No es solo el control que impone la jefatura, sino además las rencillas que existen entre los compañeros. Y es que, en este grupo, parece que ninguno tiene una ocupación que le satisfaga, sienten que sus trabajos les tragan, pero no tenerlos también. Y aquí abordan el problema del paro que golpea a Jara y a tantas personas en nuestro país, porque el drama de la pérdida del empleo conlleva también en la mayoría de los casos, la pérdida de la autoestima. El trabajo puede lograr satisfacerla necesidad de ser alguien –sentir que eres–, según el grupo; el no tenerlo es posible que sea la causa de la huida de Jara, que abandonó el piso, a sus amigos, a su madre, sin despedirse ni dejar una dirección. Está convencida de que funcionar en esta sociedad consiste en asumir ciertas responsabilidades impuestas por el interés de unos pocos. Renata, su madre, está preocupada porsi se ha marchado para irse apagando sola y lejos… si se ha ido para esconderse… porque el paro no le dejaba ser, aunque, opina, las cosas pueden ser serias o graves pero no dramáticas… El drama solo debilita… A veces es muy difícil para algunas personas evitarlo, pero cuando se puede elegir, se es mucho más fuerte. Y es posible que no quiera ser encontrada; reflexión también sobre las relaciones que se crean entre un grupo de personas que no son familia y forman un equipo alternativo que comparte su vida, sus amarguras y satisfacciones, sus alegrías y sus penas, las risas y las lágrimas, sus fracasos y sus logros, las tareas cotidianas, los sueños y las contradicciones… lo cotidiano; hablan del patrimonio de las personas, que por herencia determina la clase social, aunque todos quieren escapar de su presente, sobre todo de su trabajo y de su precariedad; de cómo se confunde la realidad con la ficción cuando te crees distinto y acabas adoptando la mirada del otro; reflexionan sobre que la gente no puede elegir sus batallas: ni la enfermedad, ni el paro, ni el agobio económico, ni nada: te toca y hay que hacerle frente; tratan el tema de la soledad como un lugar no elegido, pero al que se acude para coger fuerzas porque la fortaleza espiritual y el aprendizaje del valor se logran más en compañía… ()… solo los rentistas pueden permitirse el apartamiento para el cultivo del ser, y entonces ese apartamiento requiere haber acumulado mucho trabajo ajeno…

Novela coral dividida en tres partes, donde los capítulos alternan el protagonismo de los personajes, reflejando sus sentimientos y pensamientos, a la vez que la voz narrativa actúa rozando el ensayo.

PERSONAJES:

  • Lena, Len, tiene cuarenta y dos años, pelo corto y es alta. En su vida hay bruma, complicaciones, necesidad de mantener lo que ha conseguido. Es investigadora en un laboratorio, pero es un trabajo que ha dejado de ser ilusionante porque no hay nada que pueda decidir. Le gusta el silencio y la soledad. Colabora en el centro social del barrio. Óliver fue su última pareja de larga duración. Racional. Es amiga de Jara desde la infancia.
  • Ramiro, cuarenta y tres años; tiene un cuerpo grande y su pelo es negro, color que elige casi siempre para vestir. Trabaja en una cadena especializada en construcción, decoración y bricolaje. A la vez, hace tareas de militancia. Es delegado sindical. A veces siente que le sobra cuerpo.
  • Camelia, Camila, Cami, de cuarenta y un años; madre de una hija, Raquel, de nueve, que vive en Valencia durante el curso con su padre. Comparte su trabajo como responsable administrativa con sus horas sindicales en las oficinas del sindicato. Comprometida.
  • Hugo, tiene cuarenta años recién cumplidos; desarrollador web; es flaco. Lleva media cabeza rapada, la otra media con pelo largo. Volátil su manera de ser; padres separados. Se ha enamorado de Chema, pero no está Jara para contárselo. Su expresión recuerda al estudiante que fue. Escribe poemas.
  • Jara es una persona indecisa, obsesiva, amada por sus amigos. Está en el paro. Se marcha del piso sin avisar ni despedirse. No quiere que la encuentren; es posible que su sufrimiento venga de las experiencias acumuladas. Lleva años rompiéndose. Graduada en economía había aceptado empleos cuyo horario dependía de los picos de trabajo, y acabó rindiéndose y trabajando de cualquier cosa. Su cuerpo emana sexualidad. Es la responsable de que el grupo crea de nuevo que hay que seguir intentándolo todo, a pesar del fatalismo caótico que la envuelve.
  • Renata, la madre de Jara. Tiene setenta años y el pelo teñido de granate; su expresión es irónica y siempre ha rehuido el dramatismo y el abrazo. Hugo cree que es una persona barca, porque puedes navegar con ella en días de grandes temporales.
  • Alba, una chica a la que se le acaba el tiempo. Su objetivo es encontrar el objetivo.

Y otros que irás encontrando…

Sinopsis de la editorial.
En el portal 26 de la Calle Martín Vargas de Madrid, Lena, Hugo, Ramiro, Camelia y Jara han logrado convertir el piso que comparten en un espacio de vida en común. A sus cuarenta años viven juntos por necesidad y porque forma parte de su manera de entender la convivencia y las relaciones personales. Pero la situación y el carácter de Jara son más inestables: hace tiempo que no tiene trabajo y siempre vive en vilo. ¿Por eso se ha ido sin avisar y sin dejar nota de su paradero?
Existiríamos el mar es un soplo de energía que nos lleva a los caminos donde se unen la fragilidad y la fuerza, lo difícil y lo posible, los nuevos comienzos, y formas diferentes de perseverancia y de lealtad. Belén Gopegui ha escrito una novela osada y conmovedora de historias comunes donde lo más intenso no reside ni en lo más oscuro ni en lo más turbio, sino, a veces, muchas veces, en momentos de respeto, risas, charla, felicidad, apoyo mutuo o rabia compartida.

Lee y disfruta de un fragmento de la novela.

La autora:Belén Gopegui
Belén Ruiz de Gopegui Durán conocida como Belén Gopegui (Madrid, 1963). En 1993, la editorial Anagrama publicó su primera novela, La escala de los mapas. Siguieron, entre otros títulos, Tocarnos la cara (1995), La conquista del aire (1998), Lo real (2001), El lado frío de la almohada (2004), El padre de Blancanieves (2007) y Deseo de ser punk (2009), todos ellos publicados recientemente por Debolsillo.
Literatura Random House ha publicado Acceso no autorizado (2011), El comité de la noche (2014), Quédate este día y esta noche conmigo (2017) y la edición conmemorativa del XXV aniversario de La escala de los mapas. Rompiendo algo (Ediciones Universidad Diego Portales, 2014; Debolsillo, 2018) reúne una selección de sus artículos y ensayos.

El libro:
Existiríamos el mar ha sido publicado por la Editorial Literatura Random House. Encuadernado en rústica con solapas, tiene 304 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Para saber más:
Belén Gopegui en Wikipedia.

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Archivado bajo Literatura, Literatura, Narrativa, Por Maudy Ventosa

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