«Humo», de José Ovejero

«La llegada de ese aire helado me produce todos los años una sensación de desaliento y rabia a la vez. Me paraliza durante horas en el interior de la cabaña… (…) Con la llegada del invierno nuestra vida se vuelve aún más precaria si cabe, más incierta. Otra vez el hielo. Otra vez la nieve. Sobre todo, otra vez el hambre…»

MaudyReseña escrita por Maudy Ventosa.

Es el último sábado de febrero, y gracias a Galaxia Gutenberg y a Santiago, de la librería Sin tarima, estoy en el patio de la Biblioteca Municipal Iván de Vargas, junto al Pozo de San Isidro. Tengo la suerte de asistir a la presentación del último libro de José Ovejero, Humo, publicado por Galaxia Gutenberg. La entrevista corre a cargo de Edurne Portela. Una pareja de lujo.

José Ovejero y Edurne Portela

José Ovejero y Edurne Portela

Afirma Edurne que, Humo se creó en estado de gracia, como si el autor se encontrara realmente en ese mundo que estaba creando. Todas sus novelas han pasado por un desarrollo de investigación previo; de charlas, de descubrir y estructurar…, pero con esta fue empezar a escribir y estar ya dentro de la novela –nos cuenta José–, como si de un proceso de inmersión se tratara. Está escrita en un periodo breve, empecé, continué, nunca me detuve. Sabía qué era lo que quería escribir y se sentía muy cerca de los personajes.

Cubierta de 'Humo'

Cubierta de: ‘Humo’

Esta novela es un canto a la naturaleza; traslada de manera brillante y poética lo que ellos, desde hace un tiempo, están viviendo y aprendiendo en su adaptación a la sierra. Mucho más agreste, incluso amenazante, en la novela. Podemos, a través de las descripciones del autor, escuchar el viento que se cuela entre las hojas, el murmullo del riachuelo o el zumbido de las abejas; oler la fragancia que desprenden los piornos al florecer; observar el vuelo de las aves; sentir el miedo cuando cae la noche… Dibuja un hermoso campo de jaras, cantuesos y retamas; de bosque de eucaliptos, lilos, piornos, zarzamoras y rosales silvestres. De atardeceres espléndidos que parecen incendiar el cielo; de álamos y robles; de remansos creados en el río por las raíces de los abedules. De enebros y encinas. De alisos, zarzas… con la sierra al fondo; y las abejas… La montaña cruje. Conversaciones de matorrales… A la mujer le importa saber el nombre de las cosas que le rodean… porque, solo nos es de verdad cercano lo que podemos nombrar; las palabras que puede asociar a olores, al tacto… Es la importancia de las palabras que acompañan.  Es una novela más de sensaciones que de emociones, dice el autor.  

La protagonista de esta historia es una mujer –voz narrativa– que vive en una cabaña con un niño, que no es su hijo, y una gata, la única que tiene nombre, Miss Daisy. Solo con el niño hay un “nosotros”. Los tres forman la familia perfecta, porque no tienen que justificarse. Siente sensación de hogar cuando el niño juega con la gata… Aceptan el hambre como aceptan el frío o el calor. También hay un hombre que provee de alimentos y de caricias, que viene y va; y al final llega el hombre, de manera inesperada y como una amenaza, porque su llegada supone la vuelta a las normas.

Una constante en las obras de José Ovejero es la búsqueda de la libertad –afirma–. En Humo no quería construir el personaje de una mujer protectora, que cuida, que da, sino el de una mujer que busca lo que necesita. Le gusta explorar personajes femeninos capaces de conquistar los espacios de los que, tradicionalmente, han sido expulsadas; esta mujer asume el papel de dura porque no responde al estereotipo de mujer madre-cuidadora con el niño; hace años que no pisa la ciudad, intenta sobrevivir en un medio que no es el suyo, que le asusta; y teme la oscuridad del bosque; pero quiere sobrevivir, aunque sea hambrienta, dolorida y rabiosa…

José Ovejero y Maudy Ventosa

José Ovejero y Maudy Ventosa

No se plantea vivir dependiendo del hombre proveedor, aunque sea amable silencioso y la sepa amar; quiere administrar el hambre como administra el deseo… no sabría qué hacer con su presencia leñosa… los silencios del niño son livianos, silencios de pececillos de colores… –frase mágica que destaca Edurne–. La importancia del silencio es una presencia positiva en la novela, en un lugar donde la naturaleza te regala el murmullo de la tierra. Por eso es capaz de comunicarse con el niño más allá de las palabras, con un lenguaje más amplio y significativo, y sentir la destartalada cabaña como un lugar protegido, incluso acogedor. Aunque vivan encapsulados.

Edurne ve, en la mujer dura y madura de Humo a la adolescente Ana de Insurrección, por ese anhelo de buscar un espacio propio, la libertad; por intentar romper las normas que condenan a la mujer a mantener unos patrones de comportamiento socialmente aceptables y aprendidos; por luchar por su supervivencia. Esta mujer, se libera de las instituciones, del peso de las expectativas, de las formas… su relación con el hombre es absolutamente libre, continúa el autor… está creando su propio mundo…

Hay un capítulo delicioso dedicado a las cosas que le hacen feliz, tan sencillas como hermosas… beber agua fría del arroyo después de trabajar duro; descubrir un nido de mirlos en el peral…

Esta historia no sabemos muy bien cuándo ocurre, sí que ella conoce los móviles y los ordenadores, pero son palabras frías y lejanas que no forman parte del aquí y el ahora, sino del allí y el entonces, que no sabemos cuándo es. Analizan Edurne y José la cuestión del tiempo en la novela; el tiempo subjetivo definido por esa vida encapsulada y las sensaciones que tiene la mujer al contemplar al niño; el tiempo subjetivo lo marca la supervivencia, mientras que el tiempo objetivo lo va marcando la naturaleza con el cambio de estaciones, la noche y el día… No es posible vivir constantemente en este presente desalentador y mucho menos en un pasado desvaído del que de todas formas también quiso huir…

…Y la memoria, porque es imposible ser, sin memoria. Hay un intento consciente de prescindir del pasado, pero es imposible borrarlo del todo; y tampoco hay proyecto de futuro, solo existe la supervivencia del día a día. Subyace en ella un deseo de retorno a la animalidad, sentir lo que sientes, que te emocione la belleza de un paisaje, pero no empezar a imaginar otra cosa… prescindir de la imaginación. La imaginación es lo que nos permite proyectar un futuro, entonces, lo interesante de los animales, es que no pretenden, por lo que sabemos, cambiar de estado, ser otra cosa, vivir de otra manera; esa mujer no pretende progresar, no pretende vivir de otra forma; no se imagina un futuro en el que las cosas serían distintas.

Cuenta José Ovejero, que uno de los comentarios que le hacen con asiduidad sus lectores, es que los personajes no se van al acabar la novela, sino que se quedan mucho tiempo… Puedo asegurarte que es mi caso; siento muy cerca a esa mujer y a ese niño. Los siento en las tripas.

Frases cortas e intensas. Emociones contenidas. Prosa lírica. Empatía con los personajes. Descripciones magníficas, profundidad, intensidad, utilización de las palabras exactas… porque la emoción no debe estar en el texto sino en quién lee… Magnífico, como siempre.

PERSONAJES:

  • La mujer, hace unos años que dejó la ciudad… es posible que tenga ahora alrededor de cuarenta.  Dura e indiferente respecto a la responsabilidad de cuidar un niño que no es suyo, pero le provoca ternura porque parece un animalito doméstico. Orgullosa de su habilidad para la supervivencia. Cuando el hombre la toca, su cuerpo retrocede quince años, cuando era maleable; quiere perder el control y no reprimirse. Sus pensamientos giran sobre todo alrededor del presente y del futuro. Quiere ser capaz de percibir sin pensar, de sentir sin imaginar…
  • El niño, mira en silencio porque casi todo lo hace en silencio. Puede pasar un día entero sin decir una palabra. ¿De dónde viene? Cuando una situación lo supera, dice Adiós. No sonríe, pero es posible que piense en sonreír. No sabe su edad, pero parece envejecer por la tarde. No pide, ni mendiga ni se rinde. Un día entró en la cabaña y se sentó. No se sabe nada más de él. Con pequeños gestos emite silencio, grito, asombro, ternura, dolor… sin emitir sonido alguno. No tiene caprichos ni rabietas, no exige atención constantemente.
  • Miss Daisy, la gata que mira el paisaje y no sabemos lo que siente; si es capaz de percibir la belleza del entorno; que juega con el niño como una gata…
  • El hombre huele a cuero y a leña seca; a veces les lleva provisiones. Habla más que el niño, salvo si la mujer le pregunta. Cuenta historias de un mercado en el que compra herramientas, o de las cabras montesas que pelean en las cumbres; unas verdaderas y otras que se inventa. Va a la cabaña porque allí el tiempo no ha cambiado, y fuera de allí empieza a no entender nada. Cuando habla de su pasado, su voz transmite nostalgia.
  • Un hombre, no más de treinta años, pelo y barba largos y limpios. Es guapo. Habla con una seguridad envidiable. Huele a amenaza, se apropia, ordena y juzga a la mujer. Aspecto tosco y modales de gañán. Metro ochenta. Parece el guardián de las normas establecidas.

Sinopsis de la editorial.
Una mujer, un niño y una gata conviven en una cabaña en pleno bosque, calladamente la mayor parte del tiempo, pues el niño apenas habla. No tienen contacto con nadie, excepto por las visitas de un hombre que les trae provisiones de vez en cuando. No son familia, pero juntos salen adelante.
Fuera, la naturaleza se está volviendo impredecible: el paisaje deslumbrante que rodea a los protagonistas adquiere a veces matices siniestros. Ellos subsisten con lo que obtienen de un huerto que cada vez da menos frutos, y con lo que consiguen del bosque inmediato. A lo lejos, en las ciudades, parece que también hay extrañas turbulencias, cuya amenaza se proyecta sobre la cabaña.
José Ovejero nos presenta a estos personajes solitarios, sin alma de héroes, y nos hace reflexionar sobre el sentido de la vida, los lazos que nos unen a las personas de nuestro entorno y la capacidad de sobrevivir en situaciones adversas.

Lee y disfruta de las primeras páginas de la novela.

José Ovejero

José Ovejero

El autor:
José Ovejero (Madrid, 1958) ha vivido la mayor parte del tiempo fuera de España, principalmente en Alemania y en Bélgica, y ha escrito poesía, ensayo, libros de viajes, cuentos y novelas. En todos esos ámbitos, su obra ha merecido premios como el Ciudad de Irún de poesía 1993 por Biografía del explorador, el premio Grandes Viajeros 1998 por China para hipocondríacos; el premio Primavera de novela 2005 por Las vidas ajenas; el premio Gómez de la Serna 2010 por La comedia salvaje; el premio Anagrama de ensayo 2012 por La ética de la crueldad, y el premio Alfaguara de novela 2013 por La invención del amor. José Ovejero no deja de indagar nuevos territorios narrativos, como por ejemplo con la novela Los ángeles feroces, publicada en Galaxia Gutenberg en 2015; o La seducción o Insurrección, ambas publicadas en este mismo sello en 2017 y 2019 respectivamente.

El libro:
Humo ha sido publicado por la Editorial Galaxia Gutenberg en su Colección Narrativa. Encuadernado en rústica con solapas, tiene 144 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Como complemento pongo un vídeo grabado por Maudy Ventosa en el que José Ovejero nos habla de su novela «Humo».

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Para saber más:
https://joseovejero.com/
José Ovejero en Wikipedia.

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Archivado bajo Literatura, Literatura, Narrativa, Por Maudy Ventosa

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