«Obra esencial», de Antonio Machado

«Edición de Pedro Cerezo»

Por Ricardo Martínez.

“En su conjunto, la obra de Machado representa una alta aventura espiritual”
Pedro Cerezo

Cubierta de Obra esencial Antonio Machado

Cubierta de: ‘Obra esencial’ Antonio Machado

Podríamos considerar que la palabra del poeta siempre será una palabra esencial, por cuanto su labor literaria reside, principalmente, en hallar la palabra apropiada para el pensamiento, para la emoción, para la participación vital en el ser de la naturaleza, donde el hombre siente y se ubica.
Ahora bien, dentro de la poesía española, la palabra de Antonio Machado se vuelve más esencial si cabe por cuanto, lo que en un principio fue sobre todo palabra estética, preocupada por el paisaje y su comunicabilidad con el sentimiento de la belleza y armonía en el hombre, los avatares políticos hacia el final de sus días le llevaron, además, a una toma de conciencia social que se tradujeron, en su extensa obra, en pensamientos entre ensayo y aforismo, así como una arraigada toma de postura política a favor de la causa republicana lo que le supondría, a la larga, el exilio en Francia, donde había de morir.

La parte de su obra recogida en ‘Los complementarios’, así como su afamado ‘Juan de Mairena’ dan buena prueba de ello.  Desde luego, su ‘Poesía y prosa de la guerra’ deja poco lugar a la duda en cuanto a sus implicaciones políticas.
He aquí, no obstante, que la condición por la que se le recuerda en la literatura española es por su figura como una especie de poeta del pueblo: por su discurso sencillo y hondo, por su preocupación constante no solo por obtener y destacar la belleza y armonía de lo observado, sino por aproximar su punto de mira a aquellas preocupaciones propias del hombre común (la identidad con el paisaje propio, la inextinguible llama del amor) fueron quienes, a la larga, le otorgaron una carta de naturaleza entre el pueblo llano que pocos poetas después han obtenido. Y el hecho de que muchos de sus poemas circulen hoy en canciones es buena prueba de ello.

Su lenguaje nunca se apartó de lo real vivido, de lo más próximo al hombre: “Es una hermosa noche de verano/ Tienen las altas casas/ abiertos los balcones/ del viejo pueblo a la anchurosa plaza (…) En el cénit, la luna, y en la torre,/ la esfera del reloj iluminada” para concluir hacia esa soledad tan añorada y recurrida, un sentimiento que habría de ocupar buena parte de su existencia, al menos como sentimiento: “Yo en este viejo pueblo paseando/ solo, como un fantasma” ¿Quién, qué hombre sencillo y cierto, podría sentirse desligado de un estado de ánimo así? El poeta, de algún modo, supo sentir y pensar como cualquiera de sus coetáneos en una sociedad dura e incierta: “España miserable, ayer dominadora/ envuelta en sus harapos, desprecia cuanto ignora”

El conjunto del libro acoge las obras siguientes: Obra poética, Prosas de los apócrifos, Los complementarios, Apuntes y ensayos de crítica y Poesía y prosa de la guerra. La obra, tan amplia y documentada – a todas luces muy representativa– ha sido preparada por el profesor Pedro Cerezo con un amplísimo cuadro de Índices que facilitan y posibilitan una lectura más eficaz y una comprensión más directa de tan extraordinario y fecundo legado.
Un legado del que no suele resaltarse la condición de dolor, un dolor solidario, pues el poeta pensaba y sentía sobre un país, el suyo, que, o bien no le gustaba en su manifestación más inmediata, o bien porque, en ello, era consciente de tanta transformación necesaria –comenzando por una cultura más extensa y crítica, preludio acaso de lo que luego constituyó su largo dolor, su pesar por el futuro: “Desnuda está la tierra/ y el alma aúlla al horizonte pálido/ como loba famélica. ¿Qué buscas/ poeta, en el ocaso?/ Amargo caminar, porque el camino/ pesa en el corazón. ¡El viento helado/ y la noche que llega, y la amargura/ de la distancia!… En el camino blanco/ algunos yertos árboles negrean/ en los montes lejanos/ hay oro y sangre… El sol murió… ¿Qué buscas/ poeta en el ocaso?” No en vano el poeta perteneció a aquella generación doliente que veía desmoronarse lo que un día había sido un imperio (con mucho de absurdo en sí mismo) ahora camino poco menos que de sus cenizas.

     De ahí su palabra doliente, su fecunda poesía siempre revisitable

Antonio Machado por Leandro Oroz (1925)

Antonio Machado por Leandro Oroz (1925)

El autor:
Nota autobiográfica.
“Nací en Sevilla el año de 1875 en el palacio de las Dueñas. Anoto este detalle no por lo que tenga de señorial (el tal palacio estaba en aquella sazón alquilado a varias familias modestas), sino por la huella que en mi espíritu ha dejado la interior arquitectura de este viejo caserón. En mi próximo libro hablo de él, sin más datos que mis recuerdos infantiles. Desde los ocho a los treinta y dos años he vivido en Madrid con excepción del año 1899 y del 1902 que los pasé en París. Me eduqué en la Institución Libre de Enseñanza y conservo gran amor a mis maestros: Giner de los Ríos, el imponderable Cossío, Caso, Sela, Sama (ya muerto), Rubio, Costa (D. Joaquín —a quien no volví a ver desde mis nueve años). Pasé por el Instituto y la Universidad, pero de estos centros no conservo más huella que una gran aversión a todo lo académico. He asistido durante veinte años, casi diariamente a la Biblioteca Nacional. En 1906 hice oposiciones a cátedras de francés y obtuve la de Soria donde he residido hasta agosto de 1912, con excepción del año 10 que estuve en París, pensionado para estudiar filología francesa.
Estudié en el Colegio de Francia dos cursos (Bédier y Meillet). En 1909 me casé en Soria (Iglesia de Santa María la Mayor) y enviudé en 1912. En 1º de noviembre del mismo año fui trasladado a Baeza donde actualmente resido. No tengo vocación de maestro y mucho menos de catedrático. Procuro, no obstante, cumplir con mi deber. Mis lecturas han sido especialmente de filosofía y de literatura, pero he tenido afición a todas las ciencias. Creo conocer algo de literatura española. Tengo una gran aversión a todo lo francés, con excepción de algunos deformadores del ideal francés, según Brunetière. Recibí alguna influencia de los simbolistas franceses, pero ya hace tiempo que reacciono contra ella. Tengo un gran amor a España y una idea de España completamente negativa. Todo lo español me encanta y me indigna al mismo tiempo. Mi vida está hecha más de resignación que de rebeldía; pero de cuando en cuando siento impulsos batalladores que coinciden con optimismos momentáneos de los cuales me arrepiento y sonrojo a poco indefectiblemente. Soy más autoinspectivo que observador y comprendo la injusticia de señalar en el vecino lo que noto en mí mismo. Mi pensamiento está generalmente ocupado por lo que llama Kant conflictos de las ideas trascendentales y busco en la poesía un alivio a esta ingrata faena. En el fondo soy un creyente en una realidad espiritual opuesta al mundo sensible. Siento una gran aversión a todo lo que escribo, después de escrito, y mi mayor tortura es corregir mis composiciones en pruebas de imprenta. Esto explica que todos mis libros estén plagados de erratas. Mi gran pasión son los viajes. Creo conocer algo algunas regiones de la Alta Castilla, Aragón y Andalucía. No soy muy sociable, pero conservo gran afecto a las personas. He hecho vida desordenada en mi juventud, y he sido algo bebedor, sin llegar al alcoholismo. Hace cuatro años que rompí radicalmente con todo vicio. No he sido nunca mujeriego y me repugna toda pornografía. Tuve adoración a mi mujer y no pienso volver a casarme. Creo que la mujer española alcanza una virtud insuperable y que la decadencia de España depende del predominio de la mujer y de su enorme superioridad sobre el varón. Me repugna la política, donde veo el encanallamiento del campo por el influjo de la ciudad. Detesto al clero mundano que me parece otra degradación campesina. En general me agrada más lo popular que lo aristocrático social y más el campo que la ciudad. El problema nacional me parece irresoluble por falta de virilidad espiritual; pero creo que se debe luchar por el porvenir y crear una fe que no tenemos. Creo más útil la verdad que condena el presente, que la prudencia que salva lo actual a costa siempre de lo venidero. La fe en la vida y el dogma de la utilidad me parecen peligrosos y absurdos.
Estimo oportuno combatir a la Iglesia católica y proclamar el derecho del pueblo a la conciencia y estoy convencido de que España morirá por asfixia espiritual si no rompe ese lazo de hierro. Para ello no hay más obstáculos que la hipocresía y la timidez. Esta no es una cuestión de cultura —se puede ser muy culto y respetar lo ficticio y lo inmoral— sino de conciencia. La conciencia es anterior al alfabeto y al pan. Admiro a Costa, pero mi maestro es Unamuno. He publicado un tomito de versos en 1903 refundido con nuevas composiciones en 1907 Soledades, Galerías, otros poemas, y otro volumen Campos de Castilla en 1912. Tengo casi terminados tres volúmenes Hombres de España, [Apuntes de paisaje], Cantares y proverbios, que irán saliendo sucesivamente. Se han ocupado de mis versos con elogio muy superior a mi mérito Unamuno, Azorín, Juan R. Jiménez, Ortega Gasset, Marquina, Acebal, González Blanco, Carner, Baquero, Candamo en periódicos y revistas y Rubén Darío en su libro, El canto errante”.

Antonio Machado (Para una Antología, preparada por Azorín)

El libro:
Obra esencial de Antonio Machado ha sido publicado por la Biblioteca Castro en su Serie Generación del 98. Edición de Pedro Cerezo. Encuadernado en tapa dura con sobrecubierta, número de páginas: Introducción: CLXIV pp. Texto: 930 pp..

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Con motivo de la conmemoración este 2007 del centenario de la llegada de Antonio Machado a Soria, el programa UNED rastrea las huellas vitales y de autoría del poeta e intelectual sevillano: sus orígenes, su infancia, su tránsito por Castilla, sus amores, su poesía, su compromiso político y social…, son algunos de los puntos cardinales abordados con la particular intención de rendir homenaje a una de las figuras más relevantes de la literatura española del siglo XX. Intervienen Alfonso Guerra, Presidente Comisión Constitucional; Ian Gibson, escritor y Luis Cabrejas, investigador.

Para saber más:
http://www.antoniomachado.com/?p=6165
Antonio Machado en Instituto Cervantes.
Antonio Machado en Wikipedia.

 

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