“10 escritores brasileños imprescindibles”

Viajamos a sus libros con motivo de los Juegos en Río de Janeiro

El  viernes 5 de agosto, a las 18.00h —las 01.00h ya del sábado en España; la referencia es el horario brasileño— se inauguraron los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en el mítico estadio de Maracaná. Una actividad que contará con la firma de los directores de cine brasileños Fernando Meirelles (Ciudad de Dios, 2003), Andrucha Waddington (Lope, 2011) y Daniela Thomas (Tierra extranjera, 1995), y que marcará el inicio de unos juegos que harán que todo el mundo se fije durante semanas en la ciudad brasileña. Lo nuestro son los libros, así que hemos querido aprovechar la coyuntura y compartir con vosotros esta lista de diez escritores brasileños imprescindibles.

Manuel Antônio de Almeida (Río de Janeiro, 1831 – Macaé, 1861) pasó a la historia por una única novela: Memorias de un sargento de milicias (1852); un libro de juventud con el que Almeida fundó, a pura intuición, la narrativa realista brasileña. El libro se publicó por entregas en el diario Correio Mercantil, de Río de Janeiro, y supone una revisión del género picaresco: transcurre en los barrios pobres de la ciudad, y está protagonizada por una serie de personajes que abandonan la época colonial, pero todavía no se instalan en los dejes de la burguesía. También es autor de la obra de teatro Dos amores (1861). Además de por estos dos libros, Manuel Antônio de Almeida se recuerda en Brasil por dos hechos extraliterarios: en primer lugar, su origen pobre, que no le impidió licenciarse en Medicina —aunque nunca ejercería, puesto que muy pronto comenzó a trabajar como periodista por necesidades económicas— ni dirigir la Tipografía Nacional de Brasil; y en último lugar, nunca mejor dicho, su fallecimiento en el naufragio del Hermes en la costa de Río de Janeiro, cuando iniciaba su carrera política.

Joaquim Machado de Assis (Río de Janeiro, 1839 – 1908) abarcó la crítica literaria, la crónica periodística, el cuento, la novela, el periodismo, la poesía o el teatro: una ambición, y unos resultados —testigo de la transformación del Imperio en República—, que le colocan como el escritor más importante de las letras brasileñas. Igual que Manuel Antônio de Almeida, procedía de una familia pobre —era hijo de una lavandera portuguesa y un obrero mulato que descendía de esclavos libertos— y estudió en la escuela pública, sin medios para asistir a la universidad; su ascenso social fue posible gracias a su capacidad intelectual. Su obra principal es Memorias póstumas de Blas Cubas (1881), publicada un año antes como folletín por Revista Brasileira y fuertemente influida por la genial Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy, de Laurence Sterne. Una obra experimental, tejida con capítulos brevísimos llenos de humor e ironía, que sorprendieron a los lectores de la época. Los amantes del género breve pueden disfrutar de sus Cuentos de madurez, y Jorge Edwards —ganador del Premio Cervantes— le dedicó una jugosa biografía.

 

Carlos Drummond de Andrade (Itabira, Minas Gerais, 1902 – Río de Janeiro, 1987) destacó como poeta, un género en el que formó parte del primer tramo del modernismo brasileño, nacido en la Semana de Arte Moderno de São Paulo (1922). Graduado en Farmacia, se trasladaría desde Belo Horizonte —en el interior del país— a Río de Janeiro con treinta y dos años. Ocupó diversos cargos políticos y, en paralelo a su labor burócrata, colaboró con diversos medios de comunicación y publicó una generosa veintena de libros de poesía, caracterizados por su rigor con el lenguaje y la sugerencia de sus imágenes; muchos de ellos han sido transformados en canción por los más brillantes genios de la música brasileira. También destacan sus incursiones en la literatura infantil, y sus libros de narrativa, muchos de ellos vinculados a su propia memoria. Rechazó tanto los premios concedidos por el gobierno de Brasil como la nominación al Premio Nobel de Literatura. En español ha sido traducido —y publicado— por la editorial Hiperión, en volúmenes como El amor natural (traducción de Jesús Munárriz; 2004) o Sentimiento del mundo (traducción de Adolfo Montejo Navas; 2005).

 

Escribir sobre João Guimarães Rosa (Cordisburgo, Minas Gerais, 1908 – Río de Janeiro, 1967) significa escribir sobre el sertón, o «sertão»: la inmensa región geográfica y semidesértica que ocupa todo el nordeste de Brasil, plagada de bajas colinas atravesadas por dos grandes ríos —el Jaguaribe y el Piranhas— y otros ríos menores que se secan con el fin de la temporada de lluvias. Su novela fundamental se titula Gran Sertón: Veredas (1956). Se trata de una obra ambiciosa en la que la historia de un hombre, Riobaldo, se concibe también como la historia de la humanidad; una «autobiografía irracional», en palabras del propio autor. En sus primeras experiencias como médico fue destinado a la zona del sertón. Más tarde serviría como médico voluntario en la Revolución Constitucionalista de 1932 —el movimiento que acabó con el Gobierno Provisorio de Getúlio Vargas—, y años más tarde aprobaría el examen para ingresar en el Ministerio de Relaciones Exteriores, desplazándose como diplomático a diversos países de América Latina y Europa. También publicó cuentos, muchos de ellos reunidos en Cuerpo de baile (1956).

De todos los nombres de esta lista, Patrícia Rehder Galvão “Pagú” (São João da Boa Vista, São Paulo, 1910 – Santos, 1962) es la más desconocida para los lectores españoles, puesto que no está traducida a nuestro idioma. Sin embargo, tanto su vida como su obra resultan de enorme interés por su modernidad: artista precoz —se vincula a la segunda fase del modernismo brasileño, con influencia de las vanguardias europeas y previa a la Segunda Guerra Mundial—, su activismo en pro de los derechos sociales le llevó a ser la primer mujer presa en Brasil —la detuvieron hasta en veintitrés ocasiones—, debido a su militancia comunista. Libre en sus relaciones amorosas y en sus comportamientos en sociedad, viajó por todo el mundo y trabajó como periodista, crítica de arte, dinamizadora teatral, diseñadora e ilustradora. Bajo el seudónimo de Mara Lobo publicó la novela Parque industrial (1933); como King Shelter escribió los cuentos policiales reunidos en Safra Macabra (1998); y junto a Geraldo Ferraz, la novela A Famosa Revista (1945). Rita Lee y Zélia Duncan compusieron en su honor la canción Pagu, interpretada por Maria Rita.

Cronista, cuentista, dramaturga, escritora de literatura infantil y juvenil, memorialista, novelista, periodista, traductora… Además, Rachel de Queiroz (Fortaleza, 1910 – Río de Janeiro, 2003) fue experta en superar los límites, convirtiéndose en la primera mujer en ingresar en la Academia Brasileña de Letras (1977), aunque rechazó que el movimiento feminista la reivindicara, y en la primera mujer en obtener el Premio Camões (1993), el equivalente al Cervantes en lengua portuguesa. Sus años en Fortaleza —al nordeste de Brasil— inspiraron O Quinze (1930), pionera de la novela social nordestina, que refleja la lucha contra la miseria y la sequía. Las preocupaciones sociales guiaron el resto de su obra; por su firme militancia de izquierda fue encarcelada en 1937, y sus obras fueron quemadas durante la dictadura del mariscal Alencar Castelo Branco (1964). Unos reveses que no frenaron la influencia de su escritura, que continuó manteniendo su vigencia y popularidad entre los lectores hasta el final de sus días: su última novela, Memorial de María Moura (1992), basada en la vida de una caganceira —una «bandolera» del nordeste de Brasil—, fue adaptada a la televisión dos años más tarde.

Junto a Clarice Lispector, Jorge Amado (Itabuna, 1912 – Salvador de Bahía, 2001) es el más traducido de estos diez escritores brasileños fundamentales. Se trata del cantor —a su modo— de Bahía, el estado del este del país con una mayor influencia de la cultura africana, habitado por negros y mulatos. Le debemos —en ciclos como las novelas de Bahía o las novelas del cacao— la literaturización de esta tierra, gracias a novelas como Cacao (1933),Sudor (1934), Gabriela, clavo y canela (1958) y Doña Flor y sus dos maridos (1966), además de —en menor número— libros infantiles, de relatos, biografías, obras de teatro y volúmenes de memorias. Integrado en la llamada Academia de los Rebeldes, se exilió en Argentina y Uruguay entre 1941 y 1942 por su militancia comunista; tres años más tarde fue escogido diputado, firmando la ley que aseguraba la libertad de culto religioso en el país. La ilegalización en 1947 del Partido Comunista Brasileño le obligó a exiliarse en Francia y Checoslovaquia hasta su regreso en 1955, donde se centraría en la escritura. Recibió numerosas distinciones internacionales y es doctor honoris causa por universidades de Brasil, Francia, Israel, Italia y Portugal. Estuvo casado con la también escritora y fotógrafa Zélia Gattai, de cuyo nacimiento se conmemora su primer centenario en 2016.

 

Clarice Lispector (Chechelnik, Ucrania, 1920 – Río de Janeiro, 1977) sorprendió a la intelectualidad brasileña con la publicación en 1944 de su primer libro, Cerca del corazón salvaje, en el que desarrollaba el tema del despertar de una adolescente, y por el que recibió el premio de la Fundación Graça Aranha 1945. Aquella artista a la que entonces se consideró una joven promesa se convirtió en una de las más singulares representantes de las letras brasileñas, a cuya renovación contribuyó con títulos tan significativos como las novelas La lámpara (1946), La ciudad sitiada (1948), La manzana en la oscuridad (1961), La pasión según G. H. (1964), Agua viva (1973), La hora de la estrella (1977) o Un soplo de vida (1978); o los libros de relatos Lazos de familia (1960), Felicidad clandestina (1971) o Dónde estuviste de noche (1974), publicados en Cuentos reunidos (2002). Su literatura se enclava en la llamada «tercera fase del modernismo», la de la Generación del 45. Falleció de cáncer de ovario, y en una de sus últimas conversaciones con la enfermera que la atendía, la escritora lamentó: «¡se muere mi personaje!».

 

 

Los amantes de la intriga de calidad tienen en Rubem Fonseca (Juiz de Fora, Minas Gerais, 1925) una de sus referencias inamovibles, así que no es de extrañar que se trate de uno de nuestros diez escritores brasileños fundamentales. Su dedicación al género ha sido distinguida con premios como el Camões (2003), Kotex Mercosur a las Letras (2004) o Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas (2012). Licenciado en Derecho con especialidad en Derecho Penal, trabajó como abogado litigante y policía —e intentó convertirse en juez— hasta que se consagró a la literatura con casi cuarenta años; antes viajó a Estados Unidos, donde residió casi un año para especializarse como policía, y donde aprovechó para estudiar Administración de Empresas. Se niega —como su amigo Thomas Pynchon— a conceder entrevistas. Escritor de cuentos, guiones cinematográficos y novelas, muchas de sus historias comparten protagonistas: el abogado Mandrake, un tipo mujeriego y cínico, privado de moral y conocedor de los bajos fondos de Río de Janeiro. En español podemos leer el libro de cuentos El cobrador (1979) y las novelas El caso Morel (1973), Agosto (1990) o El seminarista (2010), entre otras.

 

Ligadísima a España está Nélida Piñón (Río de Janeiro, 1937), nieta e hija de emigrantes gallegos, galardonada en 2005 con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Se licenció en Periodismo. Es miembro de la Academia Brasileña de las Letras, siendo la primera mujer en presidirla, y de la Academia de Filosofía de Brasil. Ha sido profesora invitada en universidades como Harvard, Columbia y Georgetown. Entre sus obras destacan las novelas Fundador (1969, Premio Walmap), La dulce canción de Cayetana (Premio José Geraldo Vieira a la mejor novela de 1987), La república de los sueños (1999, Premio de la Asociación de Críticos de Arte de São Paulo y el Pen Club), Voces del desierto (2005; Premio Jabuti) y La camisa del marido (2015); y los libros de ensayos y memorias Aprendiz de Homero (2008; Premio Casa de las Américas), Corazón andariego (2009) y Libro de horas (2013). Su obra, traducida en más de veinte países, se enmarca —junto a la de Gabriel García Márquez o Mario Vargas Llosa— en el boomde los escritores latinoamericanos. Su escritura combina el interés histórico con la ambición del presente: la posibilidad de retratarnos, y comprendernos, desde los mitos y los hechos que nos forman.

Publicado primeramente en la Revista Digital Estandarte el 9 de agosto de 2016.

 

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