Archivo mensual: diciembre 2014

¿Por qué el año acaba el 31 de diciembre?

El levantamiento de los celtíberos de Segeda, en la actualidad un pequeño pueblo zaragozano, hizo cambiar la fecha del fin de año hace dos milenios.

Punto en el que se encontraba el asentamiento de Segeda

Punto en el que se encontraba el asentamiento de Segeda

Todos damos por obvio que el año acaba el 31 de diciembre. El calendario empieza el 1 de enero y termina el último día de diciembre. Pero, ¿podía tener otro ciclo? ¿Podía empezar, un suponer, el 1 de junio y acabar el 31 de mayo? Podría. La razón de que no sea así, de que la Nochevieja sea la del 31 de diciembre, tiene un origen bélico, más de dos milenios atrás. Y el protagonista fue un pueblo celtíbero, Segeda, antecedente de lo que hoy es la pequeña localidad zaragozana de Mara, en la comarca de Calatayud.

Roma declaró la guerra a Segeda y, para adaptar organizativamente el mando de las tropas, cambió el calendario que regía hasta entonces en el mundo occidental. Segeda había adquirido fuerza y valor estratégico para que el Imperio romano decidiera declararle la guerra, lo que conllevó la modificación del calendario que se utilizaba hasta entonces, porque hacía falta elegir los cónsules y eso ocurría de ordinario el 15 de marzo, «primer día» del año político-administrativo romano. Pero como corría prisa, se optó por fijar como fecha de elección el 1 de enero, y aquel acontecimiento hizo que, desde entonces, el calendario adelantara el primero del año a ese día.

Cambio de fechas para guerrear.
El ejército que movilizó el Senado romano para atacar a Segeda era de una dimensión inusual, 30.000 hombres, el doble de lo que hasta entonces era habitual en los contingentes que llegaban a la Península. La importancia que adquirió el conflicto hizo que Roma, en lugar de designar un pretor para dirigir la operación bélica, decidiera nombrar a un cónsul.

De no haber sido por Segeda, por el antecesor celtíbero del pequeño pueblo zaragozano de Mara, las uvas nos las tomaríamos los aragoneses (y el resto del mundo occidental) en una fecha meteorológicamente mucho más benévola: las doce campanadas y las doce uvas nos las tomaríamos a las doce de la noche del 14 de marzo.

Restos arqueológicos del asentamiento de Segeda

Restos arqueológicos del asentamiento de Segeda

Importante tuvo que ser Segeda como para que el Senado romano tomara decisiones de tanto calibre. Algunas crónicas de la época se refieren a esa ciudad celtíbera como «grande y poderosa». Era capital de la etnia de los Belos, controlaba un amplio territorio que abarcaba a varias de las actuales provincias españolas y, entre sus privilegios, tenía el de acuñar moneda, lo que a su vez era una clara muestra del poder social y económico que tenía esa ciudad.

Capital de los Belos.
En el año 179 antes de Cristo, la ciudad de Segeda y Roma sellaron un acuerdo de paz. A cambio de pagar ciertos impuestos y del compromiso de no edificar nuevas ciudades en su territorio, Roma se comprometía a mantener la paz con Segeda y a permitirle que acuñara moneda. Pero en el año 154 antes de Cristo, Segeda inició la ampliación de sus murallas, para que alcanzaran hasta los 8 kilómetros de perímetro. Roma lo interpretó como una acción hostil que vulneraba el acuerdo de paz firmado veinticinco años antes.

El despliegue militar se hizo con rapidez. En vez de esperar al 15 de marzo para elegir a los cónsules, el Senado romano decidió hacerlo de inmediato, y cayó el 1 de enero. De esa forma, la operación militar se podía desarrollar a principios de verano. Si hubieran esperado al 15 de marzo para elegir al cónsul, los preparativos habrían demorado la maquinaria bélica hasta el invierno. Y los romanos sabían bien lo cruda que es esa época del año en estas tierras peninsulares.

Este estupendo artículo fue escrito por Roberto Pérez y   publicado por el diario ABC el 30 de diciembre de 2012.

Como curiosidad diré que En Inglaterra, el inicio del año en el 1 de enero se decretó en 1752 (antes se celebraba el 25 de marzo). Para ello hubo que suprimir enero, febrero y veinticuatro días de marzo del año 1751, que sólo tuvo 282 días (del 25 de marzo al 31 de diciembre). Al mismo tiempo, se impuso el calendario gregoriano para lo que hubo que suprimir 11 días de 1752 (en lugar de los 10 que fueron necesarios cuando se instauró la reforma por vez primera en 1582). Al miércoles 2 setiembre de 1752 siguió el jueves 14 de setiembre. Lord Chesterfield, promotor de las reformas, tuvo que aguantar sátiras en las que se le reclamaba: “Devuélvenos nuestros once días”. 
Los ingleses, como siempre, muy suyos.

Y también el peculiar calendario republicano francés, que estuvo vigente apenas trece años (desde octubre de 1793 hasta diciembre de 1805) cambió el principio del año del 1 de enero al día del equinoccio de otoño en París, 22 de setiembre, aniversario de la Primera República. El mes en que comenzaba el año pasó a denominarse Vendémiaire (por la vendimia).

Para saber más:

El calendario en Wikipedia.

Antiguo calendario egipcio descubierto en Karnak.

Antiguo calendario egipcio descubierto en Karnak.

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“Un viaje llamado Vida” de Banana Yoshimoto (seudónimo)

“Un viaje,
no importa lo desastroso que resulte,
en la memoria
se transforma en algo Maravilloso”.

Cubierta de: Un viaje llamado vida

Cubierta de: Un viaje llamado vida

De esta manera comienza Un viaje llamado vida, un ensayo que Banana Yoshimoto publicó en el año 2006 y que gracias a la Editorial Satori nos llega magníficamente traducido al español directamente desde el japonés. Es más con este libro, la editorial estrena una nueva colección: Satori Contemporánea, colección que nace con el deseo de ofrecer una amplia visión de la narrativa japonesa contemporánea más interesante, en la que tendrán cabida tanto autores consagrados como nuevas voces de la narrativa japonesa.

La vida es un viaje, y como tal nos lo hace vivir la autora a través de las páginas del libro. Esta a caballo entre la narrativa y el ensayo y nos relata sus impresiones durante visitas a Egipto, Francia o Brasil, además de recuerdos que van desde su primer amor adolescente o la maternidad hasta su gusto por la cocina y otros “pequeños placeres de la vida”. También nos contará su experiencia cuando un compañero de viaje cayó enfermo en la Toscana italiana durante un largo y frío  viaje en coche. Yoshimoto se dio cuenta de que hay ciertas experiencias negativas que con el tiempo terminan por convertirse en “recuerdos maravillosos”, gracias a la magia “terrible y fantástica” de la memoria [Pag. 23]

“A pesar de que uno de nosotros esteba fuertemente resfriado, recorrimos a ciegas las calles empedradas de un pueblo bajo un frío terrible. Con la llegada de una tormenta, en nuestro gélido hotel se produjo un apagón, y el agua helada de la lluvia entró ruidosamente por los resquicios de las ventanas. Otras experiencias en las que pasamos aún más frío fueron: ir a tomar vino a un antiguo monasterio congelado; estar sentados con paciencia en un monasterio sin calefacción para escuchar himnos religiosos; ir a un balneario y desplazarnos semidesnudos de un lugar a otro dentro de su recinto nevado; ir a un templo tibetano cubierto de nieve que se hallaba en la cima de una montaña y hacer una foto de recuerdo en el exterior”. [Pag. 20-21]

También la autora comparte con nosotros sus vivencias personales, su mirada sobre la identidad nipona:  

“Hasta hace poco tiempo, Japón era un mundo bueno para criar a los hijos. Las familias de la vecindad eran como los propios parientes, no solían echar la llave cuando salían de casa. Todos los vecinos estaban al corriente de los acontecimientos del barrio. Ahora ya no. Seguimos el estilo occidental superficialmente…” [Pag. 115-116]

Sus recuerdos que van desde su primer amor adolescente o la maternidad hasta su gusto por la cocina y otros “pequeños placeres de la vida”.

“Mi primer amor de instituto no duró mucho, pero fue maravilloso. Fue tan perfecto que podría escribir un ‘Shojo manga’ romántico de esos dirigidos a las chicas adolescentes”. [Pag. 140]

Es una de sus obras más autobiográfica y repasa personales y evocadores fragmentos que atesora en su memoria, alejados de coordenadas reconocibles. Con sutileza y maestría, sus pensamientos fluyen libres hasta el centro de su mundo literario. Yoshimoto nos invita a adueñarnos «de nuestro propio viaje» y a mantener la fe, porque aquello que queda al final del más difícil de los viajes es el reflejo en nuestra memoria de un único día vivido.

Banana Yoshimoto

Banana Yoshimoto

La autora:
Banana Yoshimoto  ( 吉本ばなな) es el seudónimo de  Mahoko Yoshimoto (吉本真秀子). Nació en Tokio, Japón el 24 de julio de 1964. Es hija de Takāki Yoshimoto (conocido también como Ryumei Yoshimoto, reconocido e influyente filósofo en la década de 1960). Además de su famoso padre, la hermana de Banana Yoshimoto, Haruno Yoiko, es una conocida mangaka (creador de manga) en el Japón.
Su amor por la naturaleza influye en su nombre artístico: ama las flores rojas y carnosas del banano, del que extrajo el seudónimo con que se le conoce en el mundo: Banana.
Banana Yoshimoto estudió literatura en la Universidad de Nihon. En 1987, cuando todavía era adolescente, ganó con Kitchen, su primera novela, el Newcomer Writers Prize; un año después se le concedía por la misma obra el Premio Izumi Kyoka. Entre otros galardones, ha recibido en Italia el prestigioso Premio Scanno. Es autora de una dilatada y exquisita obra, que incluye novelas (N.P., Amrita, Tsugumi y El Lago) y libros de relatos (Sueño profundo y Recuerdos de un callejón sin salida), todos publicados por Tusquets. Con la aparición de Kitchen, Banana Yoshimoto se convirtió en una de las voces más prestigiosas de la literatura japonesa actual, junto con Haruki Murakami. Sus obras se han traducido a más de veinte lenguas.

El libro:
Un viaje llamado vida (título original: Jinsei no tabi wo yuku (人生の旅をゆく), 2006) ha sido publicado por Satori Ediciones en su Colección Satori Contemporánea. Traducido del original japonés por Rumi Sato. Encuadernado en rústica cosido, tiene 200 páginas. La imagen de portada es de una obra del artista japonés Natsumi Hayashi, cortesía de el MEM de Tokio.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Para saber más:

Banana Yoshimoto es muy popular en Italia, país que la encanta, y donde más completa en su biografía en Wikipedia.

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