“Un universo de la nada” de Lawrence M. Krauss

Nada expande la mente como el universo en expansión.

¿Quién creo al creador?

Cubierta de: Un universo de la nada

Cubierta de: Un universo de la nada

Como sabéis los que seguís este blog me gusta empezar los artículos con alguna frase que exprese la realidad del libro del que escribo. Pero esta vez me ha sido muy difícil. Son tantos los “impactos” recibidos al leer el libro que espero que os gusten los dos que he elegido.

¿Cual es la diferencia entre argumentar a favor de un creador que existe eternamente o defender un universo que sin tener creador, existe eternamente?

En la página 13 del prefacio nos dice el autor: «El objetivo de este libro es simple. Quiero mostrar cómo la ciencia moderna, de varias formas, puede enfrentarse y se está enfrentando a la cuestión de por qué hay algo en vez de nada. De hecho, para que el universo llegara a existir se podría haber “requerido” algo a partir de nada. Es más: todos los indicios sugieren que es así como “podría” haber surgido nuestro universo.»

Hay pocas aventuras intelectuales tan cautivadoras como la cosmología del siglo pasado, en la que aún seguimos inmersos. A principios del siglo XX, la sabiduría convencional era que nuestra galaxia, la Vía Láctea, ocupaba la totalidad de un universo estático e inmanente, y hoy sabemos que solo es una entre los 400.000 millones de galaxias que pueblan el universo observable. Un universo que, para colmo, parece absorto en una expansión acelerada que solo puede conducir a su muerte no ya térmica, sino por falta de sustancia.

Según nos asegura Lawrence Krauss los 13,72 miles de millones de años —el cálculo es preciso hasta la cuarta cifra significativa—, parece mínima en comparación con los billones de años por venir.
Pero el modelo en que Krauss ve la cosmología del futuro remoto es paradójico y aterrador. En el futuro lejano, debido a la expansión acelerada de todo cuanto existe, cada galaxia parecerá estar aislada: parecerá, en efecto, ser la única galaxia del universo, como creíamos en la Vía Láctea a principios del siglo XX. La expansión será tal que toda otra galaxia quedará fuera de toda observación y toda interacción permitida por la relatividad de Einstein, que fija un límite máximo para la velocidad de la luz y cualquier otra cosa.

Según la teoría del Big Bang, el Universo se originó en una singularidad espaciotemporal de densidad infinita matemáticamente paradójica. El espacio se ha expandido desde entonces, por lo que los objetos astrofísicos se han alejado unos respecto de los otros.

Según la teoría del Big Bang, el Universo se originó en una singularidad espaciotemporal de densidad infinita matemáticamente paradójica. El espacio se ha expandido desde entonces, por lo que los objetos astrofísicos se han alejado unos respecto de los otros.

Los astrónomos del futuro serán mucho más ignorantes que los nuestros, en flagrante contradicción con cualquier idea intuitiva de progreso. Como dice Krauss, «vivimos en un tiempo muy especial, el único tiempo en que la observación permite verificar que… ¡vivimos en un tiempo especial!». Se trata de una paradoja antrópica, un término casi cabalístico que usan los físicos para referirse a los posibles sesgos que puede introducir en nuestros modelos del mundo el mero hecho de que nosotros estemos observando. Si en el año 2 billones d.C. hay cosmólogos, su visión del universo será más amplia que la nuestra: se habrá expandido. Pero no será así; y esta es solo una de las muchas conclusiones demoledoras que me llevo conmigo al cerrar este libro. De aquí a dos billones de años, el universo se habrá expandido tanto que todas las galaxias, salvo la del propio cosmólogo, habrán recedido por detrás de un horizonte einsteniano tan absoluto, tan inviolable, que no solo serán invisibles, sino que no habrá posibilidad alguna de que dejen algún vestigio perceptible, por indirecto que pudiera ser.
Será como si no hubieran existido nunca. Muy probablemente, todos los rastros del Big Bang habrán desaparecido, poara siempre y sin remedio. Los cosmólogos del futuro estarán aislados de su pasado y de su situación de un modo que nosotros no experimentamos. De ahí la frase que puse antes en boca de Krauss: «vivimos en un tiempo muy especial, el único tiempo en que la observación permite verificar que… ¡vivimos en un tiempo especial!».

Un universo de la nada expone magistralmente el inmenso avance en nuestra comprensión del mundo que han supuesto los últimos cien años de cosmología. De la gran aportación de Einstein con su teoría del tiempo, el espacio y la materia (la relatividad general), pasando por Henrietta Swan Leavitt, la mujer que convirtió las cefeidas en una cinta métrica para medir el cosmos; el astrónomo y exabogado Edwin Hubble, que demostró la expansión del universo con su telescopio y utilizando la teoría de Henrietta, y el físico teórico y sacerdote Georges Lemaître, que leyó el Big Bang en las ecuaciones de Einstein y es sin duda uno de los dos grandes curas de la historia de la ciencia, junto al fundador de la genética, Gregor Mendel.

Yo les propondría la lectura del libro. Una lectura que se convertirá en lectura intensa pues el libro es apasionante.

Richard Dawkins nos dice en el postfacio: «Si El origen de las especies fue el golpe más letal de la biología a la creencia en lo sobrenatural, quizás acabemos viendo que Un universo de la nada es su equivalente en la cosmología; el título quiere decir lo que dice; y lo que dice es devastador»”.

Aunque suene deista no me resisto a contar una anécdota que no he podido comprobar pero la fuente era fiable. En una biografía de Albert Einstein  escrita por su sobrina cuenta que su tío tenía en la mesilla de noche un libro de cabecera en el cual se podía leer:

Páginas de unos anales prehistóricos.

La que escribe estas líneas tiene a la vista un manuscrito arcaico, una colección de hojas de palma impermeables a la acción del agua, del fuego y del aire, por un procedimiento específico desconocido. Hay en la primera página un disco de perfecta blancura, destacándose sobre un fondo de un negro intenso. En la página siguiente aparece el mismo disco, pero con un punto en el centro. El primero, como sabe el que se dedica a estos estudios, representa al Kosmos en la Eternidad, antes de volver a despertar la Energía aún en reposo, la emanación del Mundo en sistemas posteriores. El punto en el disco, hasta entonces inmaculado, Espacio y Eternidad en Pralaya, indica la aurora de la diferenciación. Es el punto en el Huevo del Mundo, el germen interno de donde se desarrollará el Universo, el Todo, el Kosmos infinito y periódico; germen que es latente o activo, periódicamente y por turnos. El único círculo es la Unidad divina de donde todo procede y a donde todo vuelve: su circunferencia, símbolo forzosamente limitado, por razón de la limitación de la mente humana, indica la PRESENCIA abstracta y siempre incognoscible, y su plano, el Alma Universal, aunque las dos son una. El ser blanca sólo la superficie del disco, y negro el fondo que lo rodea, muestra claramente que su plano es el único conocimiento, aunque todavía opaco y brumoso, que el hombre puede alcanzar. En este plano se originan las manifestaciones manvantáricas; porque en esta ALMA es donde dormita durante el Pralaya el Pensamiento Divino, en el cual reposa oculto el plan de todas las cosmogonías y teogonías futuras.

Lawrence M. Krauss

Lawrence M. Krauss

Lawrence M. Krauss nació en Nueva York el 25 de mayo de 1954. Es Doctor en Física Teórica por el Massachussets Institute of Technology y en la actualidad es Director de la Origins Initiative en Arizona State University. Anteriormente fue Profesor de Física Ambrose Swasey, Profesor de Astronomía y Director del Center for Education and Research en la Case Western Reserve University.
Tiene un amplio campo de intereses, entre los que cabe destacar la interacción entre la física de partículas elementales y la cosmología, donde sus estudios incluyen el universo temprano, la naturaleza de la materia oscura, relatividad general y la astrofísica de neutrinos.
 Krauss es uno de los pocos científicos de reconocimiento internacional interesados en crear puentes entre la ciencia y la cultura popular.

Un universo de la nada (título original: A universe from Nothing, 2012) ha sido publicado por la Editorial Pasado & Presente. Traducido del inglés por Cecilia Belza y Gonzalo García. Encuadernado en tapa blanda con solapas, tiene 256 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Como complemento pongo un vídeo subido por polibioinexistente en el que Lawrence M. Krauss da una charla sobre nuestro actual panorama del universo, cómo éste terminará y sobre todo cómo es que se produjo desde la nada. Está subtitulado en castellano. Dura más de una hora pero merece la pena verlo.

Un universo desde la nada por Lawrence Krauss

Para saber más:

http://en.wikipedia.org/wiki/Lawrence_M._Krauss

http://krauss.faculty.asu.edu/

 

5 comentarios

Archivado bajo Ensayo - Crítica literaria

5 Respuestas a ““Un universo de la nada” de Lawrence M. Krauss

  1. Hugo Martínez

    ¿Cual es la diferencia entre argumentar a favor de un creador que existe eternamente o defender un universo que sin tener creador, existe eternamente?

    No creo que sean comparables, una respuesta (la del creador) es una salida fácil, una respuesta vacía, es más, no es ni siquiera una respuesta, no nos provee de nada, no nos enseña nada. Por el contrario la otra respuesta nos acerca más a la verdad, una verdad comprobable y verificable, y si, tal vez en éste momento no es la respuesta perfecta o la más correcta pero si la que nos lleva en ese camino es más valioso un “podría” que una afirmación simplona: un creador.
    Krauss con sus argumentos claros y llanos, llena de asombro y maravilla al lector y también en sus presentaciones, uno de los grandes divulgadores científicos de nuestros tiempos.

    Excelente recomendación Guillermo.

    Saludos

    • Gustavo Ernesto

      ¿Algo a partir de la Nada o Algo a partir de Dios?
      En la discusión del origen del universo, al preguntárseles a los científicos materialistas antiteístas (que declaran que la materia se formó de la nada, por cierto una cuestión que ellos mismos ADMITEN QUE NO PUEDEN PROBAR) ¿qué es lo que entienden por “la nada”? explican que “la nada es igual a lo que conocemos como espacio vacío en el que no hay materia porque hay un equilibrio de ENERGÍAS DE CARGAS DIFERENTES, que por tanto se anulan entre sí porque hay la misma cantidad de energía positiva que negativa, y agregan, que en este vacío por ser su característica principal LA INESTABILIDAD en razón de esta inestabilidad, las leyes de la mecánica cuántica combinadas con la gravedad (que es la que permite configuraciones de energía positiva así como negativa) nos dicen que sólo debemos esperar el tiempo necesario para que se comiencen a crear partículas.” (SOMETHING FROM NOTHING – Algo de la Nada – Richard Dawkins & Lawrence Krauss Subtitulado al Español, del minuto 35 con 26 segundos al minuto 50). El razonamiento, aunque no ha sido probado por nadie, tiene una hermosa lógica científica, el problema son sus propias conclusiones porque; mientras ellos infieren que ese equilibrio inestable de energías de diferentes cargas es a lo que ellos llaman “LA NADA”; de igual manera se podría argumentar que ese equilibrio inestable de energías de diferentes cargas es a lo que los científicos y los filósofos Teístas han llamado desde tiempos inmemorables “DIOS”. De hecho a mí siempre se me enseñó y yo de igual manera lo hice con mis alumnos que “Dios no es una energía”, sino que “DIOS ES LA ENERGÍA”. Al final, como expresé en comentarios anteriores, la desafortunada conclusión de estos científicos más parece una actitud de ateísmo radical nacida más de la tosudez de extrapolar y sacar el tema de Dios del conociimiento y de la discusión científica que de una honesta interpretación de los hallazgos razonados. Creo que si se ve el problema con honestidad se trata de un simple cambio de nombre que no altera en absoluto nada de lo que la física moderna propone o le importa; lo que en realidad sucede y, para ser justos con la exposición que estos físicos antiteístas realizan al pretender evitar que se afirme que “La Nada” es “Dios”, es que ellos presuponen que al utilizar el nombre “Dios” para explicar lo que entienden por “La Nada” se debe inferir que se refieren al Dios que es persona y que por tanto posee una voluntad para poder decidir la creación; esto último es un error para todo aquel que lo piense de esa manera a la luz de la evidencia científica sea Ateo, Teísta o Antitéista. No podemos soslayar que la ciencia en este campo y su búsqueda por la verdad sólo puede ayudarnos a descubrir ¿QUÉ ES DIOS?, pues la pregunta de ¿QUIÉN ES DIOS? no pertenece al ámbito de lo observable o perceptible sensorialmente; de hecho una respuesta de la interrogante de ¿QUIÉN ES DIOS? debe presuponer que “ese ser” o “esa energía” “o lo que sea” deba autoexponer o automostrar previamente, si es que la tiene, su propia personalidad, para que nosotros podamos conocerla o deducirla, de no ser así, repito, si es que existe esa personalidad, no habría manera alguna de que el hombre pudiera “aprehenderla” como un conocimiento. Así que yo invito a la comunidad científica atea, teísta y agnóstica a no mezclar ni confundir la definición del “DIOS científico” con el “DIOS personal” producto este último de la fe religiosa; de esta manera no se estaría cometiendo el error de delimitar el estudio científico de la formación del universo a sólo aquella investigación que nos lleve a prescindir de la necesidad de un creador, dejando por fuera de su ámbito de investigación una posibilidad también muy probable: “el estudio de algo que creó”; error que desuyo descalificara de antemano este modelo de razonamiento por convertirlo en un razonamiento absolutamente sesgado. De hecho es muy penoso ver las ridiculeces que los científicos antiteístas tratan de inferir cuando se enfrascan en opinar en un tema que lógicamente para ellos no es para nada conocido, sobre que pasaría si existiera un Dios como el que nos presenta la Biblia, ridiculeces que en justa comparación, son tan risibles como las exposiciones fideístas dentro del razonamiento científico; todo lo anterior vuelve más urgente que se considere seriamente mi anterior proposición de no mezclar ni confundir al “DIOS científico” con el “DIOS personal”.
      Atreviéndome a modificar los artículos gramaticales que personalizan ese ser o sustancia del que se deriva el universo en la definición de Santo Tomás de Aquino; sería a mi juicio más conveniente, para que la cuestión de Dios sea retomada nuevamente dentro de la investigación científica, redefinirlo como “Eso subsistente que en las esencias para que éstas existan y dejen así de ser meras posibilidades”. Esta es, a mi humilde parecer, la mejor y más científica forma de definir lo que estos físicos antiteístas denominan “La Nada”.
      Por otro lado, que linda se ve la más reciente teoría de la formación del universo si en lugar de nominar, lo que los físicos antiteístas conciben que fue la precursora de su creación, como “la nada”, se redefine con el nombre que en conciencia recta verdaderamente le corresponde, es decir: “DIOS”. Entonces, según la física moderna, Dios vendría a ser LA ENERGÍA QUE LLENA TODO LOS VACÍOS SIN MATERIA EXISTENTES EN EL UNIVERSO Y QUE ES A LA VEZ EL ORIGEN DE TODA LA MATERIA Y LA VIDA QUE EN ÉL EXISTEN. Así deben entender los científicos que quieran verdaderamente realizar una investigación sin sesgos de origen todas estas hipótesis de formación del universo (no hay razón científica de peso para eliminar del estudio un posible verdad) y no como maliciosa y tergiversadamente pretende la corriente cientificista Antiteísta que lo comprendamos.

      • Eduardo Abad

        Estas EQUIVOCADO. La materia SI se puede crear a partir de la nada. Y sí se ha demostrado. Partículas que aparecen y desaparecen por períodos de tiempo infinitesimales EXISTEN. Y se han observado. Infórmate mejor. La afirmación que haces al principio (“admiten que no pueden probar”), es falsa. No se trata de creer o no en Dios. Se trata de buscar la explicación de fenómenos OBSERVABLES y a partir de allí, elaborar explicaciones. Y no al revés. El libro de Krauss es muy denso. Va contra el “sentido común”. Te sugiero que lo re-leas con más cuidado. La conclusion de que Dios no existe es desvastadora, pero el fanatismo religioso no ha aportado ningun progreso al conocimiento humano. En NINGUNA religion. Jamas. Eso también es un hecho demonstrable.

  2. Juan

    La conclusión con la que me quedo del extenso artículo de Gustavo Ernesto ha quedado bien clara al final ; copio y pego un estracto de su texto :
    “…como “la nada”, se redefine con el nombre que en conciencia recta verdaderamente le corresponde, es decir: “DIOS””…”

    Luego la definición correcta de Dios, según Ernesto es : LA NADA; bueno, el ateo que esto escribe ya había llegado a la misma conclusión hace tiempo…

  3. Cesar

    Muy de acuerdo con Eduardo. Muy de acuerdo con Eduardo. Una cosa que hay señalar que el libro de Lawrence Krauss va mas dirigido a la sociedad norteamericana. Una de las grandes paradojas de este mundo tecnológico en el que vivimos es la constatación que la primera potencia científico-técnica mundial en donde un amplísimo sector de su población, no sólo es profundamente ignorante, sino lo que es mucho peor, también ostentosa y orgullosamente anticientífico e impermeable a las bases más elementales del conocimiento. Según una reciente encuesta Gallup, casi la mitad de los estadounidenses encuestados que han cursado estudios superiores y una cuarta parte de aquellos que han terminado una carrera universitaria opinan que cientos de miles de de los más brillantes mentes: arqueólogos, antropólogos, físicos, químicos, geólogos, biólogos y ese largo etcétera de profesionales del conocimiento, implicados en despejar los misterios del pasado en todas sus variantes, han dilapidado durante más de dos siglos cientos de miles de millones de dólares montando una confabulación a escala planetaria para predicar la única y auténtica Verdad, la existencia de lo divino, por supuesto.
    Es triste ver que en la época de mayor esplendor de la ciencia, resulta que gran parte de la población en el país más poderoso y avanzado del planeta sigue aferrada dogmática e ignorantemente a unos mitos prehistóricos inventados por unos pobres iletrados de hace milenios, tal y como si el reloj de la Historia se hubiera parado en la antigua Mesopotamia. Terriblemente descorazonador y una muestra evidente del fracaso de la enseñanza de la ciencia.
    La pregunta que me hago y quizás los talibanes creacionistas americanos deberían hacérsela es, ¿cómo sería nuestra sociedad hoy en el siglo XXI si hubiese predominado la dictadura religiosa impuesta durante siglos en la Edad Media? Si alguien pudiese responder a esta simple pregunta estoy dispuesto a erigirle una estatua!!!
    Bravo Dr. Krauss por esclarecer la mente de tanta gente ignorante y talibana.

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