Archivo diario: 2 02Europe/Madrid septiembre 02Europe/Madrid 2013

El 2 de septiembre de …

Joseph Roth

Joseph Roth

El 2 de septiembre de 1894 nacía en Brody, Imperio austrohúngaro, Joseph Roth, novelista y periodista austriaco de origen judio.
Escribió con técnicas narrativas tradicionales varias novelas de calidad como Fuga sin finLa leyenda del santo bebedorLa cripta de los capuchinos o La rebelión. Su obra más conocida es La marcha Radetzky, que describe a una familia durante el ocaso del Imperio austrohúngaro. Es  considerado, junto con Hermann Broch y Robert Musil, uno de los mayores escritores centroeuropeos del siglo XX. Formó parte de la literatura del exilio provocado por el nazismo. Su obra fue reconocida póstumamente.

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“Un universo de la nada” de Lawrence M. Krauss

Nada expande la mente como el universo en expansión.

¿Quién creo al creador?

Cubierta de: Un universo de la nada

Cubierta de: Un universo de la nada

Como sabéis los que seguís este blog me gusta empezar los artículos con alguna frase que exprese la realidad del libro del que escribo. Pero esta vez me ha sido muy difícil. Son tantos los “impactos” recibidos al leer el libro que espero que os gusten los dos que he elegido.

¿Cual es la diferencia entre argumentar a favor de un creador que existe eternamente o defender un universo que sin tener creador, existe eternamente?

En la página 13 del prefacio nos dice el autor: «El objetivo de este libro es simple. Quiero mostrar cómo la ciencia moderna, de varias formas, puede enfrentarse y se está enfrentando a la cuestión de por qué hay algo en vez de nada. De hecho, para que el universo llegara a existir se podría haber “requerido” algo a partir de nada. Es más: todos los indicios sugieren que es así como “podría” haber surgido nuestro universo.»

Hay pocas aventuras intelectuales tan cautivadoras como la cosmología del siglo pasado, en la que aún seguimos inmersos. A principios del siglo XX, la sabiduría convencional era que nuestra galaxia, la Vía Láctea, ocupaba la totalidad de un universo estático e inmanente, y hoy sabemos que solo es una entre los 400.000 millones de galaxias que pueblan el universo observable. Un universo que, para colmo, parece absorto en una expansión acelerada que solo puede conducir a su muerte no ya térmica, sino por falta de sustancia.

Según nos asegura Lawrence Krauss los 13,72 miles de millones de años —el cálculo es preciso hasta la cuarta cifra significativa—, parece mínima en comparación con los billones de años por venir.
Pero el modelo en que Krauss ve la cosmología del futuro remoto es paradójico y aterrador. En el futuro lejano, debido a la expansión acelerada de todo cuanto existe, cada galaxia parecerá estar aislada: parecerá, en efecto, ser la única galaxia del universo, como creíamos en la Vía Láctea a principios del siglo XX. La expansión será tal que toda otra galaxia quedará fuera de toda observación y toda interacción permitida por la relatividad de Einstein, que fija un límite máximo para la velocidad de la luz y cualquier otra cosa.

Según la teoría del Big Bang, el Universo se originó en una singularidad espaciotemporal de densidad infinita matemáticamente paradójica. El espacio se ha expandido desde entonces, por lo que los objetos astrofísicos se han alejado unos respecto de los otros.

Según la teoría del Big Bang, el Universo se originó en una singularidad espaciotemporal de densidad infinita matemáticamente paradójica. El espacio se ha expandido desde entonces, por lo que los objetos astrofísicos se han alejado unos respecto de los otros.

Los astrónomos del futuro serán mucho más ignorantes que los nuestros, en flagrante contradicción con cualquier idea intuitiva de progreso. Como dice Krauss, «vivimos en un tiempo muy especial, el único tiempo en que la observación permite verificar que… ¡vivimos en un tiempo especial!». Se trata de una paradoja antrópica, un término casi cabalístico que usan los físicos para referirse a los posibles sesgos que puede introducir en nuestros modelos del mundo el mero hecho de que nosotros estemos observando. Si en el año 2 billones d.C. hay cosmólogos, su visión del universo será más amplia que la nuestra: se habrá expandido. Pero no será así; y esta es solo una de las muchas conclusiones demoledoras que me llevo conmigo al cerrar este libro. De aquí a dos billones de años, el universo se habrá expandido tanto que todas las galaxias, salvo la del propio cosmólogo, habrán recedido por detrás de un horizonte einsteniano tan absoluto, tan inviolable, que no solo serán invisibles, sino que no habrá posibilidad alguna de que dejen algún vestigio perceptible, por indirecto que pudiera ser.
Será como si no hubieran existido nunca. Muy probablemente, todos los rastros del Big Bang habrán desaparecido, poara siempre y sin remedio. Los cosmólogos del futuro estarán aislados de su pasado y de su situación de un modo que nosotros no experimentamos. De ahí la frase que puse antes en boca de Krauss: «vivimos en un tiempo muy especial, el único tiempo en que la observación permite verificar que… ¡vivimos en un tiempo especial!».

Un universo de la nada expone magistralmente el inmenso avance en nuestra comprensión del mundo que han supuesto los últimos cien años de cosmología. De la gran aportación de Einstein con su teoría del tiempo, el espacio y la materia (la relatividad general), pasando por Henrietta Swan Leavitt, la mujer que convirtió las cefeidas en una cinta métrica para medir el cosmos; el astrónomo y exabogado Edwin Hubble, que demostró la expansión del universo con su telescopio y utilizando la teoría de Henrietta, y el físico teórico y sacerdote Georges Lemaître, que leyó el Big Bang en las ecuaciones de Einstein y es sin duda uno de los dos grandes curas de la historia de la ciencia, junto al fundador de la genética, Gregor Mendel.

Yo les propondría la lectura del libro. Una lectura que se convertirá en lectura intensa pues el libro es apasionante.

Richard Dawkins nos dice en el postfacio: «Si El origen de las especies fue el golpe más letal de la biología a la creencia en lo sobrenatural, quizás acabemos viendo que Un universo de la nada es su equivalente en la cosmología; el título quiere decir lo que dice; y lo que dice es devastador»”.

Aunque suene deista no me resisto a contar una anécdota que no he podido comprobar pero la fuente era fiable. En una biografía de Albert Einstein  escrita por su sobrina cuenta que su tío tenía en la mesilla de noche un libro de cabecera en el cual se podía leer:

Páginas de unos anales prehistóricos.

La que escribe estas líneas tiene a la vista un manuscrito arcaico, una colección de hojas de palma impermeables a la acción del agua, del fuego y del aire, por un procedimiento específico desconocido. Hay en la primera página un disco de perfecta blancura, destacándose sobre un fondo de un negro intenso. En la página siguiente aparece el mismo disco, pero con un punto en el centro. El primero, como sabe el que se dedica a estos estudios, representa al Kosmos en la Eternidad, antes de volver a despertar la Energía aún en reposo, la emanación del Mundo en sistemas posteriores. El punto en el disco, hasta entonces inmaculado, Espacio y Eternidad en Pralaya, indica la aurora de la diferenciación. Es el punto en el Huevo del Mundo, el germen interno de donde se desarrollará el Universo, el Todo, el Kosmos infinito y periódico; germen que es latente o activo, periódicamente y por turnos. El único círculo es la Unidad divina de donde todo procede y a donde todo vuelve: su circunferencia, símbolo forzosamente limitado, por razón de la limitación de la mente humana, indica la PRESENCIA abstracta y siempre incognoscible, y su plano, el Alma Universal, aunque las dos son una. El ser blanca sólo la superficie del disco, y negro el fondo que lo rodea, muestra claramente que su plano es el único conocimiento, aunque todavía opaco y brumoso, que el hombre puede alcanzar. En este plano se originan las manifestaciones manvantáricas; porque en esta ALMA es donde dormita durante el Pralaya el Pensamiento Divino, en el cual reposa oculto el plan de todas las cosmogonías y teogonías futuras.

Lawrence M. Krauss

Lawrence M. Krauss

Lawrence M. Krauss nació en Nueva York el 25 de mayo de 1954. Es Doctor en Física Teórica por el Massachussets Institute of Technology y en la actualidad es Director de la Origins Initiative en Arizona State University. Anteriormente fue Profesor de Física Ambrose Swasey, Profesor de Astronomía y Director del Center for Education and Research en la Case Western Reserve University.
Tiene un amplio campo de intereses, entre los que cabe destacar la interacción entre la física de partículas elementales y la cosmología, donde sus estudios incluyen el universo temprano, la naturaleza de la materia oscura, relatividad general y la astrofísica de neutrinos.
 Krauss es uno de los pocos científicos de reconocimiento internacional interesados en crear puentes entre la ciencia y la cultura popular.

Un universo de la nada (título original: A universe from Nothing, 2012) ha sido publicado por la Editorial Pasado & Presente. Traducido del inglés por Cecilia Belza y Gonzalo García. Encuadernado en tapa blanda con solapas, tiene 256 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Como complemento pongo un vídeo subido por polibioinexistente en el que Lawrence M. Krauss da una charla sobre nuestro actual panorama del universo, cómo éste terminará y sobre todo cómo es que se produjo desde la nada. Está subtitulado en castellano. Dura más de una hora pero merece la pena verlo.

Un universo desde la nada por Lawrence Krauss

Para saber más:

http://en.wikipedia.org/wiki/Lawrence_M._Krauss

http://krauss.faculty.asu.edu/

 

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