“A través de la selva amazónica” de P.H. Fawcett y “La ciudad perdida de Z” de David Grann

La realidad supera a la ficción.

Percy Harrison Fawcett

Percy Harrison Fawcett en 1911

No es broma el encabezado de este artículo. Creo que todos hemos visto las aventuras de Indiana Jones en el cine, pues bien este personaje de ficción estaba basado en un personaje real: el coronel Percy Harrison Fawcett

«Un día frío de enero de 1925, un caballero alto y distinguido cruzaba a toda prisa el puerto de Hoboken, New Yersey, en dirección al  Vauban, un trasatlántico de ciento cincuenta y seis metros de eslora que estaba a punto de zarpar rumbo a Rio de Janeiro. Tenía cincuenta y siete años, medía un metro ochenta y sus brazos eran largos y fibrosos. Su forma física era tan buena que podía caminar durante días sin apenas descansar ni comer. Tenía nariz de boxeador y había algo de feroz en su aspecto, sobre todo en la mirada. El hombre había sido fotografiado a menudo con botas de montar, un sombrero Stetson y un rifle colgado al hombro, pero incluso con traje y corbata y sin su habitual barba desaliñada, la gente del embarcadero lo reconoció. Era el coronel Percy Harrison Fawcett, y su nombre se conocía en todo el mundo.
Era el último de los grandes exploradores de la época victoriana que se aventuraron a internarse en zonas sin cartografiar con poco más que un machete, una brújula y una determinación que rozaba lo divino.»

Con esta definición del coronel Fawcett comienza “La ciudad perdida de Z”. El aventurero inglés protagonizó en 1925 una de las desapariciones inexplicadas más célebres de la historia de las exploraciones cuando intentaba descubrir en las selvas del interior de Brasil una ciudad perdida perteneciente a una civilización primordial, relacionada con la Atlántida, a la que llamó Z. Salió en busca de un misterio y acabó convertido en un enigma.

Cubierta de: La ciudad perdida de Z

Cubierta de: La ciudad perdida de Z

La historia de las exploraciones de Fawcett fue recopilada por su hijo pequeño, Brian, que reunió sus cuadernos de notas, ensayos y cartas en un libro titulado “A través de la selva amazónica”. La obra recoge las peripecias del coronel en las ocho expediciones que emprendió entre 1906 y 1925. El oficial de artillería convertido en topógrafo recorrió las fronteras de Bolivia, Perú, Argentina y Brasil. En las regiones amazónicas observó los estragos causados por la fiebre desencadenada por la extracción y comercialización del caucho. «La falta de restricciones convertía esa zona en el terreno de cazar perfecto para granujas y cazadores de fortuna», se lamenta.  A pesar de sus propios prejuicios raciales, el militar inglés tenía buen concepto de los indígenas: «Yo conocí más tarde a los indios Guarayos y los encontré inteligentes, sanos e infinitamente superiores al indio ‘civilizado’ y borracho de los ríos. Cierto, eran hostiles y vengativos; ¡pero piénsese en las provocaciones de que eran objeto! Mi experiencia me ha demostrado que pocos de estos salvajes son “malos” por naturaleza, a menos que el contacto con los “salvajes” del mundo exterior les haga serlo».

Cubierta de: A través de la selva amazónica

Cubierta de: A través de la selva amazónica

Los relatos de sus primeras expediciones son una auténtica novela de aventuras selváticas en la que no faltan las clásicas historias de hombres devorados por las pirañas en un santiamén, los avistamientos de animales extraños, algunos inverosímiles -afirma que mató una anaconda de 18 metros de longitud y que siguió las huellas recientes de… ¡un dinosaurio!-, las emboscadas de “tribus salvajes” -que él procura resolver siempre sin recurrir a las armas- y hasta fenómenos paranormales, de los que era firme creyente, como el ataque de un “poltergeist” en una choza. «En los viajes por la selva la muerte nunca anda lejos. Se manifiesta de muchas formas, la mayoría de ellas horribles, pero algunas tan aparentemente inocuas que apenas llaman la atención, aunque no por eso son menos mortíferas».

La estatulla de Rider Haggard, dibujada por Brian Fawcett.

La estatulla de R. Haggard dibujada por B. Fawcett.

Las historias de las exploraciones del coronel Rawcewtt tenían muchísimos seguidores en todo el mundo, entre ellos los novelistas Sir Arthur Conan Doyle, que escribiría “El mundo perdido” a partir de las historias que le contó Fawcett, y Sir Henry Rider Haggard, autor de “Las minas del rey Salomón”.
Precisamente fue este escritor quien le proporcionó una de las pistas de las ciudades del Amazonas: «Obra en mi poder una escultura de unos veinticinco centímetros de alto, labrada en una pieza de basalto negro -escribe Fawcett-. Representa una figura con una placa en el pecho, sobre la cual aparecen inscritos varios caracteres, y alrededor de los tobillos tiene una banda con una inscripción similar. Me la regaló Sir H. Rider Haggard, quien la encontró en Brasil, y creo firmemente que procede de una de las ciudades perdidas». Según el coronel Fawcett, la figura fue examinada por los expertos del Museo Británico, que “no supieron decirme nada acerca del origen del ídolo”.

La otra prueba que le convenció de la existencia de ciudades perdidas es un documento que se conserva en la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro: el Manuscrito 512. El texto, cuyo título real es “Relación histórica de una oculta y grande población antiquísima, sin moradores, que se descubrió en el año de 1753”, es un informe dirigido al virrey por parte del jefe de una expedición de ‘bandeirantes’ portugueses. El texto comienza explicando que la partida llevaba 10 años recorriendo el ‘sertão’, los grandes territorios inexplorados del interior. “Después de un larguísimo viaje (…) descubrimos una cordillera de montes tan alta que parecía que llegaban a la región etérea, sirviendo así de trono al viento y a las mismas estrellas”, describe el autor de la carta, cuyo nombre se ha perdido por culpa de las termitas. “A cosa de legua y media divisamos una gran población; por su tamaño pensamos que era alguna ciudad de la corte de Brasil; luego descendimos al valle con prudencia”.

Página del Manuscrito 512

Página del Manuscrito 512

El acceso era por “tres arcos de gran altura, el del centro mayor y los dos de los lados más pequeños; sobre el grande, el principal, divisamos letras, que no pudimos copiar por la gran altura (del arco)”. Detrás del pórtico se extendía una gran calle flanqueada por casas, algunas derruidas. Varios edificios estaban abovedados y el eco de las voces de los exploradores “atemorizaba”. La calle desembocaba en “una plaza regular”, en cuyo centro había “una columna de piedra de grandeza extraordinaria, y sobre ella la estatua de un hombre de altura normal, con (…) el brazo derecho extendido, señalando el Polo Norte con el dedo índice. En cada esquina de esta plaza había una aguja a imitación de las que construían los romanos, algunas en mal estado, y partidas, como heridas por algunos rayos”.

El texto, que describe lo que a todas luces es una ciudad romana de libro, fue pasado por alto hasta que fue descubierto en 1839, cuando en el Imperio de Brasil (1822-1889) el nacionalismo alcanzaba su máximo furor. La supuesta evidencia de una gran civilización autóctona prehispánica hizo que fuera tomado en serio y se llevaran a cabo varias expediciones infructuosas para localizar las ruinas. Sin embargo, para cuando el documento cayó en manos de Fawcett los eruditos brasileños ya habían llegado a la conclusión de que era un relato ficticio, como explica el historiador Johnni Langer en su artículo ‘A Cidade Perdida da Bahia: mito e arqueologia no Brasil Império’ (publicado en 2002 en la ‘Revista Brasileira de História’).

Pero el coronel explorador creía a pies juntillas en la realidad de lo narrado en el Manuscrito 512. Durante sus expediciones había recopilado relatos de nativos, caucheros y hacendados acerca de ruinas misteriosas y ciudades abandonadas: «Sé que la ciudad perdida de Raposo -nombre que Fawcett da al autor del texto de 1753- no es única en su género. En 1913, el cónsul británico en Río fue conducido a uno de tales lugares por un indio mestizo (…). También se distinguía por los restos de una antigua estatua colocada sobre un gran pedestal negro en el centro de una plaza».

Percy Fawcett, segundo por la izquierda, en algún punto entre Brasil y Bolivia.

Percy Fawcett, segundo por la izquierda, en algún punto entre Brasil y Bolivia.

Por fin, en 1925 Percy Harrison Fawcett pudo emprender la que creía que iba a ser su expedición definitiva. Convencido de que los grupos numerosos de exploradores eran vistos por los indios ‘salvajes’ como una agresión, decidió viajar acompañado solo por su hijo mayor, Jack, y el mejor amigo de éste, Raleigh Rimmell. La partida se completaba con dos asistentes locales que regresarían a la civilización cuando el grupo fuera a penetrar la selva inexplorada. En los capítulos finales de “A través de la selva amazónica“, Brian Fawcett reconstruye el viaje final de su padre a partir de las cartas que le enviaron los expedicionarios. «Saldremos de Cuiabá el 2 de abril y tardaremos seis semanas, o quizá dos meses, en alcanzar el punto al que llegaron papá y Felipe la otra vez. Llegar hasta Z nos llevará seguramente otros dos meses, y quizá entremos en el lugar en el 58 cumpleaños de papá (31 de agosto)», escribe Jack a su hermano Brian.

Fue la última misiva que se envió. Las expediciones que se organizaron para dar con él o sus restos, por lo menos 16, nunca encontraron nada.

Si queréis leer la mejor novela de aventuras que he leído, no lo dudéis leer estos dos libros, son fantásticos. Por cierto, ha llegado a mis oídos que Brad Pitt estaba considerando encarnar al coronel Percy Harrison Fawcett en una película sobre su vida. Seguramente sería una película magnífica.

A través de la selva amazónica (título original: Exploration Fawcett, 1955) ha sido publicado por Ediciones B para el sello Zeta Bolsillo. Traducido del inglés por Francisco Reina. Esta encuadernado en rústica y tiene 512 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

La ciudad perdida de Z (título original: The lost city of Z, 2009) ha sido publicado por la Editorial Debolsillo. Traducido del inglés por Nuria Salinas. Encuadernado en rústica, tiene 416 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Como complemento pongo un vídeo subido por gryphonfilms titulado:

Coronel Percy Fawcett – Perdido en el Amazon

Para saber más:

http://en.wikipedia.org/wiki/Percy_Fawcett

http://www.catchpenny.org/fawcett.html   (muy interesante)

http://www.nybooks.com/articles/archives/2009/may/14/mad-dreams-in-the-amazon/

 

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Archivado bajo Curiosidades, Historia, Literatura, Narrativa

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