“La soledad del corredor de fondo” de Alan Sillitoe

Un libro de ruptura generacional, cumbre de la literatura británica del XX, que ejemplifica a la perfección el carácter del rebelde sin causa.

Miguel Sanfeliu

Miguel Sanfeliu

La soledad del corredor de fondo

La soledad del corredor de fondo

El presente artículo se debe a la pluma de Miguel Sanfeliu que lo publicó en su blog Cierta distancia el 16 de julio de 2006.

Este es uno de esos libros que se te quedan en la cabeza para siempre.
Se trata de un conjunto de relatos cuyos personajes pertenecen a la clase obrera y viven en barrios marginales, en la Inglaterra de la posguerra. Son jóvenes rebeldes, que están hartos de todo lo que les rodea, una generación antisistema. No en vano Alan Sillitoe pertenece a ese grupo de escritores que se aglutinó bajo el nombre de «angry generation», a la que pertenecen también Kingsley Amis, John Osborne y el último Premio Nobel de literatura, Harold Pinter. Aunque, a este respecto, Sillitoe dijo: “Yo no podía pensar en términos de ser considerado un joven enojado porque, por supuesto, no puedes escribir con ira. Si escribes en ese estado la escritura no será buena; para hacerlo debes estar frío, calmado”.

No obstante, sus personajes sí suelen estar enojados, especialmente el protagonista del primer relato de este libro “La soledad del corredor de fondo”, el que le da título, quien nos dice: «Lo primero es que esos hijos de puta que nos mandan no son tan bobos como parecen la mayor parte del tiempo, y lo segundo es que yo tampoco soy tan bobo como parecería si tratase de escaparme por ahí aprovechando la competición, porque fugarse para que luego te pillen no es más que una pérdida de tiempo, y yo no tengo ganas de perderlo». La historia de un joven ladronzuelo que cumple condena en un reformatorio y que tiene unas especiales aptitudes para la carrera de fondo, por lo que lo incluyen en unas competiciones de cross en las que participan instituciones de toda Inglaterra, se convierte en un relato sobre la dignidad de los vencidos, sobre la oposición al poder, sobre aquel que no tiene nada a lo que agarrarse más que a sí mismo. «…Entonces se adentro en una lengua de árboles y arbustos donde yo ya no pude verlo ni a él ni a nadie, y ahí sí que conocí la sensación de soledad que invade al corredor de fondo cuando surcas los campos, y me di cuenta de que, en lo que a mi se refería, esa sensación era lo único honrado y genuino que existía en el mundo…» . Esta historia fue llevada al cine en una magnifica película del mismo título.

El resto de los relatos cumple con las pautas marcadas por la primera narración. Y, aunque quedan un poco deslucidos tras la deslumbrante primera historia, mantienen la calidad y el interés. Sin duda, podemos encontrar joyas entre ellos, como “El cuadro del barco de pesca”, en la que nos enfrentamos a la extraña relación que surge entre una pareja después que se ha separado, a raíz de un cuadro. Empieza así: «Hace veintiocho años que soy cartero. Tengan en cuenta esa primera frase: como está escrita de un modo sencillo puede hacer que el hecho de que lleve tanto tiempo siendo cartero parezca importante, pero me doy cuenta de que las cosas en sí no tienen relevancia alguna». La miseria y las duras condiciones de vida que imperaban en el Londres de la posguerra quedan perfectamente plasmados en “El arca de Noé”, centrado en dos amigos que se disponen a gastar el poco dinero de que disponen en una feria. “Una tarde de sábado “ comienza diciendo «Una vez vi cómo un tipo intentaba matarse». Sin duda una frase así es capaz de enganchar a cualquiera. Con este relato, el lector se introduce en una historia que sólo puede calificarse de esperpéntica. “Tío Ernest” nos habla de la soledad, de los recuerdos, de los prejuicios, de la desconfianza… “Mr. Raynor, el maestro de escuela” nos cuenta la historia de un hombre que utiliza su imaginación para evadirse de la realidad, un hombre que fantasea en secreto sobre lo que nunca podrá alcanzar, mientras debe enfrentarse a una clase de alumnos resabiados e indisciplinados. “El partido” nos muestra cómo la derrota de su equipo repercute en un hombre, de modo que sus reacciones serán implacables y malhumoradas hacia todo lo que le rodea. “La desonra de Jim Scarfedale” es otra pequeña joya que se presenta como un juego de espejos y en la que un narrador prepotente nos habla del tímido Jim Scarfedale, a la vez que lo juzga y lo critica. Y, por último, “Declive y ocaso de Frankie Buller“, un texto nostálgico, recuerdos de niñez, de juegos en la calle, de peleas y, especialmente, la historia de Frankie Buller, su paso a la madurez, su recorrido vital por una existencia carente de oportunidades. La realidad es capaz de imponerse con toda su crudeza incluso sobre aquellos que viven en un mundo hermético y privado y que se niegan a crecer.

Un desfile de personajes sin oportunidades, marginales, apartados de la lucha por salir de la miseria, condenados a pelear en las condiciones más duras. Se trata de un libro compacto, que recuerda un poco a la narrativa española de posguerra, por su carga de denuncia social, por su crudeza, su impotencia y rabia hacia un mundo que se desmorona y arrastra con él a los seres humanos.

Alan Sillitoe nació en Nottingham, Inglaterra, el 4 de marzo de 1928 y murió en Londres el 25 de abril de 2010. Fue un escritor, al

Alan Sillitoe

Alan Sillitoe

que se vincula al movimiento de los “Angry Young Men” en los años 50. Abandonó los estudios a los catorce años y poco después entró a trabajar en la fábrica de bicicletas Raleigh, en Nottingham, al igual que lo había hecho su padre. En 1946 se unió a la Royal Air Force y trabajó como operador de radio en Malasia.  Gracias a una exigua pensión del ejército, pasó los siguientes siete años deambulando entre Francia y España. Fue a mediados de los cincuenta, en la isla de Mallorca, cuando empezó a escribir, animado por el poeta Robert Graves. Ya por entonces había conocido a la que sería su compañera de por vida, la poeta norteamericana Ruth Fainlight. Su primera novela, Sábado por la noche y domingo por la mañana, fue publicada en 1958, y adaptada a la gran pantalla por Karel Reisz en 1960, con Albert Finney en el papel de Arthur Seaton. Su libro de relatos La soledad del corredor de fondo, publicado en 1959, terminaría por confirmar a Sillitoe como uno de los más importantes narradores de su generación. Escribió más de cincuenta obras, incluyendo poesía, teatro y cuentos para niños, además de veinticinco novelas. En 1995 publicó su autobiografía, Life without Armour. En 1997 fue elegido miembro de la Royal Society of Literature. Murió el 25 de abril de 2010 en el Hospital Charing Cross de Londres, tras una larga batalla contra el cáncer.

La soledad del corredor de fondo (título original: The Loneliness of the Long Distance Runner, 1959),está publicado por Ediciones Impedimenta. Con una introducción de Kiko Amat y con una nueva traducción del inglés de Mercedes Cebrián. Encuadernado en rústica con sobrecubierta tiene 256 páginas.

Como complemento pongo un vídeo promocional de la película titulado:

LA SOLEDAD DEL CORREDOR DE FONDO- un film deTONY RICHARDSON.

Para saber más:

http://en.wikipedia.org/wiki/Alan_Sillitoe

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Archivado bajo Literatura, Narrativa

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