“Leer” de Gabriel Zaid

Hay quienes ven pasar personas delante de su ventana como si se tratara de un paisaje y hay quienes, a partir del examen detenido de esas personas, se percatan de que nada en la marcha de esos individuos es gratuito. También hay quienes pasan la vista por miles de páginas sin sentir ese compromiso, esa gracia que libera. Leen para acumular, para trepar. Otros, más bien pocos, disfrutan al leer personas, lugares, estadísticas, mapas, versos, ideas. Y van más allá: son congruente entre lo que leen y lo que hacen. Buscan la claridad, y si se encuentran, la transmiten. Para ellos Gabriel Zaid es un maestro de la lectura. (Fernando García Ramírez)

Este libro es un homenaje a ese lector.

Cubierta de: Leer

Cubierta de: Leer

El libro es muy denso en su contenido, pero es tremendamente interesante, y sé, que quien lo lea saldrá enriquecido. Voy a copiar un resumen del prólogo, pues en él está parte de la esencia del libro.

“…Esta antología se divide en cuatro capítulos. El primero,Lectura y realidad, permite introducir al lector en lo que Gabriel Zaid piensa de la lectura. Leer nos hace más reales (“¿Cómo leer en bicicleta?”); leer sirve para ensanchar el mundo (“La efectividad poética”); leer, para desoprimirnos, para hacernos más plenos (“Lo expresivo y lo oprimente”); leer poesía hace posible cambiar el mundo (“La ambición de una poesía total”); la lectura de un poema puede ser un acto inspirado que nos transforme en seres abiertos, que nos despierte, que nos libere (“La lectura concreta”); de cómo leer El Quijote le cambió a Zaid la vida (“La novela soy yo”).

El segundo apartado, “Práctica de la lectura”, conduce a la lectura “práctica” de poemas. Como en el libro Crítica práctica de I.A. Richards, Zaid muestra cómo debe leerse un poema. Hay que saber contar sílabas para oír su música y ver el despliegue visual que ocurre en el poema (“Retórica y visión poética”); distinguir al autor del personaje que el poeta crea en su poema: Zaid se refiere al poema como a un escenario del cual el lector es el espectador; critica a la “poesía comprometida” que no entiende la distancia entre el autor y el personaje que dice yo en el poema (“La limpidez”); discierne lo que separa a la prosa de la poesía y muestra la distancia irónica entre lector y texto (“El problema de la poesía que sí se entiende”); desanuda una metáfora de Pellicer y, al hacerlo, señala cómo el texto se convierte en un milagro (“Azules que se caen de morados”); comenta el modo en que una humilde ironía hace que un misterio poético vuelva más diáfano el mundo (“Dictadura y misterio”); demuestra cómo se frustra un poema suyo y, para hacerlo, desarma un poema, exhibe sus partes (“Poemas fallidos”).

El tercer apartado, “Lectura, conversación y cultura”, muestra cómo de la lectura individual se pasa a la conversación con los otros y cómo esa conversación es el sustrato básico de lo que llamamos cultura. Al leer volvemos la letra muerta en letra viva. La lectura anima la vida, la individual y la colectiva, y eso se extiende a todo el ámbito editorial: la cultura es apetito de saber (“Los libros y la conversación”); pero el mundo moderno está organizado para no leer: nos quita tiempo, sustituye la lectura por el prestigio (“Organizados para no leer”); la conversación cultural no es sólo literaria, abarca la ciencia y la técnica, ya que ensancha nuestra visión del mundo (“Las dos inculturas”); en nuestros días la cultura se ha convertido en administración del saber, en saber universitario, que al volverse parte de un organismo gigantesco pierde de vista que la cultura es artesanal, diversa y dispersa.

…En el cuarto y último apartado, “Leer la realidad”, el lector encontrará ejemplos de cómo Zaid conecta los libros y el sentido práctico, el saber y el hacer, el conocimiento y la acción inspirada. Este capítulo expone que hay quienes no leen para saber sino para trepar, y que eso tiene como consecuencia el ser desintegrado, incoherente entre lo que sabe y lo que hace, a la vez que propone que la lectura y la cultura propician al ser integrado, integral (“Conectar lecturas y experiencias”); muestra cómo un hombre con sentido práctico pudo pasar de los libros utópicos al desarrollo económico de pequeñas comunidades siguiendo “modelos de vida pobre” (“El modelo Vasco de Quiroga”); explica el caso de un economista que pasó de sus teorías a la comprensión de la realidad de los pobres y de cómo esto cambió su enfoque (“Un economista diferente”); y lo reafirma comentando el ejemplo de un empresario que pudo pasar de la lectura de la realidad -viendo a los pobres en Bangladesh- a la creación de formas de mejorar la vida práctica de esos pobres (“Salir de pobres”); discurre cómo el modelo de progreso que se nos ha vendido es falso, que no todos podemos ser universitarios y tener sus privilegios, que hay otros modelos de vida dentro de los cuales se puede ser feliz (“Modelos de vida pobre”); escribe sobre cómo se puede salir de la pobreza con ejemplos concretos, como en el caso del reparto en efectivo para que los pobres mejoren su vida diaria (“Cómo repartir en efectivo”); y cómo los empresarios y el gobierno pueden ayudar al desarrollo de los pobres apoyando los microcréditos (“Esperanza y crédito”). Muestra cómo, por miopía universitaria y burocrática, se piensa que los campesinos solamente se dedican a labores agrícolas, por lo que propone una serie de apoyos para que los campesinos se queden en el campo desarrollando un modelo económico de pequeña escala, artesanal (“No sobran campesinos, sobran agricultores”); cómo el saber tradicional tenía un sentido de la vida que hemos perdido por seguir el canto de las sirenas progresistas; cómo la elección entre una infinidad de productos nos vuelve más infelices; cómo las ilusiones de tener más nos pueden llevar a vivir una vida de menor calidad (“Teoría de la góndola”). Por último, Zaid expone cómo el progreso ha distorsionado nuestra visión del mundo, haciendo que prefiramos las cosas, sin que tengamos tiempo para disfrutarlas, y planteando un modelo de vida diferente (“Tiempo o cosas”)…

Lee las primeras páginas

Gabriel Zaid

Gabriel Zaid

Gabriel Zaid (nació el 24 de enero de 1934 en Monterrey, Nuevo León, México. Es poeta y ensayista. Es colaborador habitual de la revista Letras Libres. Es unoi de los autores más sugerentes y difíciles de clasificar en la cultura iberoamericana de la actualidad. Estudió ingenieria mecánica, y desde su tesis sobre la industria del libro ha mostrado una singular habilidad para leer textos, acontecimientos y procesos desde una perspectiva única que elude dicotomías fáciles.  El 20 de marzo de 1986 fue elegido miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, tomó posesión de la silla XVI el 14 de septiembre de 1989, renunció a su puesto el 25 de noviembre de 2002.

Leer está publicado por la Editorial Océano Travesía en su Colección Ágora. Selección y prólogo de Fernando García Ramírez. Encuadernado en rústica con solapas, tiene 260 páginas.

Como complemento, pongo un vídeo de Arturo çMartinez titulado:

Gabriel Zaid

 

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