Este año se celebra el 200 aniversario del redescubrimiento de la ciudad de Petra, en la actual Jordania. El viajero, arqueólogo y espía suizo Johann Ludwig Burckhardt fue el primer europeo que consiguió llegar a las ruinas de esta ciudad, en agosto de 1812. Corría un peligro enorme porque estaba prohibido a los europeos deambular por estas zonas, y tuvo que viajar disfrazado como un local. Tampoco pudo parar a tomar notas o apuntes, pero constató que esas magníficas ruinas de un templo excavado en la roca rosada, al final de un desfiladero, correspondían a la antigua capital de los nabateos.
El descubrimiento de Petra es una de las historias más apasionantes de exploración y arqueología. Hoy Petra es un destino imprescindible para cualquier viajero, con imágenes tan sorprendentes como su Tesoro, el Templo Central, el teatro romano y los desfiladeros que permiten acceder a la vista más impresionante de la ciudad roja esculpida en Petra.

Jean-Louis Burckhardt
Durante siglos fue un misterio y toda una leyenda. Los habitantes locales de esta zona del desierto jordano rodearon de leyendas la mítica ciudad de los nabateos, probablemente para preservar sus rutas caravaneras y que nadie se atreviera a llegar hasta allí. Fue un suizo, Johann Ludwig Burckhardt, el primer europeo capaz de infiltrarse en esas rutas para comprobar qué había de cierto. Viajó en una caravana por el territorio de la actual Jordania disfrazado de árabe y bajo la falsa identidad del jeque Ibrahim ibn Abdallah, como parte de sus actividades científicas para la Asociación para la Promoción del Descubrimiento de las Partes Interiores de África. Este organismo en realidad se trataba de una organización que servía como tapadera a sus trabajos para el Foreign Office británico.
Nacido en Lausana en 1784, Bruckhardt era un hombre de una sólida cultura. Hablaba varios idiomas, entre ellos el árabe, lo que le permitía viajar por tierras especialmente peligrosas para los cristianos. Con la excusa de querer ofrecer un sacrificio en la tumba del profeta Aarón, consiguió separarse de la caravana en compañía de su guía y llegó a contemplar las ruinas de Petra, convirtiéndose en el primer occidental que lo hacía en los últimos seiscientos años. Para no despertar las sospechas de los habitantes del lugar, tuvo que ser discreto y pasar de largo, sin tomar apuntes ni dibujos del lugar, pero se fijó en cada detalle y, a pesar de que prometió a los guías no revelar el secreto, cinco años después de su muerte, en 1822, se publicaron sus recuerdos de aquel lugar extraordinario excavado en la piedra rosa del desierto jordano.
En años siguientes a Petra llegaron otros muchos aventureros europeos, entre ellos el famoso dibujante escocés David Roberts, que llevaron a Europa más noticias y las primeras imágenes, en forma de dibujos y grabados, de la misteriosa ciudad rosada de los nabateos.
En la guía Lonely Planet y geoPlaneta de Jordania se destacan 6 experiencias que nadie debería perderse:
– Viajar a través de la historia por el sinuoso Siq, la sima de escarpadas paredes que conduce a una antigua civilización.
– Admirar los primeros rayos del sol sobre las columnas del Tesoro, un sublime espectáculo al final del Siq.
– Ascender en procesión al Altar de los Sacrificios, tomar un té con los beduinos y volver al valle por un jardín de flores silvestres.
– Buscar espíritus en las Tumbas Reales, un paseo entre nichos con los colores del arco iris.
– Peregrinar al Monasterio y observar la luz del atardecer sobre las piedras gastadas por el tiempo.
– Deslizarse entre las sombras del Siq siguiendo la música y la luz de las velas con el circuito Petra by Night. Parte del centro de visitantes a las 20.30 h los lunes, miércoles y jueves y dura dos horas. El atractivo de los cuentacuentos beduinos depende del humor del artista. Las entradas se pueden comprar en el centro de visitantes de Petra antes de las 17.00 h.
Petra (en árabe, البتراء al-Batrā´). Petra fue descubierta al mundo occidental en 1812 por Jean Louis Burckhardt, un viajero suizo disfrazado de árabe, llamando Sheikh Ibrahim. Siguió la ruta entre Damasco y Egipto, pasando por Jordania. Escuchó decir que a las afueras del pueblo de Wadi Moussa, existían en medio de una fortaleza natural , unas ruinas extraordinarias. En esta región, que entonces pertenecía al Imperio otomano, se desconfiaba de las personas que curioseaban en las antigüedades consideradas como «obras de los infieles»; porque en ese momento la situación política y religiosa era tensa. Burckhardt se presentó como un peregrino que deseaba sacrificar una cabra al Profeta Aarón, cuya tumba, construida en el siglo XIII, se suponía que estaba más allá de las ruinas, en la parte superior de Jebel Haroun. Acompañado de su guía, cruzó la ciudad antigua en agosto de 1812, sin poder por un momento pararse a tomar notas o dibujos, pero consciente de la importancia de tales restos y del hecho de que esas ruinas cercanas a Wadi Moussa eran las de Petra. Entusiasmado, propaga la noticia entre los occidentales instalados en Oriente y en Egipto y expondrá sus conclusiones en el libroTravels in Syria and the Holy Land, que se publicará en 1823, cinco años después de su muerte.
Jean-Louis Burckhardt nació en 1784 en Lausana, Suiza y murió en El Cairo, Egipto en 1817. Fue un explorador, profundo conocedor de la lengua árabe y la religión islámica que, haciéndose pasar por un mercader árabe, viajó por Oriente Próximo y Nubia. Fue el europeo que redescubrió las ruinas de Petra, en 1812, la antigua capital de los nabateos, siendo también uno de los primeros europeos que conocieron La Meca y Medina. Además descubrió los templos del faraón Ramsés II y Nefertari en Abu Simbel, Nubia.
Se convirtió a la religión islámica, tomando el nombre de Ibrahim ibn Abdullah.
Como complemento, pongo un vídeo titulado:
Petra, la ciudad rosa del desierto
Para Saber más:
Las guías de GeoPlaneta y Lonely Planet